Tomás Nevinson

20/09/2021 Comentarios desactivados en Tomás Nevinson

Javier Marías, Tomás Nevinson, Alfaguara, 2021

“Todo se ha gastado, nada se ha obtenido”

Nought’s had, all’s spent,
Where our desire is got without content:
‘Tis safer to be that which we destroy
Than by destruction dwell in doubtful joy.

Nada se tiene, todo está perdido cuando nuestro deseo se colma sin placer. Es mejor ser lo que nosotros destruimos, que al destruirlo no vivir sino un goce dudoso.

W. Shakespeare, Macbeth, Acto III, Escena II

“Todo se ha gastado, nada se ha obtenido”. Es más o menos lo que ocurre leyendo la última novela de uno de los escritores más pretenciosos de la literatura en lengua castellana de todos los tiempos y, sin duda, el más arrogante de todos ellos. Es fácil de leer. Engancha al lector durante casi 700 páginas. Está muy bien escrita. No hay duda de que Javier Marías tiene un gran dominio de la lengua. Hay que reconocer también que ha creado su propio estilo, que es capaz de llenar cientos de páginas para contar una historia facilona en la que se destilan lentamente, a base de continuas digresiones y reflexiones que se repiten una y otra vez cambiando ligeramente la sintaxis, los lugares comunes del pensamiento más ortodoxo que podamos imaginar. Javier Marías, como su protagonista, defiende el Reino, es decir, escribe en defensa del Estado, del orden… y si para ello hay que cometer algunos crímenes… pues ¡qué le vamos a hacer! Hay que proteger “el Reino” para que podamos encontrar pan en las panaderías y para que los acomodados intelectualoides burgueses del siglo XXI que hablamos inglés y chapurreamos en otras lenguas menores podamos pasear tranquilamente por los parques temáticos en los que se ha convertido el mundo.

Lluvias primaverales

20/09/2021 Comentarios desactivados en Lluvias primaverales

Ivan S. Turguéniev, Lluvias primaverales, Versión directa del ruso y prólogo de Víctor Andresco, Club Internacional del Libro, 1984.

Cual lluvias primaverales,
los años alegres,
los días felices,
pasaron como una exhalación…

Si se piensa: en el mundo no hay nada más fuerte…, y más débil que las palabras.

Seducción, honor, pasión, deseos de libertad, amor romántico, viajes… óperas, música, literatura… un aristócrata ruso viaja por la Europa del siglo XIX creyendo poder conquistarlo todo para perderlo todo. Al final de sus días sólo le queda el recuerdo de los días felices que cual lluvias primaverales pasaron como una exhalación…

Eres damisela dehiscente [1] del cencido [2].
Eso eres tú; lindeza de pubertad Gemma.
Sólo mirando a tus ojos y a tu rostro quema
enamorado humilde, corazón enloquecido.

Me batí en duelo con quien te causó ofensa.
Dejé huella, y me dispuse cultivar el erial [3].
Más luego, admití beber el encantado grial [4]
que María Nikoláievna en atracción despensa

y olvidé de tí, promesas esponsales.
Dejé de María… el amor encenegarse [5].
y con avidez, me condujo aborregarme [6].

Años han pasado y ya ni ella ni tú están.
Quedé de ambas como desahuciado patán,
sólo reflexionando, en lluvias primaverales.

[1] adj. Bot. Dicho de un fruto: Cuyo pericarpio se abre naturalmente para que salga la semilla.
[2] adj. Dicho de la hierba, de una dehesa o de un terreno: Que aún no ha sido hollado.
[3] adj. Dicho de una tierra o un campo: Sin cultivar ni labrar. U. m. s. m.
[4] m. Vaso o pláto místico, que en los libros de caballería se supone haber servido para la institución del sacramento eucarístico.
[5]prnl. Meterse en el cieno.
[6] f. que se somete gregaria o dócilmente a la voluntad ajena.

Elkin de Jesús Uribe Carvajal, 26 de mayo de 2008

Centroeuropa

20/09/2021 Comentarios desactivados en Centroeuropa

Vicente Luis Mora, Centroeuropa, Galaxia Gutenberg, 2020.

… en estas tierras azotadas por la historia, lo que encuentras nada más abrir el suelo son anchos ríos de sangre.

Centroeuropa es una fábula sobre un ideal, Europa, construido sobre ríos de sangre. Es el ideal de la modernidad, del progreso, de la libertad. Un ideal perverso perseguido de formas perversas.

La novela es un prodigio de escritura que sigue complejas reglas que imponen dificultades al escritor y constituyen interesantes descubrimientos para el lector. El autor nos explica “cómo está escrita Centroeuropa

Invitado a una decapitación

21/08/2021 Comentarios desactivados en Invitado a una decapitación

Vladimir Nabokov, Invitado a una decapitación, Traducción de Lydia de García Díaz, Anagrama, 2021.

Edición original: Invitation to a Beheading, Weidenfeld & Nicolson, London, 1960.

Una novela kafkiana que, como su autor confiesa en el “prefacio”, no tiene nada que ver con Kafka. También, an algunos aspectos, puede considerarse como grouchomarxiana, sin tener nada que ver tampoco con Groucho Marx, aunque hay diálogos en la novela que podrían estar perfectamente en alguna de sus películas.

Cincinnatus, acusado del más terrible de los crímenes, ha sido condenado a muerte, por decapitación. Su crimen es la “depravación gnóstica, algo tan extraño e inenarrable que era necesario usar circunloquios tales como «impenetrabilidad», «opacidad», «oclusión»…”. Cincinnatus espera en su celda. Sabe que va a morir, como todo el mundo; no sabe cuándo ocurrirá, como todo el mundo, aunque él sabe que será pronto; y sabe cómo va a morir… esto es lo que le diferencia de la mayoría de las personas.

Lucius Quinctius Cincinnatus fue un patricio romano del siglo V a.C., reconocido a través de la historia como un arquetipo de la honradez, la integridad y otras virtudes, como la frugalidad rústica y la falta de ambición personal.

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Talibanes

20/08/2021 Comentarios desactivados en Talibanes

copiado del blog de Jorge Majfud:

Freedom Fighters: Contras y Talibanes

2 de febrero de 1983: los muyahidín (por entonces llamados “freedom fighters” o “luchadores por la libertad” y, poco después, “Talban”) son recibidos en la misma Casa Blanca por el presidente Ronald Reagan.

Luego de la derrota en Vietnam, el ex secretario de Estado Henry Kissinger y la ex socialista y futura halcón de la derecha del gobierno de Reagan, Jeane Kirkpatrick, manifestaron que, para recuperar el prestigio perdido, Estados Unidos debía inventar alguna guerra que pudiesen ganar. Según Kirkpatrick, Nicaragua era una buena candidata, pero mejor aún era Granada, una isla en el Caribe de apenas cien mil habitantes, cuyo presidente había cometido la osadía de declarar que su país era independiente y soberano y, por lo tanto, podía tener comercio con quien se le antojase. La gloriosa invasión y la liberación de los estudiantes estadounidenses que no querían ser liberados de una tiranía inexistente, tuvo lugar en 1983 y hasta los burócratas que nunca abandonaron sus escritorios en Washington recibieron medallas al valor en la guerra.

La estrategia procede de los primeros años del siglo XIX, cuando Washington quiso anexar Canadá y terminó con la casa de gobierno en llamas (a partir de ahí pintada de blanco, para esconder la infamia del humo), por lo que decidió expandirse hacia el oeste y hacia el sur, tierra de razas inferiores y desarmadas. A finales del mismo siglo, luego de predecir “una explosión” en Cuba y un año antes de inventar el mito del hundimiento del USS Maine, en 1897, apenas nombrado secretario adjunto de la marina por el presidente McKinley, el futuro presidente Theodore Roosevelt le escribió a un amigo: “estoy a favor de casi cualquier guerra, y creo que este país necesita una”. Nada mejor que ser ofendidos a noventa millas de distancia por un imperio que se caía a pedazos como lo era España, armados con barcos de madera para defenderse de navíos metálicos y con tecnología de última generación.

En su tercer película, en 1988, Rambo (Sylvester Stallone) luchará codo a codo con estos valerosos “freedom fighters” de la exótica Afganistán. La misma catarsis de frustración de Vietnam, la misma historia de la superpotencia militar que, por sí sola, sólo podía derrotar pequeñas islas tropicales como Filipinas o Granada y, para peor, en 1961 fue derrotada por una de ellas y sin ayuda, Cuba.

Como tantos otros grupos “rebeldes”, los talibán son una creación, aunque no original, de la CIA. En los años 70 y 80 Washington se propuso derrocar al gobierno socialista del escritor Nur Muhammad Taraki. La secular República Democrática de Afganistán, presidida por una breve lista de intelectuales de izquierda, sobrevivió a duras penas de 1978 a 1992, cuando fue destruida por los talibán. Si Muhammad Taraki y otros que le sucedieron habían luchado por establecer la igualdad de los derechos de las mujeres (como en 1956 otro socialista árabe, Gamal Nasser en Egipto), los talibán irían por el camino contrario. 

Como lo recoge el mismo New York Times en un obituario olvidado, Osama bin Laden había recnocido: “Allí [en Tora Bora] recibí voluntarios que venían del reino saudí y de todos los países árabes y musulmanes. Establecí mi primer campamento donde estos voluntarios fueron entrenados por oficiales paquistaníes y estadounidenses. Las armas fueron proporcionadas por los estadounidenses, el dinero por los saudíes”. El complejo de Tora Bora, donde se escondían los miembros de Qaeda, había sido creado con ayuda de la CIA para funcionar como base para los afganos que luchan contra los soviéticos y contra el gobierno de la época. Nada nuevo.

Un año antes de recibir a los talibanes en la blanquísima Casa Blanca, el mismo presidente Ronald Reagan había visitado a uno de sus “dictadores amigos”, el genocida guatemalteco Efraín Ríos Montt, y lo había reconocido como un ejemplo para la democracia de la región. Lo mismo habían hecho poderosos pastores, fanáticos como Pat Robertson del Club700. Entre las proezas del dictador Ríos Montt se incluye el haber masacrado a más de 15.000 indígenas a los que se les había ocurrido la mala idea de defender sus tierras, codiciadas por las corporaciones extranjeras y la tradicional oligarquía criolla. Poco después, el presidente Reagan, hoy elevado a la categoría de mito por republicanos y demócratas por algo que no hizo (la desarticulación final de la Unión Soviética), calificará a los Contras de América Central (los militares de la derrotada dictadura de Somoza en Nicaragua), también como “freedom fighters”.

Cuando el Congreso de Estados Unidos prohíba más millones de dólares al grupo terrorista de los Contras, la administración Reagan venderá en secreto armas a Irán a través de Israel; el dinero lavado será depositado en un banco suizo y luego transferido a los Contra en Honduras.

Como los muyahidín, los Contras fueron entrenados y financiados por la CIA y, poco después, se convertirán en las maras que asolan América Central y, en casos, los mismos Estados Unidos.

Cuando los entrenadores vuelvan a su país, Estados Unidos, se dedicarán a “proteger la frontera” de los invasores pobres que vienen en busca de trabajo. De pura nostalgia, muchos de esos pobres serán cazados como si se tratase de revolucionarios en su propia tierra.

Cuando en agosto de 2021 los Talibán tomen decenas de ciudades y, finalmente Kabul, en apenas una semana, pulularán los análisis de prensa en Estados Unidos, tratando de explicar lo inexplicable, luego de veinte años de guerra, ocupación, cientos de miles de muertos y cientos de billones de dólares. Todos, o casi todos, harán gala de su radicalismo analítico y comenzarán o culminarán con la advertencia: comencemos por el “very beginning” (el principio del principio) de esta historia: los ataques terroristas del 11 de setiembre de 2001.

Como había dicho el mismo Ronald Reagan en la Biblioteca del Congreso, el 24 de marzo de 1983 para celebrar la conquista del Oeste Salvaje: “los estadounidenses no creían del Oeste lo que era verdad sino lo que para ellos debía ser verdad”.

Claro que también hubo estadounidenses dispuestos a decirles a los fanáticos las verdades que son, no las que deberían ser. Claro que muy pocos agradecieron semejante favor. Todo lo contrario.

Yo también soy una bruja

20/08/2021 Comentarios desactivados en Yo también soy una bruja

Texto copiado del blog de Pedro García Olivo:

LOS “NEGACIONISTAS” SON LAS BRUJAS DEL FASCISMO DEMOCRÁTICO

La Inquisición Médico-Estatal se desata conta la crítica y contra la disensión

Una nueva etiqueta descalificadora cunde por las redes, por las radios, por las televisiones: «negacionista». Y se encienden hogueras… Que el Pensamiento Único es una Inquisición que no cesa, siendo diverso en sí mismo, pues alberga tanto opciones liberales como socialistas. Si brota una discrepancia, una objeción, una resistencia, esta modalidad tan «democrática» inventa una etiqueta, encierra ahí a un montón de gentes y pone en marcha la máquina de los suplicios.

No estoy a favor de la mascarilla, para nada. No soy partidario de los confinamientos, en absoluto. Detesto las vacunas. No creo en este despotismo médico-estatal que recorta sin cesar nuestras libertades bajo la excusa de una crisis sanitaria. Y saco cuenta de lo que todos estos batallones de fusilamiento del libre pensamiento y de la posiblidad de decidir sobre la propia vida nos quieren hacer olvidar…

Que nos olvidemos de toda esa crítica de las disciplinas científicas, entre ellas la medicina profesional, que cundió desde los años sesenta y que se nutría tanto de la opinión de no pocos filósofos como de las denuncias de un sinnúmero de especialistas: cientos de obras contra la pretensión de verdad de las ciencias académicas, la mayor parte de ellas concebidas por científicos académicos «negacionistas». Se denunciaba su inconsistencia epistemológica, su reclutamiento ideológico, su servilismo político, su contribución a la reproducción de la Opresión. Son tantos los nombres… Rememoro solo a unos pocos: Braunstein para la Psicología, Basaglia para la Psiquiatría, Heller para la Antropología, Castell para la Sociología, Di Siena para la Biología y la Etología, Lévy-Leblond para la Física, Viñas para la Matemática, etcétera, etcétera, etcétera…

Que se borre de nuestra consciencia todas aquellas obras que nos alertaban sobre las calamidades inducidas por la llamada «cultura de los expertos», por la «ideología del especialista», por el ascenso de la «tecnocracia», por el crédito tan insensato que las poblaciones tendían a otorgar a unas camarillas de gentes ambiciosas prestigiadas por títulos universitarios y por otras «medallas» culturales meretricias. Un sinfín de estudios, enmarcados en las tradiciones marxistas, libertarias y nihilistas…

Sobre todo, que nos pongamos de rodillas ante los «decretos» de los médicos y ante las leyes de esos políticos armados hasta los dientes de informaciones procedentes de la «ciencia de los venenos». Como si no hubiese existido Iván Illich y no se hubiera publicado «Némesis médica»; como si nuestro «sentido común sanitario» no hubiera sido desacreditado, desde hace décadas, si no siglos, por las culturas que se procuraban la salud de otra forma, bebiendo de saberes comunitarios, de las propiedades curativas de las plantas, de la auto-gestión colectiva del bienestar físico y psíquico.

El Despotismo Médico-Estatal ha conseguido anular el anhelo de libertad de las ciudadanías; las ha doblegado y violado de una manera perfectamente «patriarcal»; ha suscitado una suerte de «Síndrome de Estocolmo», por el cual los damnificados y humillados le dan las gracias por las torturas y tormentos que padecen cada día… Así son los Fundamentalismos; y vivimos bajo esta forma de Religión intransigente, por este Credo homicida del Pensamiento Único Occidental, ora vestido de Neoliberalismo, ora ataviado de Estado Social Bienestarista.

Así que me declaro «negacionista». Y hasta algo peor: «re-negacionista». Renegado, siempre renegado. Que no cuenten conmigo para esta reproducción morbosa, necrófila, del Capitalismo. Asistimos a unas auto-devastaciones controladas del Sistema, que se sirven hoy de un virus como antaño se servían de las denominadas «guerras mundiales».

Señores de los poderes y de los comercios, inquisidores optimizados, soy una bruja por cazar, «negacionista» hasta la médula…

Alto Juliana, Aldea Sesga, Rincón de Ademuz, Valencia, 18 de agosto de 2020. Subido a esta página un año después.

Barra siniestra

19/08/2021 Comentarios desactivados en Barra siniestra

Vladimir Nabokov, Barra siniestra, Traducción de J. Ferrer Aleu, Anagrama, 2021

Edición original: Bend Sinister, Henry Holt and Company, New York, 1947

«I could be bound in a nutshell and count myself king of infinite space»
(«Aun encerrado en una cáscara de nuez podría considerarme rey del espacio infinito»)

William Shakespeare, Hamlet, Acto II, Escena 2

Existen pocas cosas más aburridas que una discusión de ideas generales impuesta por el autor o el lector a una obra de ficción. […] lo que más me gusta es el rumor marginal de este o aquel tema escondido.

Nabokov siempre se opuso a la literatura de ideas. Para él escribir era contar historias y jugar con el lenguaje. Era un puro disfrute que se completaba con el disfrute del lector. Esto no impedía que en sus novelas se planteasen situaciones de la vida real que suscitarían ideas y opiniones en sus lectores… En este caso lo que se aborda, jugando con la tragedia de Hamlet como telón de fondo, son los mecanismos del poder para doblegar y subyugar la voluntad de quienes no están dispuestos a plegarse al mismo.

En esta novela, escrita y publicada más de una década antes que Lolita, ya aparecen las “ninfas”, en referencia a la Ofelia de Hamlet y a diversas mitologías.

Añadió que había pensado que ella tenía al menos dieciocho años, a juzgar por su busto, pero que, en realidad, la pequeña zorra solo tenía quince. Después estaba la muerte de Ofelia. A los sones de Les Funérailles de Liszt, aparecería luchando (o, como habría dicho el padre de otra ninfa, “riñendo”) con el sauce.

Sí, ella fue encontrada por un pastor. En realidad su nombre puede derivarse del de un enamorado pastor de Arcadia. O, posiblemente, es una variación de Alfeios, perdiendo la S en la hierba mojada: Alfeo, el dios-río, que persiguió a una ninfa de largas piernas hasta que Artemis la transformo en un arroyo, que, desde luego, convenía a la liquidez de aquel (v. Lago Winnipeg, ola 585, ed. Vico Press). O también podemos fundarlo en la versión griega de un antiguo nombre de serpiente Danske. La fina y flexible Ofelia de delgados labios, el sueño húmedo de Amleth, una ninfa del Leteo, una rara serpiente de agua, Russalka letheana en términos científicos (evocando los largos mantos de púrpura). Mientras él trajinaba con sirvientas germanas, ella, en un balcón cerrado de su casa, coqueteaba inocentemente con Osric, mientras el viento frío de la primavera repicaba en los cristales. Su piel era tan fina que, con solo mirarla, aparecía en ella una mancha rosada. El raro enfriamiento de un ángel de Botticelli teñía de rosas las aletas de su nariz y desdibujaba su labio superior —ya sabes, cuando los bordes de los labios se confunden con la piel. También era una buena moza de cocina…, pero de cocina vegetariana. Ofelia, la servicial. Muerta en servicio pasivo. La linda Ofelia.

CARLO MARATTA – Alfeo y Aretusa (s XVII)

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Sujeto elíptico

16/08/2021 Comentarios desactivados en Sujeto elíptico

Cristian Crusat, Sujeto elíptico, Editorial Pre-Textos, Valencia, 2019

Imagen de la cubierta: Premier mariage (detalle), de Khalid Assallami

Nada podría la naturaleza anhelar en mayor grado: aniquilarnos, barrernos para siempre de la faz de la tierra.

Los demás son los que están ausentes, quienes no están con nosotros. Esto lo supieron siempre los imasighen: pobladores de la quinta de las siete capas del mundo, habitantes del mediodía.

El viajero siempre ausente es el sujeto elíptico, el sujeto que falta en el relato de unos viajes por el territorio de unos pueblos ausentes de la historia, de la geografía, de la realidad… los bereberes constituyen un pueblo múltiple formado por muchos pueblos que hablan lenguas diferentes y que siempre han estado fuera del mundo, siempre han sido extraños para todos los demás pueblos, incluso para ellos mismos, sujetos elípticos también ellos. Sin embargo, lo que se constata es que, en realidad, los ausentes siempre son los demás. Los ausentes son quienes no están con nosotros.

El viaje al que se nos invita es doble, pues además de moverse por un territorio, el de los imasighen, el viajero se desplaza también por un complejo mapa de citas literarias…

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Cada noche, cada noche

15/08/2021 Comentarios desactivados en Cada noche, cada noche

Lola López Mondéjar, Cada noche, cada noche, Siruela, 2016

… y sus sollozos en la noche -cada noche, cada noche- no bien me fingía dormido.

Vladimir Nabokov, Lolita

Cada noche, cada noche… Cuando alguien solloza en soledad cada noche, cada noche… es porque no tiene otra forma de escapar de su dolor y de su sufrimiento.

Nabokov escribió una novela sobre el abuso de un macho de la especie humana, de raza blanca, sobre una niña. Sobre un hombre que se aprovechó de su superioridad y del ascendente que tenía sobre una niña como su tutor legal para hacer realidad sus fantasías, y que además escribió sobre todo ello para conseguir nuestra complicidad. Lola López Mondéjar ha escrito una novela sobre la niña que sufrió los abusos y la violencia de un adulto por medio de una ficción con visos de realidad. En esta novela se denuncian las interpretaciones que se han dado a la novela Lolita de Nabokov. Pero en ningún momento se denuncia la novela de Nabokov, sino todo lo contrario.

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Silvia

15/08/2021 Comentarios desactivados en Silvia

Thérèse revant (Balthus, 1938)

Descubrir al pintor Balthus es una revelación de la luz y la pureza. Contemplar, por ejemplo El sueño de Teresa en el Metropolitan Museum of Art, es sumergirse en un cuadro que irradia luz propia desde la placidez tensa de una pequeña ninfa y es situarse ante un estado de gracia fuera del tiempo.

Ana V. Clavel, Territorio Lolita

… Julio Cortázar nos ofrece una mirada más vaga y menos tipificada de la nínfula en su cuento “Silvia”.

La vaguedad de esa mirada se presenta desde la aceptación de que el motivo que da origen al deseo es inasible, no sólo por el hecho de que el deseo sea en sí mismo escurridizo sino porque lo provoca una muchacha intangible como los sueños: Silvia.

Ana V. Clavel, Territorio Lolita

… algo que ni siquiera tuvo principio y sin embargo es sobre todo Silvia, esta ausencia que ahora puebla mi casa de hombre solo, roza mi almohada con su medusa de oro, me obliga a escribir lo que escribo con una absurda esperanza de conjuro, de dulce golem de palabras.

Julio Cortázar, Último round, “Silvia”

Silvia

Vaya a saber cómo hubiera podido acabar algo que ni siquiera tenía principio, que se dio en mitad y cesó sin contorno preciso, esfumándose al borde de otra niebla, en todo caso hay que empezar diciendo que muchos argentinos pasan parte del verano en los valles del Luberon, los veteranos de la zona escuchamos con frecuencia sus voces sonoras que parecen acarrear un espacio más abierto, y junto con los padres vienen los chicos y eso es también Silvia, los canteros pisoteados, almuerzos con bifes en tenedores y mejillas, llantos terribles seguidos de reconciliaciones de marcado corte italiano, lo que llaman vacaciones en familia. A mí me hostigan poco porque me protege una justa fama de mal educado; el filtro se abre apenas para dejar paso a Raúl y a Nora Mayer, y desde luego a sus amigos Javier y Magda, lo que incluye a los chicos y a Silvia, el asado en casa de Raúl hace unos quince días, algo que ni siquiera tuvo principio y sin embargo es sobre todo Silvia, esta ausencia que ahora puebla mi casa de hombre solo, roza mi almohada con su medusa de oro, me obliga a escribir lo que escribo con una absurda esperanza de conjuro, de dulce golem de palabras. De todas maneras hay que incluir también a Jean Borel que enseña la literatura de nuestras tierras en una universidad occitana, a su mujer Liliane y al minúsculo Renaud en quien dos años de vida se amontonan tumultuosos. Cuánta gente para un asadito en el jardín de la casa de Raúl y Nora, bajo un vasto tilo que no parecía servir de sedante a la hora de las pugnas infantiles y las discusiones literarias. Llegué con botellas de vino y un sol que se acostaba en las colinas, Raúl y Nora me habían invitado porque Jean Borel andaba queriendo conocerme y no se animaba solo; en esos días Javier y Magda se alojaban también en la casa, el jardín era un campo de batalla mitad sioux mitad galorromano, guerreros emplumados se batían sin cuartel con voces de soprano y bolas de barro, Graciela y Lolita aliadas contra Álvaro, y en medio del fragor el pobre Renaud tambaleándose con sus bombachas llenas de algodón maternal y una tendencia a pasarse todo el tiempo de un bando a otro, traidor inocente y execrado del que sólo habría de ocuparse Silvia. Sé que amontonó nombres, pero el orden y las genealogías también tardaron en llegar a mí, me acuerdo que bajé del auto con las botellas bajo el brazo y a los pocos metros vi asomar entre los arbustos la vincha de Bisonte Invencible, su mueca desconfiada frente al nuevo Cara Pálida; la batalla por el fuerte y los rehenes se libraba en torno a una pequeña tienda de campaña verde que parecía el cuartel general de Bisonte Invencible. Descuidando culpablemente una ofensiva acaso capital, Graciela dejó caer sus municiones pegajosas y terminó de limpiarse las manos en mi pescuezo; después se sentó imborrablemente en mis piernas y me explicó que Raúl y Nora estaban arriba con los otros grandes y que ya vendrían, detalles sin importancia al lado de la ruda batalla del jardín.

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