Doce cuentos en contra

22/06/2020 Comentarios desactivados en Doce cuentos en contra

Bárbara Jacobs, Doce cuentos en contra, Ediciones La Palma, Madrid, 1996

Primera edición: Doce cuentos en contra, Martín Casillas Editores, México, 1982

Un escritor es el depositario perfecto de todo aquello de lo que los demás se quieren deshacer. Recuerdos, miedos, rencores, ambiciones, deseos, errores, frustraciones.

 

Precedidos por un enigmático epígrafe “eio ee eio”, estos doce cuentos “en contra” son los primeros que publicó, con más de treinta años, aunque llevaba escribiendo cuentos desde los doce. Uno de los doce cuentos, “Dacti dung baal”, es aún más enigmático que el mencionado epígrafe. Sobre este cuento, el poeta mexicano Federico Patán, en una reseña que hizo de este libro de cuentos en julio de 1982, decía lo siguiente: “es un texto que, lo confieso, me ha dejado a oscuras. Lo interpreto así: inventar un idioma para todos incomprensible y procurar, a través de medios como la puntuación, los signos de interrogación, la división en párrafos, etcétera, crear una atmósfera; matar la semántica de las palabras y buscar la semántica de otros medios de expresión, todo dentro del lenguaje. Interesante a secas; y sigo, pese a todo, a oscuras”.

Bárbara Jacobs se define a sí misma como una coleccionista de intimidad, y eso es precisamente lo que hace en estos doce cuentos: coleccionar intimidades. Como dijo en una entrevista, ella escribe para poner orden en el caos de sus emociones. Leer los cuentos de Bárbara Jacobs y apropiarse de ellos transforma nuestras miradas hacia lo que nos rodea.

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La desmemoria histórica

19/06/2020 Comentarios desactivados en La desmemoria histórica

Me tomo la libertad de copiar aquí el artículo de Edurne Portela en lamarea. No lo hago con la intención de darle una mayor difusión… porque esto no lo mirará casi nadie, sino para no olvidarme nunca de él.

El PSOE dice ahora, con la complicidad de los “progres” de Podemos, que no son “de revisar cosas”, pero las que quieren y cuando quieren sí que las revisan. Si no revisamos ciertas cosas, tampoco podremos revisar otras… y así nos va.

Este es el artículo de Edurne Portela:

LA MIRADA DE EDURNE PORTELA // Han pasado 36 años. Cuando los hicieron desaparecer, entre los dos no sumaban 50. Sus rostros, esos que vimos durante años en tantos carteles de nuestros pueblos, han permanecido inalterados. Mejor relegar al rincón de los horrores las imágenes de sus cadáveres cubiertos en cal viva, el relato de las torturas que sufrieron por parte de miembros de la Guardia Civil, durante días encerrados en el sótano del palacio de la Cumbre en Donostia, residencia oficial de Julen Elgorriaga, gobernador civil de Gipuzkoa del PSOE-PSE.

Los rostros de Joxean Lasa y Joxi Zabala han permanecido jóvenes, suspendidos en el tiempo. Para sus familias, nunca reconocidas como víctimas del terrorismo de Estado, la vida ha continuado. Para sus verdugos, juzgados, condenados, indultados y condecorados, también. Vuelvo a una entrevista de 2013 de EiTB (televisión pública vasca) a Axun Lasa, la hermana de Joxean. Se cumplían 30 años de la desaparición de su hermano, y Enrique Rodríguez Galindo, condenado por su asesinato, había sido puesto en libertad condicional, aunque ya desde 2004 cumplía condena en su domicilio por «motivos de salud». (Hoy sigue vivo, no sé si coleando)

Solo pasó cuatro años en la cárcel, más que Julen Elgorriaga, que fue puesto en libertad tras 14 meses de prisión, a pesar de que su condena era de 75 años. En 2013, Axun Lasa hablaba de impunidad, de abandono, de olvido de las víctimas de los GAL… Señalaba que su familia y la de Joxi Zabala son en realidad privilegiadas porque «el caso Lasa y Zabala es el único, ha caminado unos metros… los demás asesinatos del GAL parece que no han existido».

De los 27 asesinatos cometidos por el GAL, solo se ha instruido el caso Lasa y Zabala*. El año pasado, con motivo de la aprobación de la ley de abusos policiales en el Parlamento vasco que reconoce a las víctimas de tortura y otras formas de violencia por parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado (aunque no la responsabilidad de los ejecutores), Axun Lasa concedió otra entrevista a EiTB. Incidía, seis años después, en algunas de las mismas ideas: el dolor por la impunidad en la que han quedado los crímenes del GAL, el silencio en torno a las víctimas, y ese extraño privilegio por haber sido los únicos que han podido acercarse un mínimo a la verdad de lo ocurrido.

Sentirse privilegiada en este contexto nos dice mucho de la perversidad de esta historia, del abandono de las víctimas y de la enorme deuda pendiente del Estado español y del PSOE en el reconocimiento y la reparación de los crímenes de terrorismo de Estado.

Por eso cuando Adriana Lastra, como representante del PSOE, defiende a Felipe González y señala «nosotros no somos de revisar cosas», le diría que escuchara con atención estas palabras de Axun Lasa. Dolorida ante la impunidad y la justicia parcial (esa que da por perfecta Lastra), dice: «A mí lo que me cambió es escuchar a una víctima de ETA, mirándola a los ojos. Ahí se produce algo especial, ahí nos entendemos de verdad. Como víctimas, desde el dolor podemos ir hacia la convivencia con serenidad, con tranquilidad, aceptando el dolor».

Esa escucha, esa mirada, es necesaria más allá del reconocimiento entre víctimas de diferentes violencias y más allá de la sociedad vasca, mucho más avanzada en este sentido que la sociedad española. Tanto las decisiones de Estado que se tomaron para la creación del GAL, como las actuaciones criminales de los miembros de seguridad del Estado implicados, como la ausencia de un proceso de verdad, justicia y reparación señalan los agujeros de la democracia española y la falta de una memoria democrática.

La indiferencia con la que la mayoría de los grupos políticos, los medios de comunicación y la sociedad ha recibido las noticias de los papeles de la CIA en los que se vuelve a señalar a Felipe González (y digo «vuelve» porque no es nada nuevo) es  una muestra más de que en este país hay víctimas de primera y víctimas de segunda.

No me sirve el argumento de que no hay nada nuevo en esos papeles. Por eso mismo, porque no hay nada nuevo, porque la investigación de asesinatos como el del objetor de conciencia Juan Garlos García Goena no ha avanzado en más de 30 años, por eso precisamente es pertinente que, dada la oportunidad, se vuelva a poner este tema pendiente sobre la mesa, especialmente cuando el principal sospechoso de ser el Sr. X (máximo responsable del GAL) anda dando lecciones de democracia.

«Como hija de una de las víctimas de los GAL, le pido a la actual cúpula del PSOE que exija a Felipe González que aclare la verdad acerca del terrorismo de Estado. Y que el PSOE haga un reconocimiento público de lo ocurrido». Esto es lo que pide Maider García, hija de García Goena: verdad, reconocimiento público.

Las palabras de Lastra defendiendo a Felipe González, su referencia a «cosas juzgadas y sentenciadas», son una bofetada a las víctimas. Pero no solo ellas, las víctimas, deberían sentir dolor e indignación. Todas las personas demócratas deberían sentirlo. Porque sus palabras son una declaración implícita de que el uso de fondos reservados para financiar el terrorismo de Estado, la tortura, el secuestro y el asesinato de ciudadanos, las condecoraciones a los criminales implicados, los indultos, la manipulación de los mecanismos de la justicia, la ocultación de la verdad, la impunidad de los 25 asesinatos no resueltos, son «cosas» que no merecen tanta consideración como las otras «cosas» que hizo Felipe González como presidente y secretario general de su partido.

Después de estas declaraciones oficiales de Adriana Lastra, el PSOE no puede hablar de «memoria democrática» ni ponerse medallas por sacar a la momia de Cuelgamuros ni quitárselas a otros por torturadores. Sin un proceso de verdad, justicia y reparación para todas las víctimas del terrorismo de Estado auspiciado por miembros de su partido, no hay ni habrá memoria democrática.

Por desgracia, esta consideración abarca también a sus actuales socios de gobierno, Unidas Podemos, que se han negado a apoyar una comisión de investigación a Felipe González aduciendo que «todo el mundo sabe lo que pasó». Que se lo expliquen a esas 25 familias, que nos lo expliquen a todas, que igual es que no nos hemos enterado bien de qué va esto de la democracia.

*Por petición de la autora y para matizar los datos referentes a casos instruidos (en Francia y España), adjuntamos este informe del Gobierno vasco sobre resoluciones judiciales en cuanto a víctimas de grupos de extrema derecha y de los GAL, con información sobre sentencias en Francia y España, diligencias archivadas, causas pendientes, penas cumplidas, etc. 

Nunca llegarás a nada

19/06/2020 Comentarios desactivados en Nunca llegarás a nada

Juan Benet, Nunca llegarás a nada, Alianza Editorial, Madrid, 1969

The Ruins of Time builds Mansions in Eternity
William Blake

Este libro contiene los cuatro primeros relatos que publicó Benet en 1961 y que pasaron totalmente desapercibidos hasta 1969, cuando, tras haber recibido un premio literario por su segunda novela, Una meditación, fue publicado de nuevo. A excepción del primero de los relatos, que es el que da título al libro, los otros tres anuncian ya las novelas de Benet que transcurren en Región, tanto porque en ellos va introduciendo al lector en ese mundo en ruinas que es Región, como por un estilo de narrar cada vez más críptico, tan brumoso como el paisaje en el que se sitúan sus historias..

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Burlarse del poder

19/06/2020 Comentarios desactivados en Burlarse del poder

4 de Junio de 1975. Fundación Juan March. Juan Benet en diálogo con Darío Villanueva

“La actividad del hombre, tanto la literaria, como la artística, la científica o la filosófica, no es sino el disimulado acomodo del hombre al imperio del azar bajo la máscara del conocimiento… Y que ese acomodo, que en sustancia es trágico, pero que el hombre ha tratado de convertir, de todas las formas que ha tratado de hacerlo expreso, hay una que me interesa sobre todas, y es aquella en que el hombre, no sabiendo como tratar de otra manera los poderes sobrenaturales y ciegos que circundan toda su esfera, y un poco para satisfacerse a sí mismo, el único tratamiento que conoce es la ironía y es el burlarse del poder. Y eso es todo.”

Juan Benet (4 de Junio de 1975. Fundación Juan March. Juan Benet en diálogo con Darío Villanueva)

Cabecinha romana de Milreu

15/06/2020 Comentarios desactivados en Cabecinha romana de Milreu

Cabeça Feminina (Júlia), I d.C. – II d.C. (Museu Nacional de Arqueologia, Portugal)

Jorge de Sena, “Cabecinha romana de Milreu”, Serena ciencia (Antología poética), Editorial Pre-Textos, 2012.

Cabecinha romana de Milreu

Esta cabeça evanescente e aguda,
tão doce no seu ar decapitado,
do Império portentoso nada tem:
nos seus olhos vazios não se cruzam línguas,
na sua boca as legiões não marcham,
na curva do nariz não há povos
que foram massacrados e traídos.
E uma doçura que contempla a vida,
sabendo como, se possível, deve
ao pensamento dar certa loucura,
perdendo um pouco, e por instantes só,
a firme frieza da razão tranquila.
Viveu, morreu, entre colunas, homens,
prados e rios, sombras e colheitas,
e teatros e vindimas, como deusa.
Apenas o não era: o vasto império
que os deuses todos tornou seus, não tinha
um rosto para os deuses. E os humanos,
para que os deuses fossem, emprestavam
o próprio rosto que perdiam. Esta
cabeça evanescente resistiu:
nem deusa, nem mulher, apenas ciência
de que nada nos livra de nós mesmos.

Cabecita romana de Milreu

(Traducción de Martín López-Vega)

Esta cabeza evanescente y aguda,tan dulce pese a su aire decapitado,
del Imperio portentoso nada tiene:
en sus ojos vacíos no se cruzan lenguas,
por su boca no marchan las legiones,
en la curva de su nariz no se resguardan los pueblos
que fueron masacrados y traicionados.
Es una dulzura que contempla la vida,
sabiendo que, si es posible, debe
al pensamiento conceder cierta locura,
perdiendo un poco, y sólo un instante,
la firme frialdad de la razón tranquila.
Es una virtud soñadora: el esclavo
que la poseía en las horas de la tristeza
de tener un cuerpo jamás la penetró
más allá de donde alcanzaba: y en cuanto al esposo,
si acaso la fecundó, no pensó nunca
en desviar sobre sí tan larga mirada.
Vivió, murió, entre columnas, hombres,
prados y ríos, sombras y cosechas
y teatros y vendimias, como una diosa.
Pero no lo era: el vasto imperio
que todos los dioses volvió suyos no tenía
un rostro para sus dioses. Y los humanos,
para que los dioses lo fuesen, les prestaban
el propio rostro que así perdían. Esta
cabeza evanescente resistió:
ni diosa, ni mujer, apenas ciencia
de que nada nos libra de nosotros mismos.

The Lady of Shalott

15/06/2020 Comentarios desactivados en The Lady of Shalott

John William Waterhouse, “The Lady of Shalott” (1888)

“La Dama de Shalott” es un extenso poema de Lord Alfred Tennyson  (1809-1892) en el que se reinterpreta, muy libremente, la antigua leyenda artúrica de Elaine de Astolat. Elaine fue un personaje trágico muy valorado por la corriente romántica del siglo XIX, y su historia aperece perfilada por primera vez en “Le mort d’Arthur” de Thomas Mallory (sg.XV), aunque su origen probablemente sea mucho anterior. La joven doncella Elaine, hija del rey Sir Bernard de Astolat, asiste a un torneo donde lucha el caballero Lanzarote del Lago y por supuesto queda prendada de él. Pero Lanzarote está perdidamente enamorado de la reina Ginebra y rehúsa sus acercamientos. Compungida, la doncella acaba suicidándose víctima de una pasión tan intensa como no correspondida. A instancias de la joven, sus familiares depositan el cadáver sobre un bote cubierto de lirios junto con una carta en la que se explica el trágico suceso. La corriente lleva a la triste dama hasta la mismísima Camelot, donde es recibida con sorpresa y pesar por Lanzarote y toda la corte del Rey Arturo.

En “La Dama de Shalott” de Tennyson, la historia es muy diferente. Elaine es un ser casi féerico que vive una existencia solitaria, encerrada en una isla cercana a la corte del rey Arturo. Según la versión del poeta, un hechizo la ha condenado a no poder mirar al mundo directamente ni a tener ningún contacto con él. Su única tarea consiste en observar el exterior a través de un espejo mágico, y de tejer en un tapiz todo aquello que ve a través de él. Finalmente Elaine se enamora del reflejo de Lanzarote y, aún consciente de la maldición, decide asomarse a la ventana y mirarle directamente, condenándose a muerte.

Gran parte de la crítica interpreta que esta mujer, abocada a una existencia pasiva de contemplación, a la que se le prohíbe cualquier actividad relacionada con el mundo exterior, es una metáfora de la situación que vivía la mujer contemporánea a Tennyson. Esas féminas no tan lejanas vivían encerradas entre las cuatro paredes del hogar victoriano, encadenadas a los inamovibles roles de dulce doncella o respetada madre de familia. Aquella que se atreviera a desafiar las estrictas reglas de conducta femenina se exponía a la condena, la burla y la incomprensión de una sociedad opresiva. Según esta interpretación, con “The Lady of Shalott” el poeta sale en defensa de aquellas pioneras del feminismo en avanzada, mujeres valientes que se atrevieron a romper “el telar y el espejo” y a reclamar un papel activo en el mundo.

laviejamusa.blogspot.com

 

La dama de Shalott

Alfred Tennyson (1809-1892)

 

En la ribera, durmiendo,
grandes campos de cebada y centeno
visten colinas y encuentran al cielo;
por el campo nace el sendero
hacia las mil torres de Camelot;

Y arriba, y abajo, la gente anda,
mirando los lirios que florecen,
en la isla que río abajo emerge:
la isla de Shalott.

Tiembla el álamo, palidece el sauce,
grises ráfagas estremecen los aires
y la ola, que por siempre llena el cauce,
por el río y desde la isla distante
fluye incesante hasta Camelot.

Cuatro muros grises: sus grises torres reinan
el espacio entre las flores,
y en el silencio de la isla
se esconde la dama de Shalott.

Sólo los segadores, muy temprano,
cuando arrancan los maduros granos,
oyen ecos de un alegre canto
que brota desde el río, alto y claro
hasta las mil torres de Camelot:

Bajo la luna el segador trabaja,
apilando haces en las eras altas.
Escucha y susurra:
“es ella, el hada, la dama de Shalott”.

Ella teje día y noche,
seda mágica de hermosos colores.
Ha oído un rumor sobre una maldición:
como se asome y mire lejos,
hacia Camelot.

No conoce la condena que pueda ser,
ella surce y no deja de tejer,
otra cosa no existe que pueda temer,
la dama de Shalott.

Moviéndose sobre un espejo claro
que cuelga frente a ella todo el año,
sombras del mundo aparecen.
Cercano ve ella el camino que serpenteando
conduce a las torres de Camelot;

A veces cruzan el azul espejo
caballeros de dos en dos viniendo:
no tiene un buen y leal caballero
la dama de Shalott.

Pero en su tela disfruta
y recoge del espejo las mágicas visiones,
y a menudo en las silenciosas noches
un funeral con plumas y faroles
y música, iba hacia Camelot

O venían, la luna en su camino,
amantes casados de ahora mismo;
“Estoy enferma de tanta sombra”,
dijo la dama de Shalott.

A tiro de arco del alero de ella,
él cabalgaba entre la mies de la era;
deslumbraba el sol entre hojas nuevas,
y ardía sobre las broncíneas grebas
del valiente y audaz Sir Lancelot.

Un cruzado al que arrodillado
puso con la dama por siempre en el escudo,
brillaba en el campo amarillo,
junto la lejana Shalott.

Su frente alta y clara, al sol brillaba;
sobre los pulidos cascos trotaba;
por debajo de su yelmo flotaban
los bucles negros, mientras cabalgaba,
cabalgaba directo a Camelot.

Desde la orilla, y desde el río,
brilló en el espejo de cristal,
“Tirra Lirra” cantando en el río
iba Sir Lancelot.

Dejó la tela, y dejó el telar,
tres pasos en su cuarto ella fue a dar,
ella vio el lirio de agua reventar,
el yelmo y la pluma ella fue a mirar,
y posó su mirada en Camelot.

Voló la tela, y se quedó aparte;
se rompió el espejo de parte a parte;
“La maldición cayó sobre mi”, susurró
la dama de Shalott.

En la tormenta que de este soplaba,
los bosques de oro pálido menguaban,
y el río ancho en su orilla los lloraba.
Un cielo negro y bajo diluviaba
encima las torres de Camelot.

Ella bajó hasta el río, y encontróse
bajo un sauce, una barca aún a flote,
y escribió, justo en la proa del bote,
“La Dama de Shalott”.

Del río a través del pequeño espacio
como un audaz adivino extasiado y en trance,
viendo ante sí su trágico destino,
y con el semblante impávido,
ella miró lejos, a Camelot.

Y cuando el día por fin se acababa,
ella se tendió, y soltando amarras,
dejó que la corriente la arrastrara,
la dama de Shalott.

Se oyó un cantar, un cantar triste y santo
cantado con fuerza y luego muy bajo,
hasta helarse su sangre muy despacio,
por completo sus ojos se cerraron
fijos en las torres de Camelot.

Porque hasta allí llegó con la marea,
de las primeras casas a la puerta,
y cantando su canción quedó muerta,
la dama de Shalott.

Debajo la torre y la balconada
entre las galerías y las tapias
hermosa y resplandeciente flotaba,
pálida de muerte, entre las casas,
entrando silenciosa en Camelot.

Al embarcadero juntos salieron:
dama y señor, burgués y caballero,
su nombre junto a la proa leyeron,
la dama de Shalott.

¿Qué tenemos aquí ? ¿ Y qué es todo esto ?
Y en el palacio de luces y juegos
el jolgorio real tornó silencio;
Se santiguaron todos con miedo,
los caballeros, allí en Camelot:

Pero Lancelot, meditando un poco,
fue y dijo, “Ella tiene el rostro hermoso,
por gracia de Dios misericordioso,
la dama de Shalott.”

The Lady of Shalott

On either side of the river lie
Long fields of barley and of rye,
That clothe the world and meet the sky;
And thro’ the field the road run by
To many-towered Camelot;

And up and down the people go,
Gazing where the lilies blow
Round an island there below,
The island of Shalott.

Willows whiten, aspens quiver,
Little breezes dusk and shiver
Thro’ the wave that runs for ever
By the island in the river
Flowing down to Camelot.

Four grey walls, and four grey towers,
Overlook a space of flowers,
And the silent isle imbowers
The Lady of Shalott.

Only reapers, reaping early,
In among the bearded barley
Hear a song that echoes cheerly
From the river winding clearly
Down to tower’d Camelot;

And by the moon the reaper weary,
Piling sheaves in uplands airy,
Listening, whispers “‘tis the fairy
The Lady of Shalott.”

There she weaves by night and day
A magic web with colours gay,
She has heard a whisper say,
A curse is on her if she stay
To look down to Camelot.

She knows not what the curse may be,
And so she weaveth steadily,
And little other care hath she,
The Lady of Shalott.

And moving through a mirror clear
That hangs before her all the year,
Shadows of the world appear.
There she sees the highway near
 Winding down to Camelot;

And sometimes thro’ the mirror blue
The Knights come riding two and two.
She hath no loyal Knight and true,
The Lady Of Shalott.

But in her web she still delights T
o weave the mirror’s magic sights,
For often thro’ the silent nights
A funeral, with plumes and lights
And music, went to Camelot;

Or when the Moon was overhead,
Came two young lovers lately wed.
“I am half sick of shadows,” said
The Lady Of Shalott.

A bow-shot from her bower-eaves,
He rode between the barley sheaves,
The sun came dazzling thro’ the leaves,
And flamed upon the brazen greaves
Of bold Sir Lancelot.

A red-cross knight for ever kneel’d
To a lady in his shield,
That sparkled on the yellow field,
Beside remote Shalott.

His broad clear brow in sunlight glow’d;
On burnish’d hooves his war-horse trode;
From underneath his helmet flow’d
His coal-black curls as on he rode,
As he rode back to Camelot.

From the bank and from the river
he flashed into the crystal mirror,
“Tirra Lirra,” by the river
Sang Sir Lancelot.

She left the web, she left the loom,
She made three paces taro’ the room,
She saw the water-lily bloom,
She saw the helmet and the plume,
She looked down to Camelot.

Out flew the web and floated wide;
The mirror cracked from side to side;
“The curse is come upon me,” cried
The Lady of Shalott.

In the stormy east-wind straining,
The pale yellow woods were waning,
The broad stream in his banks complaining.
Heavily the low sky raining
Over towered Camelot;

Down she came and found a boat
Beneath a willow left afloat,
And round about the prow she wrote
The Lady of Shalott

And down the river’s dim expanse
Like some bold seer in a trance,
Seeing all his own mischance
With a glassy countenance
Did she look to Camelot.

And at the closing of the day
She loosed the chain and down she lay;
The broad stream bore her far away,
The Lady of Shalott.

Heard a carol, mournful, holy,
Chanted loudly, chanted lowly,
Till her blood was frozen slowly,
And her eyes were darkened wholly,
Turn’d to towered Camelot.

For ere she reach’d upon the tide
The first house by the water-side,
Singing in her song she died,
The Lady of Shalott.

Under tower and balcony,
By garden-wall and gallery,
A gleaming shape she floated by,
Dead-pale between the houses high,
Silent into Camelot.

Out upon the wharfs they came,
Knight and Burgher, Lord and Dame,
And round the prow they read her name,
The Lady of Shalott.

Who is this? And what is here?
And in the lighted palace near
Died the sound of royal cheer;
And they crossed themselves for fear,
All the Knights at Camelot;

But Lancelot mused a little space
He said, “She has a lovely face;
God in his mercy lend her grace,
The Lady of Shalott.”

Max

14/06/2020 Comentarios desactivados en Max

Juan Benet, Max, Prólogo de Carlos Suárez, Editorial Margen, León, 1981.

Portada: Manuel Borrajo

Primera edición en “Revista Española”, 1953

No hay más final que el fracaso, el mismo de siempre.

Max es la primera obra de Juan Benet que fue publicada. En 1953, cuando se publicó por la Revista Española, Juan Benet ya había escrito una novela titulada El guarda, que nunca fue publicada, pero que sería el germen de su primera novela publicada, Volverás a Región (1967).

Max es una pieza de teatro en dos actos, bastante breve, que podría considerarse como formando parte de la corriente denominada “teatro del absurdo”, cuyos máximos representantes fueron Samuel Beckett y Eugene Ionesco. En esta obra de teatro, Juan Benet parodia ciertas ideas filosóficas y artísticas y demuestra un refinado sentido del humor. Esta obra de teatro puede entenderse como un ensayo, un entrenamiento, para alguien que posteriormente demostraría una gran calidad literaria. Benet juega con el lenguaje, con las situaciones, con el tiempo… y hasta con los nombres: Max, su protagonista, en determinado momento pasa a ser Marx; y Bárbara, la cantante del circo, nos la presenta como Bárbara Blomberg (la que fue amante de Carlos V y madre de Juan de Austria). Max tiene la forma de tragedia clásica, y su protagonista, Max, un auténtico antihéroe, está destinado al fracaso perpetuo.

Carlos I de España con Bárbara Blomberg. Grabado en madera de 1894

Bibliografía:

– Jorge Machín Lucas, “Un palimpsesto de Juan Benet: la parodia nietzscheana de Max“, Anagnórisis. Revista de investigación teatral, nº. 18, diciembre de 2018.

– Miguel Carrera Garrido, “Formas del humor en el teatro de Juan Benet: absurdo, ironía y parodia“, Cuadernos de Aleph, 2014.

Somos utopía

14/06/2020 Comentarios desactivados en Somos utopía

Stefan Andres, Somos Utopía, Traducción de Joaquín Adsuar Ortega, Editorial Luis de Caralt, 1969.

Título original: Wir sind Utopia, Novelle (1942)

Si algo sabían era oír -por encima de los susurros de la noche, el eco del combate y los desolados ladridos de los perros- «como si ellos mismos comprendieran la futilidad de su acto»
Juan Benet, Volverás a Región

Hacia abajo, junto a las murallas de la ciudad, ladró un perro; pero sólo durante un corto momento, como si se diera cuenta de lo inútil de su acto.

 

Esta novela breve es una alegoría moral y una poderosa reflexión sobre la violencia. Stefan Andres la escribió durante la II Guerra Mundial, utilizando como escenario la guerra de España. En ella se desarrolla el conflicto interior que atormenta a su protagonista. ¿Existe una violencia legítima? En determinadas circunstancias, renunciar a la violencia puede tener como consecuencia una mayor violencia. A veces, es posible que un pequeño acto violento hubiera podido salvar a muchas personas de una violencia mucho mayor…

Las utopías, todas las utopías, se desvanecen siempre en contacto con la realidad. Pero, quizá, la utopía seamos nosotros, una utopía que se está realizando diariamente, una utopía en futuro…

Los santos, los amantes y los idealistas, los soñadores de utopías, los poetas, miran de ese modo al mundo y uno se da cuenta de que las visiones celestes son difíciles de acompasar con la existencia mundana. […] Pero qué frío sería el mundo sin esta tristeza, sin esta nostalgia, sin estos sueños irrealizables…

p. 11:
… al entrar a su celda, lo primero que vio fue el grabado que había a la derecha de la puerta, un grabado hecho al estilo delicado de Lorenzo Tiepolo. […] Se trata de San Francisco de Borja, confesor. Fue virrey y buscando su perfección se hizo jesuita.

p. 15:
Respiró profundamente y se dirigió hacia el sillón sobre el cual San Juan de la Cruz miraba desde un viejo grabado. Aproximó su rostro a los ojos del santo e inmediatamente dejó caer su cabeza, sollozando. ¿Por qué miraba el mundo con esa expresión de tristeza y de dolor, desde su aureola?

Francisco Pacheco, “Retrato del padre fray Juan de la Cruz” (1599)

p. 15:
No era difícil de comprender esa mirada del cuadro, la mirada de quien busca sin encontrar la suficiente respuesta. Los santos, los amantes y los idealistas, los soñadores de utopías, los poetas, miran de ese modo al mundo y uno se da cuenta de que las visiones celestes son difíciles de acompasar con la existencia mundana. […] Pero qué frío sería el mundo sin esta tristeza, sin esta nostalgia, sin estos sueños irrealizables…

p. 25:
¡Nosotros somos la Utopía de Dios, pero una que se está realizando, una en futuro!

p. 32:
Mi pasado se ha convertido en algo extraño a mí, todo está concluido y yo no puedo volver a sumergirme en él.

p. 39:
Hacia abajo, junto a las murallas de la ciudad, ladró un perro; pero sólo durante un corto momento, como si se diera cuenta de lo inútil de su acto.

p. 39-40:
No, ya no se puede ni siquiera vivir libre en medio de un bosque. Por eso hay quienes se refugian en los conventos. Él mismo había sido uno de esos locos que pensaban poder encontrar en ellos un poco de libertad, la mayor libertad posible.

p. 40:
Sólo hay una verdad: uno debe hacer, cualquier acto que ejecute, con placer y buena voluntad.

Todos los pilotos muertos

14/06/2020 Comentarios desactivados en Todos los pilotos muertos

William Faulkner, “Todos los pilotos muertos”, Cuentos reunidos, Traducción de Miguel Martínez-Lage, Alfaguara, 2009.

William Faulkner, “All the Dead Pilots”, These Thirteen, Jonathan Cape & Harrison Smith, New York, USA, 1931.

Y es que están muertos todos los pilotos de antaño,
muertos el 11 de noviembre de 1918.

… habían descubierto que morir y estar muerto no era algo tan apacible como tenían entendido.

… de sobra sé que nadie merece el elogio por su valentía ni el oprobio por su cobardía, puesto que hay situaciones en las que cualquiera dará muestras de ambas.

La valentía, la temeridad, llámesele como se quiera llamar, es un destello, un instante de sublimación, y ¡zas! La negrura de siempre. Por eso, es por eso. Es demasiado fuerte para consumirlo continuamente. Y si se consumiera continuamente no sería un destello, un resplandor. Por eso, porque es momentáneo, se puede preservar y perpetuar sólo en el papel: una imagen, unas cuantas palabras escritas que en cualquier momento, con un fósforo y una llama inofensiva que cualquier chiquillo puede prender, pueden desaparecer en el acto. Una astilla de madera, dos centímetros de largo, con una punta embadurnada de fósforo, es más larga que la memoria o el dolor; una llama no mayor que una moneda de seis peniques contiene más ferocidad que la valentía o la desesperación.

Todos los pilotos muertos. Porque todos murieron el 11 de noviembre de 1918. Ya están todos muertos. “Ahora han engordado, andan bastante anchos de cintura de tanto sentarse en los despachos, y puede que ya no se les dé del todo bien, con sus esposas y sus hijos y sus casas casi terminadas de pagar en los buenos barrios de la periferia, en donde juegan al golf toda la tarde, tras llegar en el tren de las 5:15, y puede que eso tampoco se les dé bien del todo; los hombres flacos y endurecidos, que alardeaban en serio y bebían en serio, porque habían descubierto que morir y estar muerto no era algo tan apacible como tenían entendido.” Los que no murieron de una forma, lo hicieron de otra. Como hizo en otros relatos, y como haría en todas sus novelas, Faulkner es un maestro creando atmósferas. El tiempo va y viene como si no existiera el pasado y como si el futuro no pudiera imaginarse. El tiempo desaparece porque todo es momentáneo, todo transcurre en un instante. Conocemos a sus personajes como si viviéramos sus vidas y no como si las estuviéramos leyendo.

A propósito de la traducción:

“A un amigo le encargaron la traducción de cuentos de Faulkner. Le pedí que me dejara traducir Todos los pilotos muertos, para mi placer y sin cobrar nada. Como este cuento es mi favorito de entre todos los que escribió Faulkner, encaré mi tarea con mucho respeto. Traté de conseguir traducciones anteriores y me encontré con una en castellano bonaerense, muy mala. También había otra en francés con errores insoportables y que alteraban la psicología del personaje. Poco tiempo después, me dediqué a rastrear algunas de las infamias que se habían hecho al traducir obras del genial norteamericano.”
Juan Carlos Onetti, “Incursiones en Faulkner

 

En cuanto a la traducción de Miguel Martínez-Lage, se puede considerar como “despreocupada”. Es evidente que traducir a Faulkner no es tarea fácil, pero un buen traductor debería saber que hay palabras que no se pueden traducir literalmente, porque en la lengua original tienen un doble sentido del que carecen en la lengua a la que se vierten. En dos ocasiones traduce “barnacle” directamente como “percebe” en lugar de buscar una traducción más adecuada como “insignia” o “distintivo” y añadiendo una nota a pie de página explicando el significado que tiene la palabra “barnacle” en argot militar.

… though the third barnacle on his tunic was still the single wing of an observer. (… el tercer percebe que llevaba prendido en la pechera seguía siendo el ala única del observador, y no la doble ala del piloto.)

… and pinned the garter on the tunic like a barnacle ribbon. (… y prendió la liga en la pechera como si fuese un percebe o una condecoración.)

408 barnacle Military slang for a bar, a silver rosette somewhat resembling a marine barnacle which was affixed to the ribbon of a British decoration to signify that the decoration had been awarded more than once. Cf. Grider, 228: “Mannock has arrived … all rigged out as a major with some new barnacles on his ribbons.”

513 barnacle See “Ad Astra.” 408. Apparently Faulkner intends the word here to denote insignia in general; see also 514: “barnacle ribbon.”

Robert Harrison, Aviation Lore in Faulkner, Amsterdam/Philadelphia, 1985


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El infierno tan temido

13/06/2020 Comentarios desactivados en El infierno tan temido

El infierno tan temido” (Raúl de la Torre, 1980)

Juan Carlos Onetti, “El infierno tan temido“, Cuentos completos, Alfaguara, 1994

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Anónimo, s. XVI

 

Juan Carlos Onetti dijo en una entrevista que se trataba de un cuento de amor… Quizá sea más bien de desamor, pero igual es que no haya mucha diferencia entre amor y desamor…

 

Astor Piazzola, “El infierno tan temido”