De virus illustribus

28/12/2020 Comentarios desactivados en De virus illustribus

Anselm Jappe, Sandrine Aumercier, Clément Homs, Gabriel Zacarias, De virus illustribus. Crise du Coronavirus et épuisement structurel du capitalisme, Crise & Critique, 2020.

C’est la subordination de toute production, et de toute vie sociale, au but en soi, tautologique, de la multiplication de l’argent à travers l’usage du travail qui reste l’alpha et l’oméga de ce qui nous arrive. Se libérer du sujet automate devient de plus en plus une question de vie et de mort – même si l’issue en est incertaine.

En este ensayo se aborda la situación social, política y económica a la que la humanidad se ha visto abocada como consecuencia de la pandemia de la Covid-19. Se trata de un análisis bastante apresurado, realizado durante los meses de confinamiento, desde la perspectiva de la llamada “teoría crítica del valor”. Sorprende en algunos momentos que se acepta sin ninguna crítica la existencia de una pandemia y de una enfermedad, causada por un virus de la familia de los coronavirus, que provocará una gran mortalidad. El análisis se centra principalmente en las medidas adoptadas a nivel mundial, en el papel que juegan los Estados nacionales en la nueva fase del capitalismo que estamos viviendo y en la orientación de éste a nivel global. Dado que el capitalismo no es un sistema impuesto y dirigido por una elite, sino que es algo que todos construimos diariamente, en esta nueva fase que empezó antes de la “pandemia”, todos adoptamos nuevas formas de comportarnos y de relacionarnos. Los Estados están al servicio de la economía y por tanto adquieren un papel cada vez más importante con el objetivo de restringir las libertades públicas y privadas. La “pandemia” ha servido para acelerar un proceso que ya estaba en marcha en el que el papel del Estado es cada vez mayor en todos los aspectos, y en el que la “servidumbre voluntaria” de la población mundial será cada vez mayor. Las medidas restrictivas de libertades impuestas por los Estados con la disculpa de la “pandemia” y su masiva aceptación son una prueba terminante de que la aceptación social de la vigilancia está aumentando de forma nunca imaginada. La única forma de escapar de este futuro es romper completamente con el sistema de producción y consumo de mercancías y de dinero. La única salida es la ruptura con la existencia del trabajo. Hay que “salir de la economía”. Pero… ¿cómo se hace esto? No dan ninguna fórmula.

Covid-19: antes, durante y después

28/04/2020 Comentarios desactivados en Covid-19: antes, durante y después

No tenemos nada que decir, sino que somos lamentables, que hemos sucumbido por imaginación a una monotonia fllosófica-económica mecánica. Instrumentos de la decadencia, criaturas de la agonia, todo es claro para nosotros, no comprendemos nada. Poblamos un traumatismo, tenemos miedo, tenemos mucho derecho a tener miedo, vemos ya, por más que indistintamente, en último término, los gigantes de la angustia. Lo que pensamos ha sido ya pensado, lo que sentimos es caótico, lo que somos es oscuro. No tenemos que tener verguenza, pero no somos nada tampoco y no merecemos sino el caos.

Thomas Bernhard, «Discurso pronunciado el 22 de marzo de 1968 en ocasión de la entrega del Premio Nacional Austríaco«

 

… las epidemias relacionadas con nuevas zoonosis, así como la recurrencia y propagación de las antiguas, no son sólo lo que nos sucede, sino que reflejan lo que hacemos.

David Quammen

 

Durante siglos el ser humano ha vivido el «orgullo prometeico» entendiendo por ello la conciencia de su superioridad respecto al resto de los animales gracias a la técnica, un regalo de Prometeo, como cuenta Platón en su diálogo Protágoras. Mucho antes de que Marx declarara a Prometeo «el más noble de los santos y mártires del calendario filosófico», por enfrentarse a los dioses, Platón lo había celebrado por traer en nombre de los dioses el regalo del fuego con el que los humanos pudieran suplir, gracias a la técnica que de él se derivaba, las insuficiencias de la naturaleza humana. Orgullosos los humanos, pues, de su capacidad técnica que suplía lo que la naturaleza le había negado.

El desarrollo técnico, sin embargo, ha llevado a la humanidad a una situación insostenible. La técnica, hace mucho tiempo que dejó de ser un medio para vivir mejor. Hace muchos años que Günther Anders llegó a la conclusión de que vivimos en el umbral de una época incapaz de representarse los efectos de las catástrofes derivadas del desarrollo técnico; incapaz de sentir un dejo de miedo o angustia real y efectiva ante la amenaza concreta, ya vivida, y que nos acecha de manera flagrante en cada “accidente” nuclear. Nuestra “ceguera atómica”, como la llamase él mismo, no es una falla de nuestra incapacidad física inmediata, sino el resultado de una desproporción, un desfase o desnivel de nuestro ser con el mundo técnico, el «desnivel prometeico» (das prometheische Gefälle) en que nos hallamos los hombres en tanto que hombres, e histórica, respecto de nuestros mismos productos técnicos.

El virus causante de la actual pandemia no ha surgido de la nada por generación espontánea. Tampoco es un castigo de los dioses, ni el instrumento de un complot, ni siquiera un pequeño accidente en el recorrido de la aparentemente tranquila corriente del desarrollo industrial. El origen de los coronavirus, ya había sido objeto de diversos estudios y análisis que dejaban entrever la pandemia que algún día llegaría a afectarnos. David Quammen ya nos había prevenido en un libro de título muy elocuente: Spillover:Animal Infections and the Next Human Pandemic (W.W. Norton & Company, New York, 2012). Escribió lo siguiente:

«Las presiones humanas y la disrupción ecológica están poniendo en contacto a cada vez más patógenos con las poblaciones humanas, mientras que la tecnología y el comportamiento humano están propagando estos patógenos cada vez más rápidamente. En otras palabras, las epidemias relacionadas con nuevas zoonosis, así como la recurrencia y propagación de las antiguas, no son sólo lo que nos sucede, sino que reflejan lo que hacemos.»

Leer más: Jacques Luzi, «Covid-19 : avant, pendant, après»

 

No nos engañemos

28/04/2020 Comentarios desactivados en No nos engañemos

La distancia social, la informatización y la gestión a distancia de nuestras vidas comenzaron hace tiempo. Ahora, como consecuencia de las medidas adoptadas para protegernos de un virus, la distancia social será obligatoria y todo el peso de la ley caerá sobre quienes nos resistamos. Es por ello precisamente que más que nunca debemos resistir.

 

Ne laissons pas s’installer le monde sans contact, 2020

Appel au boycott de l’application Stop-COVID19

Du point de vue sanitaire, l’épidémie de COVID-19 mettra du temps à livrer tous ses mystères. Le brouillard qui entoure l’origine de la maladie, sa diffusion et sa létalité ne pourra se dissiper que lorsqu’elle cessera de frapper dans autant de pays à la fois. A ce jour, personne n’a l’air de savoir quand une telle accalmie se produira. D’ici là, pour continuer de vivre, nous ne devons ni sous-estimer, ni surestimer cette épidémie en tant que telle.

« Leer el resto de esta entrada »

A fábrica de nada

20/04/2020 Comentarios desactivados en A fábrica de nada

si hay que dividir el mundo en dos bandos enfrentados, no ha de ser entre derechas o izquierdas, sino entre aquellos que aceptan el mundo tal y como es y aquellos otros que están dispuestos a renunciar a las comodidades, a los móviles, a los viajes a la Luna, a los tupperwares… La mala noticia es que nadie está dispuesto a hacer esas renuncias.

El capitalismo somos nosotros. Todos nosotros. Nadie está dispuesto a renunciar a él y cuanto más abajo estás, cuanto más pisoteado, más aspiras a disfrutar de todo aquello que el capitalismo ofrece. Hemos vendido nuestras vidas para poder comprar cosas. Es lo que queremos. ¿Hay alguna salida? ¿Estamos preparados para vivir de otra manera cuando este sistema colapse definitivamente?

Coronavirus y capitalismo

07/04/2020 Comentarios desactivados en Coronavirus y capitalismo

James Ensor, «The Man & the Mask»

En este momento, no hay patógenos independientes del capital.

 

… el negocio agroalimentario está tan centrado en los beneficios que la selección de un virus capaz de matar a mil millones de personas se trata como un riesgo que vale la pena correr.

 

«El negocio agroalimentario pondría en riesgo millones de vidas”.

Entrevista a Rob Wallace

El coronavirus tiene al mundo en estado de shock. Pero, en lugar de combatir las causas estructurales de la pandemia, el Gobierno se centra en medidas de emergencia. Conversamos con Rob Wallace (biólogo evolutivo) sobre los riesgos de la COVID-19, la responsabilidad del negocio agroalimentario y las soluciones sostenibles para combatir las enfermedades infecciosas. La entrevista la realizó Yaak Pabst.
¿Cuán peligroso es el nuevo coronavirus?Depende del momento en que se encuentre el brote local de COVID-19: en la fase inicial, en el pico o en fase tardía. También depende de lo buena que sea la respuesta sanitaria de tu región y su demografía, depende de tu edad, de si estás en riesgo inmunológico o de tu salud, en general. Por plantear una posibilidad que hace imposible el diagnóstico: ¿tu inmunogenética, la genética subyacente a tu respuesta inmunitaria, se alinea con el virus?

Así, pues, ¿todo este barullo con el virus es una simple táctica para asustar?

Ciertamente, no. Al principio del brote en Wuhan, la COVID-19 estaba en una tasa de letalidad de entre el 2 y el 4%. Fuera de Wuhan, la tasa parece caer al 1%, o a menos, pero también parece alcanzar el máximo en otros sitios, aquí y allí, incluyendo a lugares como Italia y Estados Unidos. Su alcance no parece muy grande en comparación con, por ejemplo, el del síndrome respiratorio agudo grave (10%), la gripe de 1918 (5-20%), la “gripe aviar” H5N1 (60%) o, en algunos lugares, el Ébola (90%). Pero, ciertamente, supera al de la gripe estacional (0,1%). Sin embargo, el peligro no es sólo una cuestión de letalidad. Tenemos que luchar contra la denominada penetrancia o tasa de ataque comunitario: en cuánta de la población mundial ha penetrado el brote.

¿Podrías ser más concreto?

La red global de viajes está en un nivel récord de conectividad. Sin vacunas o antivíricos específicos para los coronavirus ni, en este momento, ninguna inmunidad colectiva contra el virus, incluso una cepa de sólo el 1% de mortalidad puede suponer un peligro considerable. Con un período de incubación de más de dos semanas y pruebas cada vez mayores de que se da algún tipo de transmisión antes de contraer la enfermedad —antes de saber que estamos infectados—, probablemente pocos lugares estarían libres de infección. Si la COVID-19 registra, digamos, una letalidad del 1% en el proceso de infección de cuatro mil millones de personas, eso serían cuarenta millones de muertos. Una proporción pequeña de un número grande puede seguir siendo un número grande.

Ésas son cifras estremecedoras para un patógeno supuestamente menos virulento…

Sin duda, y estamos solamente en el comienzo del brote. Es importante comprender que muchas infecciones nuevas pueden cambiar en el transcurso de la epidemia. Se puede atenuar la infecciosidad, la virulencia o ambas. Pero, por otra parte, otros brotes aumentan en virulencia. La primera ola de pandemia gripal de la primavera de 1918 fue una infección relativamente leve. Fueron la segunda y la tercera olas, de invierno de ese año y de 1919, las que mataron a millones de personas.

Pero los escépticos con la pandemia argumentan que el coronavirus ha infectado y matado a menos pacientes que la típica gripe estacional. ¿Qué piensas de eso?

Sería el primero en celebrar que este brote se quedara en nada. Pero esos esfuerzos por negar el posible peligro de la COVID-19 citando otras enfermedades mortales, especialmente la gripe, es un recurso retórico para presentar la preocupación por el coronavirus como fuera de lugar.

A que la comparación con la gripe estacional cojea…

Tiene poco sentido comparar dos patógenos en fases distintas de sus curvas epidémicas. Sí, la gripe estacional infecta a muchos millones de personas a escala mundial y mata, según cálculos de la OMS, a más de 650.000 personas al año. Sin embargo, la COVID-19 no ha hecho más que empezar su trayecto epidemiológico. Y, a diferencia de la gripe, no tenemos vacuna ni inmunidad colectiva para ralentizar la infección y proteger a las poblaciones más vulnerables.

Aun cuando la comparación es confundente, ambas enfermedades corresponden a virus, incluso a un grupo específico: los virus ARN. Ambas pueden causar enfermedad. Ambas afectan a la boca y la garganta y, a veces, también a los pulmones. Ambas son muy contagiosas.

Ésas son similitudes superficiales, que soslayan una parte decisiva en la comparación de ambos patógenos. Sabemos mucho sobre la dinámica de la gripe. Sabemos muy poco de la COVID-19. Está llena de interrogantes. De hecho, muchas cosas de la COVID-19 son incognoscibles hasta que el brote se desarrolla plenamente. Al mismo tiempo, es importante comprender que no se trata de COVID-19 versus gripe. Se trata de COVID-19 y gripe. La aparición de múltiples infecciones susceptibles de convertirse en pandémicas y atacar conjuntamente a poblaciones debería ser la preocupación central.

Has estado investigando las epidemias y sus causas durante varios años. En tu libro Big Farms Make Big Flu (Las grandes granjas producen grandes gripes) intentas establecer esas relaciones entre agricultura industrial, agricultura ecológica y epidemiología viral. ¿Cuáles son tus descubrimientos?

El verdadero peligro de cada nuevo brote es la incapacidad o —mejor dicho— la negación oportunista a comprender cada nueva COVID-19 como un incidente no aislado. El incremento de la aparición de virus está estrechamente vinculado a la producción alimentaria y los beneficios de las empresas multinacionales. Cualquiera que pretenda entender por qué los virus son cada vez más peligrosos debe investigar el modelo industrial de agricultura y, más concretamente, de la producción de ganado. Actualmente, pocos Estados y pocos científicos están preparados para ello. Todo lo contrario. Cuando surgen nuevos brotes, los Gobiernos, medios de comunicación e incluso la mayor parte del establishment médico están tan centrados en cada emergencia individual que soslayan las causas estructurales que están convirtiendo, uno tras otro, a múltiples patógenos marginales en una repentina celebridad mundial.

¿De quién es la culpa?

He dicho que de la agricultura industrial, pero hay que ampliar el foco. El capital encabeza, a escala mundial, la apropiación de los últimos bosques primigenios y de las tierras cultivadas por pequeños propietarios. Esas inversiones implican deforestación y desarrollo, que conducen a la aparición de enfermedades. La diversidad funcional y la complejidad que representan esas enormes extensiones de tierra se están simplificando de tal modo que patógenos previamente encerrados se están esparciendo sobre el ganado y las comunidades humanas locales. En suma, habría que considerar como principales focos de enfermedades a los centros de capital, lugares como Londres, Nueva York y Hong Kong.

¿Para qué enfermedades es ése el caso?

En este momento, no hay patógenos independientes del capital. Incluso los más remotos están afectados por éste, aunque sea distalmente. El Ébola, el Zika, los coronavirus, la fiebre amarilla otra vez, una miríada de gripes aviares y la peste porcina africana están entre los muchos patógenos que hacen su camino desde los interiores más remotos hasta los nudos periurbanos, capitales regionales y, últimamente, las redes globales de viajes. Desde los murciélagos de fruta en el Congo hasta matar en pocas semanas a la gente que toma el sol en Miami.

¿Cuál es el papel de las empresas multinacionales en este proceso?

En este momento, el planeta Tierra es el planeta Granja, tanto en biomasa como en tierra utilizada. El negocio agroalimentario está intentando monopolizar el mercado alimentario. La práctica totalidad del proyecto neoliberal se centra en apoyar los esfuerzos de empresas sitas en los países más industrializados por robar la tierra y los recursos de los países más débiles. Como resultado de ello, muchos de esos nuevos patógenos, que antes las ecologías de bosques largamente evolucionados mantenían bajo control, ahora brotan libremente y amenazan al mundo entero.

¿Qué efectos tienen en esto los métodos de producción del negocio agroalimentario?

La agricultura guiada por el capital que sustituye a las ecologías naturales ofrece los medios precisos para que los patógenos pueden evolucionar hasta convertirse en los fenotipos más virulentos e infecciosos. No podrías diseñar un sistema mejor para engendrar enfermedades mortales.

¿Por qué?

El aumento del monocultivo genético de los animales domésticos elimina cualquier cortafuegos inmunitario que pueda haber para frenar la transmisión. Tamaños y densidades de población mayores facilitan mayores tasas de transmisión. Esas condiciones de masificación debilitan la respuesta inmunitaria. Alta producción, un componente de cualquier producción industrial, proporciona constantemente suministro renovado de material propenso, el combustible para la evolución del virus. En otras palabras, el negocio agroalimentario está tan centrado en los beneficios que la selección de un virus capaz de matar a mil millones de personas se trata como un riesgo que vale la pena correr.

¡¿Qué?!

Esas empresas sólo pueden externalizar sobre cualquier otro los costes de sus operaciones epidemiológicamente temerarias. Desde los propios animales hasta los consumidores, los agricultores, las ecologías locales y los Gobiernos de todos los ámbitos. Los daños son tan grandes que, si tuviéramos que devolver esos costes a los balances de las empresas, el negocio agroalimentario, tal y como lo conocemos, se acabaría para siempre. Ninguna empresa podría soportar los costes de los daños que provoca.

En muchos medios de comunicación se dice que el punto de arranque del coronavirus está en un “mercado alimentario exótico” en Wuhan. ¿Es eso cierto?

Sí y no. Hay pruebas espaciales a favor de esa idea. El rastreo de infecciones relacionadas nos lleva al mercado mayorista de mariscos de Wuhan, donde se vendían animales salvajes. El muestreo ecológico parece ubicar en el extremo occidental el lugar donde se capturaba a los animales salvajes. Pero ¿cuán atrás y con cuánta amplitud deberíamos investigar? ¿Cuándo comenzó exactamente la situación de emergencia, en realidad? El poner el foco en el mercado soslaya los orígenes de la agricultura silvestre fuera de las zonas interiores y su creciente capitalización. En conjunto, y en China, los alimentos silvestres se están convirtiendo en un sector económico más formalizado. Pero su relación con la agricultura industrial va más allá del hecho de compartir la fuente de ingresos. A medida que la producción industrial —porcina, aviar y similares— se expande hacia los bosques primigenios, ejerce presión sobre los operadores de alimentos silvestres para adentrarse más en el bosque en busca de poblaciones de recursos, lo que incrementa el punto de contacto con, y la propagación de, nuevos patógenos, incluyendo a la COVID-19.

La COVID-19 no es el primer virus desarrollado en China que el Gobierno intenta ocultar.

Así es, pero eso no es ninguna excepción china. Los EE UU y Europa también han servido de zonas de impacto para nuevas gripes, recientemente las H5N2 y HRNx, y sus multinacionales y proxies neocoloniales provocaron la aparición del Ébola en África occidental y del Zika en Brasil. Los funcionarios de la salud pública estadounidenses encubrieron al negocio agroalimentario durante los brotes de H1N1 (2009) y H5N2.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado ahora “emergencia sanitaria internacional”. ¿Es correcto ese paso?

Sí. El peligro de un patógeno así es que las autoridades sanitarias no sean capaces de comprender la distribución del riesgo estadístico. No tenemos ni idea de cómo puede responder el patógeno. En cuestión de semanas pasamos de un brote en un mercado a infecciones expandidas por todo el mundo. El patógeno podría agotarse. Eso sería genial. Pero no sabemos si eso pasará. Una preparación mejor aumentaría la probabilidad de reducir la velocidad de fuga del patógeno.

La declaración de la OMS también es parte de lo que llamo teatro pandémico. Las organizaciones internacionales han muerto ante la inacción. Me viene a la memoria la Liga de Naciones. Las organizaciones de Naciones Unidas siempre andan preocupadas por su relevancia, poder y financiación. Pero ese accionismo también puede converger con la preparación y prevención actuales que el mundo necesita para interrumpir las cadenas de transmisión de la COVID-19.

La reestructuración neoliberal del sistema de asistencia sanitaria ha empeorado tanto la investigación como la asistencia general a los pacientes, por ejemplo, en los hospitales. ¿Qué diferencias podría marcar un sistema sanitario mejor financiado para combatir el virus?

Existe la terrible pero reveladora historia del empleado de una empresa de productos sanitarios que, tras regresar de China con síntomas similares a la gripe, hizo lo correcto, por su familia y su comunidad, y solicitó a un hospital local que le hiciera la prueba de COVID-19. Le preocupaba que la mínima reforma sanitaria de Obama no cubriera el coste de las pruebas. Y tenía razón. De repente se encontró con una deuda de 3.270 dólares. Una reivindicación estadounidense podría ser la promulgación de una orden de emergencia que estipule que, durante el brote de una pandemia, todas las facturas médicas relacionadas con las pruebas de infección y el tratamiento tras un positivo las pague la Administración federal. Queremos animar a la gente a que busque ayuda, en lugar de esconderse —e infectar a otros— porque no puede permitirse pagar el tratamiento. La solución evidente es un servicio nacional de salud —plenamente dotado y equipado para lidiar con este tipo de emergencias de ámbito comunitario— para que no surja nunca el ridículo problema de que se desincentive la cooperación comunitaria.

Tan pronto como se descubre el virus en un país, los Gobiernos reaccionan con medidas autoritarias y punitivas, tales como la cuarentena obligatoria de regiones y ciudades enteras. ¿Están justificadas esas drásticas medidas?

Utilizar un brote para probar lo último en control autocrático tras el brote es capitalismo del desastre descarrilado. Desde el punto de vista de la salud pública, preferiría equivocarme por exceso de confianza y compasión, que son variables epidemiológicas importantes. Sin ellas, las Administraciones pierden el apoyo de la población. El sentido de la solidaridad y el respeto común son decisivos para obtener la cooperación que necesitamos para sobrevivir juntos a esas amenazas. Las cuarentenas autoimpuestas con el correspondiente apoyo de controles por parte de brigadas vecinales entrenadas, camiones de suministro alimentario puerta a puerta, permisos de trabajo y seguro de desempleo pueden producir ese tipo de cooperación, todos estamos unidos en esto.

Como quizá sepas, en Alemania, con Alianza por Alemania (AfD) tenemos de facto un partido nazi en el parlamento, con 94 escaños. La ultraderecha nazi y otros grupos, junto a políticos de AfD, utilizan la crisis del coronavirus para su agitación. Difunden informes falsos sobre el virus y exigen más medidas autoritarias al Gobierno: restricción de vuelos y suspensión de entradas de migrantes, cierre de fronteras y cuarentenas forzadas…

La prohibición de viajar y el cierre de fronteras son exigencias con las que la extrema derecha quiere racializar lo que ahora son enfermedades globales. Esto, por supuesto, es un sinsentido. En este momento, como el virus está a punto de propagarse por todas partes, lo razonable es trabajar en el desarrollo del tipo de resistencia de la salud pública en que no importe quién muestre una infección y tengamos los medios para tratarle y cuidarle. Por supuesto, detengamos en primer lugar el robo de tierra al pueblo en el extranjero que provoca los éxodos y podremos evitar la aparición de patógenos.

¿Cuáles serían los cambios sostenibles?

Para reducir la aparición de nuevos brotes de virus, la producción de alimentos tiene que cambiar radicalmente. La autonomía agrícola y un sector público robusto pueden contener los trinquetes ecológicos y las infecciones desbocadas. Introducir diversidad en el ganado y los cultivos —y la resilvestración estratégica— tanto a escala de explotaciones como regional. Permitir a los animales destinados a la alimentación que se reproduzcan in situ, para que transmitan las inmunidades que están probadas. Conectar la producción justa con la circulación justa. Ayudar a la producción agroecológica subvencionando los programas de apoyo a precios y compra por parte de los consumidores. Defender estos experimentos tanto de las obligaciones que impone la economía neoliberal a individuos y comunidades por igual y de la amenaza de la represión dirigida por el capital.

¿Qué llamamiento deberían hacer los socialistas ante la dinámica de incremento de brotes de enfermedades?

El negocio agroalimentario como modo de reproducción social debe acabar para siempre, aunque sólo sea por razones de salud pública. La producción de alimentos altamente capitalizada depende de prácticas que ponen en peligro a la totalidad de la humanidad, en este caso contribuyendo a desatar una nueva pandemia letal. Deberíamos exigir la socialización de los sistemas alimentarios, de tal manera que, en primer lugar, patógenos tan peligrosos como éste no aparezcan. Eso requerirá, en primer lugar, la reintegración de la producción alimentaria en las necesidades de las comunidades rurales y prácticas agroecológicas que protejan al medio ambiente y a los agricultores, ya que cultivan nuestros alimentos. En términos generales, debemos reparar la grieta metabólica que separa a nuestras ecologías de nuestras economías. En resumidas cuentas, tenemos un planeta que ganar.

 

Biólogo evolutivo. Es autor de ‘Big Farms Make Big Flu‘ (Las grandes granjas producen grandes gripes)

Fuente:

Traducción: Daniel Escribano

Todo lo sólido se desvanece

01/04/2020 Comentarios desactivados en Todo lo sólido se desvanece

«Todo lo que era sólido y estable es destruido; todo lo que era sagrado es profanado, y los hombres se ven forzados a considerar sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas con desilusión.»

K. Marx, F. Engels, Manifiesto comunista

La normalidad es el problema

31/03/2020 Comentarios desactivados en La normalidad es el problema

No queremos volver a la normalidad, porque la normalidad es el problema

 

¡Los chicos, los chicos! Aunque se ciernan sobre ellos terribles problemas, como, por ejemplo, el final definitivo del mundo conocido, rápidamente como consecuencia de una gran explosión, o lentamente, mediante la despreocupada destrucción de los recursos naturales, los chicos son aún, incluso ahora, optimistas, simpáticos, valientes. De hecho, esperan enormes cambios en el último minuto.

Grace Paley, Enormes cambios en el último minuto

 

Seguimos esperando enormes cambios en el último minuto para que todo pase y podamos volver a la normalidad. Como si la normalidad fuese lo normal. Sin embargo es precisamente lo que consideramos como la normalidad el origen de todo. El problema es el capitalismo en sí, pero, además, es mucho más… porque el problema es el capitalismo en mí. El capitalismo en cada uno de nosotros. Vivir como hemos vivido hasta ahora tiene consecuencias. El coronavirus es una de ellas. Pero antes ha habido muchas otras que, como no nos afectaban directamente o eran simplemente una amenaza en el horizonte, las ignorábamos. En el mundo se mueren anualmente cientos de miles de niños de hambre; hambre provocada por nuestra forma de vida. En el mundo se mueren anualmente cientos de miles de personas de malaria… y ningún periódico informa de ello…

Estábamos avisados… pero todos miramos hacia otro lado. No queremos vivir de otra manera. Ahora no nos va a quedar otro remedio, porque la alternativa será: o vivir de otro modo, o morir.

En 2004, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida como FAO por sus siglas en inglés, señalaron el incremento de la demanda de proteína animal y la intensificación de su producción industrial como principales causas de la aparición y propagación de nuevas enfermedades zoonóticas desconocidas, es decir, de nuevas patologías transmitidas por animales a los seres humanos.

« Leer el resto de esta entrada »

#EstoNoEsUnaGUERRA

30/03/2020 Comentarios desactivados en #EstoNoEsUnaGUERRA

NO ESTAMOS EN GUERRA

ni tenemos que estarlo
Es interesante constatar hasta qué punto no sabemos enfrentar cada acontecimiento sino a través del prisma de la defensa y la dominación.
Las medidas decretadas ayer tarde por nuestro gobierno son, de acuerdo con mi sensibilidad de médico, totalmente adecuadas. Por el contrario, el efecto de anuncio que las han acompañado lo es mucho menos. No estamos en guerra ni tenemos que estarlo.
No necesitamos de una sistemática idea de lucha para ser competentes. La ambición firme de un servicio a la vida basta.
No hay enemigo.
Hay otro organismo viviente en pleno flujo migratorio y debemos detenernos para que nuestras corrientes respectivas no se choquen demasiado.
Estamos en el paso de peatones y el semáforo está en rojo para nosotros.
Sin duda habrá, a nuestra escala humana millonaria, recorridos fuera del paso de cebra y accidentes que serán dolorosos.
Siempre lo son.
Pero no hay guerra.
Las formas de vida que no sirven a nuestros intereses (¿y quién puede decirlo?) no son nuestros enemigos.
Se trata de una enésima ocasión de darnos cuenta de que el humano no es la única fuerza en este planeta y debe a veces -¡cuántas! – hacer lugar a otros.
No tiene ningún interés vivirlo en un mundo conflictivo o competitivo.
Nuestro cuerpo y nuestra inmunidad aman la verdad y la PAZ.
No estamos en guerra ni tenemos que estarlo para ser eficaces. No estamos movilizados por las armas sino por la inteligencia de lo vivo que nos fuerza a la pausa.
De manera excepcional, hemos sido obligados a hacernos a un lado, a dejar sitio.
No es una guerra, es una enseñanza: la de la humildad, la interrelación y la solidaridad.

Sophie Mainguy, médico especialista en urgencias (París)

El negocio del coronavirus

27/03/2020 Comentarios desactivados en El negocio del coronavirus

VERGÜENZA: El País blanquea al IBEX

Monólogo del virus

26/03/2020 Comentarios desactivados en Monólogo del virus

No dejéis que quienes os han llevado al abismo pretendan sacaros de él

 

paru dans lundimatin, le 24 mars 2020

Dejad de proferir, queridos humanos, vuestros ridículos llamamientos a la guerra. Dejad de dirigirme esas miradas de venganza. Apagad el halo de terror con que envolvéis mi nombre. Nosotros, los virus, desde el origen bacteriano del mundo, somos el verdadero continuum de la vida en la tierra. Sin nosotros, jamás habríais visto la luz del día, ni siquiera la habría visto la primera célula.

Somos vuestros antepasados, al igual que las piedras y las algas, y mucho más que los monos. Estamos dondequiera que estéis y también donde no estáis. ¡Si del universo sólo veis aquello que se os parece, peor para vosotros ! Pero sobre todo, dejad de decir que soy yo el que os está matando. No estáis muriendo por lo que le hago a vuestros tejidos, sino porque habéis dejado de cuidar a vuestros semejantes. Si no hubierais sido tan rapaces entre vosotros como lo habéis sido con todo lo que vive en este planeta, todavía habría suficientes camas, enfermeras y respiradores para sobrevivir a los estragos que causo en vuestros pulmones. Si no almacenaseis a vuestros ancianos en morideros y a vuestros prójimos sanos en ratoneras de hormigón armado, no os veríais en éstas. Si no hubierais transformado la amplitud, hasta ayer mismo aún exuberante, caótica, infinitamente poblada, del mundo —o mejor dicho, de los mundos— en un vasto desierto para el monocultivo de lo Mismo y del Más, yo no habría podido lanzarme a la conquista planetaria de vuestras gargantas. Si durante el último siglo no os hubierais convertido prácticamente todos en copias redundantes de una misma e insostenible forma de vida, no os estaríais preparando para morir como moscas abandonadas en el agua de vuestra civilización edulcorada. Si no hubierais convertido vuestros entornos en espacios tan vacíos, tan transparentes, tan abstractos, tened por seguro que no me desplazaría a la velocidad de un avión. Sólo estoy ejecutando la sentencia que dictasteis hace mucho contra vosotros mismos. Perdonadme, pero sois vosotros, que yo sepa, quienes habéis inventado el término « Antropoceno ». Os habeis adjudicado todo el honor del desastre ; ahora que está teniendo lugar, es demasiado tarde para renunciar a él. Los más honestos de entre vosotros lo sabéis bien : no tengo más cómplice que vuestra propia organización social, vuestra locura de la « gran escala » y de su economía, vuestro fanatismo del sistema. Sólo los sistemas son « vulnerables ». Lo demás vive y muere. Sólo hay vulnerabilidad para lo que aspira al control, a su extensión y perfeccionamiento. Miradme atentamente : sólo soy la otra cara de la Muerte reinante.

Así que dejad de culparme, de acusarme, de acosarme. De paralizaros ante mí. Todo eso es infantil. Os propongo que cambiéis vuestra mirada : hay una inteligencia inmanente en la vida. No hace falta ser sujeto para tener un recuerdo o una estrategia. No hace falta ser soberano para decidir. Las bacterias y los virus también pueden hacer que llueva y brille el sol. Así que miradme como vuestro salvador más que como vuestro enterrador. Sois libres de no creerme, pero he venido a parar la máquina cuyo freno de emergencia no encontrabais. He venido a detener la actividad de la que érais rehenes. He venido a poner de manifiesto la aberración de la « normalidad ». « Delegar en otros nuestra alimentación, nuestra protección, nuestra capacidad de cuidar de las condiciones de vida ha sido una locura »… « No hay límite presupuestario, la salud no tiene precio » : ¡mirad cómo hago que se retracten de palabra y de obra vuestros gobernantes ! ¡Mirad cómo los reduzco a su verdadera condición de mercachifles miserables y arrogantes ! ¡Mirad cómo de repente se revelan no sólo como superfluos, sino como nocivos ! Para ellos no sois más que el soporte de la reproducción de su sistema, es decir, menos aun que esclavos. Hasta al plancton lo tratan mejor que a vosotros.

Pero no malgastéis energía en cubrirlos de reproches, en echarles en cara sus limitaciones. Acusarlos de negligencia es darles más de lo que se merecen. Preguntaos más bien cómo ha podido pareceros tan cómodo dejaros gobernar. Alabar los méritos de la opción china frente a la opción británica, de la solución imperial-legista frente al método darwinista-liberal, es no entender nada ni de la una ni de la otra, ni del horror de la una ni del horror de la otra. Desde Quesnay, los « liberales » siempre han mirado con envidia al Imperio chino ; y siguen haciéndolo. Son hermanos siameses. Que uno te confine por tu propio bien y el otro por el bien de « la sociedad » equivale igualmente a aplastar la única conducta no nihilista en este momento : cuidar de uno mismo, de aquellos a los que quieres y de aquello que amamos en aquellos que no conocemos. No dejéis que quienes os han conducido al abismo pretendan sacaros de él : lo único que harán será prepararos un infierno más perfeccionado, una tumba aún más profunda. El día que puedan, patrullarán el más allá con sus ejércitos.

Más bien, agradecédmelo. Sin mí, ¿cuánto tiempo más se habrían hecho pasar por necesarias todas estas cosas aparentemente incuestionables cuya suspensión se decreta de inmediato ? La globalización, los concursos, el tráfico aéreo, los límites presupuestarios, las elecciones, el espectáculo de las competiciones deportivas, Disneyland, las salas de fitness, la mayoría de los comercios, el parlamento, el acuartelamiento escolar, las aglomeraciones de masas, la mayor parte de los trabajos de oficina, toda esa ebria sociabilidad que no es sino el reverso de la angustiada soledad de las mónadas metropolitanas. Ya lo veis : nada de eso es necesario cuando el estado de necesidad se manifiesta. Agradecedme la prueba de la verdad que vais a pasar en las próximas semanas : por fin vais a vivir en vuestra propia vida, sin los miles de subterfugios que, mal que bien, sostienen lo insostenible. Todavía no os habíais dado cuenta de que nunca habíais llegado a instalaros en vuestra propia existencia. Vivíais entre las cajas de cartón y no lo sabíais. Ahora vais a vivir con vuestros seres queridos. Vais a vivir en casa. Vais a dejar de estar en tránsito hacia la muerte. Puede que odiéis a vuestro marido. Puede que aborrezcáis a vuestros hijos. Quizás os entren ganas de dinamitar el decorado de vuestra vida diaria. Lo cierto es que, en esas metrópolis de la separación, ya no estábais en el mundo. Vuestro mundo había dejado de ser habitable en ninguno de sus puntos excepto huyendo constantemente. Tan grande era la presencia de la fealdad que había que aturdirse de movimiento y de distracciones. Y lo fantasmal reinaba entre los seres. Todo se había vuelto tan eficaz que ya nada tenía sentido. ¡Agradecedme todo esto, y bienvenidos a la tierra !

Gracias a mí, por tiempo indefinido, ya no trabajaréis, vuestros hijos no irán al colegio, y sin embargo será todo lo contrario a las vacaciones. Las vacaciones son ese espacio que hay que rellenar a toda costa mientras se espera la ansiada vuelta al trabajo. Pero esto que se abre ante vosotros, gracias a mí, no es un espacio delimitado, es una inmensa apertura. He venido a descolocaros. Nadie os asegura que el no-mundo de antes volverá. Puede que todo este absurdo rentable termine. Si no os pagan, ¿qué sería más natural que dejar de pagar el alquiler ? ¿Por qué iba a seguir cumpliendo con sus cuotas del banco quien de todos modos ya no puede trabajar ? ¿Acaso no es suicida vivir donde ni siquiera se puede cultivar un huerto ? No por no tener dinero se va a dejar de comer, y quien tiene el hierro tiene el pan, como decía Auguste Blanqui. Dadme las gracias : os coloco al pie de la bifurcación que estructuraba tácitamente vuestras existencias : la economía o la vida. De vosotros depende. Lo que está en juego es histórico. O los gobernantes os imponen su estado de excepción o vosotros inventáis el vuestro. U os vinculáis a las verdades están viendo la luz o ponéis vuestra cabeza en el tajo del verdugo. O aprovecháis el tiempo que os doy ahora para imaginaros el mundo de después a partir de las lecciones del colapso al que estamos asistiendo o éste se radicalizará por completo. El desastre cesa cuando la economía se detiene. La economía es el desastre. Esto era una tesis antes del mes pasado. Ahora es un hecho. A nadie se le escapa cuánta policía, cuánta vigilancia, cuánta propaganda, cuánta logística y cuánto teletrabajo hará falta para reprimirlo.

Ante mí, no cedáis ni al pánico ni al impulso de negación. No cedáis a las histerias biopolíticas. Las próximas semanas serán terribles, abrumadoras, crueles. Las puertas de la Muerte estarán abiertas de par en par. Soy la más devastadora producción de devastación de la producción. Vengo a devolver a la nada a los nihilistas. La injusticia de este mundo nunca será más escandalosa. Es a una civilización, y no a vosotros, a quien vengo a enterrar. Quienes quieran vivir tendrán que crearse hábitos nuevos, que sean apropiados para ellos. Evitarme será la oportunidad para esta reinvención, para este nuevo arte de las distancias. El arte de saludarse, en el que algunos eran lo suficiente miopes como para ver la forma misma de la institución, pronto ya no obedecerá a ninguna etiqueta. Caracterizará a los seres. No lo hagáis « por los demás », por « la población » o por la « sociedad », hacedlo por los vuestros. Cuidad de vuestros amigos y de vuestros amores. Volved a pensar con ellos, soberanamente, una forma justa de vida. Cread conglomerados de vida buena, ampliadlos, y nada podré contra vosotros. Esto es un llamamiento no a la vuelta masiva a la disciplina, sino a la atención. No al fin de la despreocupación, sino al de la negligencia. ¿Qué otra manera me quedaba de recordaros que la salvación está en cada gesto ? Que todo está en lo ínfimo.

He tenido que rendirme a la evidencia : la humanidad sólo se plantea las preguntas que no puede seguir sin plantearse.

[Traducido por el Grupo Coquelicot y revisado por un amigo]

¿Dónde estoy?

Actualmente estás explorando las entradas etiquetadas con capitalismo en emak bakia.