Io sto con Erri

30/07/2015 § Deja un comentario

iostoconerri

 

Erri de Luca escribe y desde hace algún tiempo se gana la vida con ello. Antes se la ganaba como obrero en un cadena de montaje, albañil y algunas cosas más. Erri de Luca dice lo que piensa y por eso le han procesado y se encuentra pendiente de juicio.

Como la codicia de los poderosos no tiene límites no hay quien les pare cuando deciden poner en peligro la vida en el planeta en nombre del progreso, de la velocidad, de la eficiencia y de tantas virtudes modernas. En este caso se trata de la construcción de un TAV (Tren de Alta Velocidad), que en otros sitios se llama AHT (Abiadura Handiko Trena). No hay quien les pare. Las protestas no sirven de nada.

Erri de Luca dio su opinión. Desde su punto de vista la única posibilidad que queda en manos de las gentes sencillas es el sabotaje. Por pensar así y por decirlo le han procesado y está pendiente de juicio.

Hay que tener en cuenta que “sabotaje” es una palabra que procede del francés y que significaba originalmente “fabricación de zapatos de mala calidad”.

Erri de Luca, a raiz de estos hechos, ha escrito un libro en el que proclama el derecho y el deber de “la palabra contraria“.

Yo también estoy con Erri

desmemoria

28/07/2015 Comentarios desactivados en desmemoria

 “Desmemoria que llega de puntillas. Fechas, lugares, nombres, borrados sin piedad. 

[…]  

Ligero de equipaje afrontarás la sima, sombra ya de ti mismo en el punto final.” 

Juan Goytisolo, Ardores, cenizas, desmemoria

Señas de identidad

26/07/2015 Comentarios desactivados en Señas de identidad

señas de identidad

Juan Goytisolo, Señas de identidad, Prólogo de Juan Bonilla, Bibliotex, 2001

Vuelvo a Juan Goytisolo después de mucho tiempo. Leí alguna cosa hace muchos años y no había vuelto a leer nada suyo. Vuelvo a él y empiezo por una novela que tiene ya casi cincuenta años. Señas de identidad es la primera novela con la que Juan Goytisolo empieza a ser el Juan Goytisolo que ya nunca dejará de ser.

El propio Juan Goytisolo dijo en una entrevista que esta novela era quizá la más desesperada y la más triste de las que había escrito hasta entonces. Según él, el tema de esta novela sería la herida moral de un hombre de su generación al que le tocó sufrir la tragedia de la guerra civil y sus consecuencias. La escritura de esta novela supuso para él la recuperación de sus señas de identidad reales y la pérdida de las señas de identidad falsas que le habían impuesto.

El propio autor confesaba recientemente (El País, Babelia, 17/4/2015) que con este libro daba comienzo su obra adulta: “Señas nace de la insatisfacción respecto a mi propio trabajo. Con los primeros libros había cumplido con mi deber de ciudadano, pero no con mi deber de escritor“, el deber de “devolver a la literatura algo distinto de lo que recibiste. Sin la idea de novedad no hay obra verdadera, y yo no había roto con el canon literario”. A partir de esta novela la escritura de Goytisolo no distinguirá ya la prosa de la poesía. Con ella, su estilo rompe la ortografía y la linealidad del argumento.

Uno de los protagonistas de esta gran novela son los sucesos de Yeste de mayo de 1936, a los que dedica un capitulo entero:

“Al sonar las primeras detonaciones hay un movimiento de pánico. Los paisanos tratan de arrebatar los fusiles a los guardias y los acometen con sus hoces y sus cuchillos. En tanto que el grueso de la multitud se desbanda, los hombres más audaces forcejean con los civiles y emprenden con ellos un violento cuerpo a cuerpo. Un campesino logra apoderarse del mosquetón de uno de los números y dispara sobre él. El guardia Pedro Domínguez Requena se lleva las manos a las cartucheras y las retira empapadas de sangre. Al caer, un paisano le hunde en el cuello un gancho de conducir pinos. El delegado del Ayuntamiento de Yeste, Andrés Martínez Muñoz, primer teniente de alcalde y presidente de la oficina de colocación, implora inútilmente una tregua. El brigada le hace fuego a bocajarro diciendo: ‘¡Toma, por ser de la Gestora!’. Desde tierra suplica vida salva en nombre de sus hijos y el brigada le remata con tres balazos. ‘De éste no os ocupéis — grita—, que no sana”.

Borges, un espécimen en vías de desaparición

21/07/2015 Comentarios desactivados en Borges, un espécimen en vías de desaparición

 

Argentinian writer JORGE LUIS BORGES, writer, Rome 1981. GRAZIA NERI / LEHTIKUVA Marcello Mencarini

Emil Cioran (E.M. Cioran), a finales de 1976, dirigió una carta a Fernando Savater en respuesta a la petición que le hizo éste para que colaborara en un libro de homenaje a Borges. Cioran no creyó adecuado ni oportuno colaborar en celebrar la personalidad de Borges cuando lo hacía todo el mundo, “hasta las universidades”. Cioran pensaba que Borges, uno de los espíritus menos graves que han existido, el último delicado, podría convertirse en símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas.

CIORAN

Esta es la carta de Emil Cioran:

París, 10 de diciembre de 1976


Querido amigo:

El mes pasado, durante su visita a París, me pidió usted que colaborara en un libro de homenaje a Borges. Mi primera reacción fue negativa; la segunda también. ¿Para qué celebrarlo cuando hasta las universidades lo hacen? La desgracia de ser conocido se ha abatido sobre él. Merecía algo mejor, merecía haber permanecido en la sombra, en lo imperceptible, haber continuado siendo tan inasequible e impopular como lo es el matiz. Ese era su terreno. La consagración es el peor de los castigos -para el escritor en general y muy especialmente para un escritor de su género. A partir del momento en que todo el mundo lo cita, ya no podemos citarle o, si lo hacemos, tenemos la impresión de aumentar la masa de sus “admiradores”, de sus enemigos. Quienes desean hacerle justicia a toda costa no hacen en realidad más que precipitar su caída. Pero no sigo, porque si continuase en este tono acabaría apiadándome de su destino. Y tenemos sobrados motivos para pensar que él mismo se ocupa ya de ello.


Creo haberle dicho un día que si Borges me interesa tanto es porque representa un espécimen de humanidad en vías de desaparición y porque encarna la paradoja de un sedentario sin patria intelectual, de un aventurero inmóvil que se encuentra a gusto en varias civilizaciones y en varias literaturas, un monstruo magnífico y condenado. En Europa, como ejemplar similar, se puede pensar en un amigo de Rilke, Rudolf Kassner, que publicó a principios de siglo un excelente libro sobre la poesía inglesa (fue después de leerlo, durante la última guerra, cuando me decidí a aprender el inglés) y que ha hablado con admirable agudeza de Sterne, Gogol, Kierkegaard y también del Magreb o de la India. Profundidad y erudición no se dan juntas; él había logrado sin embargo reconciliarlas. Fue un espíritu universal al que sólo le faltó la gracia, la seducción. Es ahí donde aparece la superioridad de Borges, seductor inigualable que llega a dar a cualquier cosa, incluso al razonamiento más arduo, un algo impalpable, aéreo, transparente. Pues todo en él es transfigurado por el juego, por una danza de hallazgos fulgurantes y de sofismas deliciosos.


Nunca me han atraído los espíritus confinados en una sola forma de cultura. Mi divisa ha sido siempre, y continúa siéndolo, no arraigarse, no pertenecer a ninguna comunidad. Vuelto hacia otros horizontes, he intentado siempre saber qué sucedía en todas partes. A los veinte años, los Balcanes no podían ofrecerme ya nada más. Ese es el drama, pero también la ventaja de haber nacido en un medio “cultural” de segundo orden. Lo extranjero se había convertido en un dios para mí. De ahí esa sed de peregrinar a través de las literaturas y de las filosofías, de devorarlas con un ardor mórbido. Lo que sucede en el Este de Europa debe necesariamente suceder en los países de América Latina, y he observado que sus representantes están infinitamente más informados y son mucho más cultivados que los occidentales, irremediablemente provincianos. Ni en Francia ni en Inglaterra veía a nadie con una curiosidad comparable a la de Borges, una curiosidad llevada hasta la manía, hasta el vicio, y digo vicio porque, en materia de arte y de reflexión, todo lo que no degenere en fervor un poco perverso es superficial, es decir, irreal.


Siendo estudiante, tuve que interesarme por los discípulos de Schopenhauer. Entre ellos, un tal Philip Mainlander me había llamado particularmente la atención. Autor de una Filosofía de la Liberación, poseía además para mí el aura que confiere el suicidio. Totalmente olvidado, yo me jactaba de ser el único que me interesaba por él, lo cual no tenía ningún mérito, dado que mis indagaciones debían conducirme inevitablemente a él. Cuál no sería mi sorpresa cuando, muchos años más tarde, leí un texto de Borges que lo sacaba precisamente del olvido. Si le cito este ejemplo es porque a partir de ese momento me puse a reflexionar seriamente sobre la condición de Borges, destinado, forzado a la universalidad, obligado a ejercitar su espíritu en todas las direcciones, aunque no fuese más que para escapar a la asfixia argentina. Es la nada sudamericana lo que hace a los escritores de aquel continente más abiertos, más vivos y más diversos que los europeos del Oeste, paralizados por sus tradiciones e incapaces de salir de su prestigiosa esclerosis.


Puesto que le interesa saber qué es lo que más aprecio en Borges, le responderé sin vacilar que su facilidad para abordar las materias más diversas, la facultad que posee de hablar con igual sutileza del Eterno Retorno y del Tango. Para él cualquier tema es bueno desde el momento en que él mismo es el centro de todo. La curiosidad universal es signo de vitalidad únicamente si lleva la huella absoluta de un yo, de un yo del que todo emana y en el que todo acaba: comienzo y fin que puede, soberanía de lo arbitrario, interpretarse según los criterios que se quiera. ¿Dónde se halla la realidad en todo esto? El Yo, farsa suprema. El juego en Borges recuerda la ironía romántica, la exploración metafísica de la ilusión, el malabarismo con lo ilimitado. Friedrich Schegel, hoy, se halla adosado a la Patagonia.


Una vez más, no podemos sino deplorar que una sonrisa enciclopédica y una visión tan refinada como la suya susciten una aprobación general, con todo lo que ello implica. Pero, después de todo, Borges podría convertirse en el símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas, y si existe una utopía a la cual yo me adheriría con gusto, sería aquella en la que todo el mundo le imitaría a él, a uno de los espíritus menos graves que han existido, al último delicado.


E.M. Cioran

 

Jorge Luis Borges, Otras Inquisiciones. El Biathanatos

Puerto cerrado

21/07/2015 Comentarios desactivados en Puerto cerrado

Puerto cerrado

James Hanley, Puerto cerrado, Traducción de Elsa Mateo, Seix Barral, 1990

Traslado aquí lo que dice sobre esta novela Fernando Marías en su libro La isla del padre:

 Existe una gran novela del mar escrita en inglés el año
 1952 y publicada en español en 1990 por Seix Barral. Se
 llama The Closed Harbour, y fue traducida a nuestro idio-
 ma por Elsa Mateo, que la tituló Puerto cerrado.
Su autor es James Hanley.
En una esquina del espacio y del tiempo un escritor
 escribe un libro.
En otra muy distinta un lector lo lee y siente que ha
 sido escrito para que él, y nadie más que él, lo lea. Enton-
 ces se conmueve por el regalo que le han hecho la vida y
 la literatura y ese autor al que nunca conoció ni conocerá,
 se conmueve tanto que casi siente inquietud, aunque en-
 seguida entienda que esa inquietud es en realidad signo
 de magia, una magia que podría ahuyentar precisamen-
 te a las inquietudes. Y deciden que ese libro viajará con él
 siempre.
James Hanley escribió Puerto cerrado seis años antes
 de que yo naciera y lo leí tiempo después de que él hubie-
 se ya muerto. Hallé el libro en Bilbao, en un gran cajón de
 saldos instalado junto a la sección de librería de unos gran-
 des almacenes, un insólito vagabundo solo y sombrío en
 la desordenada multitud de libros de autoayuda y novelas
 históricas de éxito olvidado. No había otro ejemplar, solo
 ese que tomé en mis manos y está a mi lado ahora. Tam-
 bién el texto de la contraportada parecía escrito para mí,
 y es que el editor tiene su protagonismo en estos procesos
 de magia. El editor de Puerto cerrado, fuese quien fuese,
 aunque yo tengo una sospecha también emocionante al
 respecto, decidió traducir y publicar un libro del que qui-
 zás solo sabía con certeza que no sería comercial, y re-
 dactó o supervisó unas líneas que hablan del desconoci-
 do pero brillante Hanley, quien desde la solapa del libro
 me miraba, inquisitivo y turbulento, muy parecido a un
 John Gielgud jovencísimo y oscuro, y de su personaje, ma-
 rino sin barco, marino sin mar, y de un hundimiento per-
 sonal progresivo pero todavía en lucha, y de una desespe-
 ranza ante el fracaso tan bien dibujada que casi podía ser
 la mía de aquel momento en que leí ese texto junto al ca-
 jón de saldos, y del escenario fantasmagórico donde todo
 transcurría, el puerto de Marsella que podía ser el Bilbao
 de mis temores y el Madrid de mis naufragios. Supe que
 el libro era mío, era para mí. Me lo llevé a casa, sintiendo
 no que lo compraba sino que lo rescataba, lo leí y lo guar-
 dé luego entre mis libros queridos, donde me gusta pen-
 sar que, como un soldadito de plomo de palabras, conva-
 leció y llegó a recuperarse. Hasta la fecha, nadie ha podido
 demostrar que los libros que amamos tanto carezca de
 alma.

Fernando Marías, La isla del padre, pp. 113-114

pájaros

21/07/2015 Comentarios desactivados en pájaros

Milano

“A media altura entre cielo y océano, yendo arriba y abajo de la eternidad y en la eternidad abriéndose camino, son nuestros mediadores, y tienden con todo el ser a la extensión del ser…”

Saint-John Perse, Pájaros

Los renglones torcidos de Dios

14/07/2015 Comentarios desactivados en Los renglones torcidos de Dios

los renglones-torcidos-de-dios-portada

Torcuato Luca de Tena, Los renglones torcidos de Dios, Planeta, 2007

“La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.” (Enrique Heine)

Ya no se llaman manicomios, sino sanatorios psiquiátricos, pero el cambio de nombre no supune apenas cambio alguno en la vida de quienes se encuentran encerrados en ellos. Manicomio es una palabra, procedente de otras dos palabras griegas, que significa “cuidar de los locos”. El cambio de nombre por el de sanatorio tiene su origen en la creencia de que lo que hay que hacer no es cuidarlos sino sanarlos. Pero, ¿realmente hay algo que sanar? ¿Es una enfermedad ser diferente de la norma? En esta novela, su autor nos sumerge en la vida de un manicomio y en la de los “reclusos” que allí se encuentran, para indagar en lo que es la enfermedad mental. ¿Y si todos estuviéramos locos de alguna manera?

“Ignorar la propia realidad, eso es la locura” (p. 373)

Aunque quizá la locura sea todo lo contrario: creer que la única realidad está en el propio “yo”, un exceso de identidad con uno mismo y un alejamiento del mundo exterior.

No creo que se trate de la gran novela sobre la locura que algunos proclaman. Tampoco me parece una gran novela en ningún otro sentido. Sin embargo, se lee bien, mantiene el interés, hace dudar y ayuda a entender lo que puede ser padecer un delirio paranoico y hasta qué punto existe una verdad sobre las cosas.

Tiene algunos fallos que me parecen graves. Está plagada de laísmos y utiliza un lenguaje anacrónico. También está contaminada de un cierto maniqueismo. Hay buenos y malos. Los buenos son buenísimos y los malos malísimos. Los militantes de ETA encerrados en el manicomio son “los psicópatas del Norte” o “los racistas”. Comete algunos errores de bulto como cuando se refiere a “la famosa Cartuja de los monjes cistercienses” (no son lo mismo los cartujos que los cistercienses).

 

¿Dónde estoy?

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