Que la pluja caigui a poc a poc

30/09/2017 Comentarios desactivados en Que la pluja caigui a poc a poc

A vegades és necessari i forçós
que un home mori per un poble,
però mai no ha de morir tot un poble
per un home sol:
recorda sempre això, Sepharad.
Fes que siguin segurs els ponts del diàleg
i mira de comprendre i estimar
les raons i les parles diverses dels teus fills.
Que la pluja caigui a poc a poc en els sembrats
i l’aire passi com una estesa mà
suau i molt benigna damunt els amples camps.
Que Sepharad visqui eternament
en l’ordre i en la pau, en el treball,
en la difícil i merescuda
llibertat.

Salvador Espriu, La pell de brau, XLVI

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una música de españoles

27/09/2017 Comentarios desactivados en una música de españoles

“… dice que escuchó una música de españoles. Al ser requerida a especificar la frase “música de españoles”, contesta: la pura rabia, señor, la pura inutilidad.

Roberto Bolaño, Estrella distante, Anagrama, 2007, p. 120

 

… como la que resuena durante estos días en los oídos de los catalanes.

Veus per la democràcia

27/09/2017 Comentarios desactivados en Veus per la democràcia

No es que sea muy partidario de lo que llaman “democracia”, que es el gobierno del “demos” -cosa que además no sabemos muy bien lo que es-, pero siempre será mejor poder escuchar las voces que quieren decir algo que tratar de hacerlas callar por la fuerza, tal como estamos viendo que ocurre estos días en Cataluña.

No me gusta la “democracia”, porque no me gusta ninguna “cracia”, es decir, no me gusta que nos tengan que gobernar de ninguna manera. Sin embargo, si no hay más remedio, prefiero que lo hagan dejándonos votar (siempre se puede optar por no votar) que impidiéndonos hacerlo con  la fuerza de la policía. Puestos a elegir prefiero urnas antes que policía.

només volen votar

21/09/2017 Comentarios desactivados en només volen votar

Dos puntos de vista sobre lo que ambos llaman democracia

La verdad es que puestos a elegir… prefiero el del payaso que, aparentemente al menos, sólo va armado de una nariz postiza… mientras que al otro se le ve bastante bien armado.

seguridad social

21/09/2017 Comentarios desactivados en seguridad social

“El seguro social no es la confianza en el soporte comunitario en caso de desastre. Más bien es una de las formas últimas de control político en una sociedad en que la protección contra riesgos futuros es valorada como mayor que la presente satisfacción o alegría.”

Ivan Illich, “Necesidades“, en: SACHS, W. (editor), Diccionario del desarrollo. Una guía del conocimiento como poder, PRATEC, Perú, 1996 (primera edición en inglés en 1992), 399 pp.

Altísima pobreza

20/09/2017 Comentarios desactivados en Altísima pobreza

Giorgio Agamben, Altísima pobreza. Reglas monásticas y forma de vida

Lo común no era la propiedad sino sólo el uso…

de iure nature et divino communis usus omnium rerum que sunt in hoc mundo omnibus hominibus esse debuit…

Y la vida a nadie se le da en posesión, a todos en usufructo. [Lucrecio, De la naturaleza de las cosas, Libro III, verso 971]

Minuciosa investigación en el corazón de las reglas monásticas, especialmente en la regla franciscana, que pretende dar respuesta a dos grandes cuestiones: ¿Es posible pensar una forma-de-vida, una vida humana, que se sustraiga por completo a ser capturada por el derecho? ¿Cómo podemos pensar la vida, al margen de la propiedad, como uso común?

Se trata de un texto complejo, de difícil lectura, que requiere constantes relecturas y meditaciones (repeticiones de lo leído) para ir poco a poco penetrando en el sentido de lo que el autor nos va proponiendo.

La pregunta que queda en el aire al finalizar la lectura es si es posible desplazar el dominio planetario del paradigma de la operatividad que constriñe la vida a la necesidad de producir y de crear riqueza, basado en el derecho y en la propiedad. Los franciscanos intentaron, por medio del uso y de la forma de vida, confrontarse con tal paradigma, pero no lo consiguieron.

 

Comentario sobre este libro en Camillo Boano y Giovanna Astolfo, “Un nuevo uso de la arquitectura. El potencial político del uso comú  de Agamben“:

En The Highest Poverty: Monastic Rules and Form-of-Life (2013), Agamben ofrece una soberbia interpretación del mensaje de San Francisco y de la teoría franciscana de la pobreza y el uso, sugiriendo nuevamente la principal tarea política del presente: ¿cómo pensar una forma-devida, una vida humana enteramente sustraída del alcance de la ley, y un uso de los cuerpos y del mundo que nunca estuviera basado en una apropiación? ¿Qué es tan indignante y profundamente político en la alta pobreza practicada por los franciscanos? ¿Hacia dónde lleva y qué hace la vida según los hermanos franciscanos? Esas preguntas fueron guiando a Agamben al descubrimiento de que la regla franciscana es una vida que coincide con su propia forma, una vida que es una forma-de-vida. Desde un punto de vista legal, la forma-de-vida puede ser alcanzada sólo a través del abdicatio omnis iuris, la renuncia a cualquier tipo de ley. La única práctica que puede ser mantenida –ya que permite la sobrevivencia del individuo– es el uso de las cosas. Con un radicalismo sin precedentes, el uso es aquí contrastado con la propiedad ya que no sólo representa una forma distinta de posesión, sino una teoría de relación con el mundo que es independiente del paradigma de la apropiación. La existencia franciscana está fuera de la ley o es una existencia para la que el cuerpo del individuo nunca puede ser capturado por la disposición legal, un cuerpo no disponible (indisponibile). Para los franciscanos no existe una forma de vida económica o una forma de vida legal, más bien hay simplemente una forma-de-vida que imposibilita la apropiación sino sólo el uso. Trazando las distintas apariciones del usus pauper –un uso pobre donde «la perfección de la regla consiste en la renuncia a la propiedad y no en la escasez de uso» (Agamben, 2013:56)– el usus facti, el simple acto de usar algo, y el simplex usus como un uso de facto separado por un usus legal (propiedad) son simples sintagmas que significan las relaciones de no apropiación del humano con el mundo. La investigación de Agamben sobre la ontología del uso continúa al indicar que los franciscanos simplemente definen y caracterizan el uso como opuesto al derecho de propiedad. En dicha expansión evidencia posibles resistencias, invenciones y desactivaciones a la captura bioeconómica de los cuerpos y a la práctica de un régimen puramente económico (Papa, 2013).

aún podemos resistir

19/09/2017 Comentarios desactivados en aún podemos resistir

porque aún podemos no hacer…

Sobre lo que podemos no hacer

Giorgio Agamben

 

Deleuze en una ocasión definió la operación del poder como un separar a los hombres de aquello que pueden, es decir, de su potencia. Las fuerzas activas están impedidas en su ejercicio, o porque son privadas de las condiciones materiales que lo hacen posible, o porque una prohibición hace este ejercicio formalmente imposible. En ambos casos, el poder -y esta es su figura más opresiva y brutal- separa a los hombres de su potencia y, de ese modo, los vuelve impotentes. Existe, sin embargo, otra y más engañosa operación del poder, que no actúa de forma inmediata sobre aquello que los hombres pueden hacer -su potencia-, sino más bien sobre su impotencia, es decir, sobre lo que no pueden hacer, o mejor aún, pueden no hacer.

Que la potencia también es siempre constitutivamente impotencia, que todo poder hacer es ya siempre un poder no hacer, es la adquisición decisiva de la teoría de la potencia que Aristóteles desarrolla en el libro IX de Metafísica. “La impotencia (adynamía).escribe- es una privación contraria a la potencia (dýnamis). Toda potencia es impotencia de lo mismo y respecto a lo mismo (de lo que es potencia)”(Met. 1046a,29-31). “Impotencia” no significa aquí sólo ausencia de potencia, no poder hacer, sino también y sobre todo “poder no hacer”, poder no ejercer la propia potencia. Y es precisamente esa ambivalencia específica de toda potencia, que siempre es potencia de ser y no ser, de hacer y no hacer, la que define ante todo a la potencia humana. Es decir, el hombre es el ser viviente que, existiendo en el modo de la potencia, puede tanto una cosa como su contrario, ya sea hacer como no hacer. Esto lo expone, más que a cualquier otro viviente, al riesgo del error, pero a la vez le permite acumular y dominar libremente sus propias capacidades, transformarlas en “facultades”. Puesto que no sólo la medida de lo que alguien puede hacer, sino también y antes que nada la capacidad de mantenerse en relación con su propia posibilidad de no hacerlo, define el rasgo de su acción. Mientras que el fuego sólo puede arder y los otros vivientes pueden sólo su propia potencia específica, pueden sólo este o aquel comportamiento inscripto en su vocación biológica, el hombre es el animal que puede su propia impotencia.

Es sobre esta otra y más oscura cara de la potencia que hoy prefiere actuar el poder que se define irónicamente como “democrático”. Este separa a los hombres no sólo y no tanto de lo que pueden hacer sino sobre todo y mayormente de lo que pueden no hacer. Separado de su impotencia, privado de la experiencia de lo que puede no hacer, el hombree de hoy se cree capaz de todo y repite su jovial “no hay problema” y su irresponsable “puede hacerse”, precisamente cuando, por el contrario, debería darse cuenta de que está entregado de manera inaudita a fuerzas y procesos sobre lo que ha perdido todo el control. Se ha vuelto ciego respecto no de sus capacidades sino de sus incapacidades, no de lo que puede hacer sino de lo que no puede o puede no hacer.
De aquí la confusión definitica, en nuestro tiempo, de los oficios y las vocaciones, de las identidades profesionales y los roles sociales, todos ellos personificados por un figurante cuya arrogancia es inversamente proporcional  a la provisionalidad e incertidumbre de su actuación. La idea de que cada uno pueda hacer o ser indistintamente cualquier cosa, la sospecha de que no sólo el médico que me examina podría ser mañana un videasta, sino que incluso el verdugo que me mata ya sea en realidad, como en El proceso de Kafka, un cantante, no son sino el reflejo de la conciencia de que todos simplemente están plegándose a esa flexibilidad que hoy es la primera cualidad que el mercado exige de cada uno.

Nada nos hace tan pobres y tan pocos libres como este extrañamiento de la impotencia. Aquel que es separado de lo que puede hacer aún puede, sin embargo, resistir, aún puede no hacer. Aquel que es separado de la propia impotencia pierde, por el contrario, sobre todo, la capacidad de resitir. Y así como es sólo la ardiente conciencia de lo que no podemos ser la que garantiza la verdad de lo que somos, así también es sólo la lúcida visión de lo que no podemos o podemos no hacer la que le da consistencia a nuestro actuar.

En Desnudez, Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2011.

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