Javier Cercas, bufón del rey

05/12/2019 Comentarios desactivados en Javier Cercas, bufón del rey

El mundo ha cambiado, pero no tanto como nos quieren hacer creer; siguen existiendo los ricos y los pobres, los explotados y los explotadores, los alienados, los usureros, los que se lavan la conciencia, los que buscan ser coherentes y encuentran cada vez más dificultades y, en este mundo que no ha cambiado tanto como pretenden hacernos creer, ciertos modos literarios han adquirido la textura el cartón piedra y la curvatura complacida del estómago agradecido.

MARTA SANZ, No tan incendiario

Según Javier Cercas, hoy los valores republicanos los encarna el rey…, valores que hace algunos años los encarnaba el generalísimo.

Javier Cercas, un escritor comprometido. Comprometido con el poder. Comprometido con las instituciones franquistas. Comprometido con el capital, con el IBEX35. Comprometido con el ejército, con la policía, con la guardia civil, con los torturadores, con los representantes de la ley el orden, de su ley y su orden, de la ley y el orden de quienes nos organizan la vida.

 

 

 

Javier Cercas, el GRAN impostor

17/05/2018 Comentarios desactivados en Javier Cercas, el GRAN impostor

Lejos de Cercas

Hace algún tiempo escribía en este mismo «sitio» algunas reflexiones derivadas de la lectura de El impostor. En ellas alababa algunos de los logros de la novela, como el de hacernos pensar que quizá todos seamos de alguna manera unos impostores… También mencionaba que cuando en una reunión Javier Cercas dijo que “todos somos un poco impostores”, el escritor Ignacio Martínez de Pisón hizo un comentario demoledor: “Sí: sobre todo tú”. También me planteaba si Cercas era el gran impostor entre los impostores cuando decía en su libro que era un gran admirador de las películas de Bruce Willis, en las que se salva el mundo salvando a los buenos y matando a los malos. En aquella ocasión tenía dudas sobre cuál era el Cercas impostor. No estaba seguro si era un impostor cuando alababa las películas de Bruce Willis o cuando criticaba los relatos “inmunes a las complejidades y ambigüedades de la realidad”…

Hoy ya no tengo dudas (afirmación exagerada «sin duda» para alguien que tiene como lema «de omnibus dubitandum»). Javier Cercas, tal como nos recordaba hace algunos días Enric Vila desde elnacional.cat, es el gran impostor. Hago hoy esta afirmación porque acabo de leer su último «artículo?» en el que se pliega sin ningún escrúpulo a la voz de sus amos en el boletín oficial de los buenos, es decir, en el diario El País, con el título de «Pesadilla en Barcelona«. Por muchísimo menos de lo que está dispuesto a perdonar en sus familiares fascistas y falangistas, lanza a la hoguera inquisitorial, encendida por los neofalangistas, a la víctima elegida por los poderes de un estado neofranquista.

 

P. D.: Le recordaría a Javier Cercas que hablar de «manicomios» podría considerarse como un anacronismo si no tuviera las connotaciones de desprecio hacia el sufrimiento de las personas que no encajan en la idea de»normalidad» representada por la gente «supuestamente de bien» como él.

En la pell de l’altre

05/07/2017 Comentarios desactivados en En la pell de l’altre

Maria Barbal, En la pell de l’altre, Columna Edicions, 2014

Interés por el caso de la impostura protagonizada por Enric Marco tras la lectura de El impostor, y curiosidad por leer algo de la escritora catalana Maria Barbal, son las razones para la lectura de esta novela, inspirada remotamente en el caso de Enric Marco. Desde las primeras páginas queda claro que se trata de una novela de receta. Tiene los ingredientes necesarios para que el plato se pueda comer, pero nada más. Es plana. Los buenos son buenos hasta decir basta… y los malos, mejor dicho, el malo, tan malo que se le ve la maldad desde que aparece en escena, y  no es el impostor sino un personaje que ni siquiera habría sido necesario para la novela. Según Maria Barbal su intención es captar los mecanismos que mueven a alguien a mentir sobre sí mismo y a querer ser otra persona, pero se queda en la intención. La mentira es trivial y los mecanismos no quedan nada claros.

El impostor

29/06/2017 Comentarios desactivados en El impostor

Javier Cercas, El impostor, Debolsillo, 2016

O poeta é um fingidor.
Finge tão completamente
que chega a fingir que é dor
a dor que deveras sente.
E os que lêem o que escreve,
na dor lida sentem bem,
não as duas que ele teve,
mas só a que eles não têm.
E assim nas calhas de roda
gira, a entreter a razão,
esse comboio de corda
que se chama coração.

Fernando Pessoa, Autopsicografia

En las primeras páginas del libro, Cercas nos confiesa que el personaje de Marco no le parecía fascinante sólo por sí mismo, sino por lo que revelaba de los demás, como si todos tuviésemos algo de Marco, es decir, como si todos fuésemos un poco impostores. Cercas nos cuenta que expresó esta opinión en una reunión de amigos que tuvo lugar en casa de Mario Vargas Llosa cuando Cercas empezaba a pensar en la posibilidad de escribir un libro sobre Marco, varios años antes de empezar a hacerlo. Cuando Javier Cercas dijo que «todos somos un poco impostores», el escritor Ignacio Martínez de Pisón hizo un comentario demoledor: «Sí: sobre todo tú».

Para todos los que sabemos algo de su historia, Enric Marco es un impostor. Pero, ¿es verdad que todos somos unos impostores? ¿Es Javier Cercas el mayor de todos? Tras leer esta «novela sin ficción saturada de ficción», creo que la respuesta a las dos preguntas es afirmativa.

Todos, absolutamente todos, construimos nuestro pasado entretejiendo pequeñas verdades, ocultando otras, a veces no tan pequeñas, y adornándolas con pequeñas, o no tan pequeñas, mentiras. Es esta la manera que todos tenemos de poder seguir viviendo, porque el pasado suele ser prosaico, vulgar, lleno de fracasos y de indignidades. Por eso, todos somos un poco impostores. Enric Marco es en eso como todos nosotros, por eso dice Cercas que «el enigma de Marco es su absoluta normalidad», pero también «su excepcionalidad absoluta», ya que en esa construcción de su pasado sobrepasa los límites de lo tolerable, para falsificarlo deliberadamente con el fin de satisfacer un narcisismo que se revela patológico.

Como en tantas otras novelas suyas, en ésta Javier Cercas también habla de sí mismo, habla de literatura, habla de historia, habla de sus interrogantes, de sus dudas, de sus inquietudes, de su propia vida… Su estilo inconfundible nos lleva por caminos que parecen no conducir a ningún lado para obligarnos a retroceder pero también a regresar a ellos para comprobar que llevaban más allá de lo que pensábamos. Nos plantea preguntas para las que no hay respuestas y nos ofrece respuestas a preguntas que no se nos habían ocurrido.

No es la novela genial que, a mi parecer, fue Anatomía de un instante, porque no es capaz, como lo fue aquella, de hacernos vislumbrar puntos de vista inimaginables, de conciliar lo irreconciliable o de derrumbar certezas indestructibles.

Además de una reflexión sobre la impostura y sobre el narcisismo, esta novela es una reflexión sobre los usos del pasado y sobre la industrialización de la memoria y de la historia, dos cosas totalmente diferentes por otra parte. Pienso que Javier Cercas hace demasiados juicios de valor a partir de demasiados pocos elementos de juicio acerca de lo que es el pasado, la historia o la memoria. También creo que hace demasiados juicios de valor sobre determinados momentos históricos, sobre la situación y los conflictos de la CNT en los primeros años tras la muerte de Franco e incluso sobre la personalidad de Enric Marco.

Me cuesta entender que a alguien como Cercas que reivindica el papel del arte, de la literatura y de la historia como herramientas para comprender y no para explicar o justificar, que elabora toda una crítica de lo kitsch como «una falsificación del arte auténtico, o como mínimo su devaluación efectista», y como algo que deriva en «narraciones plagadas de emoción y golpes de efecto y énfasis melodramáticos, generosas en cursilería pero inmunes a las complejidades y ambigüedades de la realidad», tal como eran los relatos que construía Marco… me cuesta entender, de verdad, que le gusten «mucho» las películas de Bruce Willis en las que se salva el mundo salvando a los buenos y matando a los malos. ¿Es quizá esta confesión otra de las imposturas de Javier Cercas? ¿No será que el Cercas impostor es el que habla de literatura, de arte o de historia, el que critica los relatos «inmunes a las complejidades y ambigüedades de la realidad», o el que dice que «sabe que el pasado no pasa nunca, que es apenas una parte o una dimensión del presente y que ni siquiera es pasado» como dijo Faulkner y él mismo nos lo recuerda y nos lo repite una y otra vez a lo largo del libro? Quizá lo que ocurre es que Javier Cercas es como todos, contradictorio, y, también como casi todos, un pequeño impostor.

Cercas es un escritor de éxito. A pesar de ello, es un escritor cuyos libros me gusta leer y hasta releer. Es fácil encontrar gugleando montones de reseñas y críticas, casi siempre positivas y laudatorias de esta «novela sin ficción saturada de ficción». Por eso pongo a continuación el enlace a la reseña que hizo Sebastiaan Faber y la respuesta que dio a Faber Roberto Herrscher:

– Sebastiaan Faber, «Javier Cercas y El impostor, o el triunfo del kitsch»

– Roberto Herrscher, «El futuro del pasado y las mentiras de la verdad«

Patria

27/06/2017 Comentarios desactivados en Patria

Fernando Aramburu, Patria, Tusquets, 2016

Si ahora mismo no está usted leyendo Patria, permítame decirlo, es un perfecto imbécil. No será porque “la gran novela sobre el conflicto vasco” no le llame a voces desde todos los escaparates y mesas de novedades. No será porque no se lo digan a todas horas en la radio y en la prensa. Se está usted perdiendo un hito histórico, al Galdós de nuestra generación. ¡Qué digo Galdós! ¡Dostoievski redivivo! Sí, un imbécil. Y un antiespañol, además. (Juan Luis Sotés)

Es curioso que en las sociedades neocapitalistas, la palabra escrita, la literatura, no ostente ningún poder salvo cuando la hegemonía ideológica dicta y decide que se debe servir de la literatura para llevar a cabo su imposición narrativa… (J. H. Pizarroso)

si la literatura es una lucha contra el cliché, tal y como defendía Martin Amis, en Patria asistimos a una derrota al menos parcial de la misma (Iban Zaldua)

Resulta un agravio comparativo comparar literariamente a ‘Twist’ de Harkaitz Cano o a ‘Hamaika pauso’ (“Los pasos incontables”) o ‘Martutene’ de Saizarbitoria con Patria. Donde ésta última falla es precisamente en su calidad literaria, y falla encubriendo con recursos literarios más que discutibles una servidumbre política e ideológica –finalmente patriótica– que rezuma de la obra y de toda la campaña mediática que la acompaña. (Juan Gorostidi)

No he leído esta novela y lo más probable que no la lea nunca. Cuando empecé a ver la forma en la que se exponía en lo escaparates y en las mesas de novedades de las librerías, ya sabía que no era una de las novelas que leería alguna vez. Más tarde cuando leí algunas de las numerosísimas reseñas laudatorias en medios en los que no son habituales las reseñas literarias, me quedó aún más claro que no la leería. Incluso algún tiempo después, tras leer una entrevista con el autor en la que este confesaba algo así como que su objetivo era «lograr la derrota literaria de ETA», ya no solo pensé que no la leería sino que me repugnaba solo la idea de pensar en hacerlo. No creo que una buena novela se escriba con un objetivo y mucho menos si éste es el de «derrotar» al enemigo, el de «vencer». Me quedó bastante claro, aunque sin haberla leído no puedo afirmarlo rotundamente, que se trataba de un libro más de tantos en los que hay buenos y malos, en el que los malos se arrepienten de sus crímenes, mientras que los buenos, con su gran generosidad, les perdonan tras haberlos vencido y derrotado. Un libro en el que los personajes son planos, los hechos narrados son planos y en el que todo es plano. Me imagino una novela kitsch «sin matices ni ambigüedad, sin las complejidades y los vacíos y espantos y contradicciones y vértigos y asperezas y claroscuros morales de la memoria real y de la verdadera historia y el arte verdadero», tal como definió Javier Cercas lo kitsch en El impostor.

Mis suposiciones han sido confirmadas por las últimas reseñas que he leído:

– Juan Luis Sotés, «Patria, la novela que emocionó a Spielberg»

– Jabo H. Pizarroso, «La literatura de la Patria, o la patria de la literatura»

– Iban Zaldua, «La literatura ¿sirve para algo? Una crítica de Patria de Fernando Aramburu»

– Javier Rodríguez Hidalgo, «Patria de Fernando Aramburu: una novela que refleja muy bien el conflicto austrohúngaro»

 

Los libros malos son un veneno intelectual que destruye el espíritu. Y dado que la mayoría de las personas, en lugar de leer lo que se ha producido en las diferentes épocas, se reduce a leer las últimas novedades, los escritores se reducen al círculo estrecho de las ideas en circulación, y el público se hunde cada vez más profundamente en su propio fango.

Arthur Schopenhauer

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