El zafarrancho aquel de via Merulana

19/01/2018 Comentarios desactivados en El zafarrancho aquel de via Merulana

Carlo Emilio Gadda, El zafarrancho aquel de via Merulana, Traducción del italiano y nota de Juan Ramón Masoliver, Planeta, 1999.

Título original: Quer pasticciaccio brutto de via Merulana

Publicado por Garzanti Editore, 1957

Semejante arruga negra vertical entre las dos cejas de la ira, en el rostro blanquísimo de la muchacha, lo paralizó, le indujo a reflexión: a arrepentirse, o poco menos.

Con estas palabras concluye Gadda su novela y nos deja, a los lectores que hemos llegado hasta ellas haciendo el enorme esfuerzo de entenderle, paralizados, induciéndonos a reflexión: ¿deberemos arrepentirnos de haber dedicado tanto tiempo a leer algo con tanto esfuerzo para terminar así?

No me arrepiento. En las primeras páginas estuve a punto de abandonar, pero el barroquismo de las descripciones y de la forma de explicar situaciones cotidianas confiere tal irracionalidad a la racionalidad que pronto quedé sometido a las leyes de la narración que impone Gadda en su novela. Gratamente sometido.

Según Vila-Matas:

Gadda, fue un escritor del No muy a pesar suyo. “Todo es falso, no hay nadie, no hay nada”, dice Beckett. Y en el otro extremo de esta visión extrema encontramos a Gadda empeñado en que nada es falso y empeñado también en decir que hay mucho -muchísimo- en el mundo y que nada es falso y todo real, lo que le conduce a una desesperación maniática en su pasión por abarcar el ancho mundo, por conocerlo todo, por describirlo todo. (Enrique Vila-Matas, Bartleby y compañía, 72)

Bibliografía:

– Marla Jacarilla, “Multiplicidad

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La dignidad de los nadies

15/01/2018 Comentarios desactivados en La dignidad de los nadies

La dignidad de los nadies (Fernando E. Solanas, 2005)

Esto que empiezo a contarles son historias de los nadies,
de mujeres y hombres, como tantos argentinos,
sin recursos y sin nombre.
Son los que siempre sufrieron despojo y adversidad.
Son el pueblo del aguante, que lleva como bandera
su coraje y su dignidad.

Argentina, durante los últimos años del siglo XX y primeros de este siglo XXI, vivió una profunda crisis que precipitó a la miseria a grandes capas de la población. El Estado del Bienestar se hizo añicos y los recursos administrados por el Estado sirvieron para ayudar a los grandes bancos y a las multinacionales. La población argentina fue la víctima. La inflación, el paro, la privatización de los servicios básicos, el llamado “corralito”… se cebaron en las capas más humildes de la población argentina: los nadies. Y estos se levantaron, ocuparon las calles, cortaron las carreteras, ofrecieron resistencia a los embargos y a los desalojos, se organizaron para atender las necesidades básicas de quienes se quedaron sin nada: comedores sociales, bancos de medicamentos… Y sufrieron la feroz represión del Estado: golpes, detenciones y asesinatos.

Llama la atención que la principal reivindicación de las clases populares seguía siendo el trabajo. Pedían trabajo! No pedían que se les permitiera ser dueños de sus propias vidas, de la tierra en la que vivían. No se levantaron al grito de “Omnia sunt communia”, sino al de “queremos trabajo”. El capitalismo y sus leyes, las del mercado, han sido interiorizadas por todos, incluso por sus principales víctimas. Nadie se plantea ya que se puede vivir de otra manera, que para vivir no es necesario tener trabajo y tener dinero. Se entrevé, sin embargo, algún resquicio por el que se puede plantear una alternativa: la autoorganización de la gente para dotarse de lo mínimo necesario, como la comida y la salud. Este es el auténtico camino para poder cambiar el mundo.

Bibliografía:

– Bruno Astarian, “Le mouvement des piqueteros. Argentine 1994-2006“, Echanges et mouvement, Mai 2007.

– Bruno Astarian, “El movimiento de los piqueteros. Argentina 1994-2006” (Traducción)

tener razón

11/01/2018 Comentarios desactivados en tener razón

“Chi è certo d’aver ragione a forza, nemmeno dubita di poter aver torto in diritto.”

(Quien está seguro de tener razón por la fuerza, ni por pienso se le ocurre no tenerla en derecho. )

“Chi si riconosce genio, e faro alle genti, non sospetta d’essere moccolo male moribondo, o quadrupede ciuco.”

(Quien se reconoce genio, y faro de las gentes, mal se figura ser cabo de vela moribunda, o burro de cuatro patas.)

Carlo Emilio Gadda, El zafarrancho aquel de via Merulana, p. 78

Desde el sur sediento

11/01/2018 Comentarios desactivados en Desde el sur sediento


Comparsa “Los cobardes” (Carnaval de Cádiz, 2016)

Desde este sur sediento hoy parto una lanza
por tu soberanía, por tu independencia.
Te habla un andaluz asqueado de su patria;
si lo piensas, los dos somos carne de cañón.
Tú tienes tu “senyera”; yo, mi blanca y verde.
Tú tienes represión; yo tengo paro.
Tú, al golfo de Pujol; y yo, los EREs.
¡Somos tan distintos y tan iguales, al fin y al cabo!

Tú tienes a San Jorge; yo tengo dragones.
Tu nobleza es franquista, igual que la mía.
Los dos, un parlamento lleno de ladrones.
Que la pela es la pela en las autonoMidas.
Tú tienes una lengua; yo, un bendito dialecto;
pero no nos entienden desde hace siglos en el Congreso.

Los dos tenemos cuna romana,
el sol fenicio, el paso fronterizo del alma gitana.
Pan con aceite matando el hambre.
Yo, castillos de arena; y tú, castillos en el aire.
Y, aunque te pese,
aunque te duela,
te corre por las venas
mi sangre y mi jornal.
Los dos tenemos vagos, y un rey que alimentar.

Desde este sur sediento,
no es tiempo de envidias.
No te diré cobarde
si decides marcharte.
Tú siempre serás parte
de mi sagrada familia.

hipotiposis dígito-interrogativa

10/01/2018 Comentarios desactivados en hipotiposis dígito-interrogativa

“Amigo, qué amigo, ¿amigo de quién?” Reunidos en tulipán los cinco dedos de la diestra columpiaba aquella flor en la hipotiposis dígito-interrogativa tan común entre los apulios.

Carlo Emilio Gadda, El zafarrancho aquel de via Merulana, p. 51

las causales

10/01/2018 Comentarios desactivados en las causales

Entre otras cosas, sostenía que las inopinadas catástrofes no son nunca consecuencia o efecto, si se prefiere, de un motivo solo, de una causa en singular; antes son como un vórtice, un punto de presión ciclónica en la conciencia del mundo y hacia la cual han conspirado una porción de causales convergentes. Decía también nudo u ovillo, o maraña, o rebullo, que en dialecto vale por enredo. Pero el término jurídico “las causales, la causal” es el que de preferencia brotaba de sus labios: casi a su pesar. La opinión de que fuese menester “reformar en nosotros mismos el sentido de la categoría de causa” según nos venía de los filósofos, de Aristóteles o de Immanuel Kant, y sustituir a la causa las causas, era en él una opinión central y persistente, casi una idea fija, que vaporaba de sus labios carnosos, pero más bien blancos, donde una punta de cigarrillo apagado parecía, colgado de la comisura, acompañar la somnolencia de la mirada y el asomo de sonrisita, entre amarga y escéptica que por inveterada costumbre solía imprimir a la mitad inferior del rostro, bajo aquel sueño de la frente y de los párpados y el negro píceo de la pelambre

Carlo Emilio Gadda, El zafarrancho aquel de via Merulana, p. 6

Qué más da

08/01/2018 Comentarios desactivados en Qué más da

Pedro Casariego Córdoba, Qué más da, Prólogo de Luis Alberto de Cuenca. Ilustraciones de Javier Roz, El Gaviero Ediciones, 2004

Nuestras palabras
nos impiden hablar.
Parecía imposible.
Nuestras propias palabras.

Pedro Casariego, de Poemas encadenados (1977-1987)

Prosa poética con la que Pedro Casariego concluía su aventura literaria. Después no escribió más hasta su temprana muerte voluntaria. Quien había escrito bellos poemas y hermosos textos poéticos de convirtió en un príncipe del silencio, pues, según él, “Un hombre inteligente no se dedica a escribir. Un hombre inteligente se hace príncipe del silencio”.

Qué más da es una alucinación lírica con tintes marxistas (de Groucho!).

Empieza así:

No soy nada. No soy casi nada. No soy prácticamente nada. Pero al mismo tiempo soy alguien. Dentro de mí nadan miles de peces inocentes o perversos.”

Y termina así:

La flor del cactus o el cactus de la flor anfibia. Viva o merta. Muerte o vida. Viva o muerta. Qué más da.

¿Dónde estoy?

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