obscenidad

31/01/2018 Comentarios desactivados en obscenidad

‘La ejecución de Saigón’, EDDIE ADAMS (AP)

Obscenidad porque esas cosas no deberían suceder, y nuevamente obsceno porque después de que hayan tenido lugar nadie debería sacarlas a la luz, sino que habría que taparlas y esconderlas para siempre en las entrañas de la tierra, igual que lo que pasa en los mataderos de todo el mundo, si uno quiere conservar la cordura.

(…)

“Obscenidad”. Esa es la palabra, una palabra de etimología discutida, a la que debe aferrarse como a un talismán. Elige creer que “obscenidad” significa “fuera de escena”. Para salvar nuestra humanidad, ciertas cosas que tal vez queramos ver (¡queremos ver porque somos humanos!) deben permanecer fuera de escena.

(…)

La pregunta que planteo hoy -continúa- es si el artista es realmente el héroe explorador que pretende ser, si tenemos siempre razón al aplaudir cuando sale de la caverna con la espada pestilente en una mano y la cabeza del monstruo en otra.

(…)

¡Qué arrogancia, reivindicar el sufrimiento y la muerte de aquellos hombres lastimosos! Sus últimas horas les pertenecen a ellos únicamente, no estamos autorizados para entrar y poseerlos.

J. M. Coetzee, Elizabeth Costello

 

Puede ocurrir que la difusión de ciertas imágenes contribuya a banalizar el mal, a convertir el sufrimiento de los otros en algo que se puede contemplar sin que altere nada en nuestro interior. El sufrimiento de quien es asesinado a sangre fría, el de quien lo observa a cierta distancia, e incluso el sufrimiento de quien aprieta el gatillo…

También ocurre que una imagen habla y dice muchas cosas, pero siempre son medias verdades, y no todos los que la miran ven las mismas cosas, ni sacan las mismas conclusiones.

La fotografía de Eddie Adams que recorrió el mundo en 1968 es un caso que merece la pena analizar. Lo hace Martín Caparrós en este artículo:

 

 

A veces, muy de vez en cuando, una imagen vale mil palabras. O quizá sean 836, cómo saberlo. Hay, en todo caso, imágenes que pesan como losas, que cambian situaciones, que engendran movimientos, que definen. Esta cumple en estos días medio siglo, y fue una de ellas.

El 1 de febrero de 1968 Eddie Adams tenía 34 años y llevaba tres cubriendo la guerra de Vietnam para Associated Press. El Vietcong, la guerrilla comunista que peleaba contra los ejércitos de Vietnam del Sur y Estados Unidos, acababa de lanzar una gran ofensiva —y en Saigón la violencia crecía. En su Barrio Chino, Adams seguía al jefe de la policía survietnamita, el general Nguyen Ngoc Loan, y sus custodios, que llevaban a un prisionero: un hombre bajo de camisa a cuadros. De pronto la comitiva se paró, el general sacó su revólver Smith & Wesson .38 Especial y lo apuntó a la sien del hombre. Adams diría después que pensó que quería asustarlo para interrogarlo pero no: el general disparó. Adams también.

Al día siguiente su foto inundó el planeta. Entonces, sin Internet, sin redes sociales, los diarios y revistas definían, y aquella foto se publicó en sus tapas. Es difícil contar una historia más simple y más tremenda: un hombre mata a un hombre. Y, también: un hombre de poder ejerce su poder de la manera más extrema. En la guerra de Vietnam hubo dos millones de muertes pero esta encarnó a todas —e hizo mucho para que uno de los bandos la perdiera. Al día siguiente muchos americanos habían cambiado de idea sobre la participación de su ejército en esa guerra, con gente como esa.

El general Nguyen intentó justificarse: “Estos tipos matan a muchos compatriotas nuestros; creo que Buda me perdonará”, dijo entonces. Su víctima se llamaba Nguyen Van Lem, tenía 36 años, dos hijas y uno por nacer, y era un guerrillero. El general fue herido meses más tarde: grave, lo atendieron en Washington, donde le amputaron una pierna. En 1975, poco antes de la derrota final, pidió asilo en Estados Unidos —que se lo negó. Viejos amigos lo ayudaron a entrar e instalar una pizzería en Dale, Virginia. De vez en cuando alguno de sus clientes sabía quién era, lo insultaba o lo felicitaba; cada tanto le dejaban amenazas pintadas en el baño. A veces Adams pasaba a saludarlo: lo respetaba y le dolía lo que su foto le había hecho.

El general se murió de cáncer en 1998, a sus 67. Entonces Adams escribió su necrológica en la revista Time: empezaba diciendo “Gané un Pulitzer en 1969 por la foto de un hombre que disparaba a otro. En esa foto murieron dos personas: el que recibió la bala y el general Nguyen Ngoc Loan. El general mató al vietcong; yo maté al general con mi cámara”. Y, después, que “las fotos son las armas más poderosas del mundo. La gente les cree, pero las fotos también mienten, aun cuando no están manipuladas. Son sólo medias verdades. Lo que la foto no decía es ‘¿Qué hubieras hecho tú si fueras el general en ese momento y ese lugar, en ese día caliente, y acabaras de agarrar al malo después de que matara a dos o tres soldados americanos?”.

Hay dudas sobre lo que habría hecho Adams —que se murió de ELA pocos años después. En cualquier caso, parecía arrepentido de lo que sí había hecho. Su foto dijo mucho más que lo que él habría querido, y también es una lección: las personas manipulan a los medios mucho menos que los medios a las personas —y creer que uno controla lo que dice es soberbia cochina.

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Una humilde propuesta

31/01/2018 Comentarios desactivados en Una humilde propuesta

Jonathan Swift, Una humilde propuesta

“Swift me parece un escritor fascinante. Por ejemplo, su Una humilde propuesta. Siempre que hay un acuerdo abrumador sobre cómo leer un libro, me pongo alerta. En Una humilde propuesta, el consenso dice que Swift no dice en serio lo que dice, o lo que parece decir. Dice, o parece decir, que las familias irlandesas podrían ganarse la vida criando bebés para que se los comieran sus amos ingleses. Pero no lo puede decir en serio, decimos, porque todos sabemos que matar a bebés humanos y comérselos es una atrocidad. Y, sin embargo, si lo pensamos bien, en cierto sentido los ingleses ya están matando a bebés humanos, porque los dejan morir de hambre. Así que, si lo pensamos bien, los ingleses ya están cometiendo una atrocidad.”

J. M. Coetzee, Elizabeth Costello

Como dijo hace poco el banquero Rato: “es el mercado, amigo”. Jonathan Swift escribió su “humilde propuesta” a comienzos del siglo XVIII, cuando el capitalismo, que todavía no había llegado a todos los rincones del mundo y de la vida, era ya la idea hegemónica en Europa. Esta “humilde propuesta” se puede leer como una ironía o como un sarcasmo provocador, pero reflejaba la realidad de un sistema que ya anunciaba lo que vendría después. Hoy, los amos, es decir, nosotros, los europeos, no nos comemos a los niños irlandeses, pero nos comemos a los niños africanos, convertidos en percas del Nilo, en coltán para nuestros teléfonos, en plástico para envolver nuestros regalos…

Algunas de las ventajas que veía Swift en su propuesta son dignas de tener en cuenta… como la de que disminuiría el número de “papistas”, es decir, de aquellos que todavía estaban anclados en las viejas religiones y en las supersticiones que impedían el auténtico progreso de la humanidad. También intuía Swift que podría ser una buena solución para la violencia machista, ya que: “los hombres se encariñarían tanto de sus esposas, durante el embarazo, como lo están ahora de las yeguas con potrillo, de las vacas con ternero o de las cerdas cuando están a punto de dar a luz; no más las golpearían o patearían (como es frecuentemente la práctica) por miedo de un aborto”.

 

Una humilde propuesta

Jonathan Swift

Para evitar que los niños de la gente pobre de Irlanda se conviertan en una carga para sus padres o para el país, y para hacer que sean de provecho para el público.

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Informe para una academia

29/01/2018 Comentarios desactivados en Informe para una academia

Franz Kafka, Informe para una academia, Traducción Jordi Rottner

Con la libertad -y esto lo digo al margen- uno se engaña demasiado entre los hombres, ya que si el sentimiento de libertad es uno de los más sublimes, así de sublimes son también los correspondientes engaños.

Kafka recurre en muchos de sus relatos a situaciones en las que la naturaleza humana se confunde con la de otros animales, incluso con la de animales imagiarios. En este caso es un simio, Pedro el Rojo, que ha recorrido en tan solo cinco años el largo camino de la evolución humana por una única razón: para poder “salir” de la jaula en la que unos hombres lo habían encerrado. Como él mismo confiesa, salir de su cautiverio era su único objetivo, que logra a cambio de una única cosa: compartir la desdicha humana.

Informe para una academia (Teatro de La Abadía)

Producción: Teatro de La Abadía
Autoría: Franz Kafka. Traducción y dramaturgia: José Luis Gómez. Dirección y escenografía: José Luis Gómez. Vestuario: Pepe Rubio. Intérprete: José Luis Gómez. Voces: Iñaki Gabilondo y Andreas Janousch. Estreno: 30 de marzo de 2006 en el Teatro de La Abadía de Madrid.

Acte de violència

27/01/2018 Comentarios desactivados en Acte de violència

Manuel de Pedrolo, Acte de violència, Cercle de Lectors, 1990

No podeu suportar que encara quedi algú al marge d’una organització que ho ha previst tot, que ho ha ordenat tot, que lliga tothom de peus i mans, els de dalt i els de sota…

Esta novela fue escrita en 1961, pero no pudo ser publicada hasta después de la muerte del dictador Franco. De momento todavía se puede leer sin incurrir en algún delito de odio, de desobediencia, de sedición o de rebelión… pero no sería raro que esto que escribo pudiera ser constitutivo de alguno de estos delitos.

La novela de Pedrolo, casi una obra de teatro, es una historia pesimista de desobediencia civil pacífica, pues debe terminar con un acto de violencia. ¿Es posible resistir de forma pacífica a un poder que no escatima medios de todo tipo para mantener su dominación?

El zafarrancho aquel de via Merulana

19/01/2018 Comentarios desactivados en El zafarrancho aquel de via Merulana

Carlo Emilio Gadda, El zafarrancho aquel de via Merulana, Traducción del italiano y nota de Juan Ramón Masoliver, Planeta, 1999.

Título original: Quer pasticciaccio brutto de via Merulana

Publicado por Garzanti Editore, 1957

Semejante arruga negra vertical entre las dos cejas de la ira, en el rostro blanquísimo de la muchacha, lo paralizó, le indujo a reflexión: a arrepentirse, o poco menos.

Con estas palabras concluye Gadda su novela y nos deja, a los lectores que hemos llegado hasta ellas haciendo el enorme esfuerzo de entenderle, paralizados, induciéndonos a reflexión: ¿deberemos arrepentirnos de haber dedicado tanto tiempo a leer algo con tanto esfuerzo para terminar así?

No me arrepiento. En las primeras páginas estuve a punto de abandonar, pero el barroquismo de las descripciones y de la forma de explicar situaciones cotidianas confiere tal irracionalidad a la racionalidad que pronto quedé sometido a las leyes de la narración que impone Gadda en su novela. Gratamente sometido.

Según Vila-Matas:

Gadda, fue un escritor del No muy a pesar suyo. “Todo es falso, no hay nadie, no hay nada”, dice Beckett. Y en el otro extremo de esta visión extrema encontramos a Gadda empeñado en que nada es falso y empeñado también en decir que hay mucho -muchísimo- en el mundo y que nada es falso y todo real, lo que le conduce a una desesperación maniática en su pasión por abarcar el ancho mundo, por conocerlo todo, por describirlo todo. (Enrique Vila-Matas, Bartleby y compañía, 72)

Bibliografía:

– Marla Jacarilla, “Multiplicidad

La dignidad de los nadies

15/01/2018 Comentarios desactivados en La dignidad de los nadies

La dignidad de los nadies (Fernando E. Solanas, 2005)

Esto que empiezo a contarles son historias de los nadies,
de mujeres y hombres, como tantos argentinos,
sin recursos y sin nombre.
Son los que siempre sufrieron despojo y adversidad.
Son el pueblo del aguante, que lleva como bandera
su coraje y su dignidad.

Argentina, durante los últimos años del siglo XX y primeros de este siglo XXI, vivió una profunda crisis que precipitó a la miseria a grandes capas de la población. El Estado del Bienestar se hizo añicos y los recursos administrados por el Estado sirvieron para ayudar a los grandes bancos y a las multinacionales. La población argentina fue la víctima. La inflación, el paro, la privatización de los servicios básicos, el llamado “corralito”… se cebaron en las capas más humildes de la población argentina: los nadies. Y estos se levantaron, ocuparon las calles, cortaron las carreteras, ofrecieron resistencia a los embargos y a los desalojos, se organizaron para atender las necesidades básicas de quienes se quedaron sin nada: comedores sociales, bancos de medicamentos… Y sufrieron la feroz represión del Estado: golpes, detenciones y asesinatos.

Llama la atención que la principal reivindicación de las clases populares seguía siendo el trabajo. Pedían trabajo! No pedían que se les permitiera ser dueños de sus propias vidas, de la tierra en la que vivían. No se levantaron al grito de “Omnia sunt communia”, sino al de “queremos trabajo”. El capitalismo y sus leyes, las del mercado, han sido interiorizadas por todos, incluso por sus principales víctimas. Nadie se plantea ya que se puede vivir de otra manera, que para vivir no es necesario tener trabajo y tener dinero. Se entrevé, sin embargo, algún resquicio por el que se puede plantear una alternativa: la autoorganización de la gente para dotarse de lo mínimo necesario, como la comida y la salud. Este es el auténtico camino para poder cambiar el mundo.

Bibliografía:

– Bruno Astarian, “Le mouvement des piqueteros. Argentine 1994-2006“, Echanges et mouvement, Mai 2007.

– Bruno Astarian, “El movimiento de los piqueteros. Argentina 1994-2006” (Traducción)

tener razón

11/01/2018 Comentarios desactivados en tener razón

“Chi è certo d’aver ragione a forza, nemmeno dubita di poter aver torto in diritto.”

(Quien está seguro de tener razón por la fuerza, ni por pienso se le ocurre no tenerla en derecho. )

“Chi si riconosce genio, e faro alle genti, non sospetta d’essere moccolo male moribondo, o quadrupede ciuco.”

(Quien se reconoce genio, y faro de las gentes, mal se figura ser cabo de vela moribunda, o burro de cuatro patas.)

Carlo Emilio Gadda, El zafarrancho aquel de via Merulana, p. 78

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