leer

15/02/2019 Comentarios desactivados en leer

Dibujo de Ricardo Ranz

Ler é sonhar pela mão de outrem.

Fernando Pessoa, Livro do Desassossego

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gustos

09/02/2019 Comentarios desactivados en gustos

“Te gustan mis Reyes Católicos, te gusta la cerveza, te gusta tu patria, te gusta el respeto, te gusta tu equipo de fútbol, te gustan tus amigos o compañeros o camaradas, la banda o grupo o pandilla, el pelotón que te vio quedarte rezagado hablando con una tía buena a la que no conocías, y no te gusta el desorden, no te gustan los negros, no te gustan los maricas, no te gusta que te falten al respeto, no te gusta que te quiten el sitio. En fin, son tantas las cosas que no te gustan que en el fondo te pareces a mí.”

Roberto Bolaño, Putas asesinas

amarillo

08/02/2019 Comentarios desactivados en amarillo

Mark Rothko

29. AMARILLO

El inglés lo vio entre los arbustos. Caminó sobre la pinaza alejándose de él. Probablemente eran las ocho de la noche y el sol se ponía entre las colinas. El inglés se volvió, le dijo algo pero no pudo escuchar nada. Pensó que hacía días que no oía cantar a los grillos. El inglés movió los labios pero hasta él sólo llegó el silencio de las ramas movidas por el viento. Se levantó, le dolía una pierna, buscó cigarrillos en el bolsillo de la chaqueta. La chaqueta era de mezclilla azul, desteñida por el tiempo. El pantalón era ancho y de color verde oscuro. El inglés movió los labios en el bosque. Notó que tenía los ojos cerrados. Se miró las uñas: estaban sucias. La camisa del inglés era blanca y los pantalones que llevaba parecían aún más viejos que los suyos. Los troncos de los pinos tenían escamas marrones, pero cuando un rayo de luz los tocaba se volvían amarillentos. Al fondo, donde acababan los pinos, había un motor abandonado y unas paredes de cemento en parte destruidas. Sus uñas eran grandes e irregulares por la costumbre que tenía de mordérselas. Sacó una cerilla y encendió el cigarrillo. El inglés había abierto los ojos. Flexionó la pierna y después sonrió. Amarillo. Flash amarillo. En el informe aparece como un jorobado vagabundo. Vivió unos días en el bosque. Al lado había un camping pero él no tenía dinero para pagar, así que allí sólo iba de vez en cuando a tomarse un café en el restaurante. Su tienda estaba cerca de las pistas de tenis y frontón. A veces iba a ver cómo jugaban. Entraba por la parte de atrás, por un hueco que los niños habían hecho en el cañizo. Del inglés no hay datos. Posiblemente lo inventó.

Roberto Bolaño, Amberes

piruetas

08/02/2019 Comentarios desactivados en piruetas

“Toda mi vida he creído que la Maldad antes de estrenarse ensaya sus piruetas en pequeñito”

Roberto Bolaño, El espíritu de la ciencia-ficción

Aún somos capaces de leer

02/02/2019 Comentarios desactivados en Aún somos capaces de leer

“… aún somos capaces de leer, aunque ciertamente nos cueste cada vez más trabajo a causa de la falta de concentración y de tiempo entre tantos compromisos; y ciertamente lo hacemos cada vez con mayor vergüenza debido a la conciencia de lo anticuada que es esta actividad, la cual, sin rendir beneficio alguno, nos roba demasiado tiempo; pero las bibliotecas siguen abiertas, la lectura —si bien dentro de determinados límites— todavía está permitida y aún nos tientan los libros, sobre todo los polvorientos.”

Günter Grass, Ensayos sobre literatura

No nos dejan cantar

16/12/2018 Comentarios desactivados en No nos dejan cantar

No nos dejan cantar Robeson,
canario mío con alas de ángel,
hermano mío con dientes de perla.
No nos dejan cantar nuestras canciones.

Tienen miedo Robeson,
canario mío con alas de águila,
hermano mío con dientes de perla.
No nos dejan gritar nuestras canciones.
Tienen miedo, Robeson,
tienen miedo del alba, miedo de ver,
miedo de oir, miedo de tocar.
Tienen miedo de amar,
Miedo de amar como Ferhat, apasionadamente…

(Seguramente, también vosotros,
hermanos negros,
habéis de tener un Ferhart.
¿cómo le llaman Robeson?)
Le tienen miedo al grano y a la tierra,
Al agua que corre,
al recuerdo.

La mano de un amigo que no pide
ni descuento, ni comisión, ni plazo;
como un pájaro tibio
nunca les estreché la mano.

…le tienen miedo a la esperanza,
Robeson, miedo a la esperanza.
Tienen miedo, canario mío, con alas de águila,
tienen miedo de nuestros cantos, Robeson…

Nazim Hikmet

Paul Robeson canta “Joe Hill

 

Consejos a un joven escritor

09/12/2018 Comentarios desactivados en Consejos a un joven escritor

Consejos a un joven escritor

Danilo Kis (El País, 10 de marzo de 1985)

 

Cultiva la duda con respecto a las ideologías reinantes y a los príncipes. Mantente alejado de los príncipes.

Cuida de no manchar tu lenguaje con el habla de las ideologías.

Estáte persuadido de que eres más fuerte que los generales, pero no te midas con ellos.

No creas en proyectos utópicos, salvo en aquellos que concibas tú mismo.

Muéstrate tan orgulloso ante los príncipes como ante el populacho.

Ten tranquila la conciencia en cuanto a los privilegios que te confiere tu oficio de escritor.

No confundas la maldición de tu elección con la opresión de clase.

No estés obsesionado por la urgencia histórica y no creas en la metáfora de los trenes de la historia.

No te precipites, pues, en los trenes de la historia; se trata sólo de una estúpida metáfora.

Guarda siempre en tu mente esta máxima: “Quien alcanza el fin frustra todo el resto”.

No escribas reportajes sobre países donde has estado de turista: no escribas reportajes sobre nada, no eres periodista.

No te fíes de las estadísticas, de las cifras, de las declaraciones públicas: la realidad es aquello que no se ve a simple vista.

No visites las fábricas, los koljozi, las grandes obras públicas: el progreso es lo que no se ve a simple vista.

No te ocupes de economía, de sociología ni de psicoanálisis.

No te embriagues de filosofía oriental, de zen-budismo, etcétera; tienes algo mejor que hacer.

Sé consciente del hecho de que la imaginación es hermana de la mentira, y por ello mismo es peligrosa.

No te asocies con nadie: el escritor está solo.

No creas a los que dicen que este mundo es el peor de todos.

No creas a los profetas, porque tú eres profeta.

No seas profeta, porque la duda es tu arma.

Ten la conciencia tranquila: los príncipes no tienen nada que ver contigo, porque tú eres un príncipe.

Ten la conciencia tranquila: los mineros no tienen nada que ver contigo, porque tú eres un minero.

Sé consciente de que lo que no has dicho en los periódicos no está perdido para siempre: es como la turba.

No escribas por encargo.

No apuestes por el momento, porque lo lamentarías.

Tampoco apuestes por la eternidad, porque lo lamentarías.

No estés contento con tu destino, porque sólo los imbéciles lo están.

No estés descontento de tu destino, porque tú eres un elegido.

No busques justificaciones morales a los que te han traicionado.

Guárdate de la temible perseverancia.

Cree a los que pagan cara su inconsecuencia.

No creas a los que hacen pagar cara su inconsecuencia.

No prediques el relativismo de todos los valores: existe la jerarquía de los valores.

Recibe con indiferencia las recompensas que te otorgan los príncipes, pero no hagas nada por merecerlas.

Estáte persuadido de que la lengua en la que escribes es la mejor de todas, porque no tienes otra.

Estáte persuadido de que la lengua en la que escribes es la peor de todas, aunque no la cambiarías por ninguna otra.

“Porque eres tibio, y no frío ni ardiente, voy a vomitarte de mi boca” (Apocalipsis 3, 16).

No seas servil, porque los príncipes te tomarían por un criado.

No seas presuntuoso, porque te parecerías a los criados de los príncipes.

No te dejes persuadir de que tu literatura es socialmente inútil.

No pienses que tu literatura es útil para la sociedad.

No pienses que eres un miembro útil de la sociedad.

No te dejes persuadir por ello de que eres un parásito de la sociedad.

Estáte convencido de que tu soneto vale más que los discursos de los hombres políticos y de los príncipes.

Sé consciente de que tu soneto carece de sentido frente a la retórica de los hombres políticos y de los príncipes.

Ten en todo tu propio parecer.

No des tu opinión en todo.

Es a ti a quien menos le cuestan las palabras.

Tus palabras no tienen precio.

No hables en nombre de tu nación, porque ¿quién eres tú para pretender representar a cualquiera si no es a ti mismo?

No estés en la oposición, porque no estás enfrente, sino debajo.

No estés del lado del poder y de los príncipes, porque estás por encima de ellos.

Lucha contra las injusticias sociales sin hacer de ello un programa.

Cuídate de que la lucha contra las injusticias sociales no te desvíe de tu camino.

Conoce lo que piensan los otros; luego, olvídalo.

No concibas un programa político, no concibas ningún programa: concibe a partir del magma y del caos del mundo.

Guárdate de los que te proponen soluciones finales.

No seas el escritor de las minorías.

Tan luego como una comunidad te haga suyo, ponte a ti mismo en cuestión.

No escribas para el lector medio: todos los lectores son medios.

No escribas para la elite; la elite no existe: tú eres la elite.

No pienses en la muerte, pero no olvides que eres mortal.

No creas en la inmortalidad del escritor; eso son tonterías de profesores.

No seas trágicamente serio, porque resulta cómico.

No seas actor, porque los ricos están acostumbrados a que se les divierta.

No seas bufón de corte.

No pienses que los escritores son la conciencia de la humanidad, tú has visto demasiados crápulas.

No te dejes persuadir de que no eres nada ni nadie: tú has visto que los ricos tienen miedo de los poetas.

No vayas a la muerte por ninguna idea ni convenzas a nadie de que muera.

No seas cobarde, y desprecia a los cobardes.

No olvides que el heroismo se paga caro.

No escribas para las fiestas y los jubileos.

No escribas panegíricos, porque lo lamentarías.

No escribas oraciones fúnebres a los héroes de la nación, porque lo lamentarías.

Si no puedes decir la verdad, cállate.

Guárdate de las medias verdades.

Cuando se celebra una fiesta, no hay razón alguna para que tomes parte en ella.

No prestes servicios a los príncipes ni a los ricos.

No pidas servicios ni a los príncipes ni a los ricos.

No seas tolerante por cortesía.

No defiendas la verdad a cualquier precio: “No se discute con un imbécil”.

No te dejes persuadir de que todos tenemos igualmente razón ni de que los gustos no se discuten.

“Ser dos a estar equivocados no quiere decir que se sean dos a tener razón” (Popper).

“Admitir que el otro pueda tener razón no nos protege contra un peligro diferente: el de creer que todo el mundo posiblemente tiene razón” (Ídem).

No discutas con ignorantes sobre cosas de las que, gracias a ti, oyen hablar por primera vez.

No tengas ninguna misión.

Guárdate de los que tienen una misión.

No creas en el pensamiento científico.

No creas en la intuición.

Guárdate del cinismo, entre otros del tuyo.

Evita los lugares comunes y las citas ideológicas.

Ten el valor de decir que el poema de Aragón a la gloria de la G. P. U. es una infamia.

No le busques circunstancias atenuantes.

No te dejes convencer de que en la polémica Sartre-Camus los dos tenían razón.

No creas en la escritura automática ni en el difuminado querido: tú aspiras a la claridad.

Rechaza las escuelas literarias que te son impuestas.

A la sola mención del realismo socialista renuncia a toda discusión.

Sobre el tema de la literatura comprometida permanece mudo como un muerto: deja eso a los profesores.

Al que compare los campos de concentración con la prisión de la Santé, mándalo a paseo.

Al que afirme que la Kolyma es diferente de Auschwitz, mándalo al diablo.

Al que afirme que en Auschwitz sólo se exterminó a piojos y no a hombres, échalo fuera. .

Al que afirme que todo esto representaba una necesidad histórica, aplícale el mismo tratamiento.

“Segui il carro e lascia dir le genti” (Dante).

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