Consejos a un joven escritor

09/12/2018 Comentarios desactivados en Consejos a un joven escritor

Consejos a un joven escritor

Danilo Kis (El País, 10 de marzo de 1985)

 

Cultiva la duda con respecto a las ideologías reinantes y a los príncipes. Mantente alejado de los príncipes.

Cuida de no manchar tu lenguaje con el habla de las ideologías.

Estáte persuadido de que eres más fuerte que los generales, pero no te midas con ellos.

No creas en proyectos utópicos, salvo en aquellos que concibas tú mismo.

Muéstrate tan orgulloso ante los príncipes como ante el populacho.

Ten tranquila la conciencia en cuanto a los privilegios que te confiere tu oficio de escritor.

No confundas la maldición de tu elección con la opresión de clase.

No estés obsesionado por la urgencia histórica y no creas en la metáfora de los trenes de la historia.

No te precipites, pues, en los trenes de la historia; se trata sólo de una estúpida metáfora.

Guarda siempre en tu mente esta máxima: “Quien alcanza el fin frustra todo el resto”.

No escribas reportajes sobre países donde has estado de turista: no escribas reportajes sobre nada, no eres periodista.

No te fíes de las estadísticas, de las cifras, de las declaraciones públicas: la realidad es aquello que no se ve a simple vista.

No visites las fábricas, los koljozi, las grandes obras públicas: el progreso es lo que no se ve a simple vista.

No te ocupes de economía, de sociología ni de psicoanálisis.

No te embriagues de filosofía oriental, de zen-budismo, etcétera; tienes algo mejor que hacer.

Sé consciente del hecho de que la imaginación es hermana de la mentira, y por ello mismo es peligrosa.

No te asocies con nadie: el escritor está solo.

No creas a los que dicen que este mundo es el peor de todos.

No creas a los profetas, porque tú eres profeta.

No seas profeta, porque la duda es tu arma.

Ten la conciencia tranquila: los príncipes no tienen nada que ver contigo, porque tú eres un príncipe.

Ten la conciencia tranquila: los mineros no tienen nada que ver contigo, porque tú eres un minero.

Sé consciente de que lo que no has dicho en los periódicos no está perdido para siempre: es como la turba.

No escribas por encargo.

No apuestes por el momento, porque lo lamentarías.

Tampoco apuestes por la eternidad, porque lo lamentarías.

No estés contento con tu destino, porque sólo los imbéciles lo están.

No estés descontento de tu destino, porque tú eres un elegido.

No busques justificaciones morales a los que te han traicionado.

Guárdate de la temible perseverancia.

Cree a los que pagan cara su inconsecuencia.

No creas a los que hacen pagar cara su inconsecuencia.

No prediques el relativismo de todos los valores: existe la jerarquía de los valores.

Recibe con indiferencia las recompensas que te otorgan los príncipes, pero no hagas nada por merecerlas.

Estáte persuadido de que la lengua en la que escribes es la mejor de todas, porque no tienes otra.

Estáte persuadido de que la lengua en la que escribes es la peor de todas, aunque no la cambiarías por ninguna otra.

“Porque eres tibio, y no frío ni ardiente, voy a vomitarte de mi boca” (Apocalipsis 3, 16).

No seas servil, porque los príncipes te tomarían por un criado.

No seas presuntuoso, porque te parecerías a los criados de los príncipes.

No te dejes persuadir de que tu literatura es socialmente inútil.

No pienses que tu literatura es útil para la sociedad.

No pienses que eres un miembro útil de la sociedad.

No te dejes persuadir por ello de que eres un parásito de la sociedad.

Estáte convencido de que tu soneto vale más que los discursos de los hombres políticos y de los príncipes.

Sé consciente de que tu soneto carece de sentido frente a la retórica de los hombres políticos y de los príncipes.

Ten en todo tu propio parecer.

No des tu opinión en todo.

Es a ti a quien menos le cuestan las palabras.

Tus palabras no tienen precio.

No hables en nombre de tu nación, porque ¿quién eres tú para pretender representar a cualquiera si no es a ti mismo?

No estés en la oposición, porque no estás enfrente, sino debajo.

No estés del lado del poder y de los príncipes, porque estás por encima de ellos.

Lucha contra las injusticias sociales sin hacer de ello un programa.

Cuídate de que la lucha contra las injusticias sociales no te desvíe de tu camino.

Conoce lo que piensan los otros; luego, olvídalo.

No concibas un programa político, no concibas ningún programa: concibe a partir del magma y del caos del mundo.

Guárdate de los que te proponen soluciones finales.

No seas el escritor de las minorías.

Tan luego como una comunidad te haga suyo, ponte a ti mismo en cuestión.

No escribas para el lector medio: todos los lectores son medios.

No escribas para la elite; la elite no existe: tú eres la elite.

No pienses en la muerte, pero no olvides que eres mortal.

No creas en la inmortalidad del escritor; eso son tonterías de profesores.

No seas trágicamente serio, porque resulta cómico.

No seas actor, porque los ricos están acostumbrados a que se les divierta.

No seas bufón de corte.

No pienses que los escritores son la conciencia de la humanidad, tú has visto demasiados crápulas.

No te dejes persuadir de que no eres nada ni nadie: tú has visto que los ricos tienen miedo de los poetas.

No vayas a la muerte por ninguna idea ni convenzas a nadie de que muera.

No seas cobarde, y desprecia a los cobardes.

No olvides que el heroismo se paga caro.

No escribas para las fiestas y los jubileos.

No escribas panegíricos, porque lo lamentarías.

No escribas oraciones fúnebres a los héroes de la nación, porque lo lamentarías.

Si no puedes decir la verdad, cállate.

Guárdate de las medias verdades.

Cuando se celebra una fiesta, no hay razón alguna para que tomes parte en ella.

No prestes servicios a los príncipes ni a los ricos.

No pidas servicios ni a los príncipes ni a los ricos.

No seas tolerante por cortesía.

No defiendas la verdad a cualquier precio: “No se discute con un imbécil”.

No te dejes persuadir de que todos tenemos igualmente razón ni de que los gustos no se discuten.

“Ser dos a estar equivocados no quiere decir que se sean dos a tener razón” (Popper).

“Admitir que el otro pueda tener razón no nos protege contra un peligro diferente: el de creer que todo el mundo posiblemente tiene razón” (Ídem).

No discutas con ignorantes sobre cosas de las que, gracias a ti, oyen hablar por primera vez.

No tengas ninguna misión.

Guárdate de los que tienen una misión.

No creas en el pensamiento científico.

No creas en la intuición.

Guárdate del cinismo, entre otros del tuyo.

Evita los lugares comunes y las citas ideológicas.

Ten el valor de decir que el poema de Aragón a la gloria de la G. P. U. es una infamia.

No le busques circunstancias atenuantes.

No te dejes convencer de que en la polémica Sartre-Camus los dos tenían razón.

No creas en la escritura automática ni en el difuminado querido: tú aspiras a la claridad.

Rechaza las escuelas literarias que te son impuestas.

A la sola mención del realismo socialista renuncia a toda discusión.

Sobre el tema de la literatura comprometida permanece mudo como un muerto: deja eso a los profesores.

Al que compare los campos de concentración con la prisión de la Santé, mándalo a paseo.

Al que afirme que la Kolyma es diferente de Auschwitz, mándalo al diablo.

Al que afirme que en Auschwitz sólo se exterminó a piojos y no a hombres, échalo fuera. .

Al que afirme que todo esto representaba una necesidad histórica, aplícale el mismo tratamiento.

“Segui il carro e lascia dir le genti” (Dante).

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La culpa es de Rufián

25/11/2018 Comentarios desactivados en La culpa es de Rufián

Suposo que Albert Pla em donarà permís per copiar aquest article seu:

La culpa es de Rufián

La culpa de todo es de Rufián. Ese tipejo tuitero, este indeseable golpista indepe, que no tiene puta idea de política, que ha arruinado la economía del país, la convivencia entre españoles y el decoro entre parlamentarios.

Hasta que llegó Rufián todo andaba bien. En España no había golpistas, los políticos no tenían actitudes chulescas, ni despóticas, ni decían palabras gruesas. En España nadie mentía.

Además, Rufián tiene la insolencia de clamar esas mentiras a viva voz en el mismísimo Parlamento. Tiene la desfachatez de abrir los brazos en cruz y gritar que este país es una vergüenza.

A la puta calle. Bien hecho, señora Pastor, usted que viene de una familia y un entorno de demócratas ejemplares, sabe bien lo que hay que hacer.

Porque no se pueden permitir estas deslealtades dentro del hemiciclo, no debemos tolerar que insinúe tales calumnias y falsedades en la cara del resto de honrados diputados.

Es inaceptable que Rufián diga, por ejemplo, que en el Parlamento español manda el Ibex.

No se puede permitir que siga acusando al PP de haberse financiado ilegalmente, de haber robado, engañado y chantajeado a todos los españoles durante cuarenta años.

También es falso que el PSOE sea su amiguete de trastadas. Que entre los dos partidos se hayan repartido todos los poderes del estado bajo el amparo de la corona, financiándose ilegalmente, repartiéndose concesiones a dedo, rompiendo ordenadores, quemando pruebas cuando hacía falta, jugando sucio, traficando con jueces y usando puertas giratorias para seguir ostentando el poder en España.

Si le permitimos estas barbaridades, puede acabar diciendo que todos los parlamentarios mienten. Acabará diciendo que el rey es un ladrón, acabará diciendo que el PSOE montó su propio grupo terrorista, que el partido popular está repleto de criminales. Acabará diciendo que partidos tan demócratas como Ciudadanos y Vox son unos fachas. Con lo fácil y respetuoso que sería llamarles ultraderechistas a los fachas.

Acabará diciendo que en este país los banqueros y las grandes empresas que dan esos servicios a los que todos tenemos derecho especulan, malgastan, desvían fondos y arruinan deliberadamente a los españoles con la complicidad de diputados, senadores, caciques, alcaldes y ediles, sin ningún tipo de remordimiento, solo por enriquecerse y comprarse otro chalet y otro yate donde follarse a más putas (cuanto más jóvenes mejor).

Acabará diciendo que las fuerzas de seguridad del estado están repletas de altos mandos que adoran a Franco. Es más, acabará diciendo que Franco puso al rey en el trono, y que los hijos y nietos de sus ministros montaron los partidos que, aún hoy, manejan el cotarro. Acabará hasta cometiendo herejía contra la santa Iglesia Católica española.Este niñato maleducado no puede llamarles franquistas solo porque no condenan el franquismo. Es intolerable. Hay que echarlo a la puta calle. El resto de diputados y senadores tienen derecho a trabajar por España como hasta ahora. Con amor, mucho trabajo, sacrificio y dedicación, con buenas maneras y buenas palabras. Con orgullo y satisfacción.

Así no hay manera de trabajar por España, con un tío tocando los cojones en el escaño de al lado y comportándose como un machista, escupiendo a sus compañeros de hemiciclo, convirtiéndolo todo en un reallity show de mal gusto. Esto no se había visto jamás.

Es un loco, ve fantasmas, está poseído por el demonio, nada de lo que dice es cierto. No se puede permitir que confunda a los españoles hablándoles sobre políticos mafiosos y corruptos. Rufián tiene visiones propias de un demente.

Se le tiene que expulsar de la política porque si sigue así, acabará engañando a esos pobres ciudadanos, incultos, adoctrinados y descerebrados, que se creen todo lo que dice en la tele y en el Twiter. Acabará arrastrando a las gentes en su locura paranoica y maleducada. Y, Esto, sus señorías, no puede ser.

Se sienten, coño, y escuchen con atención:

– Mire usted…¡Los políticos somos buena gente!

Albert Pla, Público.es, 23 de noviembre de 2018

¿De qué se les acusa?

16/11/2018 Comentarios desactivados en ¿De qué se les acusa?

Cristo acusado por los fariseos (Duccio Di Buoninsegna, 1308)

“- ¿De qué se les acusa?

– De muchas cosas: escándalo en la vía pública, ofensas y resistencia a la autoridad, subversión, instigación al desorden y que dizque intenciones de apoderarse del poder. De todo eso y más; tú sabes cómo se pueden ir acumulando delitos cuando quieren cargar con alguien.”

Juan Rulfo, “El descubridor”, en El gallo de oro y otros relatos.

 

máquinas

16/11/2018 Comentarios desactivados en máquinas

Metropolis (Fritz Lang, 1927)

“… más o menos se trata de que aquí en este mundo extraño el hombre es una máquina y la máquina está considerada como hombre.”

Juan Rulfo, “Cartas a Clara – XII (febrero, 1947)”, en El gallo de oro y otros relatos.

El miedo

16/11/2018 Comentarios desactivados en El miedo

Manos del miedo (Oswaldo Guayasamín, litografía)

“… porque el miedo es la cosa que más miedo le tiene a la soledad, según yo sé.”

Juan Rulfo, “Un pedazo de noche”, en El gallo de oro y otros relatos.

Summum ius summa iniuria

08/11/2018 Comentarios desactivados en Summum ius summa iniuria

Scène de Justice (Honoré Daumier)

Summum ius summa iniuria (“La justicia suprema es la suprema injusticia”)

M. T. Cicerón, De Officiis, Libro primero.

 

Ius summum saepe summa est malitia. (“La mayor justicia es frecuentemente la mayor maldad.”)

Publio Terencio Africano, Heautontimorumenos, Acto IV, Escena V

Comediae Terentti (Manuscrito S. XIV-XV)
BNE MS/17297

 

fascismo

26/10/2018 Comentarios desactivados en fascismo

Las palabras “fascismo” y “fascista” se han convertido en un insulto. La palabra “fascismo” se ha trivializado y está desprestigiada, incluso entre los fascistas que hoy se llaman a sí mismos demócratas y constitucionalistas, pero lo que significa sigue estando vigente, y no sólo entre los nostálgicos de viejos tiempos de gloria nacionalsindicalista o nacionalsocialista…

Pedro García Olivo aporta algunas reflexiones interesantes sobre este tema:

1. Fascismo y democracia

La historia de las ideas ha conocido tres formas de definir el Fascismo desde la arena de la Democracia. Son estas:

1) La historiografía liberal (ejemplificada por W. J. Momsen) sostuvo que el Fascismo era lo contrario de la Democracia, una especie de aberración enterrada en el pasado y que respondió a causas muy concretas, casi «endémicas», conjugadas en Alemania e Italia de un modo meramente coyuntural. Se sobrevaloraba el papel de los líderes (Hitler, Mussolini) y se sugería que el monstruo habitaba fuera de la casa demoliberal, que bastaba con consolidar el Estado de Derecho para mantenerlo a raya.
2) Desde la sociología y la politología marxistas (N. Poulantzas, entre otros) se alegó que Fascismo y Democracia eran dos cartas que la oligarquía, la clase dominante, podía poner encima de la mesa, una u otra, según le conviniera. En tiempos de bonanza, se prefiere la carta democrática, a través de la cual se embauca mejor a la población; en tiempos de crisis (penuria, conflictividad social, luchas obreras,…), se recurre a la carta fascista. Se recordaba, contra la tesis liberal, que Hitler alcanzó el poder por vía democrática. Trabajos de sociología empírica, obras posteriores como la de D. Goldhagen (Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el Holocausto) o Ch. Browning (Gentes de lo más normal), revelaron la participación de personas de todas las edades, todos los oficios, todas las clases sociales… en la persecución de los judíos, muy a menudo sin ser nazis, ni funcionarios, sin alegar “obediencia debida”… «Buenas personas», «gentes normales», que destruyeron, torturaron y mataron voluntariamente… No fueron alienadas o manipuladas por la administración fascista: quisieron el fascismo, lo amaron; respaldaron y aplaudieron a Hitler porque de algún modo expresaba sus sentimientos. En la misma línea se expresaron H. Arendt y P. Levi, en dos obras inquietantes (Eichmann en Jerusalen, Los salvados y los hundidos).

3) En medios filosóficos y literarios se ha fraguado una tercera interpretación, que suscribimos: el Fascismo, si bien de nuevo cuño, es el destino de la Democracia. Auschwitz es la verdad, el “telos”, de nuestros regímenes democráticos. La democracia liberal desemboca en una forma actualizada de despotismo: el demofascismo. Desde la Teoría Francesa (M. Foucault, G. Deleuze,…) y la Escuela de Frankfürt (T. W. Adorno, W. Benjamin) se han aportado argumentos para fundamentar este diagnóstico: liberalismo, fascismo y estalinismo parten de un mismo fondo filosófico, conceptual, epistemológico (concepto «cósico» de la Verdad, Minoría Esclarecida encargada de rescatarla, Labor de Misionerismo Social para llevar esa verdad a unas masas que se consumen en la ignorancia, fines sublimes que justifican cualquier medio, indiferencia ante el dolor empírico del individuo, Proyecto Eugenésico encaminado a la forja del Hombre Nuevo, “reificación” de la población, teleologismo explícito o implícito, etc.), y recurrieron de hecho a los mismo procedimientos (orden del discurso, escuelas, cárceles,…).

Hijos los tres de la Ilustración, liberalismo, fascismo y estalinismo remitían, en último término, al legado grecocristiano y podían reconocer en Platón una de sus fuentes mayores. En Por qué hay que estudiar el Poder, M. Foucault desbrozó las vías para esta desmitificación del liberalismo; y, en Contra la Razón destructiva, E. Subirats adelantaba el concepto de un “fascismo democrático”, que compartía rasgos decisivos con los fascismos históricos.

2. El demofascismo como avance desde lo antiguo: rasgos heredados e innovaciones.

El demofascismo comparte dos características con los fascismo históricos: expansionismo (¿no estamos ya en la III Guerra Mundial?) y docilidad de las poblaciones (ausencia de crítica interna, de oposición, de resistencia significativa).

Como en tiempos de Hitler o Mussolini, las potencias occidentales invaden países para apropiarse de sus fuentes de energía, materias primas y recursos estratégicos, o por motivos geo-estratégicos y político-ideológicos. Como ayer, la ciudadanía mira a otra parte, o mira de frente y aplaude las masacres…

Sin embargo, el fascismo democrático arroja rasgos propios, que lo distinguen del fascismo histórico, y que hallan un eco privilegiado en la escuela, en la forma de educación administrada que le corresponde:

1) Una clara preferencia por las formas simbólicas, lingüísticas, psicológicas… de dominación, en detrimento del recurso a la violencia física represiva. En algún sentido, el poder pretende invisibilizarse, y para ello se despliega un orden de la violencia simbólica, vinculado a lo que se ha llamado Aparatos Ideológicos del Estado (Medios de Comunicación, Partidos, Sindicatos, Escuelas,…) y ya no tanto a los Aparatos estrictamente Represivos (Fuerzas de Seguridad, Ejército).

2) Allí donde el poder no se puede ocultar, las figuras de autoridad se dulcifican (empresarios que facilitan la adquisición de una vivienda a sus empleados o les proporcionan viajes de vacaciones en condiciones ventajosas; funcionarios de prisiones con formación socio-psico-terapéutica, en sustitución del tradicional carcelero «sádico»; policías de proximidad, desviviéndose por ayudar en lo cotidiano a la población; profesores «alumnistas», reformistas, capaces de gestionan el aula desde la simpatía, ganándose el aprecio de sus víctimas,…).

3) Transferencia al oprimido de una parte de las prerrogativas del opresor, de modo que se haga factible la auto-coerción (trabajadores a los que se les regala acciones de la empresa, para que se sientan patronos de sí; “módulos de respeto” en las cárceles, de manera que los problemas de la convivencia se resuelvan a través de asambleas, tal en un ejercicio de auto-gestión, en ausencia del funcionario, actuando los presos como carceleros de sí mismos; “colaboración ciudadana” con la policía, erigiendo a la gente en vigilante y denunciante de sí misma; alumnos que ejercen de auto-profesores, incluyendo temas de su agrado en los currículos, dándose las clases, evaluándose a sí mismos, gestionando la experiencia democráticamente,…).

4) Disolución de la Diferencia (inquietante, peligrosa) en Diversidad inocua, de modo que lo Extraño, lo Ajeno, lo Otro se incorpora a lo Establecido mediante una supresión o corrección severa de sus caracteres idiosincrásicos, una preservación de sus índoles accesorias (superficiales o aparentes) y, como resultado, una homologación de fondo, estructural, tendente a un isomorfismo sustantivo.

 

Eduardo Subirats reflexionaba también sobre el fascismo actual en un artículo, publicado el año 2006, titulado “Fascismo después de Auschwitz“:

Fascismo después de Auschwitz

Los bombardeos de ciudades con el objetivo explícito de erradicar a una población étnica y religiosamente definida como islámica, las masacres genocidas perpetradas por organizaciones paramilitares, los campos de concentración, tortura y exterminio indiscriminado de partisanos, ciudadanos inocentes y mujeres clasificados como árabes, la destrucción intencional y sistemática de legados culturales de los pueblos islámicos, y el soberano desprecio por cualquier norma legal y moral irrumpieron súbitamente, al cerrarse el siglo, en una Europa alegremente confiada en las promesas de un neoliberalismo triunfante tras el desmoronamiento de la Unión Soviética. Cerraba aquella guerra de los Balcanes la absoluta pasividad de la masa electrónica global.

Un historiador europeo, Jacques Julliard, advirtió entonces en el título de su ensayo: ”Ce fascisme qui vient…” En 1994, sin embargo, semejante aviso parecía extravagante. Aquella guerra respondía, al fin y al cabo, a un conflicto local, y sus estrategias criminales se percibían más bien como un déjà vu. Por lo demás, la aldea global consumía alegremente una postmodernidad multicultural; y milagrosos índices de crecimiento. ¿Qué podía significar un fascismo del mañana?

La palabra ”fascismo” ya había adquirido, por otra parte, un perfil desgastado. La academia anglosajona (R. Griffin, es un caso tan sintomático como las películas de Hollywood sobre el tema) ha venido trivializando el fascismo histórico y global a la categoría de un poder carismático ligado a ideologías salvacionistas y a un concepto de totalitarismo conceptualmente recortado desde una estricta visión jurídica. Estas versiones académicas han identificado además fascismo y nacionalismo con apasionada terquedad. A cambio, han ignorado sus raíces históricas en los imperialismos clásicos y modernos, y en la teología política colonial. Y siguen ignorando sus ostensibles vínculos con las corporaciones industriales, energéticas y militares. Pero, sobre todo, esta definición políticamente correcta del fascismo se había preocupado en silenciar las dos interpretaciones críticas más importantes del fascismo: la de Karl Polany que ponía de manifiesto la continuidad de neoliberalismo y fascismo, y la de Max Horkheimer y Theodor W. Adorno que señalaban su continuidad con la tecnociencia baconiana.

Sin embargo, seguimos aplicando corrientemente la palabra fascista (de manera impropia si considerásemos propia la apropiación académica de las palabras) a un concepto agresivo de poder que no respeta límites nacionales ni morales, utiliza los medios del escarnio mediático y la propaganda total, emplea la tortura, el crimen y el terror como instrumentos de coacción, y aplica con perfecta impunidad estrategias genocidas como medio de extender sus megamáquinas militares y políticas. Llamamos fascistas a las estrategias que visan la destrucción de comunidades históricas, de ecosistemas y legados culturales, y de normas morales establecidas a lo largo de la historia de los pueblos. Es en este sentido que nos referimos a Hitler, Franco o Pinochet como fascistas. Y en este sentido decimos que las políticas de aniquilación de Oriente medio apantalladas por Bush o Blair son fascistas. Y que es fascista la estrategia de exterminio terminal que Putin ha desplegado en Chechenia. Y que la aniquilación de las ciudades sagradas de Irak o los barrios chiítas de Beirut es un genocidio fascista, como lo fue el bombardeo de Gernika y de los guetos judíos de Varsovia.

El carisma de un poder personalizado ha sido otro signo distintivo del fascismo histórico. Y que duda cabe que esta dimensión no se aplica a los líderes de la Guerra global del siglo XXI. De la dislexia a la simple necedad, sus escasas dotes intelectuales han sido reiterado motivo de chanzas populares. El nuevo fascismo tampoco se sirve de grandes oradores como Mussolini o Perón. En la sociedad del espectáculo, que ha depuesto al arte, la política ya no se define como estilo, sino como diseño. Sus líderes son máscaras mediáticas sin otra función que la de ocultar con su impenetrable opacidad la irresponsabilidad histórica del nuevo orden militar.

Este remozado fascismo no se distingue del viejo en su misticismo regresivo de guerras salvacionistas contra el mal, ni en su fanfarre de los valores de Occidente; tampoco en la cultura del odio sin el que esa falsa trascendencia no podría triunfar. Su dimensión fundamental reside en la naturaleza terrorífica de sus armas, y en el desorden y la dominación globales que instauran. Los cientos de toneladas de uranio empobrecido sembrados en Kosovo, Afganistán e Irak, y la guerra biológica en el Amazonas colombiano son paradigmas de este terror constituyente del nuevo orden mundial del siglo XXI.

Pero la Guerra de los Balcanes puso de manifiesto un subsiguiente aspecto perturbador. No sólo brindaban horribles masacres y cuadros de putrefacción política en sus pantallas. Al mismo tiempo reducían al ciudadano a la condición de consumidor de sus imágenes degradadas y lo evaporaban como conciencia. Este doble proceso de anihilación, ciudades y vidas por un lado, y de nuestra existencia a la condición de consumidores, por otro, ha adquirido en la producción mediática de nuestra Guerra global el carácter de un sistema de escarnio y deshumanización permanentes.

Eso explica la paradójica diferencia entre el fascismo nacionalsocialista y el fascismo global de hoy. La transformación de la democracia en espectáculo permite la implantación masiva de controles totalitarios, desde la vigilancia electrónica de Internet hasta la tortura, sin necesidad de modificar sustancialmente su supraestructura jurídica y su apariencia cosmética. La volatilización digital de las elecciones mexicanas o la escenificación de la democracia bajo los términos constituyentes de la sangrienta ocupación militar en Irak son dos extremos complementarios de este mismo sistema. Por eso las megamáquinas del poder financiero y militar contemporáneo tampoco necesitan organizar movilizaciones de masas físicas. Los highways electrónicos concentran mucho más expeditivamente a la masa humana postmoderna en los containers mediáticos, la moviliza más eficazmente mediante sus estímulos virtuales y evaporan terminalmente su existencia a través de su conversión digital y estadística. La guerra genocida es la expresión culminante de esta lógica anihiladora del espectáculo.

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