En las alturas

17/05/2019 Comentarios desactivados en En las alturas

Thomas Bernhard, En las alturas. Tentativa de salvamento, absurdo. Traducción de Miguel Sáenz, Anagrama, Barcelona, 1992.

Edición original: In der Höhe. Rettungsversuch, Unsinn, Residenz Verlag, Salzburgo y Viena, 1989.

Ilustración de la cubierta de Ángel Jové

 

hastiado de todo: los cojo y los tiro, los vuelvo a coger: mi pobre cabeza, pequeña y megalómana: esos pensamientos en mi cabeza, esas astillas de pensamiento, tijeras de pensamiento, esos cuchillos de pensamiento, esas navajas barberas de pensamiento…

 

Escrito en 1959, este texto inclasificable, que comienza con las palabras “Patria, absurdo…”, está constituido por un único párrafo en el que frases, sentencias o pensamientos se separan únicamente con comas, puntos y comas o dos puntos. Thomas Bernhard ensaya en este escrito un estilo propio de escritura, un estilo propio de trasladar sus pensamientos al papel, un estilo que poco a poco irá cambiando y depurando hasta dar lugar al que no dejará de sorprender a sus lectores en sus obras posteriores. En las alturas se encuentra el absurdo de todo, el absurdo de nuestros pensamientos, el absurdo de nuestras ideas, de lo que hacemos, de lo que vivimos… y sobre todo el absurdo de pretender comunicárselas a alguien, de pretender convertir todo ello en palabras, porque “es un crimen empezar algo siquiera, todo es mentira, toda coma es mentira, todo es sólo una horrible charlatanería, una insignificancia, una bajeza, una humillación para mí, pero me aferro a esos pocos pensamientos, y lo que importa es cada letra y el reconocimiento de la estupidez…”

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Hormigón

13/05/2019 Comentarios desactivados en Hormigón

Thomas Bernhard, Hormigón. Traducción de Miguel Sáenz, Alfaguara, 1989.

Edición original: Beton, Suhrkamp Verlag, Frankfurt am Main, 1982

Ilustración de la cubierta: Brueghel el Viejo, El triunfo de la muerte (detalle).

 

… cuando miramos, vemos la tristeza y la desesperación de los otros, mientras que los otros ven las nuestras.

Escribe Rudolf… aunque quien escribe es Thomas Bernhard. Escribe, pero sobre todo piensa y trata de escribir como piensa, aunque escribir como uno piensa es imposible porque cuando se piensa, aunque se piense en escribir, nunca se piensa como se escribe y en cualquier caso es imposible escribir como se piensa… Así escribe Thomas Bernhard, escribe Rudolf… que en realidad lo que quiere es escribir sobre Mendelssohn Bartholdy, pero en lugar de escribir sobre Mendelssohn Bartholdy escribe unas notas sobre sus dificultades para escribir sobre Mendelssohn Bartholdy, sobre su hermana, su soledad, su enfermedad, su casa, sus viajes y sobre lo que le contó Anna Härdtl. El hormigón es el destino.

 

Reseña: El hundimiento de Kovalski

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Exilium

12/05/2019 Comentarios desactivados en Exilium

María Negroni, Exilium, Vaso roto Ediciones, 2016.

Grabado de la cubierta: Víctor Ramírez

 

ALGUIEN VINO Y SE FUE
sin ningún buenas noches.

Sobre la mesa
dejó un destino
con la palabra
soy
sin atributos.

No cabe duda:
el exilio
le parecía imperioso.

Una forma
)(
cordial
)(
de incitar al estudio
de los jardines.

¡Hágase la vida!
-dijo-
¡Boca a su beso!

Porque todos somos exiliados, exiliados de la infancia, exiliados de nosotros mismos… Porque todos vivimos y sufrimos el exilio de la pérdida y de la ausencia… vivimos entre los huecos que dejan las ausencias de quienes partieron y ya no volvieron, tal como nosotros abandonamos el paraíso…

Pequeñas joyas para leer y releer, para detenerse y perderse en las palabras, en las palabras que nos mantienen en un exilio perpetuo…

 

Serotonina

12/05/2019 Comentarios desactivados en Serotonina

Michel Houellebecq, Serotonina, Traducción de Jaime Zulaika, Anagrama, Barcelona, 2019

Edición original: Sérotonine, Flammarion, Paris, 2019

Ilustración de la cubierta: Matthew Larson, “Pink Balloon”

 

Vois sur ces canaux
     Dormir ces vaisseaux
Dont l’humeur est vagabonde ;
     C’est pour assouvir
     Ton moindre désir
Qu’ils viennent du bout du monde.
     – Les soleils couchants
     Revêtent les champs,
Les canaux, la ville entière,
     D’hyacinthe et d’or ;
     Le monde s’endort
Dans une chaude lumière.

Là, tout n’est qu’ordre et beauté,
Luxe, calme et volupté.

Charles Baudelaire, Les Fleurs du mal, Section “Spleen et idéal”, LIII

 

… es así como muere una civilización, sin trastornos, sin peligros y sin dramas y con muy escasa carnicería, una civilización muere simplemente por hastío, por asco de sí misma…

Un presente de hastío y desolación, sin futuro alguno, en una sociedad satisfecha de sí misma que, en su persecución de la productividad, la eficiencia y el enriquecimiento sin límites, camina hacia la catástrofe, es el protagonista principal de este relato en el que un individuo solitario, individualista, psicópata, o que al menos roza la psicopatía, macho heterosexual de piel blanca y de clase media media-alta nos cuenta su vida solitaria y superficial en la que al sexo se le llama amor y las mujeres son un objeto de placer, y en la que la posibilidad de viajar, comer en restaurantes caros, cambiar de coche y de hembras es considerado como lo más próximo a lo que se llama felicidad. Houellebecq es, como los personajes de sus novelas, un cínico satisfecho de sí mismo e insatisfecho con un mundo para el que no tiene ninguna alternativa salvo la de mostrarlo como es y procurar sobrevivir sin cuestionarse nada en profundidad. Es verdad que Houellebecq pone en cuestión el modelo de vida de las sociedades “ricas” occidentales haciendo un retrato bastante acertado de las mismas, pero sus análisis son siempre superficiales y sus personajes planos, sin matices. Cuando algunos críticos acusan a Houellebecq de machista, misógino y xenófobo, no se dan cuenta de que es un reflejo de lo que somos todos en esta sociedad tardocapitalista, quizá no lo sea más que ellos mismos, quizá no lo sea más que todos nosotros que nos complacemos cayendo en la tentación de pensar que hemos superado el machismo, la misoginia y la xenofobia. ¿De verdad que los hemos superado? Todos sabemos que nos encaminamos hacia la catástrofe, pero lo único que queremos es poder seguir viviendo como vivimos, con lo cual la catástrofe será inevitable, porque la catástrofe ya está aquí, porque si necesitamos nuestra dosis diaria de Captorix para poder seguir viviendo, es porque la catástrofe ya ha llegado.

Una novela que se lee con desagrado y que resulta repulsiva en muchos momentos, quizá sea necesario que alguien nos provoque arcadas para llegar a darnos cuenta de que el mundo en que vivimos es una auténtica mierda a la que contribuimos diariamente sin hacer nada. Houellebecq sólo nos coloca ante un espejo.

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La inapropiabilidad de la tierra

10/05/2019 Comentarios desactivados en La inapropiabilidad de la tierra

Yves Charles Zarka, La inapropiabilidad de la Tierra. Principios de una refundación filosófica frente a los desafíos de nuestro tiempo. Traducción de Alfonso Díez, NED Ediciones, 2007.

 

Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra.

Carta del Jefe Seattle

 

Pomposamente se anuncia desde el título como una “refundación filosófica”, pero no dice nada que en muchas culturas no sea sabido desde tiempo inmemorial. La Tierra no nos pertenece y es inapropiable. Es nuestra cultura occidental capitalista la que se ha construido sobre la idea de que la Tierra es una mercancia que puede tener propietarios. Este breve ensayo no aporta nada nuevo. Trivialidades que pretenden hacernos creer que es posible un capitalismo de rostro humano. Aunque aparentemente el capitalismo queda cuestionado, no se hace en profundidad. Se buscan soluciones que permitan evitar el caos hacia el que caminamos sabiendo que no servirán para nada, porque la única forma de evitar la caída al abismo es detenernos y caminar en otra dirección.

Trastorno

09/05/2019 Comentarios desactivados en Trastorno

Thomas Bernhard, Trastorno. Traducción de Miguel Sáenz, Alfaguara, 1989.

Edición original en alemán: Verstörung, Insel Verlag, Fankfurt am Main, 1967

Ilustración de la cubierta: Brueghel el Viejo, El triunfo de la muerte (detalle)

Pieter Brueghel el Viejo, “El triunfo de la muerte” (Museo del Prado)

Lo diabólico, que aparecía cada vez con más fuerza en sus dibujos, había impresionado a sus padres. Con líneas delicadas, el maestro dibujaba un mundo ‘que era un mundo autodestructivo’ y que los atemorizaba más cuanto más ‘les dibujaba’: pájaros despedazados, lenguas humanas desgarradas, manos de ocho dedos, cabezas abiertas, extremidades, pies, manos, órganos sexuales arrancados de cuerpos invisibles, personas que se ahogaban al andar…

 

Me estremece el silencio eterno
de esos espacios infinitos.

PASCAL: Pensée 206

 

… resultaba peligroso en su trastorno.

Dijo que en Hochgobernitz se producían con frecuencia trastornos durante semanas.

 

La primera parte, una especie de introducción que dura casi la mitad de la novela, y que está escrita como si Thomas Bernhard no fuera Thomas Bernhard, es un catálogo de trastornos diversos. Nada más empezar la segunda parte, titulada “El príncipe”, Thomas Bernhard se hace reconocible, ya que pronto tiene comienzo una larguísima confesión. que continúa hasta el final, escrita al modo, repetitivamente incansable, de Thomas Bernhard… un monólogo de otro monólogo que se alimenta de otros monólogos que van de las murallas interiores a las murallas exteriores y de las murallas exteriores a las murallas interiores para volver de nuevo a las murallas exteriores y desde allí hacia las murallas interiores, una y otra vez, sin fin…

La manera en la que escribe Thomas Bernhard hace que la lectura se asemeje a la audición de una ópera de Wagner o de una sinfonía de Bruckner.

Como en otras novelas del mismo autor no falta en ésta su mirada amargamente crítica hacia el mundo que le rodea.

 

Reseña en “El hundimiento de Kovalski

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Hambre

03/05/2019 Comentarios desactivados en Hambre

Knut Hamsun, Hambre, Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo, Ediciones de la Torre, Madrid, 2016.

Título original: Sult
Primera edición en noruego: 1890

Ilustración de la cubierta: Edvard Munch, Caminante nocturno (1923-1924)

… odio mi cuerpo delgado y me estremezco por arrastrarlo conmigo, por sentirlo a mi alrededor.

“Bondad, maldad, juicio y locura y todos los claroscuros que van de uno al otro extremo, caben en un libro. En Hambre, del escritor noruego Knut Hamsun, libro insignia de autores como Thomas Mann, Henry Miller o Paul Auster, leemos la historia un hombre arrojado al delirio y a las alucinaciones por el ayuno que impone la miseria. Un joven y orgulloso escritor cuya voluntad se ve quebrantada y azuzada al mismo tiempo por el demonio del hambre.”

Guadalupe Vázquez, “Parsifal aprende a leer

 

Leo esta novela, escrita en 1888 y cuya influencia en la literatura del siglo XX es indiscutible, como si leyera algo que ya he leído anteriormente, aunque nunca la haya leído. El protagonista, cuyo nombre no nos dice en ningún momento, salvo que se presenta en una ocasión como Fulano de Tal y en otra como Andreas Tangen, cuenta sus andanzas por la ciudad de Christianía (Oslo) arrastrando por sus calles su miseria y su hambre. Es el prototipo del individuo moderno, rodeado de gente por todas partes, pero absolutamente solo; rodeado de alimentos y de comodidades, pero sin acceso a ellos si no tiene un trabajo remunerado y por tanto, dinero. Sus andanzas por la ciudad, sus comportamientos y sus actitudes con respecto a otras personas, que recuerdan a las de personajes novelescos como Holden Caulfield, rozan la psicopatía, mostrándose caritativo y comprensivo hacia otras personas pero sin empatizar en absoluto con ellas. Su generosidad, cuando se manifiesta, es fruto exclusivamente de una decisión racional que le hace sentirse mejor. De todas formas, la protagonista principal de la novela es el hambre. Hambre que es falta de alimentos, pero también es falta de cobijo, de amparo, de ayuda, de comprensión, de vida compartida… Es el hambre de los individuos perdidos en las ciudades modernas, aunque sean del siglo XIX, de sociedades constituidas por individuos aislados y psicópatas.

 

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