En la colonia penitenciaria

19/11/2018 Comentarios desactivados en En la colonia penitenciaria

Luigi Serafini (ilustración de “Nella colonia penale”)

Franz Kafka, En la colonia penitenciaria, Traducción de Roberto R. Mahler, Obras completas, tomo II, Editorial Teorema, Barcelona, 1983.

Título original en alemán: In der Strafkolonie

 

-¿Conoce él su sentencia? -No -dijo el oficial, tratando de proseguir inmediatamente con sus explicaciones, pero el explorador lo interrumpió:
-¿No conoce su sentencia? -No -repitió el oficial, callando un instante como para permitir que el explorador ampliara su pregunta-. Sería inútil anunciársela. Ya lo sabrá en carne propia.

Ilustración de Hermann Naumann, 1956

La maquinaria que aplica las sentencias de forma implacable y científicamente es la misma maquinaria que rige los destinos de todos nosotros. Somos víctimas de las máquinas que hemos creado.

Martin Senn. Franz Kafka: Der Eigentümliche Apparataus der Erzählung “In der Strafkolonie.” [Franz Kafka: The Peculiar Apparatus from the Story “In the Penal Colony.”] Wire and modeling clay. 50cm x 35cm x 25cm.

“Como explicación a esta última narración tan solo quiero añadir que no sólo ella resulta desagradable, sino que más bien nuestra época en general y la mía en especial ha sido y continúa siendo desagradable, y que la mía incluso ha sido desagradable durante más tiempo de lo normal.”

Franz Kafka, Carta a Kurt Wolff, en Briefe 1902-1924

Joanna Bruzdowicz ‎– La Colonie Penitentiaire : Drame Musical D’Aprés Franz Kafka

La colonia penal” (Raoul Ruiz, 1970)
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Aprender a rezar en la era de la técnica

18/11/2018 Comentarios desactivados en Aprender a rezar en la era de la técnica

Gonçalo M. Tavares, Aprender a rezar en la era de la técnica. Traducción de Rita da Costa, Mondadori, Barcelona, 2012.

Título original en portugués: Aprender a rezar na Era da Técnica

 

… un gesto que pertenece a su reino más profundo, el reino al que ha jurado lealtad, el reino de quien ataca y de quien sabe que hay elementos que se preparan para atacarlo.

El perro nunca podrá proteger al lobo porque no tiene fuerza para ello y el lobo nunca protegerá al perro porque no está en su naturaleza

 

“no entiendo la escritura como el escribir después de saber algo, sino como el escribir porque no sé algo. En otras palabras, la escritura es una revelación, es el proceso de descubrimiento de lo que no sé.” G. M. Tavares

“para mí la ficción tiene que ver con la posibilidad de situarme en otro lugar del otro…” G. M. Tavares

 

Gonçalo M. Tavares escribe a golpes, dando machetazos a un lado y a otro, eliminando la vegetación que oculta el camino por el que quiere transitar. Nos va abriendo el camino y es, a golpes, como vamos penetrando en los descubrimientos que hace el autor y que nos llevan a nuestros propios descubrimientos.

En este caso lo que intenta es descubrir el camino que lleva a entender el poder como una maquinaria reflejo de la maquinaria en la que la razón instrumental de la modernidad ha convertido el mundo. Se suceden reflexiones sobre la razón, el mal, el poder, el fascismo, el miedo y la velocidad.

Leer a Tavares es una experiencia distante. Esta “extraña” novela se lee como si fuera un manual de instrucciones, algo que queda fuera de nosotros. Logra que el lector se coloque en una posición distante, una posición de extrañamiento.

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O mapa

18/11/2018 Comentarios desactivados en O mapa

Planisferio celeste (Frederick de Wit, 1670)

o mapa

Sempre senti a matemática como uma presença
Física, em relação a ela vejo-me
Como alguém que não consegue
Esquecer o pulso porque vestiu uma camisa demasiado
Apertada nas mangas.
Perdoem-me a imagem: como
Num bar de putas onde se vai beber uma cerveja
E provocar com a nossa indiferença o desejo
Interesseiro das mulheres, a matemática é isto: um
Mundo onde entro para me sentir excluído;
Para perceber, no fundo, que a linguagem, em relação
Aos números e aos seus cálculos, é um sistema,
Ao mesmo tempo, milionário e pedinte. Escrever
Não é mais inteligente que resolver uma equação;
Porque optei por escrever? Não sei. Ou talvez saiba:
Entre a possibilidade de acertar muito, existente
Na matemática, e a possibilidade de errar muito,
Que existe na escrita (errar de errância, de caminhar
Mais ou menos sem meta) optei instintivamente
Pela segunda. Escrevo porque perdi o mapa.

el mapa

Siempre sentí la matemática como una presencia
Física, en relación a ella me veo
Como alguien que no consigue
Olvidar el pulso porque viste una camisa demasiado
Apretada en las mangas.
Perdónenme la imagen: como
En un bar de putas donde se va a beber una cerveza
Y provocar con nuestra indiferencia el deseo
Interesado de las mujeres, la matemática es esto: un
Mundo donde entro para sentirme excluido;
Para percibir, en el fondo, que el lenguaje en relación
Con los números y con sus cálculos, es un sistema,
Al mismo tiempo, millonario y menesteroso. Escribir
No es más inteligente que resolver una ecuación;
¿Por qué opte por escribir? No lo sé. O quizá lo sabía:
Entre la posibilidad de acertar mucho, existente
En la matemática, y la posibilidad de errar mucho,
Que existe en la escritura (errar de errante, de caminar
Más o menos sin una meta) opté instintivamente
Por la segunda. Escribo porque perdí el mapa.

 

Gonçalo M. Tavares, «Autobiografía», Poesía 1, Traducción de Félix Romeo

Fortuna

17/11/2018 Comentarios desactivados en Fortuna

Fortuna

Por años, disfrutar del error
y de su enmienda,
haber podido hablar, caminar libre,
no existir mutilada,
no entrar o sí en iglesias,
leer, oír la música querida,
ser en la noche un ser como en el día.
No ser casada en un negocio,
medida en cabras,
sufrir gobierno de parientes
o legal lapidación.
No desfilar ya nunca
y no admitir palabras
que pongan en la sangre
limaduras de hierro.
Descubrir por ti misma
otro ser no previsto
en el puente de la mirada.
Ser humano y mujer, ni más ni menos.

La fórmula secreta

16/11/2018 Comentarios desactivados en La fórmula secreta

La fórmula secreta (Rubén Gámez, 1965)

Juan Rulfo, “La fórmula secreta”, en El gallo de oro y otros relatos.

 

Yo la única película que hice se llamó La Fórmula Secreta. Originalmente se llamaba Coca-Cola en la sangre, pero le quitaron ese título porque pensaron que nadie iba a verla. Es la historia de un hombre que le están inyectando Coca-Cola en lugar de suero y cuando empieza a perder el conocimiento siente unos chispazos de luz y la Coca-Cola le produce unos efectos horribles, y entonces tiene una serie de pesadillas y en algunas ocasiones habla contra todo. Esta película es una película ANTI. Es anti-yanqui, anti-clerical, anti-gobiernista, anti-todo… No la han dejado exhibir.

Juan Rulfo

La fórmula secreta

I

Ustedes dirán que es pura necedad la mía,
que es un desatino lamentarse de la suerte,
y cuantimás de esta tierra pasmada
donde nos olvidó el destino

La verdad es que cuesta trabajo
aclimatarse al hambre

Y aunque digan que el hambre
repartida entre muchos
toca a menos,
lo único cierto es que aquí
todos
estamos a medio morir
y no tenemos ni siquiera
dónde caernos muertos

Según parece
ya nos viene de a derecho la de malas.
Nada de que hay que echarle nudo ciego
a este asunto.
Nada de eso.
Desde que el mundo es mundo
hemos andado con el ombligo pegado al espinazo
y agarrándonos del viento con las uñas.

Se nos regatea hasta la sombra
y a pesar de todo
así seguimos:
medio aturdidos por el maldecido sol
que nos cunde a diario a despedazos,
siempre con la misma jeringa,
como si quisiera revivir más el rescoldo.
Aunque bien sabemos
que ni ardiendo en brasas
se nos prenderá la suerte.

Pero somos porfiados.
Tal vez esto tenga compostura.

El mundo está inundado de gente como nosotros,
de mucha gente como nosotros.
Y alguien tiene que oírnos,
alguien y algunos más,
aunque les revienten o reboten
nuestros gritos.

No es que seamos alzados,
ni le estamos pidiendo limosnas a la luna.
Ni está en nuestro camino buscar de prisa la covacha
o arrancar pa’l monte
cada que nos cuchilean los perros.

Alguien tendrá que oírnos

Cuando dejemos de gruñir como avispas en
enjambre,
o nos volvamos cola de remolino,
o cuando terminemos por escurrirnos sobre
la tierra
como un relámpago de muertos,
entonces
tal vez
nos llegue a todos
el remedio.

II

Cola de relámpago,
remolino de muertos.
Con el vuelo que llevan,
poco les durará el esfuerzo.
Tal vez acaben deshechos en espuma
o se los trague este aire lleno de cenizas.
Y hasta pueden perderse
yendo a tientas
entre la revuelta obscuridad.

Al fin al cabo ya son puro escombro.

El alma se la han de haber partido a golpes
de tanto potreones a la vida.
Puede que se acalambren entre las hebras
heladas de la noche,
o el miedo los liquide
borrándoles hasta el resuello.

San Mateo amaneció desde ayer
con la cara ensombrecida.
Ruega por nosotros.

Ánimas benditas del purgatorio.
Ruega por nosotros.

Tan alta que está la noche y ni con qué velarlos.
Ruega por nosotros.

Santo Dios, Santo Inmortal.
Ruega por nosotros.

Ya están todos medio pachiches de tanto que el sol
les ha sorbido el jugo.
Ruega por nosotros.

Santo san Antoñito.
Ruega por nosotros.

Atajo de malvados, punta de holgazanes.
Ruega por nosotros.

Sarta de bribones, retahíla de vagos.
Ruega por nosotros.

Cáfila de bandidos.
Ruega por nosotros.

Al menos éstos ya no vivirán calados por el hambre.

La vida no es muy seria en sus cosas

16/11/2018 Comentarios desactivados en La vida no es muy seria en sus cosas

Frida y el aborto (Frida Kahlo, litografía, 1932)

Juan Rulfo, “La vida no es muy seria en sus cosas”, en El gallo de oro y otros relatos.

 

Sin embargo, la vida no es muy seria en sus cosas. Es de suponerse que ella ya sabía esto, pues la había visto jugar con Crispín el mayor, escondiéndose de él, hasta dar por resultado que ninguno de los dos volvieron a encontrarse.

 

Al parecer, se trata del primer relato escrito y publicado por Juan Rulfo, cuando contaba apenas 17 años. El dolor frente a la vida y la fatalidad, que serán claves en el conjunto de la obra de Rulfo, se hacen presentes ya en este relato.

 

Bibliografía:

María Félix durante el rodaje de “La Escondida” (fotografía de Juan Rulfo)

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Castillo de Teayo

16/11/2018 Comentarios desactivados en Castillo de Teayo

Castillo de Teayo (Juan Rulfo, 1950)

Juan Rulfo, “Castillo de Teayo”, en El gallo de oro y otros relatos.

Quienes acabaron con los dioses de Teayo fue esa gente que se llamó “Gente de razón” y que hizo la conquista de estas tierras…

Escultura totonaca, Castillo de Teayo (Juan Rulfo, 1950)

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