Hapsworth 16, 1924

18/03/2019 Comentarios desactivados en Hapsworth 16, 1924

J. D. Salinger, “Hapsworth 16, 1924“, The New Yorker, 19 de Junio de 1965

 

Para tener la dudosa satisfacción de poder afirmar que algo en este hermoso y enloquecedor mundo es un hecho inexpugnable y respetable, estamos obligados, como prisioneros obedientes, a confiar en la información dudosa ofrecida de buena fe por nuestros ojos, manos, oídos y simples, conmovedores cerebros. ¿Llaman a esto un soberbio criterio? ¡Yo no!

 

Este relato, en el que se transcribe una larguísima carta escrita por Seymour Glass cuando contaba con siete años de edad, es el último publicado por Salinger. Es una especie de recopilación de todos los temas que preocupaban al autor expuestos por un niño precoz y superdotado que desconfía del conocimiento, que tiene una visión pesimista de la humanidad en general y preocupado por la idea de Dios e influenciado por las religiones y la espiritualidad oriental

 

Algunos fragmentos:

Yo, personalmente, viviré por lo menos tanto como un poste de teléfonos bien conservado, algo así como unos generosos treinta (30) años o más, lo que ciertamente no es algo de que burlarse. Se alegrarán de saber que vuestro hijo Buddy vivirá aún más.

“¡La maldición abraza, la bendición relaja!” gritó el espléndido William Blake.

 

Para tener la dudosa satisfacción de poder afirmar que algo en este hermoso y enloquecedor mundo es un hecho inexpugnable y respetable, estamos obligados, como prisioneros obedientes, a confiar en la información dudosa ofrecida de buena fe por nuestros ojos, manos, oídos y simples, conmovedores cerebros. ¿Llaman a esto un soberbio criterio? ¡Yo no!

 

¡En este mundo, la cómica lujuria por ser aristócrata es infinita! Pensándolo mejor, en un último análisis no tiene nada de gracioso. Algún día tranquilo de lluvia, cuando tengan ganas, examinen en detalle cualquier revolución efectiva desde el comienzo de la historia: profundamente, en el corazón de cada reformador importante, si no encuentran envidia personal, celos y hambre por ser aristócrata en un disfraz nuevo e inteligente, junto con un deseo de tener más comida y ser menos pobre, con gusto responderé ante Dios por mi cínica actitud. Desafortunadamente, no veo ningún remedio a este problema en lo inmediato.

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Un día perfecto para el pez plátano

18/03/2019 Comentarios desactivados en Un día perfecto para el pez plátano

J. D. Salinger, “Un día perfecto para el pez plátano”, Nueve cuentos

Ocúpate sólo de ver si aparece un pez plátano. Hoy es un día perfecto para los peces plátano.

 

El 31 de enero de 1948 se publicaba en The New Yorker este breve relato de Salinger. Era el segundo relato que publicó Salinger. El primero, que fue publicado, también en The New Yorker, el 21 de diciembre de 1946 fue “Ligera Rebelión en Madison“. “Un día perfecto para el pez plátano” es el porimer relato en el que aparece Seymour Glass, el hijo mayor de la familia Glass en torno a la cual Salinger escribió posteriormente varios de sus relatos. En cuanto al personaje de Seymour Glass, Salinger empieza por el final, ya que en este ralato cuenta la forma en la que Seymour acabó con su vida de un  tiro en la sien en la habitación de un hotel de Florida, a los 31 años de edad. Posteriormente, el 19 de noviembre de 1955, se publicó el relato “Levantad, carpinteros, la viga del tejado“, en el que Buddy, el hermano menor de Seymour, narra su participación en el incidente que protagonizó Seymour el día de su propia boda, unos pocos años antes de su suicidio. En “Seymour: Una introducción“, publicado el 6 de junio de 1959, Buddy trata de recomponer la imagen de su hermano Seymour algunos años después de su suicidio. Finalmente, el 19 de junio de 1965, también en The New Yorker, Salinger publicó su último relato, “Hapworth 16, 1924“. En él Buddy transcribe una carta que le había mostrado su madre escrita por Seymour desde un campamento en el verano de 1924, cuando tenía 7 años de edad.

 

El asco

15/03/2019 Comentarios desactivados en El asco

Horacio Castellanos Moya, El asco. Thomas Bernhard en San Salvador, Nota de Roberto Bolaño y Apéndice del autor, Tusquets, 2007.

 

Primera edición: Arcoiris, El Salvador, 1997

 

Con la patria no se juega…

Su humor ácido, similar a una película de Buster Keaton y a una bomba de relojería, amenaza la estabilidad hormonal de los imbéciles, quienes al leerlo sienten el irrefrenable deseo de colgar en la plaza pública al autor. La verdad, no concibo honor más alto para un escritor de verdad.

Roberto Bolaño, Entre paréntesis

 

ADVERTENCIA

Edgardo Vega, el personaje central de este retrato, existe: reside en Montreal bajo un nombre distinto -un nombre sajón que tampoco es Thomas Bernhard. Me comunicó sus opiniones seguramente con mayor énfasis y descarno del que contienen en este texto. Quise suavizar aquellos puntos de vista que hubieran escandalizado a ciertos lectores.

 

Una provocación, un libro políticamente incorrecto, el vómito de un misántropo incurable y una caricatura grotesca contra las patrias y los patriotismos… y mucho más. Pero también un ejercicio de estilo o un experimento literario… el juego de un impostor.

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La visita del arzobispo

11/03/2019 Comentarios desactivados en La visita del arzobispo

Ádám Bodor, La visita del arzobispo. Traducción de Adan Kovacsics, Acantilado, Barcelona, 2005.

Título original: Az érsek látogatása, 1999

 

… no estaba de más mantener la vigilancia, pues no existe gente tan astuta como los enfermos de pulmón y sus parientes.

 

Esperando al arzobispo, como quien espera Godot…  Un relato extraño, en el que, a quienes no somos húngaros viviendo en la Rumanía de Ceaucescu y en la que le sucedió después, nos cuesta mucho entender la mayoría de las referencias y simbolismos presentes en él. De todas formas, la atmósfera que crea puede ser entendida también desde otros contextos, por todos conocidos, dominados por la burocracia, la irracionalidad, el dinero, el egoísmo, el odio, la venganza, la decrepitud, la dominación, la marginación, el miedo… en fin, por las infinitas miserias del poder.

 

p. 35:

“Al final sólo vimos un unicornio que descansaba en una postura rígida sobre una pequeña colina. Los seminaristas le gritaron, pero ni se inmutó.”

p. 64:

“El crepúsculo vespertino dura horas en Bogdanski Dolina. La basura posee luz propia, o sea, que nunca oscurece del todo, ni siquiera de noche.”

p. 95:

“… no estaba de más mantener la vigilancia, pues no existe gente tan astuta como los enfermos de pulmón y sus parientes.”

p. 102:

“Durante semanas se asaron corderos partidos en dos en el interior de los pianos -la madera noble tarda mucho en quemarse-, fueron estallando una a una, por el calor, las cuerdas, cuyo cántico ascendía con el humo desde la granja y seguía flotando sobre las casas al cabo de los días.”

 

 

Los perros románticos

11/03/2019 Comentarios desactivados en Los perros románticos

Roberto Bolaño, Los perros románticos, Presentación de Pere Gimferrer, Acantilado, Barcelona, 2010.

En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.

 

Bolaño retrocede a los días de su juventud en México, cuando era un joven ridículo perdido en la locura de la adolescencia, y desde allí recorre los pasos perdidos que le llevaron hasta Cataluña. Sus poemas, como perros románticos, son parodias de sí mismo, de sus ilusiones y de sus fracasos. Bolaño es un poeta mendicante que como un perro romántico ladra a la luna. Excelente la presentación de Pere Gimferrer que ofrece algunas pistas que ayudan en la lectura.

Dejamos a Bolaño que nos hable de sus “perros románticos”:

“Siempre me ha costado reflexionar sobre mi poesía o sobre el oficio de poeta. Las pocas veces que lo intenté, al leerme, me sentí como un tipo ridículo que mete la pata hasta el cogote, nunca dije lo que de verdad quería decir. Pequé por exceso o por mesura. Tal vez eso sea lo que el espejo nos devuelve -acierto más, acierto menos- de nuestro trabajo: jóvenes ridículos y mal vestidos, poetas mendicantes, viejos detectives latinoamericanos que se pierden en una investigación vana y peligrosa. El oficio carece de consuelo, como no sea el que malignamente nos ofrece Boecio. Lo sabía Garcilaso, que escribió: ‘La mar en medio de tierras he dejado/ de cuanto bien, cuidado, yo tenía; / yéndome dejando cada día, / gentes, costumbres, lenguas he pasado. Garcilaso, muerto a los 33 años de una herida en la cabeza’. La mujer que amaba, doña Isabel Freyre, fue más lista: se casó con un comerciante rico, Fonseca, llamado ‘El Gordo’. Y la lista es interminable. Además, según me dicen, cada día se lee menos poesía. Como en los tiempos antiguos en que a los poetas sólo los leían los poetas. Así, pues, no es que optemos por la humildad sino que no nos queda otro remedio”.

Roberto Bolaño. Los perros románticos. Zarautz: Fundación Social y Cultural Kutxa, 1993.

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Dino Campana revisa su biografía en el psiquiátrico de Castel Pulci

11/03/2019 Comentarios desactivados en Dino Campana revisa su biografía en el psiquiátrico de Castel Pulci

Gabriele Donelli, “Ritratto di Dino Campana” (1996)

Servía para la química, para la química pura.
Pero preferí ser un vagabundo.
Vi el amor de mi madre en las tempestades del planeta.
Vi ojos sin cuerpo, ojos ingrávidos orbitando alrededor de mi lecho.
Decían que no estaba bien de la cabeza .
Tomé trenes y barcos, recorrí la tierra de los justos
en la hora más temprana y con la gente más humilde:
gitanos y feriantes.
Me despertaba temprano o no dormía. En la hora
en que la niebla aún no ha despejado
y los fantasmas guardianes del sueño avisan inútilmente.
Oí los avisos y las alertas pero no supe descifrarlos.
No iban dirigidos a mí sino a los que dormían,
pero no supe descifrarlos.
Palabras ininteligibles, gruñidos, gritos de dolor, lenguas
extranjeras oí adonde quiera que fuese.
Ejercí los oficios más bajos.
Recorrí la Argentina y toda Europa en la hora en que todos
duermen y los fantasmas guardianes del sueño aparecen.
Pero guardaban el sueño de los otros y no supe
descifrar sus mensajes urgentes.
Fragmentos tal vez sí, y por eso visité los manicomios
y las cárceles. Fragmentos,
sílabas quemantes.
No creí en la posteridad, aunque a veces
creí en la Quimera.
Servía para la química, para la química pura.

Roberto Bolaño, Los perros románticos

 

Poemas de la última noche de la tierra

10/03/2019 Comentarios desactivados en Poemas de la última noche de la tierra

Charles Bukowski, Poemas de la última noche de la tierra. Traducción y prólogo de Eduardo Moga. DVD Ediciones, Barcelona, 2004.

Edición original: Yhe Last Night of the Earth Poems, 1992

 

LA ÚLTIMA NOCHE DE LA TIERRA

El mirlo de todos los años ha vuelto a visitar mi casa
y todavía sigo aquí.
Su música no cambia y eso ya lo he escrito.
Pero mi trabajo es constatar lo obvio
y eso es lo que el mirlo me viene a recordar.
El tiempo pasa, la gente se hace vieja, se muere,
por su propia mano o con ayuda.
Las palabras van bajando por el desagüe
de lo que alguien ha llamado la intrahistoria.
Todo fluye y se pierde, los ríos en el mar,
el mar en la inmensidad inabarcable del cosmos,
el cosmos en la nada de la que no debió salir.
Mientras tanto tecleamos.
Un sordo tamborileo contra siglos de muerte programada
y un futuro de certera incertidumbre.
Un batallón de patéticos amanuenses del olvido
exigiendo dos camisas para el camino hacia el patíbulo
Pero no es el frío el problema, sino el miedo.
Y es el mirlo, en su ignorancia, el que sabe la verdad.
Cumple sin la más mínima estridencia
el ritual que le ha impuesto la biología.
Luego morirá. Sin epitafios, como éste,
que se deshagan con una mueca indiferente
entre las llamas de la última noche de la Tierra,
cuando nadie entienda ya ningún significado,
si es que algo tuvo sentido alguna vez.

Roger Wolfe. Arde Babilonia, Editorial Visor

está oscuro
y hace frío
aquí
afuera.

Por recomendación de un poeta, superando numerosos prejuicios, me acerco a Bukowski, concretamente a sus últimos poemas, los Poemas de la última noche de la tierra. La lectura desordenada de los mismos,  a lo largo de varios días y en diferentes momentos, me ha trastornado de alguna manera. Son poemas que, con sus ritmos irregulares, golpean algo dentro de nosotros.

Como dice en el prólogo su traductor, a Bukowski hay que conocerle, hay que conocer su trayectoria vital, para poder olvidarse de ella y alejarse así del personaje y poder penetrar, libres de prejuicios, en el fondo de sus poemas.

 

FONDUCHA

no habrás vivido
hasta que no hayas estado en una
fonducha
con una sola
bombilla
y 56 hombres
apretujados
en catres
todos roncando
al unísono,
con unos
ronquidos
potentes
y profundos,
increíbles:
oscuros
carraspeantes
asquerosos
infrahumanos
resuellos
del mismísimo
infierno.

son
sonidos
de muerte
que casi te revientan
el cerebro

y los
olores
entremezclados:
calcetines
acartonados y sucios
calzoncillos
meados y
cagados

y por encima de todo
un aire que apenas
circula
parecido al que
emana de un
cubo
de basura
destapado.

y los cuerpos
en la
oscuridad

gordos y
delgados
y
encorvados

algunos
sin piernas
sin brazos

algunos
sin cerebro

y lo peor de
todo:
la total
ausencia de
esperanza
los
amortaja
los cubre
por completo.

es
insoportable.

te
levantas

sales

andas por las
calles

arriba y
abajo por las
aceras

pasas por delante de edificios

das la vuelta a la
esquina

y vuelves
por
la misma
calle

pensando

esos hombres
han sido
niños
alguna vez

¿qué les
ha
pasado?

¿y qué me
ha pasado
a
mí?

está oscuro
y hace frío
aquí
afuera.

¿Dónde estoy?

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