tener razón

11/01/2018 Comentarios desactivados en tener razón

“Chi è certo d’aver ragione a forza, nemmeno dubita di poter aver torto in diritto.”

(Quien está seguro de tener razón por la fuerza, ni por pienso se le ocurre no tenerla en derecho. )

“Chi si riconosce genio, e faro alle genti, non sospetta d’essere moccolo male moribondo, o quadrupede ciuco.”

(Quien se reconoce genio, y faro de las gentes, mal se figura ser cabo de vela moribunda, o burro de cuatro patas.)

Carlo Emilio Gadda, El zafarrancho aquel de via Merulana, p. 78

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Desde el sur sediento

11/01/2018 Comentarios desactivados en Desde el sur sediento


Comparsa “Los cobardes” (Carnaval de Cádiz, 2016)

Desde este sur sediento hoy parto una lanza
por tu soberanía, por tu independencia.
Te habla un andaluz asqueado de su patria;
si lo piensas, los dos somos carne de cañón.
Tú tienes tu “senyera”; yo, mi blanca y verde.
Tú tienes represión; yo tengo paro.
Tú, al golfo de Pujol; y yo, los EREs.
¡Somos tan distintos y tan iguales, al fin y al cabo!

Tú tienes a San Jorge; yo tengo dragones.
Tu nobleza es franquista, igual que la mía.
Los dos, un parlamento lleno de ladrones.
Que la pela es la pela en las autonoMidas.
Tú tienes una lengua; yo, un bendito dialecto;
pero no nos entienden desde hace siglos en el Congreso.

Los dos tenemos cuna romana,
el sol fenicio, el paso fronterizo del alma gitana.
Pan con aceite matando el hambre.
Yo, castillos de arena; y tú, castillos en el aire.
Y, aunque te pese,
aunque te duela,
te corre por las venas
mi sangre y mi jornal.
Los dos tenemos vagos, y un rey que alimentar.

Desde este sur sediento,
no es tiempo de envidias.
No te diré cobarde
si decides marcharte.
Tú siempre serás parte
de mi sagrada familia.

hipotiposis dígito-interrogativa

10/01/2018 Comentarios desactivados en hipotiposis dígito-interrogativa

“Amigo, qué amigo, ¿amigo de quién?” Reunidos en tulipán los cinco dedos de la diestra columpiaba aquella flor en la hipotiposis dígito-interrogativa tan común entre los apulios.

Carlo Emilio Gadda, El zafarrancho aquel de via Merulana, p. 51

las causales

10/01/2018 Comentarios desactivados en las causales

Entre otras cosas, sostenía que las inopinadas catástrofes no son nunca consecuencia o efecto, si se prefiere, de un motivo solo, de una causa en singular; antes son como un vórtice, un punto de presión ciclónica en la conciencia del mundo y hacia la cual han conspirado una porción de causales convergentes. Decía también nudo u ovillo, o maraña, o rebullo, que en dialecto vale por enredo. Pero el término jurídico “las causales, la causal” es el que de preferencia brotaba de sus labios: casi a su pesar. La opinión de que fuese menester “reformar en nosotros mismos el sentido de la categoría de causa” según nos venía de los filósofos, de Aristóteles o de Immanuel Kant, y sustituir a la causa las causas, era en él una opinión central y persistente, casi una idea fija, que vaporaba de sus labios carnosos, pero más bien blancos, donde una punta de cigarrillo apagado parecía, colgado de la comisura, acompañar la somnolencia de la mirada y el asomo de sonrisita, entre amarga y escéptica que por inveterada costumbre solía imprimir a la mitad inferior del rostro, bajo aquel sueño de la frente y de los párpados y el negro píceo de la pelambre

Carlo Emilio Gadda, El zafarrancho aquel de via Merulana, p. 6

La felicidad de ser abandonado por la sociedad

04/01/2018 Comentarios desactivados en La felicidad de ser abandonado por la sociedad

De joven eres fuerte en grupo;
de viejo, en soledad.
– Goethe

La vejez no es un mal en absoluto. Con el dinero suficiente y si le queda a uno la salud suficiente, es formidable. ¿Y por qué es formidable? Bueno, creo que, en primer lugar, porque ya no queda más que la vejez, ante todo, uno ya ha llegado, ¿no?, no es poca cosa. No es un sentimiento de triunfo, pero, en fin, el hecho es que uno ya ha llegado. Uno ya ha llegado, después de todo, en un mundo que trae consigo guerras, porquerías de virus y todo lo demás… uno ha atravesado todo eso, los virus, las guerras, las porquerías: uno ya ha llegado. Y es un momento en el que ya no se trata de ser algo: se trata de ser, ser… Ya no hay que ser esto, ser aquello: es ser. El viejo es alguien que es… y punto. Siempre se puede decir: «Oh, es huraño; oh, no está de buen humor»; es a secas, vaya. Se ha ganado el derecho de ser a secas… porque, en cualquier caso, un viejo, alguien viejo siempre puede decir: «Yo tengo proyectos», pero es verdad y no es verdad. Son proyectos, pero no en el sentido en que alguien de treinta años tiene proyectos. En lo que me atañe, espero poder hacer dos libros que me importan: uno sobre la literatura, y uno sobre la filosofía. Espero poder hacerlo, lo que no quita que esté libre de todo proyecto, soy libre… sabes, cuando uno es viejo ya no es susceptible…

Uno ya no tiene… susceptibilidad, y además ya no se lleva ninguna decepción fundamental, vaya. Quiero decir que uno es mucho más desinteresado, cómo diría: uno quiere a la gente, de veras, por sí misma… Yo tengo la impresión, por ejemplo, de que la vejez afina la percepción: de las cosas que antes no habría visto, de las elegancias a las que no me había mostrado sensible –yo las veo mejor, porque miro a alguien por sí mismo, casi como si para mí se tratara de llevarme una imagen, un percepto, de extraer de él un percepto: todo eso hace de la vejez un arte. ¡Y los días pasan a tal velocidad! Con su escansión, el cansancio –pero el cansancio no es una enfermedad, es otra cosa. No es ni la muerte, ni la… es, una vez más, la señal del final de la jornada. Ahora bien, claro que hay angustias con la vejez, pero se trata de evitarlas, de conjurarlas. Es fácil conjurarlas, es un poco como con el coco: no hay que quedarse –o como con los vampiros, que por lo demás me encantan; no hay que quedarse solo por la noche, cuando empieza a hacer frío, porque uno es demasiado lento para salir del apuro. No, no hay que hacerlo, hay cosas que evitar, etc., pero… Y luego, lo maravilloso es que la gente te abandona, la sociedad te abandona, y eso, ser abandonado por la sociedad, es tal felicidad. Y no es que la sociedad me haya tenido muy enganchado, pero alguien que no tenga mi edad, o que no se haya jubilado, no puede figurarse la alegría que supone verse abandonado por la sociedad… Claro, cuando oigo a algunos viejos quejarse, bueno, son de aquellos que no soportan la jubilación, y desde luego no sé por qué: no tienen más que leer novelas, al menos descubrirán algo; no soportan, o… no creo en los jubilados que se… –salvo, tal vez, en el caso de los japoneses– que no pueden estar sin hacer algo. Quiero decir: es una maravilla, sí, te abandonan, y qué… o basta sacudirse un poco para que caigan todos los parásitos que has tenido en la chepa toda la vida. Caen: ¿y qué queda a tu alrededor? Tan sólo gente a la que quieres, sólo gente a la que quieres y que te soportan, que te quieren también cuando te hace falta: el resto te ha abandonado. Y aun así, cuando hablo, como yo, en ese momento, se hace muy duro cuando algo te alcanza. Yo no soporto, ya no tengo más que… ya no conozco la sociedad sino a través del recibo de la pensión todos los meses. Es algo –si no sé que soy un completo desconocido de la sociedad. Entonces, la catástrofe llega cuando hay alguien que cree que sigo formando parte de ella, y que me pregunta… Esto es algo completamente diferente, porque lo que estamos haciendo en este momento forma parte hasta tal punto de mi sueño de vejez… pero a quién me pide una entrevista, una conversación y todo eso, me dan ganas de decirle: «No, la cabeza ya no me funciona, ¿no estás al corriente de que soy viejo y de que la sociedad me ha abandonado?». Pero se está bien, te lo aseguro.

Gilles Deleuze
Abecedario con Claire Parnet

Nadal

23/12/2017 Comentarios desactivados en Nadal

NADAL

                               A Emili Badiella
 
 
Sento el fred de la nit
                                         i la simbomba fosca.
Així el grup d’homes joves que ara passa cantant.
Sento el carro dels apis
                                            que l’empedrat recolza
i els altres qui l’avencen, tots d’adreça al mercat.
 
Els de casa, a la cuina,
                                           prop del braser que crema,
amb el gas tot encès han enllestit el gall.
Ara esguardo la lluna, que m’apar lluna plena;
i ells recullen les plomes,
                                               i ja enyoren demà.
 
Demà posats a taula oblidarem els pobres
-i tan pobres com som-.
                                             Jesús ja serà nat.
Ens mirarà un moment a l’hora de les postres
i després de mirar-nos arrencarà a plorar.
 

Joan Salvat-Papasseit

aquí estem, i ens alcem

14/12/2017 Comentarios desactivados en aquí estem, i ens alcem

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