El paraíso de Cantor

18/08/2018 Comentarios desactivados en El paraíso de Cantor

El paraíso de Cantor (David J. Smith, 2011)

“¿De dónde viene la idea de que el comienzo de la serie es un trozo visible de raíles invisiblemente tendidos hasta el infinito?”

Ludwig Wittgenstein, «Los rieles del infinito», Investigaciones filosóficas

 

La imperiosa necesidad de la mente racional de captar la realidad nos lleva a transformarla en algo medible y limitado y nos conduce inevitablemente a la angustia y a la ansiedad, y a la nostalgia de infinito que está en el origen del arte, de la religiosidad y de las novelas de Krasznahorkai… Es esta reducción de la realidad a una realidad limitada susceptible de ser captada por la mente humana la que guía las reflexiones de Roberto Calasso en su libro La actualidad innombrable.

Hace pocos días leí La actualidad innombrable de Roberto Calasso. Allí el autor reflexiona sobre la esencia de la actualidad y del Homo secularis, una de cuyas características es la reducción de la realidad a bits con el fin de hacerla perfectamente comprensible para la mente humana. Roberto Calasso dice en su libro: “Expulsado del ‘paraíso de Cantor’, donde aún reinaba lo continuo, también en sus aspectos más desconcertantes, Homo está tentado de construirse un nuevo paraíso, habitado solo por las filas interminables de los bits. Ignorando sin remedio la constitución de la vida consciente, que sería imposible sin lo continuo.”

Algunos días después comencé la lectura de uno de los libros más maravillosos que he leído, Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río, de László Krasznahorkai, y ,como si me hubiera adentrado en «el laberinto imprevisible del azar» al que hace mención este último escritor, me encontré de nuevo con la figura de Georg Cantor, quien para Sir Wilford Stanley Gilmore, autor del libro Ajuste de cuentas con el infinito, “ni siquiera merece que su nombre sea olvidado”. Este autor ficticio, que acusa a Georg Cantor de platónico desgraciado, lastimoso creyente en Dios, y enfermo mental sumido en una grave depresión, escribió un libro de más de dos mil páginas llenas de números para demostrar que el infinito no existe, ya que, “… puesto que la realidad es finita, …, sólo podemos construir el infinito mediante agudas abstracciones y por el hecho de que la verdadera magnitud supera en tal medida la facultad de comprensión e imaginación de la conciencia humana que, al no ser capaz de seguir ese algo real, pero inconcebiblemente grande para ella, lo percibe como infinito, que para ella viene a ser, lógicamente, algo así como el infinito pero no la realidad del infinito, que sólo osan afirmar, construyendo estructuras abstractas, unos matemáticos llamados teóricos, depravados y malvados hasta la médula, sumidos en la investigación de juegos y no de la realidad…”. El infinito es “… una simple construcción, cuya validez no podemos descubrir ni demostrar en la realidad por la sencilla razón de que la realidad no conoce el número infinito, no conoce la cantidad infinita, de que la cantidad infinita no existe para la realidad, porque la realidad sólo existe en territorios finitos, pues, de lo contrario, la propia existencia, la propia realidad serían imposibles…”. A este autor “… le basta escribir el nombre de Cantor para que se perciba que se le ha subido la sangre a la cabeza, pues es Cantor, señala, quien, en contra de todas las cautelas de una mente tan serena como la de Kronecker, selló el espíritu del mundo occidental, la historia escandalosamente limitada del pensamiento científico occidental, él, ese platónico desgraciado, ese lastimoso creyente en Dios, ese enfermo mental sumido en una grave depresión convenció al limitado mundo occidental de que el infinito existe, de que el infinito es parte de la realidad…”

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