Nuestros años treinta

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nuestros años treinta

Francesc de Cabo Vives, Nuestros años treinta. Recuerdos de un militante del POUM, Traducción del catalán de Roger Rodes Goiu, SEPHA, 2005

Colaborador y amigo de Andreu Nin, Francesc de Cabo participó en la fundación del POUM y fue militante y dirigente de este partido y por tanto un testigo excepcional de la trágica trayectoria del mismo. Francesc de Cabo fue testigo de la persecución y de la represión que se llevó a cabo contra el POUM a partir de mayo de 1937, de las calumnias vertidas contra sus militantes, del proceso contra sus dirigentes y del asesinato de Andreu Nin. Este libro es un documento de gran valor para el conocimiento de aquellos hechos trágicos.

En las últimas páginas del libro explica su intención al escribirlo: “He procurado sintetizar, combinando hechos reales separados, pero que forman un todo homogéneo, con el propósito de que los espíritus inconformistas de las nuevas generaciones, puedan hacerse una composición de lugar en relación a actitudes y hechos que las historias de la guerra civil que se escriben esquivan porque todavía queman como una brasa ardiente. (…) Nuestra organización política fue acusada de estar al servicio de la Gestapo y de Franco. Esta absurda acusación no era una simple lucha sin precedentes contra un partido político español. Era otro eslabón, en el plano internacional, del contexto general de la época. Nuestra posición política en relación a la guerra y a la revolución española constituía un obstáculo y debía silenciarse, fuera como fuera, empleando los medios más criminales para conseguir la hegemonía de Stalin en España -baza importante en el tramposo juego político europeo de la época- y posicionarse con ventaja en el enfrentamiento bélico que se veía venir.”

Pulchra leonina

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León-inscripción

León desde el Alto del Portillo

León desde el Alto del Portillo

“Después de la aldea de Valdelafuente subimos a la colina del Portillo, desde la cual tuvimos una vista maravillosa de León, dominado por la mayestática silueta de Pulchra Leonina, la catedral más encantadora de toda España.”

león1

“Permanecí dentro de la puerta contemplando estático cómo la luz del sol del mediodía penetraba por las seis leves ventanas del triforio y de la galería, vibrando en armonías de color sobre la nave central, larga y estrecha, y mezclándose con la confusión de rayos solares oblicuos que convergían desde las ventanas multicolores que hay encima del lejano altar mayor.”

Walter Starkie, El camino de Santiago

Catedral de León, por Ernest Descals

Catedral de León, por Ernest Descals

Árboles

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árboles

Mario Benedetti, Árboles, Ilustraciones de Javier Zabala, Libros del zorro rojo, 2012

La modestia de los árboles es infinita. Cuando la brisa matinal los acaricia, ellos dejan caer dos hojas tiernas, y cuando el vendaval los agrede sin piedad, endurecen sus ramas como rejas. Su tronco recobra entonces la solidez de su origen, y el temporal se aleja, con lluvia de vencido.
En la paz, los árboles reviven, detectan con curiosidad sus diferencias, comparan sus follajes y dan la bienvenida a los pájaros, esos hermanos traviesos que les traen noticias de otros frondosos colegas. Por supuesto, están también las cigüeñas y las lechuzas de campanario, a las que poco les importan los árboles. Los miran desde lejos sin mayor interés, y los robles y los cipreses, y los álamos y los ombúes, buscan consuelo en sus viejas raíces.
Los humanos, en general, se llevan bien con los árboles, con su sombra protectora, con su frescura. Se llevan bien, salvo los leñadores, que por oficio son los asesinos de los árboles y éstos les temen más que al rayo.
Hay árboles que solo tienen ramas y hojas, pero hay otros que además tienen flores y frutos.
Los quiero a todos, vestidos de follaje o desnudos de manzanas.
Allá en la copa, que es su merecido lugar cerca del cielo, está el pájaro gris, o quizá azul o quizá rojo, con sus alas plegadas y su pico entreabierto.
Yo sé que me está diciendo fechas, pronósticos, tal vez alarmas, pero no lo entiendo porque no conozco el idioma de los pájaros, y no le respondo porque él no conoce el lenguaje de los hombres.
Por tanto, asiste silencioso a esta incomunicación de las vidas y entonces yo decido estirar mi brazo izquierdo y me apoyo en su tronco solidario.

Arboles1

Santiago

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Santiago

Federico García Lorca, Santiago, Ilustraciones de Javier Zabala, Libros del zorro rojo, 2007

Santiago

(Balada ingenua)

Esta noche ha pasado Santiago
su camino de luz en el cielo.
Lo comentan los niños jugando
con el agua de un cauce sereno.

¿Dónde va el peregrino celeste
por el claro infinito sendero?
Va a la aurora que brilla en el fondo
en caballo blanco como el hielo.

¡Niños chicos, cantad en el prado
horadando con risas al viento!

Dice un hombre que ha visto a Santiago
en tropel con doscientos guerreros;
iban todos cubiertos de luces,
con guirnaldas de verdes luceros,
y el caballo que monta Santiago
era un astro de brillos intensos.

Dice el hombre que cuenta la historia
que en la noche dormida se oyeron
tremolar plateado de alas
que en sus ondas llevóse el silencio.

¿Qué sería que el río paróse?
Eran ángeles los caballeros.

¡Niños chicos, cantad en el prado.
horadando con risas al viento!

Es la noche de luna menguante.
¡Escuchad! ¿Qué se siente en el cielo,
que los grillos refuerzan sus cuerdas
y dan voces los perros vegueros?

Madre abuela, ¿cuál es el camino,
madre abuela, que yo no lo veo?

Mira bien y verás una cinta
de polvillo harinoso y espeso,
un borrón que parece de plata
o de nácar. ¿Lo ves?
Ya lo veo.

Madre abuela. ¿Dónde está Santiago?
Por allí marcha con su cortejo,
la cabeza llena de plumajes
y de perlas muy finas el cuerpo,
con la luna rendida a sus plantas,
con el sol escondido en el pecho.

Esta noche en la vega se escuchan
los relatos brumosos del cuento.

¡Niños chicos, cantad en el prado,
horadando con risas al viento!

Una vieja que vive muy pobre
en la parte más alta del pueblo,
que posee una rueca inservible,
una virgen y dos gatos negros,
mientras hace la ruda calceta
con sus secos y temblones dedos,
rodeada de buenas comadres
y de sucios chiquillos traviesos,
en la paz de la noche tranquila,
con las sierras perdidas en negro,
va contando con ritmos tardíos
la visión que ella tuvo en sus tiempos.

Ella vio en una noche lejana
como ésta, sin ruidos ni vientos,
el apóstol Santiago en persona,
peregrino en la tierra del cielo.

Y comadre, ¿cómo iba vestido?
le preguntan dos voces a un tiempo.

Con bordón de esmeraldas y perlas
y una túnica de terciopelo.

Cuando hubo pasado la puerta,
mis palomas sus alas tendieron,
y mi perro, que estaba dormido,
fue tras él sus pisadas lamiendo.
Era dulce el Apóstol divino,
más aún que la luna de enero.
A su paso dejó por la senda
un olor de azucena y de incienso.

Y comadre, ¿no le dijo nada?
la preguntan dos voces a un tiempo.

Al pasar me miró sonriente
y una estrella dejóme aquí dentro.

¿Dónde tienes guardada esa estrella?
la pregunta un chiquillo travieso.

¿Se ha apagado, dijéronle otros,
como cosa de un encantamiento?

No, hijos míos, la estrella relumbra,
que en el alma clavada 1a llevo.

¿Cómo son las estrellas aquí?
Hijo mío, igual que en el cielo.

Siga, siga la vieja comadre.
¿Dónde iba el glorioso viajero?

Se perdió por aquellas montañas
con mis blancas palomas y el perro.
Pero llena dejome la casa
de rosales y de jazmineros,
y las uvas verdes en la parra
maduraron, y mi troje lleno
encontré la siguiente mañana.
Todo obra del Apóstol bueno.

¡Grande suerte que tuvo, comadre!
sermonean dos voces a un tiempo.

Los chiquillos están ya dormidos
y los campos en hondo silencio.

¡Niños chicos, pensad en Santiago
por los turbios caminos del sueño!

¡Noche clara, finales de julio!
¡Ha pasado Santiago en el cielo!

La tristeza que tiene mi alma,
por el blanco camino la dejo,
para ver si la encuentran los niños
y en el agua la vayan hundiendo,
para ver si en la noche estrellada
a muy lejos la llevan los vientos.

Santiago

El mito de la máquina

27/10/2015 Comentarios desactivados en El mito de la máquina

el mito de la máquina

Lewis Mumford, El mito de la máquina. Técnica y evolución humana, Traducción de Arcadio Rigodón, Pepitas de calabaza, 2010

Mumford, un gran estudioso de las ciudades y de la arqyuitectura, dedicó un gran esfuerzo al análisis, desde el punto de vista histórico, de la tecnología como fenómeno humano global.

Este libro constituye un análisis amplísimo y pormenorizado realizado desde diferentes campos de estudio como el urbanismo, la arquitectura, la antropología, la historia, la literatura y el arte. Cuando la documentación es escasa, Mumford aboga por la especulación como instrumento necesario para el conocimiento.

A lo largo de la historia reciente, los humanos hemos interpretado nuestro pasado de acuerdo con los esquemas con los que funcionamos relativos a nuestro afán por fabricar máquinas, por conquistar la naturaleza y por “progresar” y “crecer” indefinidamente. Mumford se plantea desde el comienzo de su libro lanzar una mirada hacia el pasado liberada de dichos prejuicios.

En la prólogo nos advierte de cuáles son sus motivaciones para la realización de este estudio: “Solo al no haber podido descubrir fundamento alguno para explicar la abrumadora adhesión del hombre moderno a su tecnología, aún a expensas de su salud, de su seguridad física, de su equilibrio mental y de su posible desenvolvimiento futuro, me decidí a reexaminar la naturaleza del hombre y todo el curso de los cambios tecnológicos”.

Desde las primeras líneas del prólogo se intuye que el recorrido a través del medio millar de páginas del libro nos proporcionará una interesante visión del ser humano y del lugar que ocupa, que ocupamos, hoy en el mundo. A pesar de ser un libro escrito hace más de medio siglo, Mumford ya advertía de algunas de las cosas que ya están aquí: “Con este nueva megatécnica la minoría dominante creará una estructura uniforme, omniabarcante y superplanetaria diseñada para operar de forma automática. En vez de obrar como una personalidad autónoma y activa, el hombre se convertirá en un animal pasivo y sin objetivos propios, en una especie de animal condicionado por las máquinas, cuyas funciones específicas (tal como los técnicos interpretan ahora el papel del hombre) nutrirán dicha máquina o serán estrictamente limitadas y controladas en provecho de determinadas organizaciones colectivas y despersonalizadas.”

 

Reseñas:

– José Ardillo, “Lewis Mumford y el mito de la máquina

El camino de Santiago

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Starkie

Walter Starkie, El camino de Santiago. Traducción de Amando Lázaro Ros, Aguilar, 1958

Las peregrinaciones a Santiago son viajes en el tiempo y en el espacio. Las peregrinaciones a Santiago del irlandés Walter Starkie nos llegan a través de este magnífico libro que es al mismo tiempo un libro de viajes, un libro de historia, un libro de poesía y un libro de memorias. Músicas, leyendas, literatura, obras de arte, arquitectura, ciudades, campos, pueblos, bosques… viven en este libro y reviven en nosotros cada vez que leemos algún fragmento del mismo.

no os agobiéis por el mañana

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“no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.”

Mateo 6, 34

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