La medicina, una institución de control social

22/12/2021 Comentarios desactivados en La medicina, una institución de control social

Artículo escrito hace casi cincuenta años. Hace medio siglo que alguien vio con claridad lo que estaba empezando a pasar. Ahora ya es imparable. Si hasta hace no demasiado tiempo la salvación del alma lo justificaba todo, hoy en día es la salvación del cuerpo, lo que llaman salud. La «salud», no solo lo justifica todo, sino que se ha convertido en lo único importante de verdad. Por este medio las instituciones globales pretenden controlarlo todo: nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestras emociones, lo que podemos hacer y lo que no podemos hacer, dónde estamos y dónde deberíamos estar…

cosas que uno no conoce

11/05/2021 Comentarios desactivados en cosas que uno no conoce

De verdad, anoche le hice tomar una aspirina porque tenía dolor de muelas. La agarró y se puso a mirarla, le costaba muchísimo decidirse a tragarla. Me dijo unas cosas muy raras, que era infecto usar cosas que en realidad uno no conoce, cosas que han inventado otros para calmar otras cosas que tampoco se conocen…

Julio Cortázar, Rayuela, cap. 17

Cuerpo perro

11/01/2021 Comentarios desactivados en Cuerpo perro

Pieter Brueghel el Viejo, «El triunfo de la Muerte»

(Publicado originalmente en el año 2009 en el blog, ya desaparecido, «No había futuro»)

No somos nada, loca. Nos enfrentamos al mundo cruel sin corazas, sin cuernos, sin garras ni dientes. Y casi ya sin defensas. Una simple gripe nos manda al infierno. A veces nos sorprendemos pensando cómo hemos llegado hasta aquí, cuántos se fueron, cómo podemos llegar a viejo entre tantas posibilidades de morir. Estamos expuestos al frío y al calor, a impactos y caídas. A millones de agentes invisibles que penetran nuestro cuerpo y lo manchan del antiguo pecado. La enfermedad es una maldición, ¿y quién no está un poco maldito? El disgusto nos enferma. La infelicidad que hemos creado nos enferma. La falta de autoestima nos enferma. El miedo a enfermar nos enferma.

Necesitamos dignidad para andar a dos patas, pero nuestro cuerpo carece de ella. Y la dignidad de los cuerpos bellos es una flor venenosa que hay que tocar con guantes. Si hubiese un estado natural sería el de querer vivir a toda cosa, fluir simbióticamente en el caldo primigenio devorándonos unos a otros, abriéndonos paso sin discernir el hueso de la carne, procreando sin límite. Pero la naturaleza humana está infectada de cultura. Hemos desarrollado soluciones que desencadenan problemas más amplios. Hemos construido un fortín defensivo que nos aísla de nuestro entorno y nos impide vivir de acuerdo con él. Hemos roto el pacto con la naturaleza y hemos sido expulsados del paraíso de la salud salvaje.

En el origen de la civilización moderna está también el origen de las epidemias y de la gestión de la salud a gran escala. Las grandes concentraciones urbanas se convirtieron rápidamente en focos abonados para las diecisiete plagas. La gestión científica de la salud, el poder sobre la vida y la muerte configuró una forma nueva de dominación, un recurso para imponer normas de conducta, infundir miedo y controlar a la población en función de los intereses productivos.

El estado capitalista se alió con la ciencia, de la misma forma que el poder feudal se sostuvo gracias a su alianza con la religión. Desarrolló la clase científica, y con ella la autoridad médica, una casta que expendía milagros por receta a cambio de un porcentaje del PIB. Se impuso una gestión burocrática de la salud, basada en la estadística y en la intervención externa: el cuerpo era un contenedor de miserias que había que disciplinar y corregir constantemente.

Descubrieron un enemigo a su medida: el virus. A la medida de la mercancía y de su desarrollo multiplicado. La rapidez de las comunicaciones terrestres y los flujos migratorios nos convirtieron a todos en terroristas suicidas. Los virus se hicieron mestizos y dejaron de discernir entre cerdos y humanos.

Gracias al virus, la clase médica en alianza con la clase política conquistó un prestigio y un poder creciente. Bastaba con lanzar una amenaza para captar enormes flujos de capital. La gente lloraba en su hombro, se manifestaba pidiendo más dinero para ellos. El estado clínico se impuso por todas partes. Las farmacéuticas conquistaron un poder enorme, influyendo en los gobiernos, desarrollando nuevas formas de destrucción que afianzaban su futuro, financiando campañas de terror por todo el mundo mientras seguían captando fondos para su labor humanitaria.

Se impuso así la Santa Inquisición del Higienismo, auténtica cruzada armada contra la miseria humana, contra lo pobre, lo cutre, lo salvaje, lo usado. Aquí también se impuso la muerte sobre la vida, el exterminio sobre la razón comprensiva, la fumigación del extranjero, el debilitamiento de lo propio y de lo común.

A las maldiciones naturales se añadieron las iatrogénicas, aquellas enfermedades producidas por su tratamiento invasivo. Hubo auténticas plagas, pero siempre había un virus lo bastante repugnante como para cargar con la culpa de todo.

Los mecanismos humanos de defensa sufrieron un colapso. Dejaron de seguir su programa y se lanzaron contra el propio cuerpo, abotargado de química ortopédica. A las maldiciones naturales y a las iatrogénicas se unieron las inmunológicas, producto de una gran confusión.

Sólo los especialistas tienen la solución. La solución siempre renovada para la maldición que siempre se renueva. La solución se llama vacuna, y no se vende de una en una. La vacuna es la mercancía perfecta. Se difunde casi a la misma velocidad que las plagas, en lotes compactos de consumo obligatorio. Ha de renovarse constantemente, a cada nueva mutación del virus producida por ella misma. Envilece a la especie, haciéndola cada vez más dependiente y necesitada de un estado que vele por ella. Si el negocio decae, siempre puede crearse un nuevo virus, sintético o mediático, para el que previamente la industria ha inventado otra vacuna.

Comemos mierda envasada, higienizada y vitaminada, respiramos dolor a cada paso, somos sujetos experimentales violentamente sacudidos por un mundo en constante estado de emergencia, nos infunden terrores virtuales, pero la culpa es del virus y de nuestra incapacidad para enfrentarnos a él siguiendo los consejos de las autoridades sanitarias.

eztabaida zientifikoa orain!!

24/11/2020 Comentarios desactivados en eztabaida zientifikoa orain!!

Medicina basada en las existencias

06/11/2020 Comentarios desactivados en Medicina basada en las existencias

Peor el remedio que la enfermedad

05/11/2020 Comentarios desactivados en Peor el remedio que la enfermedad

Más de trescientos científicos y profesionales franceses, afirman en este artículo, publicado en Regards.fr el 29 de octubre de 2020, que el remedio del confinamiento es peor que la enfermedad del virus coronado. Lo que dicen es válido para la sociedad francesa, para la nuestra y para cualquier otra, por lo que se puede extrapolar fácilmente. ¿Por qué se empeñan en hacernos creer que la saturación de los hospitales que dicen que se están colapsando ahora es cosa de este bicho?

Artículo original en francés

Artículo traducido al castellano

 

 

 

Refutación completa del sistema del contagio

30/10/2020 Comentarios desactivados en Refutación completa del sistema del contagio

Pedro Mata i Ripollés, Refutación completa del sistema del contagio de la peste y demás enfermedades epidémicas, Imprenta de Pablo Riera, Reus, 1834.

 

Pedro Mata tenía escrito este libro varios años antes de su publicación. No fue publicado antes porque el momento político no era el más adecuado y temía presentarlo a la censura para evitar que fuera considerado como una herejía. En el siglo XIX se consideraba como herejes a quienes se desviaban de los relatos oficiales. Hoy a quienes defienden teorías que se alejan de las aceptadas como dogmas científicos se les califica de negacionistas. Herejes y negacionistas como el mismísimo Galileo Galilei que fue condenado por defender una teoría que se oponía a la «oficial». En tiempos de Galileo eran los dogmas religiosos los que ordenaban el mundo. Hoy son los dogmas científicos. Ambos son un sistema de creencias que no puede ser puesto en duda sin arriesgarse a ser perseguido como hereje, negacionista, pseudocientífico o terraplanista.

Pedro Mata trata de demostrar a lo largo de las páginas de este libro que la teoría del contagio es falsa. Sin embargo, él mismo reconoce que podría estar equivocado, pero no tiene ninguna duda de que esta teoría del contagio, comunmente aceptada, y las medidas de todo tipo que acarrea causa más daños que las propias epidemias. Algo que también podemos ver hoy en día.

En el prólogo del libro se refiere a su responsabilidad como médico de procurar alivio a los enfermos y preservar a los sanos de dolencias, una de las cuales suele ser precisamente el temor al contagio que enferma a los sanos e impide el cuidado de los enfermos:

La profesión de médico que ejerzo me precisa a ser humano, y a consolar a mis semejantes cuando gimen oprimidos del dolor, procurando el alivio a unos, y preservando a los sanos de las dolencias, advirtiéndoles de todo aquello que puede dañarles para que lo eviten; y por esto en tiempos desgraciados de epidemias cuidaría de desempresionarles del temor del contagio, y animaría a que tuviesen la asistencia debida a todos los enfermos, sin tomar otras precauciones que las que dicta una prudente y natural higiene.

El temor al contagio nos convierte en insolidarios, nos aleja de nuestros semejantes e impide el cuidado de los más débiles.

Ante una epidemía, la idea de que existe el contagio «es el motivo de tanto alarmamiento, de tantas providencias, bandos, órdenes, precauciones, y del alboroto que regularmente se comete en todas partes, y en especial en el pueblo que tiene la desgracia de sufrir semejante azote, produciendo de esta manera más mal y estragos, tal vez, que la misma enfermedad. Nadie debe extrañar mi proposición, pues que dando no más que un simple diseño de lo que pasa en un lugar, villa ó ciudad, que la toca la infeliz suerte de padecer semejante infortunio, quedará suficientemente probada, viendo que las medidas que se toman no conspiran a otra cosa que a destruir la salud de aquellos que todavía la disfrutan, al paso que se practican para conservársela, y poner en un estado de desesperación a los infelices que les ha tocado la suerte de ser los primeros decontraer la enfermedad.»

¿No es ésto precisamente lo que estamos viendo hoy, lo que está ocurriendo en estos momentos en todo el mundo?

 

Contra la profilaxis

29/10/2020 Comentarios desactivados en Contra la profilaxis

Agustín García Calvo

¡Una salud futura… qué diablos puede ser eso!

la posibilidad de estar sano, de disfrutar de salud, si es que eso era posible, está impedida constantemente por la necesidad de prevenir las enfermedades que me pueden venir mañana.

CONTRA LA PROFILAXIS

La profilaxis como enemigo de la salud. La salud y la profilaxis no son términos distintos sino puestos. La salud no se sabe bien lo que es, pero la profilaxis sí se sabe lo que es. Nuestro mundo está lleno de ello por todas partes. Tenemos la continua predicación de los medios, con la televisión a la cabeza, con programas dedicados constantemente a la prevención de diversas enfermedades. Tenemos la organización estatal de campañas, ya sea para la prevención del cáncer o del IDA o de cualquier otras cosa más o menos famosa… Tenemos los consultorios de médicos que explican lo que hay que hacer o no hay que hacer para evitar cualquier enfermedad más o menos siniestra… Vivimos en el reino de la prevención, en el reino de la profilaxis. Se diría que el régimen del bienestar está cuidadoso de nuestra salud, preocupado casi constantemente para conseguir que las condiciones de salubridad y de salud sean las mejores posibles. En fin, está como una madre o un padre amable y benéfico velando por nuestros cuerpos, por el buen funcionamiento de nuestros órganos más o menos interiores… Esa es la situación real… Confío que tengamos algo por debajo de nosotros que sospecha que todo eso es mentira. Hay buenos fundamentos para suponer que todo eso es mentira. Yo podría deciros que en general cualquier cosa que aparece en los medios, con la televisión a la cabeza, es mentira. Es decir, dicho de manera negativa, que no puede haber nada que aparezca y se pregone por los medios y se recomiende que no sea mentira. Todo ello es real. Cómo no va a serlo si está destinado a constituir y hacer permanente la realidad. Pero el ser real no le priva de ser mentira en el buen sentido. Es mentira. Y por tanto, la profilaxis y las campañas de profilaxis son mentira. Si os escandaliza demasiado que os diga que todo lo que sale por los medios es mentira… seguramente muchos de vosotros hasta veis la televisión y os informáis por la prensa y por tanto os tiene que costar bastante trabajo reconocer la falsedad esencial de todo esto, tal vez os lo puedo decir de otra manera también, porque el régimen del bienestar, el Estado y el Capital son la misma cosa, es decir, todo lo que mueve dinero es mentira. Esto a lo mejor no os escandaliza tanto y es lo mismo, porque por lo bajo, con eso que nos queda de vivo y de pueblo se sospecha que nada que es bueno para el movimiento y promoción del capital puede ser bueno para la gente, que hay una oposición neta entre lo uno y otro, entre la utilidad para el movimiento del capital y la utilidad para la vida posible de la gente que no se puede curar con nada. Es una contraposición insalvable. De manera que, como consecuencia de esta actitud general, todo eso de la profilaxis, sus campañas, su propaganda, sus organismos y demás es profundamente mentira. Esto lo digo volviéndome también contra mí mismo, porque no debéis olvidar que el régimen que hoy padecemos, el régimen del bienestar o de la democracia desarrollada, está fundado en la fe en el individuo, es decir, en que cada uno personalmente sabe qué quiere, a dónde va, qué le conviene. Y eso hace que uno mismo esté dividido, por lo menos en dos: uno que traga, que se lo cree, que definitivamente colabora con el régimen por la propia fe en sí mismo, y otro que no se lo cree y anda por debajo, que es lo que nos queda todavía de pueblo y que dice, como os estoy diciendo ahora por ejemplo, que eso de la profilaxis es una gran mentira. Mirad un poco más de cerca, o más de frente, la noción misma de la profilaxis. Se trata de una salud futura. Sólo con que yo os diga esto deberíais estar ya sintiéndoos atormentados o con ganas de reír, porque una salud futura es una cosa esencialmente ridícula, y hay, de alguna manera, una contradicción en los términos que apenas hace falta desarrollar. ¡Una salud futura… qué diablos puede ser eso! Uno sabe que futuro no hay más que la muerte, y por tanto quien dice una salud futura pues ya ve qué absurdo está diciendo. Una salud futura es lo que las campañas y la promoción de la profilaxis está sosteniendo. Lo sostiene gracias a que reina en nuestro mundo una equivocación más general. Constantemente, por atender a lo porvenir, por atender al arreglo de nuestra futura vida, asegurarnos condiciones para vivir mejor mañana. En virtud de este régimen de la continua esperanza o miedo, que me da lo mismo; en virtud de esta atención al futuro, lo que se consigue en el presente es no dejarse vivir. Esto es una cosa demasiado elemental. Por eso la voy a repetir y voy a volver a dar ejemplos de ello en otros campos que no son el de la salud. Por ejemplo, bajo el régimen del bienestar, y cada vez más, todas nuestras ciudades, o los conglomerados urbanos que han sustituido a las ciudades, están llenos de obras, levantamientos constantes de calles, cambios de trazados, toda clase de obras, que pueden tener su cartelito de “estamos trabajando por su futuro, perdonen las molestias”. Pues ahí lo tienen. Están continuamente trabajando por nuestro futuro. Y de momento, al trabajar por nuestro futuro nos hacen la puñeta en el presente. Esa es la situación y “perdonen las molestias”. Las molestias son de verdad, las está uno padeciendo ahora, y en cambio aquello por lo que se nos dan esas molestias, eso está allá, es constantemente futuro, es el porvenir que no llega, como dice la copla, el porvenir que no llega nunca. Ahí tenéis un ejemplo y creo que lo que veis en este caso con suma claridad podéis aplicarlo a todo lo demás. La equivocación es esencialmente ésta: por el afán, la esperanza, el miedo de lo que puede venir. Por el intento de arreglar, o incluso planear o programar nuestra vida… por medio de eso lo que se consigue es no vivir, por si acaso era posible evidentemente la programación, planeamiento, preparación, intento de arreglo para el futuro, es una cosa que está ocupando sitio de presente, y que por tanto está impidiendo cualquier resquicio de posibilidades de vida que nos quedaran. Esta es la equivocación constante. […] Esta preocupación por la enfermedad, o por la salud futura, que contribuye de una manera muy importante a consumir nuestras vidas, a que no pase nada de verdad, a que no se pueda vivir, porque las ocasiones de que pase algo, de que se pueda vivir, y por tanto también pensar de verdad, están ocupadas por la preparación del futuro. Están ocupadas por ello y por tanto ya veis que la posibilidad de estar sano, de disfrutar de salud, si es que eso era posible, está impedida constantemente por la necesidad de prevenir las enfermedades que me pueden venir mañana. […] El régimen se preocupa constantemente por nuestro bienestar, por nuestra salud, futura, por supuesto.

Escuchar la charla completa aquí y aquí

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