En nombre de los derechos de las mujeres

09/12/2021 Comentarios desactivados en En nombre de los derechos de las mujeres

Sara R. Farris, En nombre de los derechos de las mujeres. El auge del feminacionalismo, Traducción de Elena Fernández-Renau. Traficantes de Sueños, 2021

Edición original: In the name of women’s rights, Duke University Press, 2017

“No es que las mujeres tengan categoría de colonia, sino que las colonias tienen categoría de mujer.”

MARIA MIES et al., “Women the Last Colony”

La autora constata que en los últimos tiempos ciertos colectivos de feministas y femócratas (representantes del feminismo institucional) se alían con el neoliberalismo y las ideologías nacionalistas de la derecha, e incluso de la extrema derecha, con la pretensión de salvar a las mujeres de otras culturas de las garras del patriarcado de las otras culturas, tal como los imperios pretendían hacer con sus colonias. A analizar este hecho dedica el libro. Lo hace con profundidad. Sus conclusiones son imprescindibles para cambiar nuestra mirada hacia esas otras mujeres. En nombre de sus derechos como mujeres, la sociedad occidental, gracias a la alianza anteriormente mencionada, busca aprovecharlas como mano de obra para sustituir a las mujeres occidentales “liberadas” del yugo de los trabajos domésticos y de cuidados.

“… en el mundo de los trabajadores migrantes, el trabajo de las mujeres migrantes parece obedecer sus propias reglas. Sigue las reglas de género y del «contrato sexual» dentro del hogar, que establece que las mujeres siguen siendo los sujetos a cargo de la reproducción y los cuidados. Pero también sigue las reglas del «contrato racial» según el cual, las minorías raciales y las personas de color siguen siendo aquellas que realizan las tareas menos deseables y menos valiosas de la sociedad.”

Feministas y nacionalistas se prestan al juego del neoliberalismo y del transhumanismo patriarcal que lo que necesita es consumidores y productores asexuados. En la sociedad “ideal” promovida por este neoliberalismo transhumanista, las mujeres occidentales serán borradas como mujeres ya que, supuestamente liberadas, tendrán el mismo papel que los hombres y sus sexos serán indistinguibles, todos serán LGTBIetc. Las que no serán borradas son las mujeres de otras culturas, a las que se “emancipa” de la opresión a la que les someten sus culturas patriarcales, para que realicen los trabajos reproductivos: vientres de alquiler, trabajos domésticos, cuidado de niños y ancianos, prostitución…

Los adioses

03/02/2021 Comentarios desactivados en Los adioses

«Los adioses» (Natalia Beristáin, 2017)

Los adioses

Quisimos aprender la despedida
y rompimos la alianza
que juntaba al amigo con la amiga.
Y alzamos la distancia
entre las amistades divididas.

Para aprender a irnos, caminamos.
Fuimos dejando atrás las colinas, los valles,
los verdeantes prados.
miramos su hermosura
pero no nos quedamos.

Rosario Castellanos

 

Rosario Castellanos, poeta, una mujer que luchó contra los estereotipos de género y por la necesaria liberación de las mujeres del yugo al que están sometidas por el mero hecho de ser mujeres. Esta gran película muestra lo difícil que es, incluso para quienes son conscientes y pretenden luchar por un cambio, escapar de este yugo que ata a las mujeres a un sistema patriarcal en el que siempre son otros los que deciden por ellas.

 

Autorretrato

Yo soy una señora: tratamiento
arduo de conseguir, en mi caso, y más útil
para alternar con los demás que un título
extendido a mi nombre en cualquier academia.

Así, pues, luzco mi trofeo y repito:
yo soy una señora. Gorda o flaca
según las posiciones de los astros,
los ciclos glandulares
y otros fenómenos que no comprendo.

Rubia, si elijo una peluca rubia.
O morena, según la alternativa.
(En realidad, mi pelo encanece, encanece.)

Soy más o menos fea. Eso depende mucho
de la mano que aplica el maquillaje.

Mi apariencia ha cambiado a lo largo del tiempo
—aunque no tanto como dice Weininger
que cambia la apariencia del genio—. Soy mediocre.
Lo cual, por una parte, me exime de enemigos
y, por la otra, me da la devoción
de algún admirador y la amistad
de esos hombres que hablan por teléfono
y envían largas cartas de felicitación.
Que beben lentamente whisky sobre las rocas
y charlan de política y de literatura.

Amigas… hmmm… a veces, raras veces
y en muy pequeñas dosis.
En general, rehúyo los espejos.
Me dirían lo de siempre: que me visto muy mal
y que hago el ridículo
cuando pretendo coquetear con alguien.

Soy madre de Gabriel: ya usted sabe, ese niño
que un día se erigirá en juez inapelable
y que acaso, además, ejerza de verdugo.
Mientras tanto lo amo.

Escribo. Este poema. Y otros. Y otros.
Hablo desde una cátedra.

Colaboro en revistas de mi especialidad
y un día a la semana publico en un periódico.

Vivo enfrente del Bosque. Pero casi
nunca vuelvo los ojos para mirarlo. Y nunca
atravieso la calle que me separa de él
y paseo y respiro y acaricio
la corteza rugosa de los árboles.

Sé que es obligatorio escuchar música
pero la eludo con frecuencia. Sé
que es bueno ver pintura
pero no voy jamás a las exposiciones
ni al estreno teatral ni al cine-club.

Prefiero estar aquí, como ahora, leyendo
y, si apago la luz, pensando un rato
en musarañas y otros menesteres.

Sufro más bien por hábito, por herencia, por no
diferenciarme más de mis congéneres
que por causas concretas.

Sería feliz si yo supiera cómo.
Es decir, si me hubieran enseñado los gestos,
los parlamentos, las decoraciones.

En cambio me enseñaron a llorar. Pero el llanto
es en mí un mecanismo descompuesto
y no lloro en la cámara mortuoria
ni en la ocasión sublime ni frente a la catástrofe.

Lloro cuando se quema el arroz o cuando pierdo
el último recibo del impuesto predial.

Rosario Castellanos, En la Tierra de enmedio

 

Se puede ver la película aquí

Poemas de Rosario Castellanos

El aliado

20/12/2019 Comentarios desactivados en El aliado

Iván Repila, El aliado, Epílogo de Aixa de la Cruz, Seix Barral, Barcelona, 2019

Esto soy yo explicándole a una víctima cómo dejar de serlo.

 

Esperpento en el que un miembro del colectivo privilegiado, los hombres, pretende lograr la redención de las víctimas de sus privilegios, las mujeres, mediante la provocación. Una distopía grotesca y estrambótica poco creíble. Lo más sorprendente es que en la novela las mujeres enfocan sus luchas a conseguir el apoyo de las instituciones y gobiernos y a lograr su presencia en los mismos.

En el Epílogo de Aixa de la Cruz se pueden encontrar algunas de las claves inspiradoras de este esperpento, especialmente en sus referencias a las ideas aportadas al feminismo por Tania Modleski en su libro Feminismo sin mujeres, en el que se describen las actitudes de los hombres considerados como “aliados” de la lucha feminista que en realidad lo que hacen es apropiarse del feminismo para continuar estando en el centro de todo y sometiendo a las mujeres.

El aliado, como en el Evangelio según Judas, es el traidor necesario, ya que “para cumplir su destino de redentor, el profeta necesitaba a un mártir sin gloria”, a un traidor… El aliado se convierte en traidor, no al machismo sino a la propia causa feminista, para beneficiar la lucha de las mujeres.

El aliado asume el papel de defensor de las mujeres, en lugar de asumir el de transformador de los hombres… “Al igual que muchos de los teóricos que se acercaron a los estudios de género, no pudo ser objeto y sujeto del conocimiento que usurpó de las mujeres. Descubrió la causa feminista y la estudió para liderarla, para dominarla, para cambiarla, en lugar de para cambiarse a sí mismo y a los suyos.”

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el violador eres tú

02/12/2019 Comentarios desactivados en el violador eres tú

El pariarcado es un juez que nos juzga por nacer…

y nuestro castigo es la violencia que ya ves…

El violador eres tú…

y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía…

El Estado opresor es un macho opresor…

El violador eres tú… son los pacos, los jueces, el presidente, el Estado…

 

El Estado no me cuida. Me cuidan mis amigas…

Monstruas y centauras

19/09/2019 Comentarios desactivados en Monstruas y centauras

Marta Sanz, Monstruas y centauras. Nuevos lenguajes del feminismo, Anagrama, 2018

este es el lenguaje del opresor
y sin embargo lo necesito para hablarte.

Adrianne Rich, “Arden papeles en vez de niños”

 

Marta Sanz no explica ninguna doctrina, no tiene ninguna tesis, no expone arguentos en defensa de ninguna teoría. Marta Sanz reflexiona, se contradice, piensa… algo que no suele ser habitual. Asume en todo momento sus prejuicios, sus puntos de partida y analiza diferentes interpretaciones del feminismo, cuáles son sus realidades y cuáles sus representaciones… Este libro pretende ser un ensayo, pero se lee como si fuera una novela en la que la protagonista es la propia autora.

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La hora de todas

04/05/2019 Comentarios desactivados en La hora de todas

Obras de Don Francisco de Quevedo, tomo III Ilustración en la página 261

«Tiranos , ¿por cuál razón (siendo las mujeres de las dos partes del género
humano la una, que constituye mitad) habéis hecho vosotros solos las leyes
contra ellas, sin su consentimiento, a vuestro albedrío? Vosotros nos priváis
de los estudios, por invidia de que os excederemos; de las armas, por temor de
que seréis vencimiento de nuestro enojo los que lo sois de nuestra risa.
Habéisos constituido por árbitros de la paz y de la guerra, y nosotras
padecemos vuestros delirios. El adulterio en nosotras es delito de muerte, y
en vosotros, entretenimiento de la vida. Queréisnos buenas para ser malos,
honestas para ser distraídos. No hay sentido nuestro que por vosotros no esté
encarcelado; tenéis con grillos nuestros pasos, con llave nuestros ojos; si
miramos, decís que somos desenvueltas; si somos miradas, peligrosas, y, al
fin, con achaque de honestidad, nos condenáis a privación de potencias y
sentidos. Barbonazos, vuestra desconfianza, no nuestra flaqueza, las más veces
nos persuade contra vosotros lo propio que cauteláis en nosotras. Más son las
que hacéis malas que las que lo son. Menguados, si todos sois contra nosotras
privaciones, fuerza es que nos hagáis todas apetitos contra vosotros.
Infinitas entran en vuestro poder buenas, a quien forzáis a ser malas, y
ninguna entra tan mala a quien los más de vosotros no hagan peor. Toda vuestra
severidad se funda en lo frondoso y opaco de vuestras caras, y el que peina
por barba más lomo de jabalí, presume más suficiencia, como si el solar del
seso fuera la pelambre prolongada de quien antes se prueba de cola que de
juicio. Hoy es día en que se ha de enmendar esto, o con darnos parte en los
estudios y puestos de gobierno, o con oírnos y desagraviarnos de las leyes
establecidas, instituyendo algunas en nuestro favor y derogando otras que nos
son perjudiciales.»

Francisco de Quevedo, La Hora de todos y la Fortuna con seso

Buenos días, guapa

01/02/2019 Comentarios desactivados en Buenos días, guapa

Maxie Wander, Buenos días, guapa. Traducción, prólogo y notas de Ibon Zubiaur. Epílogo de Christa Wolf. Errata naturae, 2017.

Edición original: Guten Morgen, du Schöne, Buchverlag Der Morgen, Berlin, 1977.

Pero habrá que acostumbrarse a que las mujeres no busquen ya sólo igualdad de derechos, sino nuevas formas de vida.
Christa Wolf

Las voces silenciadas, las voces de las mujeres, son las que recoge aquí Maxie Wander. Son 20 mujeres: 19 que hablan de sí mismas y de cómo ven ellas el mundo en el que viven, y una que escucha y que pone por escrito aquello que escucha. Porque las voces de las mujeres siempre se han escuchado interpretadas por las de los hombres y hacía falta que alguien les diera voz por sí mismas. El contexto es el de la Alemania comunista (RDA), en los años 70. Han pasado casi 50 años (medio siglo) para que esas voces lleguen hasta nosotros y lo más sorprendente es que no resultan nada anticuadas.

Sorprende que algunas de las cosas que las mujeres ya habían logrado en los años 70 en la RDA son todavía reivindicaciones pendientes en los sistemas ‘democráticos’ occidentales, tan libres y tan igualitarios en su discurso. Como dice Christa Wolf en el Epílogo: “Las condiciones de nuestro país han permitido a las mujeres desarrollar una autoestima que no implica al mismo tiempo voluntad de mando, de dominio, de sometimiento, sino capacidad de cooperar. Por primera vez en su historia -un progreso enorme- definen su diferencia; por primera vez despliegan no sólo fantasía creadora: también han desarrollado esa mirada ecuánime que los hombres consideraban una cualidad típicamente masculina”.

Lo que significa este libro, cómo está escrito, por qué y para qué… lo explica perfectamente Christa Wolf en el Epílogo. Puede parecer un trabajo de campo etnográfico o una encuesta sociológica, pero es todo eso y mucho más. Es incluso una magnífica obra de creación literaria.

 

¡Buenos días, guapa!
Por una mirada tuya
mil dinares son poco.
Por tus pechos
caminaré diez años.
Por tus labios
me olvidaré de hablar.
Por tus muslos
me ofreceré como esclavo.
¡Buenos días, guapa!
Monta el tordo y cabalga.
Yo te espero en el bosque.
Con una tienda de hijos no nacidos.
Con ruiseñores y un jacinto.
Con la cama de mi cuerpo,
con la almohada de mi hombro.
¡Buenos días, guapa!

Si no vienes,
sacaré del pan el cuchillo,
limpiaré del cuchillo las migas
y te lo clavaré en el corazón.

Se desata y cae la lluvia.
Sentado en el suelo, un hombre llora.
Llora sentado y le reza a Dios.
Se marchó la mujer. Ella está bien.
A algún sitio se va,
con uno de grandes bigotes.
Se detienen en un prado,
y ella le fríe un pollo.
A su marido no le frió ninguno. Nunca.
¡Por eso llora!

(De las Canciones gitanas)

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Teoría King Kong

26/07/2018 Comentarios desactivados en Teoría King Kong

Virginie Despentes, Teoría King Kong. Traducción de Paul B. Preciado. Random House, 2018

Todas sabemos que, en caso contrario, la manada se ocupará cuidadosamente de darnos nuestro merecido.

Aunque en su título aparezca la palabra «teoría», no se trata de un libro sobre teoría feminista, ni de análisis del patriarcado. No expone ninguna teoría. Es un libro en el que su autora reflexiona sobre el hecho de ser mujer. Sobre lo que nuestras culturas exigen a las mujeres, sobre el papel que les corresponde y sobre las diferentes respuestas que las mujeres pueden dar, y de hecho dan, a estas exigencias. Sobre todo es un libro basado en las experiencias de la autora y en la forma en la que ella misma se ha enfrentado, de diversas formas, al papel que la sociedad le había adjudicado por el hecho de ser mujer.

Su lectura pone patas arriba creencias, puntos de vista y opiniones que parecían irrefutables sobre temas como la prostitución o sobre la pornografía. Nada es blanco o negro. Hay muchos matices, y tanto la prostitución como la pornografía, aunque su objetivo sea el sometimiento y la opresión de las mujeres, pueden ser utilizadas por éstas como formas de lucha contra su sometimiento.

 

Lo que me da rabia no es lo que los hombres hacen o son, sino lo que quieren impedirme que haga o lo que quieren obligarme a hacer.

El fracaso de la huelga feminista

10/03/2018 Comentarios desactivados en El fracaso de la huelga feminista

Dicen que una imagen vale más que mil palabras… Esta imagen es la prueba del fracaso de la huelga feminista. A no ser que los objetivos de la huelga no fueran denunciar el patriarcado y el machismo, sino todo lo contrario: apuntalar el patriarcado y el machismo con la colaboración de las mujeres.

El patriarcado es un sistema cultural (más bien, un conjunto de sistemas culturales), extendido globalmente, que se sostiene gracias al control de la reproducción de la especie humana por parte de quienes tienen un pequeño papel en la misma, los «padres». Es evidente que las mujeres y los hombres tienen diferencias biológicas. Al menos, una de ellas de gran importancia: las mujeres pueden parir y los hombres no pueden hacerlo. Sin embargo, esta diferencia no tiene por qué separar a la humanidad en dos grandes grupos. Todas las demás cosas, que no sea parir, las pueden hacer igual hombres y mujeres. La cultura patriarcal parte de esta diferencia biológica para dividir a la humanidad en dos grupos a los que corresponden funciones diferentes, formas de vida diferentes, comportamientos diferentes y valores diferentes. A partir de esta división sexual de la vida, el patriarcado ensalza todo lo que asigna a los «padres» y denigra todo aquello que corresponde a las «madres». El machismo es la consecuencia de esto. El poder, la ambición, el éxito, la fuerza, la razón… se consideran cosas de «machos». A las «hembras» se les asignan papeles siempre subordinados y se consideran representantes de la belleza, la compasión, el cuidado…

El capitalismo es fruto del patriarcado. Valores patriarcales masculinos como la ambición, el éxito, el progreso, o la competencia, son los que se encuentran en la raíz del nacimiento y del desarrollo del sistema capitalista. No podría haber capitalismo sin patriarcado. Tampoco habría machismo.

Las víctimas de este sistema cultural son las mujeres en general, pero también los hombres «débiles», poco competitivos y sin grandes ambiciones. El patriarcado, el machismo y el capitalismo se sustentan en la hegemonía de determinados valores que pueden estar encarnados tanto en hombres como en mujeres. El patriarcado, como cualquier otro sistema cultural, forma parte de las mentalidades de todas las personas, tanto hombres como mujeres. Todos estamos educados en este sistema cultural y cuesta mucho esfuerzo de reflexión y de pensamiento crítico darse cuenta de lo patriarcales que somos todos y todas.

La huelga del pasado 8 de marzo podía haber sido una oportunidad para denunciar el patriarcado, el machismo y el capitalismo. Una oportunidad para denunciar la división de la humanidad entre hombres y mujeres sólo porque unos no pueden parir y las otras pueden hacerlo. Sin embargo, la jornada del 8 de marzo para lo que sirvió es para ocultar la raíz del problema; para construir un discurso políticamente correcto que no resuelve nada, sino que apuntala el patriarcado. No se acabará nunca con el patriarcado, ni con el machismo, estableciendo un sistema de cuotas en todos los ámbitos.

Las mujeres tienen el mismo derecho que los hombres a formar parte de los consejos de administración de las empresas y de la dirección de los partidos políticos. Las mujeres tienen derecho a cobrar el mismo salario que los hombres por igual trabajo. Y los hombres tienen el mismo derecho que las mujeres a quedarse en casa cuidando de sus hijos, de los familiares enfermos y de sus ancianos padres y madres. Cuidar a los hijos o a los familiares enfermos, es una tarea que el patriarcado asigna a las mujeres. Trabajar en puestos de responsabilidad en empresas o partidos políticos, es una tarea que el patriarcado asigna a los hombres. El patriarcado está tan presente en todas nuestras formas de pensar y de ver el mundo que, según algunas de las voces que se escuchaban el pasado día 8 de marzo, parecía como si cuidar a los niños y enfermos fuera un castigo y trabajar en un puesto de responsabilidad empresarial fuera un premio.

El día en que haya tantas mujeres como hombres, o más, en los puestos directivos de las empresas, en los consejos de administración, en los gobiernos, en los partidos políticos y en cualquier ámbito de decisión, el patriarcado no sólo continuará siendo el sistema cultural en el que vivamos, sino que habrá sido reforzado. El sistema capitalista en el que vivimos, y con el que todos colaboramos diariamente, se desarrolló rápidamente gracias a que las mujeres se ocupaban, y se siguen ocupando mayoritariamente, de las tareas imprescindibles de la reproducción: la crianza de los hijos, el cuidado de los enfermos, el cuidado doméstico… Estas tareas de reproducción, aun siendo imprescindibles, dado que no producen valor de cambio en el mercado, son tareas minusvaloradas, si no despreciadas absolutamente. Para que las mujeres se puedan incorporar a tareas de responsabilidad que exigen una gran dedicación, deben abandonar estas tareas… La consecuencia es que estas tareas pasan a formar parte del mercado, pero como su valor de cambio es casi nulo, quienes las realizan vuelven a ser mujeres. En lugar de superar el patriarcado lo habremos agravado al incorporar al grupo de «padres» ricos, blancos y occidentales, a las mujeres ricas, blancas y occidentales, ya que las tareas de reproducción quedarán en manos de mujeres pobres, de color e inmigrantes. No es algo que vaya a pasar. Es algo que ya pasa. En el mundo occidental siguen siendo mujeres las que cuidan, además de a los suyos, a los hijos de otros, a los enfermos de otros y a los ancianos de otros, a cambio de salarios de miseria que no entran a formar parte de las estadísticas con las que se calcula la famosa «brecha salarial» porque no pueden ser comparados con los mismos trabajos realizados por hombres, ya que estos sólo son realizados por mujeres.

El pasado 8 de marzo apenas se oyeron las voces de estas mujeres: inmigrantes, algunas sin papeles, pobres, sometidas a horarios infames, a situaciones laborales precarias, a relaciones laborales de auténtica esclavitud. Tampoco se oyeron las voces de las mujeres que con sus hijos de pecho en brazos se ahogan casi diariamente en el Mediterráneo cuando vienen hacia nuestros países con la esperanza de lograr uno de estos trabajos. Tampoco se oyeron apenas las voces de todas las mujeres que están dispuestas a vender su cuerpo y a alquilar sus vientres para que otras mujeres no tengan que perder el tiempo en algo que les puede impedir triunfar en sus carreras profesionales ahora que ya han conseguido ser casi como los hombres.

Me hubiera gustado poder participar en una marcha en la que hombres y mujeres reivindicáramos juntas el derecho de todas las personas a dedicarse a cuidar de sus hijos, de sus familiares enfermos y de sus viejos y viejas. A lo que asistí fue a marchas de mujeres, en alguna de las cuales se me impidió participar por ser hombre, en las que se reivindicaba que las mujeres tenían el mismo derecho que los hombres a mandar en la economía y en la política. Me parece una reivindicación justa, pero creo que es una reivindicación que no sólo no acaba con el patriarcado, sino que, por ser la reivindicación hegemónica, lo apuntala y lo refuerza.

prostitución

06/06/2017 Comentarios desactivados en prostitución

Decir que las mujeres tienen el derecho de venderse
es ocultar que los hombres tienen el derecho de comprarlas”

Françoise Héritier, antropóloga francesa

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