Los tíos de Sicilia

11/06/2021 Comentarios desactivados en Los tíos de Sicilia

Leonardo Sciascia, Los tíos de Sicilia, Traducción de Alfredo Citraro, Editorial Planeta, 1999

Edición original: Gli zii di Sicilia, Giulio Einaudi editore, Turin, 1958

… llamaban «tíos» a todos los portadores de justicia o venganza, al héroe y al jefe de la mafia; la idea de justicia sale a relucir siempre que se exaltan pensamientos vindicativos.

Cuatro historias, ocurridas en lugares distintos y en diferentes momentos históricos, pero relacionadas entre sí porque en las cuatro los protagonistas son “tíos” de Sicilia portadores, o al menos buscadores, de justicia. Los cuatro relatos son: “La tía de América”, “La muerte de Stalin”, “El quarantotto” y “El antimonio”. Las tres primeras historias transcurren en Sicilia, pero la cuarta se desarrolla en España, durante la guerra civil. Las cuatro historias son alegatos contra la hipocresía de los poderosos.

Algunos fragmentos:

p. 12:
Rousseau diría que estábamos en esa edad en que en la mente hay más palabras que cosas; y, la verdad, palabras teníamos, incluso para las cosas que no conocíamos y que no lográbamos imaginar, palabras de lo más procaces y atroces.

p. 72:
llamaban «tíos» a todos los portadores de justicia o venganza, al héroe y al jefe de la mafia; la idea de justicia sale a relucir siempre que se exaltan pensamientos vindicativos.

p. 123:
Pero hay cosas en la vida que son como un rosario: uno empieza el primer misterio y, si no sigue hasta el final, la oración no vale.

p. 127:
Me hablaba también de la verdadera revolución; la que estaban haciendo se le antojaba como un modo de sustituir al organista sin cambiar ni el instrumento ni la música mientras seguían siendo los pobres los que llenaban el fuelle del órgano.

p. 167:
No hay Dios en la república, sin embargo; en ella están los que lo han sabido desde siempre, como yo, y otros que tiemblan de frío porque la Falange ha tirado para sí toda la manta de Dios.

p. 181:
Franco tenía el rostro lleno y liso como don Carmelo, y también esos ojos que parecían reclamados por el cielo. Me convencí de que era de esa clase de hombres: he conocido a muchos en mi pueblo y en Sicilia, parecen descender de un retablo del altar y hacen todo el mal que un hombre es capaz de hacer, roban y asesinan, y en sus testamentos dejan todo a iglesias y hospitales. […] Sereno y elegante, Franco era clavado al hombre que acaba de alzarse del reclinatorio de terciopelo, y nada bueno se puede esperar de un hombre que reza sobre un reclinatorio de terciopelo.

p. 195:
«¿Sabéis lo que ha sido la guerra de España? Si no lo sabéis, jamás comprenderéis lo que ocurre delante de vuestros ojos; no comprenderéis nunca nada del fascismo ni del comunismo ni de la religión ni del hombre: jamás comprenderéis nada de nada, porque todos los errores y las esperanzas del mundo se concentraron en aquella guerra; como una lupa concentra los rayos del sol Y provoca fuego, así ardió España con todas las esperanzas Y errores del mundo; y hoy el mundo sigue crepitando por aquel fuego».

p. 195-196:
Y sé por qué no muere el fascismo y estoy seguro de conocer todas las cosas que deberían morir con él y de lo que debería morir en mí y en todos los demás hombres para que el fascismo muera de una vez para siempre.

p. 202:
Hasta en una guerra como aquélla era necesario ser hipócrita. Y los comunistas lo eran. Si ellos hubiesen manejado la situación desde el principio, en las iglesias de la república habría habido tedéum en lugar de tiro al blanco; montones de curas habrían cantado misa por la victoria de la república sin el menor titubeo, en vez de acabar frente a un pelotón de milicianos. Los burgueses españoles, los buenos burgueses que van a misa, mataban a millares de campesinos por el hecho de que eran campesinos: sólo por eso. Y el mundo cerraba los ojos para no ver. Pero ante el primer cura abatido por los anarquistas, a la primera iglesia convertida en llamas, el mundo saltó horrorizado y determinaron el destino de la república. Y en el fondo, matar a un cura por ser cura es más justo que matar a un campesino por ser campesino: un cura es un soldado de su fe; un campesino es sólo un campesino. Pero el mundo no quiere saber nada de esto.

p. 203:
Una guerra civil no es estúpida como una guerra entre naciones: los italianos en guerra contra los ingleses o los alemanes contra los rusos y yo, un minero siciliano, mato al minero inglés y el campesino ruso dispara contra el campesino alemán; una guerra civil es algo más lógico: un hombre se pone a disparar por las personas y las cosas que ama, por las cosas que desea y contra las personas que odia; y nadie se equivoca cuando le toca decidir de qué parte está; los únicos que se equivocan son los que se ponen a gritar: « i Paz! i Paz! ». Y tengo la convicción de que a Mussolini, entre todas sus culpas, la de haber enviado a miles de italianos pobres a combatir contra los españoles pobres, no le será perdonada.

p. 218:
En pocas palabras, me había entrado el furor de ver cada cosa desde dentro, como si cada persona, cada objeto, cada hecho fuesen un libro abierto en el que uno puede leer; y también el libro es un objeto que uno puede dejar sobre la mesa y mirarlo, nada más; o puede ser útil para nivelar una mesita coja o para tirárselo a alguien a la cabeza; pero si lo abres y lo lees se convierte en un mundo. ¿Por qué entonces no podrían abrirse todas las cosas, leerse y ser un mundo?

bibliografía:

Historia de la columna infame

18/04/2018 Comentarios desactivados en Historia de la columna infame

Alessandro Manzoni, Historia de la columna infame. Nota de Leonardo Sciascia. Traducción de Elena de Grau, Ediciones Barataria, 2008

Título de la obra original: Storia della colonna infame

Fecha de publicación: 1845

 

Pero los juicios criminales y la gente pobre, cuando no es masa, no se consideran material histórico.

 

Leonardo Sciascia, en su nota a esta edición, considera esta obra de Manzoni como precursora de lo que se podría llamar novela de investigación judicial y a la que él mismo se ha dedicado en varias ocasiones. Esta historia fue publicada por primera vez como apéndice de la gran novela de Manzoni Los novios, pero posteriormente, quizá preocupado por la incoherencia de incluir hechos estrictamente históricos en una obra de ficción, decidió publicarla por separado.

Manzoni trata de recuperar acontecimientos que no suelen ser considerados como material histórico porque no afectan a los grandes poderes ni a los poderosos. Centra su investigación en un juicio contra pobres gentes que, como siempre, son utilizadas como víctimas propiciatorias con el fin de acallar al pueblo y conseguir la sumisión. Para lograr una sentencia ejemplar, los jueces inventan los crímenes y construyen una realidad paralela que les permita ejercer la venganza, imponer el miedo y asegurar el poder de las instituciones sobre el pueblo.

La actualidad de los hechos, transcurridos en el siglo XVII, investigados por Manzoni es evidente. Leonardo Sciascia, en su nota preliminar, nos advierte que: «Decir que el pasado ya no existe –que la tortura institucional ha sido abolida, que el fascismo fue una fiebre pasajera que nos ha vacunado– es de un historicismo de profunda mala fe, cuando no de profunda estupidez. La tortura sigue existiendo. Y el fascismo sigue vivo.»

Hoy asistimos atónitos a procesos judiciales, como en el caso de los jóvenes de Altsasu, o como en el proceso judicial abierto contra el movimiento independentista catalán, en los que desgraciadamente se repiten situaciones como las descritas en este libro.

La portada del libro nos remite a otro proceso judicial, ocurrido hace unos dos mil años, en el que se condenó a torturas y a la muerte a alguien que resultaba incómodo al poder, acusándole de crímenes como la rebelión o la sedición: «Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación, oponiéndose a que se paguen tributos al César y diciendo que él es Mesías y rey». (ver: «Jesús fue juzgado por Roma por el delito de sedición«)

la justicia injusta

14/04/2018 Comentarios desactivados en la justicia injusta

Aquellos jueces fueron «burócratas del Mal», y lo sabían.

Decir que el pasado ya no existe -que la tortura institucional ha sido abolida, que el fascismo fue una fiebre pasajera que nos ha vacunado- es de un historicismo de profunda mala fe, cuando no de profunda estupidez. La tortura sigue existiendo. Y el fascismo sigue vivo.

(de la Nota de Leonardo Sciascia al libro Historia de la columna infame)

«… constatar que unos inocentes fueron condenados por jueces que (…) para considerarlos culpables, para rechazar la verdad que aparecía en todo momento, en mil formas, desde mil vertientes, con caracteres tan claros entonces como ahora, y como siempre, tuvieron que forzar constantemente su ingenio y recurrir a expedientes cuya injusticia no podían ignorar.»

Alessandro Manzoni, Historia de la columna infame, p. 27

 

«Sólo Dios sabe si aquellos magistrados, al dar con los culpables de un falso delito que se quería auténtico, fueron más cómplices que portavoces de una multitud cegada no por la ignorancia sino por la malignidad y la ira, que violaba con aquellos gritos los preceptos más indiscutibles de la ley divina, de la que se jactaba ser seguidora.»

Alessandro Manzoni, Historia de la columna infame, p. 28

 

«… ya que cuando se inicia el camino de la rabia, es natural que los más ciegos sean los conductores. No debe extrañarnos ver a unos hombres que no debían de ser, y que seguramente no eran, de ésos que quieren el mal por el mal, verlos, digo, violar todo derecho con tanta impudicia y crueldad, ya que la creencia injusta da paso a la obra injusta hasta donde lleve la injusta persuasión. Y cuando la conciencia duda, se inquieta, advierte, los gritos de la multitud tienen la fuerza funesta (sobre el que ha olvidado que tiene otro juez) de sofocar los remordimientos, y hasta de impedirlos.»

Alessandro Manzoni, Historia de la columna infame, p. 71-72

 

«¿Qué habrían hecho en ese momento unos jueces a los que la rabia no hubiese pervertido, ofuscado y embotado la conciencia? Se habrían horrorizado por haber llegado tan lejos (aunque no fueran culpables); se habrían consolado de no haber llegado al último e irreparable paso; se habrían detenido en el afortunado impedimento que los salvaba del precipicio; se habrían agarrado a aquella dificultad; habrían querido deshacer aquel nudo…»

Alessandro Manzoni, Historia de la columna infame, p. 111

 

«… escrupulosos en la observación de una formalidad no concluyente mientras violaban las prescripciones más importantes y más positivas.»

Alessandro Manzoni, Historia de la columna infame, p. 115

La desaparición de Majorana

14/10/2017 Comentarios desactivados en La desaparición de Majorana

Leonardo Sciascia, La desaparición de Majorana, Traducción de Juan Manuel Salmerón, Tusquets, 2007.

¿Y no es ya como un sueño de lo que el hombre «era» la sombra que quedó grabada en una pared de Hiroshima?

Como tantos otros libros de Sciascia, éste también puede parecer simplemente el resultado de una investigación periodística o histórica, pero también, como en los otros libros de Sciascia, es mucho más que eso. Es una investigación iluminada por la poesía y por la mirada extrañada de alguien que escribe para entender la vida.

Los apuñaladores

12/10/2017 Comentarios desactivados en Los apuñaladores

Leonardo Sciascia, Los apuñaladores, Traducción de Juan Manuel Salmerón, Tusquets, 2006

… que el prícipe era culpable, y «todos los demás» también, y que era lo de siempre, lo que nunca dejaría de ser: el príncipe quedaba libre y era honrado, y «todos los demás» iban a la cárcel.

Leonardo Sciascia nos ofrece aquí, como en otras ocasiones, una perfecta crónica periodística de un pequeño hecho histórico que fue objeto de un complejo proceso judicial que, como casi siempre, concluyó como era de esperar: siempre pagan los de abajo por los de arriba. Sciascia aborda la historia desde una perspectiva microhistórica, literaria y periodística. Su punto de vista distanciado hace posible el extrañamiento imprescindible para poder penetrar en los recovecos de lo que puede ser visto como verdad y como mentira al mismo tiempo.

El desliz de Sciascia: En la página 83, escribe sobre la Virgen «de la Soledad» y podemos leer: «la música callada, la soledad sonora» de Antonio Machado… ¿De Antonio Machado?

La noche sosegada
en par de los levantes del aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.

San Juan de la Cruz

El regreso de Martin Guerre

15/05/2017 Comentarios desactivados en El regreso de Martin Guerre

Natalie Z. Davis, El regreso de Martin Guerre, Traducción de Helena Rotés, Antoni Bosch editor, 1984

«Yo vi en mi infancia un proceso que Coras (magistrado tolosano) hizo imprimir, de una naturaleza bien rara: tratábase de dos hombres que se presentaban uno por otro. Recuerdo del caso solamente, y no me acuerdo más que de esto, que aquel auxiliar de la justicia convirtió la impostura del que consideró culpable en tan enorme delito, y excediendo de tan lejos nuestro conocimiento y el suyo propio que era juez, que encontré temeridad singular en la sentencia que condenaba a la horca a uno de los reos. Admitamos alguna fórmula jurídica que diga: «El tribunal no entiende jota en el asunto», con libertad e ingenuidad mayores de las que usaron los areopagitas, quienes hallándose en grave aprieto con motivo de una causa que no podían desentrañar, ordenaron que las volvieran pasados cien años.» (Michel de Montaigne, Ensayos, tomo III, 11, «De los cojos»)

La mentira siempre llega a la pata coja (proverbio antiguo)

Aunque es un libro de investigación histórica, encuentro en él mayor valor literario que en la novela sobre el mismo asunto de Janet Lewis La mujer de Martin Guerre. Llamo valor literario a la capacidad de construir verdades posibles, no a la utilización de los habituales recursos literarios para hacer descripciones utilizando imágenes sorprendentes y sugerentes metáforas. No hace esto último la historiadora, pero nos ofrece un relato magníficamente construido en el que todos sus protagonistas, Martin Guerre, Arnaud du Tilh, Bertrande de Rols, Pierre Guerre, el juez Jean de Coras e incluso Michel de Montaigne son analizados a fondo: sus intereses, motivaciones, preocupaciones, estrategias… Además es un relato bien documentado en las fuentes originales existentes. La autora estudió y analizó en profundidad las publicaciones existentes sobre el asunto, fundamentalmente el relato que hizo el propio juez, Jean de Coras, publicado en 1561 y reeditado posteriormente en varias ocasiones (1565, 1572) con algunos cambios y añadidos, y el de Guillaume Le Sueur publicado en 1560, así como una numerosa bibliografía editada posteriormente. Pero no se ciñe exclusivamente a los relatos publicados sino que va más allá y, como buena historiadora, se recorrió diversos archivos en los que encontró informaciones de todo tipo sobre los protagonistas y sobre su entorno más cercano: el pequeño pueblo de Artigat, la diócesis de Rieux y el parlamento de Toulousse, además de todo aquello que pudiera dar noticias sobre el origen vasco de la familia Guerre, que tras su instalación en Artigat, aún conservaba propiedades en Hendaya.

Bertrande de Rols, la mujer de Martin Guerre, no aparece aquí como una mujer preocupada casi exclusivamente por su honor y por el sentimiento de encontrarse en pecado, tal como puede desprenderse de la novela de Janet Lewis, sino que se nos presenta como una mujer inteligente que desarrolla una complicada estrategia para conseguir algo que no logra finalmente, aunque no sale tan mal parada. Su objetivo, tal como se desprende de la documentación y como nos lo presenta la autora, podría haber sido conseguir que Martin Guerre (el  supuesto impostor) fuera absuelto del delito de impostura y usurpación de identidad y por tanto reconocido como el auténtico Martin Guerre para de esta forma poder seguir viviendo unida en matrimonio a él, con su honestidad a salvo. No consiguió ambos objetivos, pero sí, al menos, el segundo de ellos: Arnaud du Tilh fue ejecutado en la horca, pero la honestidad de Bertrande de Rols quedó a salvo.

En cualquier investigación histórica, por muy bien documentada que esté, siempre caben muchas interpretaciones y al final siempre nos queda la duda de dónde está la verdad. ¿Cómo aconteció en realidad? ¿Aconteció? Arnaud du Tilh fue colgado por haber usurpado la identidad de Martin Guerre. Esta parece una de las conclusiones a la que, al igual que el juez Jean de Coras, llegamos los lectores de esta historia prodigiosa. La prueba concluyente fue que en el último momento apareció el auténtico Martin Guerre con su pata de palo… Pero también podría ser que fuera este último el impostor y que por tanto el ahorcado fuera el auténtico Martin Guerre. Hacia el final del libro, la autora nos recuerda un viejo proverbio que dice que la mentira siempre llega a la pata coja. Siempre nos quedará la incertidumbre. Montaigne lo decía en su ensayo «De los cojos«: ¡A tal punto nuestra incertidumbre lo envuelve todo, y tanto nuestra percepción es grosera, obscura y obtusa!»

El interés por el caso de Martin Guerre me surgió a partir de la lectura del libro de Leonardo Sciascia, La sentencia memorable, que trata sobre el mismo.

La novela y la vida

25/04/2017 Comentarios desactivados en La novela y la vida

José Carlos Mariátegui, La novela y la vida. Siegfried y el profesor Canella, Amauta, Lima, 1955

«… el narrador siempre es un impostor, un indeseable que se hace pasar por el autor y que sólo es desenmascarado por los lectores más perspicaces, que suelen ser también los más amargados.» (E. Vila-Matas, Impostura)

Al igual que harían muchos años después Leonardo Sciascia en El teatro de la memoria, y Enrique Vila-Matas en Impostura Marátegui se adentra en los detalles del caso judicial que saltó a las primeras páginas de los periódicos italianos durante los años 30 del pasado siglo. Mariátegui no tenía la perspectiva histórica de Sciascia, ya que escribió esta pequeña novela-ensayo poco antes de morir, es decir, entre 1929 y 1930. Para él no era una anécdota histórica sino un hecho de actualidad.

La perspectiva de Mariátegui es muy diferente de la de Sciascia. El protagonista no aparece como un impostor sino como alguien en busca de su identidad. Mariátegui explora en esta novela los límites entre realidad y ficción y entre los géneros literarios para transgredirlos.

Ahora, Madrid, 1/12/1933, p. 12

 

José Carlos Mariátegui: novelista experimental

 

 

La sentencia memorable

25/04/2017 Comentarios desactivados en La sentencia memorable

Leonardo Sciascia, La sentencia memorable, Traducción de Mercedes Montmany, Mondadori, 1990.

Extraordinaria historia de un falso y sustituido marido

Como una cosa lleva a la otra y por un hilo se llega al ovillo… desde el caso Bruneri-Canella Leonardo Sciascia llegó hasta el caso Martin Guerre, y desde El teatro de la memoria este lector ha llegado a La sentencia memorable, libro totalmente agotado e inencontrable en su edición en castellano pero del que encontré una copia en internet.

Documentándose sobre el caso Bruneri-Canella, Leonardo Sciascia tuvo conocimiento de otro caso similar ocurrido en el siglo XVI: el caso de Martin Guerre. Este caso era mencionado en una obra publicada en Francia en 1806 con el título Abrégé des causes célèbres, aunque la fuente original de esta causa se hallaba en la relación que hizo Jean de Coras, uno de los jueces que intervino en la misma, publicada en 1565: Arrest memorable du Parlament de Tolose contenant une histoire prodigeuse de nostre temps… El mismo caso fue mencionado también por Montaigne en el capítulo XI del tomo III de sus Essais, titulado «De los cojos«. A partir de estas fuentes, Sciascia construye un relato de los hechos en el que se intercalan los puntos de vista del propio autor con los de los jueces que vieron el caso, con los de Montaigne y con los de otros autores que han abordado el caso desde la ficción o desde la pretensión de una reconstrucción «histórica» del mismo.

Bibliografía sobre el caso de Martin Guerre:

Películas:

El teatro de la memoria

25/04/2017 Comentarios desactivados en El teatro de la memoria

Leonardo Sciascia, El teatro de la memoria, Traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona, Tusquets, 2009

Grande e insondable es el misterio de la memoria

“¡A cuántos desgraciados que regresan al cabo de los años, cambiados, irreconocibles, casi sin memoria, no se habrán disputado hermanas, mujeres, madres, madres sobre todo! ‘¡Es mío!’ ‘¡No, mío!’ Y no porque vieran el parecido, no,  sino porque así lo habían creído, porque así habían querido creerlo… Y de nada sirven pruebas en contra cuando se quiere creer…”  (Luigi Pirandello, Come tu mi vuoi)

«La policía y la psiquiatría de la Italia fascista resolvieron, sin demora, que un solo italiano no podía ser al mismo tiempo el tipógrafo Bruneri de Turín y el profesor Canella de Verona» (José Carlos Mariátegui)

El mismo gusto por las anécdotas de la historia que llevó a Mérimée a confesar que prefería las memorias de Aspasia a las sesudas obras de Tucídides, a Sainte-Beuve a citar a Mérimée, a Julien Benda a retomar equivocádamente la cita de Sainte-Beuve, y a Leonardo Sciascia a apoyarse en esta última cita de citas, descubriendo el error contenido en ella, como epígrafe de su novela, es el que me ha hecho, además de por muchas otras razones, disfrutar de este libro, al igual que de tantos otros basados en pequeñas anécdotas de la historia como la de la capellana de Plasencia de las Armas.

La anécdota en la que se basa Sciascia para tejer este relato es la misma que sirvió a Vila-Matas para escribir Impostura, una de sus primeras novelas y uno de sus primeros acercamientos al tema de la identidad imposible y de la impostura en la que incurren siempre los escritores, pues el relato de un acontecimiento real supone falsearlo de alguna manera, ya que el escritor siempre toma partido desde el momento en el que a partir de una realidad crea otra, la realidad narrada por él, que constituye la ficción del relato. Así pues, el hecho de narrar algo es ya por sí mismo una forma de impostura.

Sciascia aprovecha un caso judicial que conmovió a la Italia del fascismo entre los años 1927-1931 y que dejó secuelas en la memoria colectiva. El conocido como caso Canella-Bruneri trató de aclarar una supuesta usurpación de personalidad. Fue también conocido como el caso del desmemoriado del manicomio de Collegno.

El título del libro de Sciascia, aunque hace referencia al proyecto de Giulio Camillo, quien pretendió con él crear un espacio que, cual una biblioteca de Babel como la soñada por Borges, pudiera contener todo el conocimiento humano, no tiene tanto que ver con esta idea como con las comedias de Pirandello, como Enrico IV y sobre todo Come tu mi vuoi en la que se basó la película As You Desire Me dirigida en 1932 por George Fitzmaurice.

El primer escritor que se ocupó de este caso fue José Carlos Mariátegui, quien escribió La novela y la vida. Siegfried y el profesor CanellaJorge Luis Borges se basó en otro caso histórico, el caso Tichborne, para escribir un magnífico relato titulado El impostor inverosímil Tom Castro, en el que se refiere a «una impostura de insensata ingeniosidad».

Existen varias películas que recrean el caso Canella-Bruneri:

Reseñas

– Antonio Saborit, «La amnesia es una aliada del recuerdo«, Nexos, 1 de abril de 1987

Bibliografia

Corte d’appello di Firenze. Audiencia del 1 de mayo de 1931 (Il Foro Italiano, Vol. 56)

La Stampa (1927)

– Alberti G. (1960), Eppure… era Canella, Libreria Dante, Verona.

– Alpino L., Perchè è Canella… Perchè non è Bruneri

– Bocci M. (2003), Agostino Gemelli rettore e francescano. Chiesa, regime, democrazia, Morcelliana, Brescia. 

– Brugia R. (1927), «Divagazioni psicologiche sul caso Canella», Rivista di Psicologia, 23(1), pp. 29-35. 

– Bruneri F. (1931), La vita dell’uomo di Collegno narrata da suo fratello, Grassi, Venezia. 

– Calligaris G. (1929), Perizia sullo sconosciuto di Collegno, Tipografia del Seminario, Padova. 

– Calligaris G. (1930), In margine allo sconosciuto di Collegno, Verona.

– Canella F. (1927), Memoriale della famiglia Canella, Tipografia Baravalle e Falconieri, Torino. 

– Canella F. (1938), Lettera aperta al signor Ugo Sorrentino della scuola scientifica di polizia di Roma su la tragica beffa di Collegno, Graphica Saue, Rio de Janeiro. 

– Canella G. (1930), Alla ricerca di me stesso. Autodifesa, Cabianca, Verona. 

– Cavari G. (1927), Il mistero di Collegno ovvero Colui che ha smarrito se stesso (il più grande mistero del secolo). Romanzo corredato di documenti, fotografie, lettere, diari, etc., La Madonnina, Milano. 

– Coppola A. (1928a), La psichiatria italiana di fronte allo «sconosciuto» di Collegno: contributo allo studio della simulazione di psicopatie (note di psichiatria forense), Arti Grafiche San Bernardino, Siena. 

– Coppola A. (1928b), «L’«Afasia» nei poliglotti e la simulazione nello «Sconosciuto» di Collegno (Risposta al Prof. Mingazzini)», Rivista di Patologia nervosa e mentale, 33(2), pp. 359-393. 

– Coppola A. (1931), Il caso Bruneri-Canella all’esame neuropsichiatrico. Studio psico-biografico e medico-legale sullo «Sconosciuto di Collegno», Tipografia San Bernardino, Siena. 

– Cosmacini G. (1985), Gemelli. Il Macchiavelli di Dio, Rizzoli, Milano. 

– Dal Bon, Christine (2014), Oublier son nom. Histoire d’un cas. L’Amnésique de Collegno, Imago.

– Ferrari G.C. (1927), ««Coscienza» e «subcoscienza» nel «caso Bruneri»»,  Rivista di Psicologia, 23(1), pp. 36-45. 

– De Martini E. (1929), L’ultima parola intorno al mistero Canella-Bruneri. Identificazione dello sconosciuto di Collegno quale Prof. Giulio Canella per mezzo della legge dell’ereditarietà astrale, Rocco, Napoli. 

– Ferretti B. (1931), Le impronte? culturali dopo le impronte digitali ovvero Mario Bruneri svelato da se stesso. Appunti sulle cosidette memorie del cosidetto smemorato prof. Giulio Canella, Arti Grafiche Mario Sijmand, Milano.

– Gemelli A. (1934), «Compiti e missioni della Neoscolastica italiana dopo venticinque anni di lavoro», Indirizzi e conquiste della filosofia neoscolastica italiana, suppl. spec. della Rivista di Filosofia Neoscolastica, agosto. 

– Gros, G.-J. (1937), De Siegfried l’amnésique qu’imagina Giraudoux à Jean Prufer l’amnésique de Saint-Germain, Le Monde Illustré, 3/7/1937.

– Johnson Da Fidenza M.A. (1932), Chirologia Scienza delle linee della mano. Con un’appendice di chiromanzia e uno studio sul «caso di Collegno», Hoepli, Milano. 

– Julini M., Berruti P., Celia M., Centini M. (2004), Indagine sullo smemoratodi Collegno, Ananke, Torino.

– Mariátegui, J.C. (1955), La novela y la vida. Siegfried y el profesor Canella, Amauta, Lima.

– Mingazzini G. (1930), Parere circa lo stato mentale dello «sconosciuto» degente nel manicomio e sulla perizia redatta sul medesimo dal dottor Coppola, Scuola Tipografica «Casa Buoni Fanciulli», Verona.

– Musatti C. (1931), Elementi di psicologia della testimonianza, CEDAM, Padova

– Ortelli, A. (1927), La famosa vicenda dello smemorato di Collegno, L’illustrazione del popolo, 27/3/1927, Torino.

– Parisi G. (1946), Giulio e Giulia Canella nel fosco dramma giudiziario dello«Sconosciuto di Collegno», Bettinelli, Verona. 

– Perrando G.G., Pellegrini R. (1929), Osservazioni medico-legali circa la presunta identità dello «Sconosciuto di Collegno» col tipografo Mario Bruneri, Tipografia del Seminario, Padova. 

– Ponzo M. (1923), «Contributo alla psicologia della testimonianza. La prova della bandiera», Archivio Italiano di Psicologia, 2(4), pp. 230-244. 

– Roscioni L. (2007), Lo smemorato di Collegno. Storia italiana di un’identità contesa, Einaudi, Torino. 

– Sciascia, Leonardo,  El teatro de la memoria, Tusquets, 2009.

– Sorrentino, Ugo (1946), La scienza contro il crimine… Appendice: Il caso Bruneri-Canella, Edizioni Toso, Roma.

– Vescovi V. (1942), Una causa celebre: «Bruneri Canella». Ricordi e curiosita, Longo e Zeppelli, Treviso. 

– Vila-Matas, Enrique, Impostura, Anagrama, 1984

– Zago S., Sartori G., Scarlato G. (2004), «Malingering and retrograde amnesia: The historic case of the Collegno amnesic», Cortex, 40, pp. 519-532.

Libros sobre el caso Canella-Bruneri en la Biblioteca de Collegno

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