Poema al astro de luz memorial

14/10/2021 Comentarios desactivados en Poema al astro de luz memorial

Marc Chagall, «En torno a ella»

(Yo todo lo voy diciendo para matar la muerte en «Ella»)

TESIS: Es más Cielo la Luna que el Cielo, si una Cordialidad de la Altura es lo que buscamos.


Astro terranalicio de la luz segunda astro terranalicio de la luz dulce que con aventura extraña visitas las noches de la tierra, unas sí y otras no, pero siempre de una noche para otra con diversa libertad de visita, siempre o más breve o más detenida y cada serie de tus visitas comienzas tímidamente y mitad decreces noche a noche y mitad decreces noche a noche, haciéndote un visitante diferente de noche en noche, para en mínimo ser cual comenzaste partir a un no volver de algunos días.
Astro terranalicio de un día sí y otro no, de una vez más y otra menos, pero que no dejas nunca de serlo.
¿Para qué astro eres entonces visita de sus noches, pues no eres terrenal en tus ciertas ausencias, o es que los otros días piensas en ti sola como sólo en la tierra en las noches de tu plena luz?
Dile a un poeta que no lo sabe todo, si está hecha tu ausencia con un pensar en ti, o quizá con un lucir a otro. Porque poeta es saberlo todo.
Trechos de tu órbita la tierra no los sabe, y ella tan cierta está de algún imposible tuyo para tenerse en sus noches y este amor alternante no se enduda, en tanto en mí, hombre de continuidad en humano amor me puso incurablemente en sospecha.
Pero te amamos tanto, astro de la luz segunda, tu dulce luz tanto amamos memorizando a la tierra el sol no presente con tu luz recuerdo; yo al menos te amo tanto, que cuando vuelves ceso de creer en tu ausencia de ayer y de otros días. También como la tierra, yo creo que sólo por imposible ayer no estabas.
Astro memorioso que esmeras un día de cada dos en tocar de diurnidad la noche terrenal, cual si supieras que la memoria solar de la tierra solaricia es desfalleciente de un día a otro alternado día y si antes y después le has de hacer noches diurnales a la tierra y lo haces tú, tú que no tienes olvido por ausencia, tú que ausente por noches fías en la memoria de ti por la tierra, inquiétaste por la memoria solar de la tierra.
Tutora de la fidelidad terrenal al recuerdo del sol, en eso eres solaricia; pero eres terranalicia en tu fidelidad de compañía a la órbita de la tierra.
He comprendido un misterio tuyo pero éste no.
Terranalicia tú, solaricia la tierra ¿es que velas por toda la memoria en el mundo y amas más las memorias, por más reales, que los presentes? Aquí callo sin comprender.
¿O es que no nos vienes en tu amor sino en un menos amor y en principal cuida del amor solario de la tierra?
Cuando te veo recién arribada, alcanzado por ti nuestro borde, pareciendo vacilar allí y como a emprender un rodar a lo largo del horizonte por gustarlo, y luego te pliegas a un ascenso ¿qué nos quieres decir así?
Quedemos sin saberlo hoy también; mañana, más tarde —para qué son nuestros días sino para trabajar más y otra vez los misterios— más enérgicamente, en buena hora de mi espíritu contemplaré, escucharé el misterio de tu sentido en el misterio todo.
Cuando tú quieres ser el ojo del ciprés y con un mirar obseso aferras nuestra contemplación debemos comprenderte dolorida, tanto como cuando nosotros en un no poder ya resistir nos revolvemos como tú ahora oh único astro que mira (pues todos los otros saetan ásperos de chispas que nunca miraron).
Oh único astro de mirada, nos revolvemos clamando hacia el no ser.
Y ya ahora te desprendiste del follaje y tiendes hacia el horizonte, te serenas, vagas y cuando la nubecilla en gran viento flota, te aguzas flecha disparada de ella vertiginosa para detenerte, serenarte cunado huiste bastante de aquel pasajero copo al que le opusiste tu fuga, caprichosa triste y complacida de tu juego y nuestro asombro, nos encaras con ligereza y en fin vas cayendo con ladeado mirar distraído hacia el borde del mundo.
Y ya te fuiste, con tus pobres dichas y quejas. En toda la andanza, sólo en el perfil de los cipreses lloraste, y tanto que pediste nuestra piedad. Y ahora por faltar tuyo un cielo sin mirada en las noches, ahora sólo habrá astros que agitan, no tú que acompañas.
Oh, sí, acompañas con cuántas gracias saltas de copa en copa siguiéndonos entre los árboles con tus saltitos de luz a sombras.
El único mirar dulce que viene de lo alto es el tuyo el chispear del viaje de indiferencia de las otras estrellas molesta y agita, y no nos mira.
Heridos de ellas, corremos a ti cuando apareces y con dolor nuestro comienza la ausencia tuya.
Sí; porque pudiera que el móvil chispear de las estrellas sea dolor como hay dolor en nosotros pero es que tú, luna, que también sufres, miras y acompañas.
Eres más sabia o afortunada en la mitigación participante.
Qué es la luna no lo sabemos hombres y aun artistas y poetas, qué sentido tiene su ser y sus modos, su adhesión a la tierra, su seguimiento al sol, su mediación mnemónica entre la tierra y el sol y por qué quiere hacer diurnales unas y no otras de las noches terrenas, y tantas cosas más neciamente explicadas, que de ella ignoramos pero que sólo puede explicarlas la doctrina del misterio.
Que el sol te atrae, que la tierra también, que recibes la luz del sol y sin amor, por fuerza la reflejas a la tierra, éstas no son explicaciones; no se nos dice por qué el sol brilla, por qué en torno suyo gira la luna en torno de la tierra, ya que pudo ser otramente; por qué hay una luz interceptable, por qué hay una luz que tiene sombras, por qué ceden a su paso unas cosas y otras no y hay lo opaco y lo traslúcido.
Mecánica dirá por qué, pero yo no pregunto sino para qué razón para el alma, pues conciencia se anula si admite un mundo rígido, y todo el porqué físico no es más que decirme el antes de algo, o sea una evasión no una respuesta.
Lo que anhelamos explicar es qué debemos sentir y adivinar ante estos hechos, ante el comportamiento lunar, qué nos quiere decir y de qué manera concierta con el misterio total único. La espontaneidad, el acontecer libre, no es una respuesta; es un renunciamiento explicativo.
Todavía no poeta, no soy poeta, no hay poeta, pues de eso no se sabe. Hasta ahora, pues, sólo vivimos.
Debió enseñarsenos y debimos entenderlo antes que nuestro saber ignorado innato y luego nuestro acto nos hicieran gustar por primera vez el pecho materno. ¿Pero cómo, se dirá, ha de esperar el niño a conocer el sentido de la luna para empezar a nutrirse, si en tanto morirá? ¿Pero por qué, digo yo, ha de precisar nutrirse antes de entender el sentido de la luna y se ha de morir si deja lo uno por lo otro? La ciencia nada explica, es evidente; pero el poeta no lo dijo nunca tampoco, aún.
Y yo miraré la próxima luna todavía sin entenderla.
Oh luna, que puede amarse, bien me pareces pobrecita del cielo.

Macedonio Fernández («Poemas», 1953)

Bibliografía:

Maiakovski: demonio y dios

28/11/2020 Comentarios desactivados en Maiakovski: demonio y dios

De Juan Bonilla, Prohibido entrar sin pantalones, p. 214:

No plantéis ningún árbol,

más bien quemad un bosque,

no tengáis ningún hijo,

más bien pagad un buen aborto a vuestras novias,
no escribáis ningún libro,

más bien majad a palos a los críticos literarios.

Marc Chagall, El ángel caído

[…] tengo otra versión del anterior, igual te gusta más:

Primero planta un árbol.

Deja crecer el árbol y ten entonces un hijo.
Deja crecer al hijo y tala el árbol.

Con la madera confecciona una cruz.

Clava en ella a tu hijo.

Por fin podrás escribir un libro sobre el asunto.

Marc Chagall, El crucificado, 1944

EL OJO DE LA ALEGRÍA

17/05/2020 Comentarios desactivados en EL OJO DE LA ALEGRÍA

 

EL OJO DE LA ALEGRÍA (UN CUADRO DE CHAGALL Y SCHUBERT)

La muerte y la muchacha
abrazadas en el bosque
devoran el corazón de la música
en el corazón del sinsentido

una muchacha lleva un candelabro de siete brazos
y baila detrás de los tristes músicos
que tañen violines rotos
en torno a una mujer verde abrazada a un unicornio y a una mujer azul abrazada a un gallo

en lo bajo
y en lo triste
hay casitas
que nadie ve
de madera, húmedas,
hundiéndose como barcos,
¿era esto, pues, el concepto del espacio?
criaturas en erección
y la mujer azul
en el ojo de la alegría enfoca directamente
la taumaturga estación de los amores muertos.

ALEJANDRA PIZARNIK, Textos de sombra

 

La famille

24/12/2018 Comentarios desactivados en La famille

Marc Chagall, La Famille, 1954

Schwingt freudig euch empor

06/12/2018 Comentarios desactivados en Schwingt freudig euch empor

Elevaos con alegría hacia los astros

Pintura: Le Couple dans le paysage bleu (Marc Chagall)

J. S. Bach, Cantata BWV 36Schwingt freudig euch empor

1er Domingo de Adviento

Interpretada por primera vez en Leipzig el 2/12/1731

1. Chœur Schwingt freudig euch empor

2. Choral (Soprano, Alto) Nun komm, der Heiden Heiland

3. Aria (Ténor) Die Liebe zieht mit sanften Schritten

4. Choral Zwingt die Saiten in Cythara

5. Aria (Basse) Willkommen, werter Schatz

6. Choral (Ténor) Der du bist dem Vater gleich

7. Aria (Soprano) Auch mit gedämpften, schwachen Stimmen

8. Choral Lob sei Gott, dem Vater, g’ton

Soprano –  Peter Jelosits (Wiener Sängerknaben)

Alto –  Paul Esswood

Tenor –  Kurt Equiluz

Bajo – Ruud Van der Meer

Wiener Sängerknaben & Chorus Viennensis – Hans Gillesberger

Concentus musicus Wien – Nikolaus Harnoncourt

Schwingt freudig euch empor zu den erhabnen Sternen,
Ihr Zungen, die ihr itzt in Zion fröhlich seid!
Doch haltet ein! Der Schall darf sich nicht weit entfernen,
Es naht sich selbst zu euch der Herr der Herrlichkeit.

 

Elevaos con alegría hacia los astros,
Vosotras, voces, que ahora habitáis alegres en Sion!
Pero deteneos! Vuestro sonido no tiene que llegar demasiado lejos,
Pues el Señor de la gloria se aproxima en persona.

 

Salmo 44

23/11/2018 Comentarios desactivados en Salmo 44

Danilo Kis, Salmo 44. Traducción del serbio de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek, Acantilado, Barcelona, 2014.

Título original: Psalam 44

Nos haces el escarnio de nuestros vecinos, irrisión y burla de los que nos rodean. Nos has hecho el refrán de los paganos, nos hacen muecas las naciones.
Salmo 44, 14-15

 

Regreso una vez más al Salmo 44 de Danilo Kis. Es una oración y un grito. Un grito de esperanza en medio del horror. El horror de ser conducidos al matadero sin saber por qué. La escritura de Danilo Kis es una avalancha que arrastra al lector introduciéndole en un torbellino en el que queda atrapado.

Psalm 44 (Marc Chagall, aguafuerte)

Uno de los momentos más escalofriantes de la novela es la descripción de la masacre que tuvo lugar en el invierno de 1942 en Novi Sad, de la que el propio Danilo Kis fue testigo cuando contaba con siete años de edad.

Novi Sad. Monumento a las víctimas de la masacre de 1942

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Fresas

23/08/2018 Comentarios desactivados en Fresas

Joseph Roth, Fresas. Traducción del alemán de Berta Vias Mahou. Acantilado, Barcelona, 2017

Título original en alemán: Erdbeeren

En mi ciudad de origen vivían unas diez mil personas. De ellas, tres mil estaban locas, aunque no suponían ningún peligro público. Una suave demencia las envolvía como una nube dorada.

Un viaje hacia la infancia con la inocencia, la ironía y el color de un cuadro de Marc Chagall. En este breve relato Joseph Roth recupera un mundo que dejó de existir al poco tiempo de ser vivido por él. Se trata de aquel mundo de pueblos y pequeñas ciudades de Europa Central, habitadas por comunidades judías, cuya cotidianeidad fue retratada por Marc Chagall y que Joseph Roth describe con el mismo colorido.

La tienda del pueblo (Marc Chagall, 1911)

Como un bárbaro

Marc Chagall

Allí donde se apretujan las casas retorcidas
allí donde se empina el camino del cementerio
allí donde corre un ancho río
allí es donde soñé mi vida
Un ángel vuela por el cielo en la noche
un blanco relámpago sobre los tejados
Me predice un larguísimo camino
va a gritar mi nombre por encima de las casas
Pueblo mío, canto siempre para ti
¿Te gustará este canto?
De mis pulmones surge una voz
llena de pena y de cansancio
Pinto siempre por ti
Flores, bosques, gentes y casas
Como un bárbaro coloreo tu rostro
Noche y día te bendigo

 

El eco de las bodas

27/03/2016 Comentarios desactivados en El eco de las bodas

El eco de las bodas

Luis Mateo Díez, El eco de las bodas, Alfaguara, 2003

«La gente volvía a casarse a todo trapo después de un período de menos relumbre, cuando cierta juventud medianamente progresista decidió hacerlo de trapillo y casi de tapadillo…»

Este libro es un regalo de bodas. Un regalo por acompañar y cuidar en una boda de las de ahora, de las de estos tiempos sombríos en los que vivimos en los que los rituales se han vaciado de contenido y se han convertido en una mercancía más, como todo.

Este libro, que cuidaré como una joya por su origen, por el significado que tiene para mí, por la preciosa portada que reproduce un conocido cuadro de Marc Chagall, por el sosiego con el que lo he leído en una mañana primaveral con temperatura invernal, al día siguiente de asistir a una extraña boda en la que los signos ocultaban los significados, pero muy importante para quien esto escribe porque lo es  su principal protagonista, contiene tres relatos sobre los sentimientos, las ilusiones, la felicidad, el desamor, la nostalgia, el miedo, sobre «el vértigo de las cosas», las pequeñas cosas que conforman por azar nuestras vidas en las que nunca hay vuelta atrás. Están escritos en un lenguaje moderadamente manierista que hace que su lectura suponga un cierto esfuerzo de concentración y que obliga a veces a una o varias relecturas, prolongando así el placer proporcionado.

Reseña en «El hombre vivo»

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