El hablador

27/10/2018 Comentarios desactivados en El hablador

Ilustración: Pep Carrió

Mario Vargas Llosa, El hablador, Alfaguara, 2007

Primera edición en Seix Barral, 1987

“Escribir no significa convertir lo real en palabras, sino hacer que la palabra sea real.”

Augusto Roa Bastos, Yo el Supremo

 

“Para mí, la idea del despuntar de la civilización se identifica más bien con la ceremonia que tiene lugar en la caverna o el claro de bosque en donde vemos, acuclillados o sentados en ronda, en torno a una fogata que espanta a los insectos y a los malos espíritus, a los hombres y mujeres de la tribu, atentos, absortos, suspensos, en ese estado que no es exagerado llamar de trance religioso, soñando despiertos, al conjuro de las palabras que escuchan y que salen de la boca de un hombre o una mujer a quien sería justo, aunque insuficiente, llamar brujo, chamán, curandero, pues aunque también sea algo de eso, es nada más y nada menos que alguien que también sueña y comunica sus sueños a los demás para que sueñen al unísono con él o ella: un contador de historias.”

Mario Vargas Llosa, “El viaje a la ficción

 

Qué miserable debe ser la vida de los que no tienen, como nosotros, gentes que hablen.

Algunas cosas saben su historia y las historias de las demás; otras, sólo la suya. El que sabe todas las historias tendrá la sabiduría, sin duda. De algunos animales yo aprendí su historia. Todos fueron hombres, antes. Nacieron hablando, o, mejor dicho, del hablar. La palabra existió antes que ellos. Después, lo que la palabra decía. El hombre hablaba y, lo que iba diciendo, aparecía. Eso era antes. Ahora, el hablador habla, nomás. Los animales y las cosas ya existen. Eso fue después.

Vargas Llosa, interesado en el poder de la fantasía convertida en literatura, queda fascinado por la tradición oral de los matsiguenga, un pueblo que él considera “primitivo”, y construye un relato en el que realidad y ficción quedan entretejidos.

Ilustración: Fabricio van den Broeck (Letras Libres)

Es una novela que propicia múltiples lecturas. Por un lado, indaga en la importancia de la palabra para atizar “la curiosidad, la fantasía, la memoria, el apetito de sueño y de mentira”, sea esta oral o escrita. Pero también reflexiona sobre el poder de la palabra para la creación y el mantenimiento del sentimiento de comunidad; sobre la actitud ante lo que él considera “pueblos primitivos” y su encaje en la modernidad, abriendo un debate “indigenista” lleno de matices; o sobre las metamorfosis que conducen a alguien a convertirse en “hablador” o en insecto chicharra-machacuy o en Tasurinchi-Gregorio Samsa, como si Kafka hubiera viajado al río Urubamba.

Por otra parte, esta novela es un ejercicio literario en el que Vargas Llosa, metamorfoseado en “hablador”, en Mascarita, en insecto Tasurinchi-Gregorio, recrea el mundo mitológico de los pueblos de la selva amazónica por medio de un lenguaje que trata de aproximarse a la oralidad de dichos pueblos. No cabe duda de que Vargas Llosa se ha documentado ampliamente, como suele hacer en todas sus novelas, acudiendo a fuentes diversas, muchas de las cuales son mencionadas en las páginas de la novela, para indagar en mitologías diversas, y para crear una nueva mitología en la que los dioses del bien y del mal de los matsiguengas se pasan por el tamiz de otras narraciones sagradas como, por ejemplo, las de la teología cristiana, una auténtica metamorfosis transcultural.

1ª edición, 1987

-Juan Antonio Masoliver Rodenas, “Retroceso y crisis en Vargas Llosa“, La Vanguardia, 29/10/1987

-Niel A. Palomino Gonzales, “Ideología colonial y colonialista en la novela El Hablador

-Luis Hernán Castañeda, “El Hablador: una metamorfosis transcultural”

-J.W. Mario Huacuja, “Los últimos memoriosos

-Mario Vargas Llosa, “El viaje a la ficción”  (Prefacio de su ensayo El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti)

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