Piso de lujo, amueblado, de diez habitaciones

13/04/2021 Comentarios desactivados en Piso de lujo, amueblado, de diez habitaciones

Edvard Munch, The Living-Room of the Misses Munch in Pilestredet 61 (1881)

La única descripción satisfactoria —a la vez que análisis— del estilo del mobiliario en la segunda mitad del siglo XIX, la ofrece cierto tipo de novelas policíacas en cuyo centro dinámico se halla el terror suscitado por la casa. La disposición de los muebles es al mismo tiempo el plano de las trampas mortales, y la hilera de habitaciones prescribe a la víctima el itinerario de su huida. El que este género de novela policíaca comience con Poe, es decir, en una época en que casi no existían esta clase de viviendas, no prueba nada encontra. Porque los grandes poetas, sin excepción, ejercen su arte combinatoria en un mundo que vendrá después de ellos; así, las calles parisinas de los poemas de Baudelaire, al igual que los personajes de Dostoyevski, no empezaron a existir antes de 1900. El interior burgués de los años sesenta a noventa, con sus inmensos aparadores rebosantes de tallas de madera, sus rincones sin sol en los que se alza una palmera, el mirador protegido por una balaustrada y los largos pasillos con su cantarina llama de gas, no puede cobijar adecuadamente más que a un cadáver. «En este sofá, la tía sólo puede ser asesinada». La inánime exuberancia del mobiliario no se vuelve realmente cómoda sino en presencia del cadáver. Mucho más interesante que los paisajes orientales de las novelas policíacas resulta el frondoso Oriente de sus interiores: la alfombra persa y la otomana, el candil y el noble puñal caucasiano. Tras los gruesos kelirtis arregazados, el dueño de casa celebra sus orgías con valores bursátiles y puede llegar a sentirse un mercader oriental o un corrupto e indolente pachá en el reino de la mohatra, hasta que ese puñal de vaina plateada que cuelga, sobre el diván, acabe cualquier tarde con él y con su siesta. Este rasgo característico de la casa burguesa que tiembla al pensar en el anónimo asesino como una anciana lasciva que sueña con su galán, fue bien captado por algunos escritores que, como «autores de novelas policíacas» —y quizá también porque sus obras reflejan claramente un aspecto del pandemónium burgués—, se han visto despojados de los honores que se merecían. Lo que aquí se intenta explicar, Conan Doyle lo puso en evidencia en algunas de sus obras, y la escritora A. K. Green, en su vasta producción. Con El fantasma de la Ópera, una de las grandes novelas sobre el siglo XIX, Gastón Leroux contribuyó a la apoteosis de este género.

Walter Benjamin, Dirección única

El grito

18/06/2018 Comentarios desactivados en El grito

El grito (Edvard Munch, 1893)

CONTEMPLANDO EL CUADRO EL GRITO, DE EDWARD MUNCH

El grito de Edward Munch
es la ausencia de grito.
En el centro del cuadro
está el pequeño orificio
de una boca
donde no vemos dientes:
lo que deja al descubierto
a un ser vacío
que es mera silueta.
El puente y el riachuelo
viven
de la insinuación cromática.
Así como las ráfagas de aire
y el fiordo oscuro-azul
son meros trazos gestuales.
No existe ningún reclamo laboral
en esta imagen
por el supuesto ascensor que baja
directo al sótano de tantos años.
Ni tan siquiera una protesta
por la idotez de las chisteras
y los sombreros de las damas.
En fin, del gran tema
de El grito de Eward Munch
lo que ha quedado,
es el vaciamiento:
la materia que se escapa,
la que no quiere cuerpo,
la sin mí.

Igor Barreto, El muro de Mandelshtam

 

Oscuro animal celeste

09/06/2018 Comentarios desactivados en Oscuro animal celeste

Beñat Arginzoniz, Oscuro animal celeste. Prólogo de José Fernández de la Sota. El Gallo de Oro, 2016

Oscuro animal celeste,
junto al filo de la espada donde van a morir los labios
están creciendo
las serpientes ciegas de tu corazón.

 

Gabriel Celaya dijo que la poesía es «algo como el aire que todos respiramos», «palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras»… No soy lector habitual de poesía y suelo encontrarla como algo distante, fuera de mí, a lo que me cuesta llegar, pero Beñat Arginzoniz ha conseguido que sienta como mías las palabras que pone juntas en cada uno de sus pequeños poemas…

«La poesía es una flor extraña. La que contienen estos versos oscuros y brillantes de Beñat Arginzoniz pertenece también a esa extraña botánica de flores raras. Oscuro animal celeste parece un libro escrito más allá o más acá de la vigilia. De ahí su naturaleza excéntrica, porque la poesía -como nos recordaba el propio autor en su ensayo» La herida iluminada»- no se escribe en un estado normal de vigilia, sino que es necesario estar más dormido o más despierto. El resultado, entonces, emparenta con los ricos universos simbólicos de poetas como García Lorca o Antonio Gamoneda.» (Del prólogo de José Fernández de la Sota.)

“Claro de luna sobre el mar”, 1912, xilografia, firmada a mano, Edvard Munch.

Entre la luna del cielo
y la luna del agua
hay un camino de espejos.
Los muertos pasan despacio
sobre el cristal de los sueños.
Entre una luna y la otra
caminos de doble filo.
Los muertos suben y bajan
multiplicando el reflejo.

La muerte y la doncella

28/05/2018 Comentarios desactivados en La muerte y la doncella

Roman Polanski, Death and the Maiden, 1994

La doncella raptada, torturada y violada, es condenada a vivir para siempre en el infierno, incluso,  como le ocurre a Proserpina en el mito narrado por Ovidio, tras haber sido liberada. Incluso tras haber tenido la oportunidad de enfrentarse a su violador y de haber podido vengarse… La doncella violada queda para siempre ligada al infierno.
La película de Polanski está basada en el obra de teatro de Ariel Dorfman, La muerte y la doncella, estrenada en 1991 en Santiago de Chile.

Gian Lorenzo Bernini, «Rapto de Proserpina», Galeria Borghese

«Un bosque corona las aguas, rodeando toda la ribera, y con sus ramas, como con un toldo, aleja los rayos de Febo. Las ramas dan fresco, la tierra húmeda flores multicolores; la primavera es perpetua. Mientras en aquella espesura Proserpina juega y coge violetas y blancos lirios, y mientras con entusiasmo de niña llena cestas y el regazo, y se esfuerza por superar en la tarea a sus amigas, verla, amarla y raptarla Dis (Plutón) fue apenas un segundo; hasta tal punto es de impaciente el amor. La diosa, aterrada, llama con gritos desesperados a su madre, a sus amigas, pero más veces a su madre; se desgarró el vestido desde el cuello y las flores recogidas se le cayeron de su túnica desceñida; y tan grande era la inocencia de sus años infantiles que incluso esta pérdida causó dolor a la doncella.» (Ovidio, Metamorfosis, V, vv. 388-401)

Hans Baldung Grien, La muerte y la doncella (1517), Öffentliche Kunstsammlung, Basilea

 

El mito del rapto de Proserpina, tal como es contado por Ovidio, es más o menos este: Hija de Ceres y Júpiter, Koré (o Proserpina) es secuestrada mientras recogía flores por  Plutón, rey del Hades; convirtiéndola en la reina del Inframundo. Ceres, diosa de los cereales y cultivos, desconsolada por el rapto abandona el cuidado de la tierra provocando la pérdida de las cosechas. Júpiter envía a Mercurio con su hermano para convencerlo de liberar a Proserpina. Él accede; le da a su cautiva esposa seis semillas de granada. Consumir un alimento del Hades implicaba estar siempre ligado a él. La doncella al comerlas queda condenada a regresar siempre durante seis meses al inframundo y los otros seis los pasa con su madre en la superficie.

 

Edvard Munch, La muerte y la doncella (1894), Museo Munch, Oslo

El poeta alemán Matthias Claudius (1740-1815) se inspiró en el mito del rapto de Proserpina para componer su poema Der Tod und die Mädchen:

Das Mädchen:

Vorüber, ach vorüber!

Geh, wilder Knochenmann

Ich bin noch jung, geh, lieber!

Und rühre mich nicht an!

Der Tod:

Gib deine Hand, du schön und zart Gebild!

Bein Freund und komme nicht zu strafen.

Sei guten Muts! Ich bin nicht wild,

Sollst sanft in meinen Armen schlafen.

 

          La Doncella:

   ¡Vete, ah vete!

  ¡Vete cruel esqueleto!

  ¡Soy aún  joven, sé amable y vete!

  ¡Y no me toques!

          La Muerte:

  ¡Dame tu mano, dulce y bella criatura!

  Soy tu amiga y no vengo a castigarte.

  ¡Confía en mí!, no soy cruel,

 Déjate en mis brazos caer y dormirás plácidamente.

Joseph Beuys, La muerte y la doncella (1957), Colección Ludwig Rinn

A su vez, el poema de Matthias Claudius inspiró a Franz Schubert para la composición del lied «Der Tod und das Mädchen»:
Años más tarde compuso con el mismo título un cuarteto de cuerda:
Bibliografía:
– Víctor Hernández Martín, «El rapto de Proserpina en el romancero«
– Marga Fernández-Villaverde, «La muerte y la doncella«

Marina Abramovic, Autorretrato con esqueleto (2003), Sean Kelly Gallery, Nueva York

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