Usos rudimentarios de la selva

22/09/2018 Comentarios desactivados en Usos rudimentarios de la selva

Ilustración de la portada de Enric Satué

Jordi Soler, Usos rudimentarios de la selva, Alfaguara, 2018.

“A skeleton judashand strangles the light” (Una esquelética mano de Judas estrangula la luz)
James Joyce, Ulises

Era una rabia que daba miedo, una fuerza sorda que absorbía toda la luz.

porque yo era un niño del campo que todo lo asociaba a los usos rudimentarios de la selva.

Doce relatos distintos y una sola historia verdadera constituyen lo que su autor ha dicho en una entrevista que alguien definió acertadamente como una “autobiografía cuántica”. Una historia autobiográfica mágica en la que la realidad se asemeja a la fantasía, porque la realidad de la vida en medio de una selva tropical ni siquiera parece real de lo real que es. Porque la vida en la selva era una “vida tan viva que estaba al borde de la muerte” y sobre ese mismo borde camina el autor.

Siendo independientes, los doce relatos conforman una única historia en la que el protagonista no es tanto quien la cuenta como el entorno en el que transcurre. La violencia siempre presente, la luz deslumbrante que da paso de golpe a la más absoluta oscuridad, la permanente humedad, la violencia de las lluvias torrenciales, de las aguas desbordadas, los cadáveres arrastrados por la corriente, los asesinatos a machetazos, las constantes amenazas de insectos y toda clase de animales salvajes, la escabrosidad de una sexualidad feroz, la presencia siempre amenazante de los otros, la lucha por la subsistencia… son los auténticos protagonistas. En medio de la naturaleza primigenia, sin civilizar, rudimentaria… la vida está tan viva que siempre está al borde de la muerte, y sólo es posible si se adapta a los “usos rudimentarios de la selva” basados en la lucha y en la violencia.

Quienes vivimos en el mundo civilizado, lejos de la selva, somos espectadores que no entramos en contacto con la naturaleza, la vemos como un espectáculo y por eso la idealizamos. La naturaleza rudimentaria, sin civilizar, no encaja en nuestros esquemas racionales. Sin embargo, el gran mérito de Jordi Soler es que, con su peculiar y extraordinaria forma de narrar, consigue introducir al lector en la magia de esa realidad ruda y violenta haciéndole pasar de mero espectador a formar parte de la misma.

Es precisamente el exceso de realidad y el exceso de memoria lo que convierten la lectura de estos relatos-historia, que podrían haber sido totalmente inventados igualmente, en una experiencia realmente mágica y mágicamente real.

 

Algunos fragmentos:

“… así eran las cosas en la selva. Ahí todo se ganaba o se perdía por la fuerza.” (p. 18)

“porque yo era un niño del campo que todo lo asociaba a los usos rudimentarios de la selva.” (p. 38)

“Era una rabia que daba miedo, una fuerza sorda que absorbía toda la luz.” (p. 43)

“Quizá, ahora que lo pienso, el amor es precisamente eso: resistir, cada tarde, los cuchillos que te lanza una mujer.” (p. 44)

“vivíamos en un mundo hostil donde todos querían arrancarnos la cabeza” (p. 44)

“La selva nos había enseñado, desde siempre, que matar era un error a menos que lo hicieras para que no te mataran a ti.” (p. 70)

“con esa lejanía que impone el aguardiente entre los ojos y aquello que miran” (p. 136)

“del penetrante olor de la materia descompuesta, de esa vida tan viva que estaba al borde de la muerte, sobre ese mismo borde iba caminando yo…” (p. 137)

“porque en aquella jungla, donde todo estaba excesivamente vivo, no había ningún respeto por la vida, se mataban insectos y animales grandes por cualquier motivo, pero sobre todo porque se sabía que, de otra forma, ese insecto o ese animal acabarían matándote a ti, se mataba de manera preventiva, en defensa propia y en nombre de la propia integridad, y también se mataba porque sí…” (p. 147)

“Recordé una línea que había leído, hacía poco, en un cuento: ‘una fuerza sorda que absorbía toda la luz’, y pensé que esa fuerza sorda era la selva.” (p. 168)

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María dos Prazeres

20/09/2018 Comentarios desactivados en María dos Prazeres

Ilustración: Carme Solé Vendrell

Gabriel García Márquez, María dos Prazeres, Ilustraciones de Carme Solé Vendrell, Editorial Norma, 1999.

El hombre de la agencia funeraria llegó tan puntual, que María dos Prazeres estaba todavía en bata de baño y con la cabeza llena de tubos lanzadores, y apenas si tuvo tiempo de ponerse una rosa roja en la oreja para no parecer tan indeseable como se sentía. Se lamentó aún más de su estado cuando abrió la puerta y vio que no era un notario lúgubre, como ella suponía que debían ser los comerciantes de la muerte, sino un joven tímido con una chaqueta a cuadros y una corbata con pájaros de colores. No llevaba abrigo, a pesar de la primavera incierta de Barcelona, cuya llovizna de vientos sesgados la hacía casi siempre menos tolerable que el invierno. María dos Prazeres, que había recibido a tantos hombres a cualquier hora, se sintió avergonzada como muy pocas veces.

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Nunca fuimos inocentes

20/09/2018 Comentarios desactivados en Nunca fuimos inocentes

María José Hurtado Ortiz, Nunca fuimos inocentes, Editorial Adarve, 2018

¿Dónde acabaremos los que nunca fuimos inocentes?
¿Quién se apiadará de los desesperanzados
cuando todo haya concluido

José Sbarra, “Obsesión de vivir

 

“A veces oigo quejarse a la gente de que la vida se está volviendo más complicada. La verdad es que se simplifica, pero al ser más sencilla se vuelve más dura, más desapacible. Los circuitos -administrativos, comerciales y demás- de la vida moderna eran otros tantos mecanismos que amortiguaban el rozamiento entre los hombres y las cosas. Pero ahora la población tiene que enfrentarse con la cruda realidad.”
Michel Tournier, El Rey de los Alisos

 

Siguiendo los pasos de las famosas distopías de George Orwell y de Aldous Huxley, aunque de forma un tanto naïf, Mari Jose Hurtado escribe su primera novela, en la que nos pinta un panorama desolador y apocalíptico que revela una visión muy pesimista de la condición humana. Es la incapacidad para comprender que nuestra falta de inocencia nos convierte en los verdaderos culpables de nuestro destino colectivo la que conduce al final apocalíptico en el que parece que se nos trata de decir que no hay solución posible, porque quienes tienen el poder son los únicos responsables de lo que ocurre.

Aun cuando al comienzo de la novela parece intuirse que existe una alternativa al sistema capitalista, basada en el regreso a un sistema de vida comunitario en el que la vida vuelva a ser puesta en el centro, muy pronto queda claro que el objetivo de quienes construyen esta nueva forma de vida no era éste sino, como ellos lo expresan en determinado momento, “recobrar el mundo que conocimos”. La catástrofe en la que deriva la situación del capitalismo no es tomada como una oportunidad para construir algo diferente, un mundo nuevo. Las víctimas de la catástrofe, tanto las situadas en un lado como en el otro, no pretenden construir nada nuevo, sino sobrevivir el tiempo necesario para poder intentar hacer algo que les permita recobrar lo que perdieron.

Teniendo en cuenta que es su primera novela, hay que decir que está muy bien escrita y que la trama engancha y hace que se lea de un tirón. Es una pena que la autora haya caído en manos de los desaprensivos de una editorial de pega; una editorial, Adarve, que pertenece junto con otras varias (Altera, Flandes, Caudal o el blog escritoresdehoy.com) al “Grupo Comunicación y Publicaciones Caudal”, con intereses espurios y alineado en un ámbito de activismo absolutamente reaccionario.

La edición es muy mala. La presentación del libro horrorosa y, a la vista del resultado plagado de errores tipográficos y gramaticales de todo tipo, es evidente que los editores no han leído el original ni han corregido las pruebas de imprenta.

“La puerta giratoria” (Antonio de Guezala, 1927, Museo de Bellas Artes de Bilbao)

esa pintura… Esa pintura es “La puerta giratoria”, estaba en el Bellas Artes, ¿no?

También se la conocía como “Retrato de Begoña de Sota”. Es de Antonio de Guezala, y sí, estaba en el Bellas Artes. Mi madre la robó.

 

El milagro de la poesía: Joan Margarit

17/09/2018 Comentarios desactivados en El milagro de la poesía: Joan Margarit

Cuando alguien lo lee, alguien que no conoce al poeta dice… caray si este soy yo… este es el milagro de la poesía…

Cuando aquellas cosas que son universales las consigues poner en un poema, tú que no me conoces de nada, al leerlas dirás: “este soy yo… y serás feliz”.

… y misteriosamente cuando alguien se encuentra en una obra de arte, le alegra y se siente seguro… por qué ocurre esto no lo sé, pero es así.

La poesía me ha servido para encontrar mi verdad… Y qué es la verdad? La verdad es como un espejo que se rompe en mil pedazos y cada trozo te refleja igual…

La poesía es una herramienta muy poderosa de comprensión. El arte es una herramienta de comprensión.

Acerca del poema de Miquel Martí i Pol “Ara mateix“, vuelve a decir algo parecido a lo que ya dijo hace algún tiempo en RAC1:

‘Tot està per fer i tot és possible’ és un mal vers, no val res, és mentida tot. ‘Tot està per fer’ és mentida perquè ja hem fet coses. ‘Tot és possible’, és mentida… no tot és possible

La poesia té una virtut: només parla de veritat. Si un poema no diu la veritat no és un bon poema. No funciona dir mentides en poesia. La poesia no hi ha qui se la carregui perquè és l’única que diu la veritat

Si jo hagués escrit ‘tot està per fer i tot és possible’ ara passaria nits en blanc perquè hauria mentit. Havíem parlat moltes vegades d’això amb Miquel Martí i Pol. Ell era tan maco, tan bon poeta i tan meravellós com a persona que li perdono aquest poema… jo tinc versos pitjors, no tots poden ser magnífics.

El Rey de los Alisos

16/09/2018 Comentarios desactivados en El Rey de los Alisos

Michel Tournier, El Rey de los Alisos, Traducción del francés de Encarna Castejón, Alfaguara, 2012.

Edición original: Le Roi des Aulnes, Éditions Gallimard, 1970

 

Para que una cosa sea interesante,
basta con mirarla durante mucho tiempo.
GUSTAVE FLAUBERT

Para horadar el muro de nuestra ceguera y nuestra sordera es necesario que los signos nos golpeen una y otra vez. Para entender que en el mundo todo es símbolo y parábola sólo nos falta una capacidad infinita de atención.
WILLIAM BLAKE, Songs of Innocence and of Experience

¿Quién cabalga tan tarde en la noche y el viento?
Es el padre con su hijo.
El hombre estrecha en sus brazos al niño,
Le da calor, lo protege.

GOETHE, El Rey de los Alisos

 

Para empezar, ¿qué es un monstruo? Ya la etimología nos reserva una sorpresa un tanto pavorosa: monstruo viene de mostrar. Un monstruo es lo que se muestra: con el dedo, en las ferias, etcétera. Y, por tanto, cuanto más monstruoso es un ser más hay que mostrarlo.

Quizá la única forma de librarse del ogro, del monstruo, que nos persigue siempre porque lo llevamos dentro de nosotros, es mostrarlo, porque por eso es un “monstruo”. Hay que mostrarlo, hacerlo evidente: por medio del juego de espejos en el que se producen las inversiones, tanto benignas como malignas; por medio del éxtasis fórico de quien sabe que al unir su suerte a la del niño que porta sobre los hombros, la inocencia de éste le sirve de garante y recomendación ante el favor divino para ponerle a salvo; y por medio de la densidad atmosférica, de una atmósfera saturada de belleza que produce una impresión de ebriedad que tiene una lejana afinidad con el éxtasis fórico.

Su vocación le ha hecho descubrir la foria, la inversión maligna y la saturación. Aún tiene que conocer el remate de esta mecánica de los símbolos, la unión de esas tres figuras en una sola, que es sinónimo de apocalipsis.

Abel Tiffauges es el ogro que se nos va mostrando a lo largo de sus propios diarios y de las historia que se entrecruzan desde su infancia hasta la edad adulta, desde el taller mecánico parisino hasta la napola de Kaltenborn, desde la búsqueda de los símbolos y significados con los que se construyen los mitos a partir de la realidad hasta la realidad apocalíptica a la que dan lugar los símbolos.

Cuando los signos dejan de significar y los símbolos dejan de simbolizar es porque se han apoderado de la cosa significada y simbolizada. Entonces, son los símbolos los que configuran la realidad…

La novela de Tournier, conmueve y perturba, quizá porque también nos muestra algunos de los monstruos que viven dentro de cada uno de nosotros y que nos persiguen como el Rey de los Alisos.

Sospechaba, con voluptuosa angustia, que su viaje le llevaría más lejos, a más profundidad, entre tinieblas más venerables, y que tal vez le guiaría finalmente a la noche inmemorial del Rey de los Alisos.

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han prohibit les paraules

15/09/2018 Comentarios desactivados en han prohibit les paraules

Aquesta remor que se sent
Miquel Martí i Pol (1929-2003)

Aquesta remor que se sent no és de pluja.
Ja fa molt temps que no plou.
S’han eixugat les fonts i la pols s’acumula
pels carrers i les cases.
Aquesta remor que se sent no és de vent.
Han prohibit el vent perquè no s’alci
la pols que hi ha pertot
i l’aire no esdevingui, diuen, irrespirable.
Aquesta remor que se sent no és de paraules.
Han prohibit les paraules perquè
no posin en perill
la fràgil immobilitat de l’aire.
Aquesta remor que se sent no és de
pensaments.
Han estat prohibits perquè no engendrin
la necessitat de parlar
i sobrevingui, inevitablement, la catàstrofe.

I, tanmateix, la remor persisteix.

La desfachatez intelectual

10/09/2018 Comentarios desactivados en La desfachatez intelectual

Ignacio Sánchez-Cuenca, La desfachatez intelectual. Escritores e intelectuales ante la política, Libros de la Catarata, 2017.

Un libro valiente, porque, como su autor confiesa en la introducción, no es fácil criticar a las figuras consagradas de la intelectualidad sin arriesgarse a numerosas complicaciones como no poder publicar en determinados medios o no recibir ciertos premios de los que se podía ser merecedor. Pero ahí se acaba su valentía. Algo es algo. Su principal preocupación es criticar la falta de rigor “científico” y la falta de pruebas “empíricas” en las intervenciones públicas, desde los medios hegemónicos, de los intelectuales y escritores de reconocido prestigio, aunque esto en sí mismo no debería descalificarles, ya que no todos tienen que entender de todo. El problema es el valor que se da a sus opiniones y la orientación de las mismas, siempre bien alineadas con el “lado correcto”. Lo que no parece percibir el autor es que si estos escritores consiguieron un cierto prestigio gracias a la calidad de sus obras literarias, es a sus opiniones políticas, expresadas desde las tribunas que les ofrecen quienes controlan los medios, a las que deben el mantenimiento y el acrecentamiento de dicho prestigio. Hablo de escritores como Vargas-Llosa, Javier Cercas o Antonio Muñoz-Molina, entre otros, pero especialmente de estos. Ya que otros, como por ejemplo Félix de Azúa o Arturo Pérez Reverte, ni siquiera tienen una obra literaria de mediana calidad. Lo que olvida el autor de este libro es justamente lo que habría que denunciar. El hecho de que algunos autores de buenas obras literarias opinen sobre determinados temas, concretamente sobre política, sin tener un conocimiento profundo de los mismos y los aborden sin una argumentación sólida, no debería constituir ningún problema si se les diese el valor que les corresponde: un valor literario. Lo que ocurre es que el establishment cultural y mediático utiliza su prestigio para dirigir la opinión pública en el sentido “correcto”. De esta forma los poderes fácticos económicos y mediáticos controlan la opinión y los llamados “intelectuales” son recompensados con la fama que les sitúa a la cabeza de la cultura institucional y que redunda en sustanciosos beneficios para ellos: buenas remuneraciones, ventas de libros, premios, cargos públicos, participación en jurados, etc… Es la pescadilla que se muerde la cola y de la que el autor de este libro no parece consciente, o no le interesa abordar.

El objetivo del libro es realizar una crítica fundamentada “de los intelectuales de mayor prestigio y presencia mediática en el conjunto de España, que adoptan un tono muy beligerante, lleno de certezas y con sumo desprecio hacia quienes no opinan como ellos”, que siempre van en la dirección que sopla el viento (“con la misma coordinación y falta de sentido que las bandas de estorninos que surcan el cielo”), y para quienes todo vale si te alineas con el lado correcto, es decir en la defensa del establishment y del status-quo, aunque, en muchas ocasiones, suelan presumir de llevar la contraria. La principal crítica que se dirige hacia estos intelectuales y escritores es que aprovechan el reconocimiento público que reciben por su obra literaria o ensayística como una forma de impunidad para participar en el debate político de forma superficial y frívola con gran rotundidad. Este “opinionismo arbitrario” curiosamente está siempre alineado con el lado correcto, es decir, con el poder y con la derecha más reaccionaria. En definitiva, la conclusión a la que se puede llegar es que los escritores de prestigio, con sus opiniones infundadas pero bien redactadas sobre temas de los que no entienden generalmente más que cualquier simple mortal, sirven para hacer el caldo gordo a la derecha más recalcitrante. Sin embargo, se olvida de aquellos otros intelectuales y escritores que, alineados en las izquierdas más críticas (en el entorno Podemos e IU), también practican el “opinionismo arbitrario” y que también se dejan arrastrar por la corriente en determinados temas, especialmente en los relacionados con la obsesión nacional. Y no sólo esto, sino que él mismo cae en los mismos vicios que critica en otros al aventurarse en algunas de las páginas del libro a opinar arbitrariamente y bastante a la ligera sobre determinadas cuestiones de economía, sin tener, probablemente, los conocimientos suficientes para ello. Aunque hay que decir que sobre esto último se disculpa en el epílogo de la edición de enero de 2017.

La obsesión nacional y los enfoques que aportan sobre la crisis económica son los dos aspectos principales en los que destaca la desfachatez de los escritores e intelectuales españoles alineados con el poder, aun cuando aparentemente lo critiquen, para reforzar sus tendencias más conservadoras y reaccionarias.

En relación con la cuestión que el autor considera como la “obsesión nacional”, en la crítica hacia las posturas de los intelectuales más prestigiosos y de mayor presencia mediática (Javier Cercas, Mario Vargas-Llosa, Javier Marías, Jon Juaristi, Antonio Muñoz Molina, Félix de Azúa, Arturo Pérez-Reverte, Félix Ovejero y algunos otros que me olvido) aporta puntos de vista muy interesantes, especialmente para quienes creemos que la unidad de España es una ficción que jamás ha existido y que siempre se ha impuesto por la fuerza, ya que se trata del análisis y las reflexiones de alguien que no es independentista y que preferiría que no se produjera una ruptura territorial en el Estado español. Hoy en España los intelectuales se han puesto de acuerdo para denunciar la barbarie de los nacionalismos de los demás mientras esconden el suyo bajo el disfraz de lo que llaman el “patriotismo constitucional” que, como el autor del libro recuerda, es un concepto inventado en Alemania para limar los aspectos más amenazadores del nacionalismo germánico y para sustituir la palabra “nacionalismo” muy contaminada en su tradición reciente por el nazismo.

La respuesta que mereció por parte de Jon Juaristi (uno de los “chiens de garde” mencionados en el libro) desde el ABC , confirma que las críticas de Sánchez-Cuenca en muchos aspectos son acertadas y van en la dirección correcta. El tono y los argumentos “ad-hominem” empleados por Juaristi, que comienza su artículo con estas palabras: “Un tal Ignacio Sánchez-Cuenca ha publicado un libro”, le colocan en el lugar que le corresponde y corrobora todo lo que Sánchez-Cuenca dice sobre él y sobre todos los que como él practican lo que Diego Gambetta denomina el “machismo discursivo”, o la “prosa cipotuda” de la que habla Iñigo Lomana. La reacción de Juaristi no es en absoluto extraña, sino que más bien es la prevista, y confirma que “cuando a uno de estos machos discursivos se le muestra la debilidad de su posición responda elevando el tiro, es decir, reafirmándose y aun endureciendo más su tesis y, ya de paso, faltando al otro”.

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