Sólo ida

16/07/2018 Comentarios desactivados en Sólo ida

Erri De Luca, Sólo ida. Poesía completa. Traducción y prólogo de Fernando Valverde. Seix Barral, 2016.

Yo no vengo a resolver nada.
Yo vine aquí para cantar
y para que cantes conmigo.

Pablo Neruda, Canto general

 

Estos tres versos de Pablo Neruda resumen lo que es la literatura para Erri De Luca. Estos tres versos de Pablo Neruda son la explicación de lo que hace Erri De Luca cuando escribe poesía: canta para que cantemos con él.

Es difícil decir algo sobre Erri De Luca. Hay que leer lo que escribe.

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El libro de Monelle

14/07/2018 Comentarios desactivados en El libro de Monelle

Marcel Schwob, El libro de Monelle. Traducción de Luna Miguel. Demipage, 2012.

Título original: Le livre de Monelle

Toda la noche viví en un universo de sueños y de mentiras e intenté aprender la ignorancia y la ilusión y el asombro del niño que acaba de nacer.

Conjunto de pequeños relatos en los que la prosa poética de Marcel Schwob nos lleva de la mano hacia la infancia asombrada para la que no existe la realidad, sino un mundo de sueños y de juegos al que trata de llegar renunciando al conocimiento, al deseo, a la costumbre, al recuerdo, al trabajo y a la verdad.

Monelle es la amiga, la amante, la ninfa que porta la pequeña lámpara que, con su temblorosa lucecilla, alumbra la oscura noche en la que vivimos… Marcel Schwob encontró a Monelle y vivió un tiempo bajo la luz temblorosa de su pequeña lámpara, pero “una noche la lamparita se apagó y Monelle se marchó. Y yo la busqué mucho tiempo entre las tinieblas: pero nunca volví a encontrarla”.

Monelle era la enfermera que curaba del trabajo de la vida y la carcelera que encerraba a los inocentes para que no sufrieran. Pero Monelle desapareció. El libro de Monelle es un canto de añoranza de aquella luz bajo la que el autor vivió un tiempo y que se perdió para siempre.

Considera cada cosa incierta como viva y cada cosa cierta como muerta.

Sorpréndete de todas las cosas. Porque las cosas son diferentes en la vida y similares en la muerte.

“Palabras de Monelle”

 

Versión para descargar:

Marcel Schwob, El libro de Monelle. Prólogo y traducción de Ariel Dilon. Longseller, Buenos Aires, 2005.

Los Divinos

09/07/2018 Comentarios desactivados en Los Divinos

Laura Restrepo, Los Divinos. Alfaguara, 2018

… desde niños aprendimos que había mujeres decentes, las hermanas de los demás, por ejemplo, las de tu propia familia, … A ésas las tratabas de una manera, o como se decía: con respeto. Y había otras mujeres que eran para irrespetar.

La escoge a ella, a la Niña-niña, precisamente por ser la criatura más indefensa del universo. La más vulnerable. Precisamente por eso.
Él es hombre, ella, mujer.
Él, adulto, ella, una niña.
Él, blanco, ella, de piel oscura.
Él es rico, ella, paupérrima.
Él es el más fuerte, ella, la más débil.
Él, amo y señor. Ella, criatura del extrarradio.

No es un monstruo -insiste-, es un ser humano. Y ésa es la tragedia, que esto lo ha hecho un ser humano.

 

Eran “Los Divinos”, aunque se llamaban a sí mismos los “Tutti Frutti”, y bien podrían haber sido conocidos también como “La Manada”.  Eran “cinco machos alevosos en el pico de su ebullición hormonal, que empujan la arrogancia hasta el filo y dan un paso adelante”. El problema es que en el mundo patriarcal ser macho alevoso y arrogante es considerado como algo normal, sobre todo cuando se está en el pico de la ebullición hormonal. No sólo normal y legítimo sino incluso un motivo de orgullo. En cambio, en este mismo mundo patriarcal, una mujer no es nada, es algo a respetar o a irrespetar, y en muchos casos no es más que un mero objeto para la satisfacción de los deseos de poder de los machos; un objeto de usar y tirar con el que se puede hacer lo que se quiera.

Vivimos estos días el décimo aniversario del asesinato en Pamplona de Nagore Laffage, el segundo de la violación perpetrada por La Manada, también en Pamplona. Pero no son estos unos casos aislados.

Laura Restrepo construye, a partir de un hecho verídico tantas veces repetido, una ficción que podría ser perfectamente real. La tendencia suele ser pensar que quienes cometen este tipo de actos son unos monstruos, pero es mucho peor: son personas normales; son el producto de una forma social; son el producto del patriarcado, del individualismo narcisista y del capitalismo consumista.

Este crimen se impone como un espejo, y el monstruo que allí se refleja tiene la cara del país entero.

Madurar hacia la infancia

02/07/2018 Comentarios desactivados en Madurar hacia la infancia

Bruno Schulz, Madurar hacia la infancia. Relatos, inéditos y dibujos. Traducción del polaco de Elzbieta Bortkiewicz. Prólogo de Francesco M. Cantaluccio. Ediciones Siruela, 2008

Me parece que el tipo de arte que me interesa es precisamente una regresión, es una infancia reintegrada. Si fuese posible llevar hacia atrás el desarrollo, alcanzar de nuevo la infancia por un camino tortuoso -poseerla otra vez, ilimitada-, sería hacer realidad la ‘época genial’, los ‘tiempos mesiánicos’ que todas las mitologías nos han prometido y jurado. Mi ideal es ‘madurar’ hacia la infancia. Ésta sería la verdadera madurez.

Bruno Schulz, Ksiega listów (El libro de las letras), WL, Cracovia, 1975, p. 73

 

El tiempo retrasado… suena bien, pero ¿qué es en realidad? ¿se recibe aquí el tiempo honesto y válido, el tiempo reciente oloroso a novedad y pintura? Al contrario. Está desgastado, ha sido usado por la gente y este tiempo agujereado se transparenta como un tamiz. (Del relato “Sanatorio bajo la clepsidra”)

Madurar hacia la infancia, el ideal que guió, según su propia confesión, a Bruno Schulz, ha servido para titular esta recopilación de sus obras. En este volumen, además de los relatos pertenecientes a los libros Las tiendas de color canela y Sanatorio bajo la clepsidra, encontramos otros relatos, ensayos, reseñas, entrevistas y cartas del mismo autor, así como varios de sus dibujos, algunos de los cuales sirven como ilustraciones para sus relatos y otros componen una obra titulada El libro idolátrico.

El mundo de la infancia y de los sueños de Bruno Schulz crea un ambiente único en todos sus relatos, que me sobrecoge como lector. La realidad imaginada y soñada, el tiempo retrasado, usado y agujereado, un erotismo contenido, la pérdida de la seguridad en un mundo en constante cambio…

Se podría decir -continuó- que el mundo pasó por tus manos para renovarse, cambiar de piel como si se tratase de un maravilloso lagarto. Ah, ¿piensas que yo habría robado y cometido miles de locuras si el mundo no hubiera estado desgastado, decaído, si las cosas no hubieran perdido su brillo, el lejano resplandor de las manos divinas?
(“La época genial”, Sanatorio bajo la clepsidra)

El jubilado

02/07/2018 Comentarios desactivados en El jubilado

Bruno Schulz, “El jubilado”, Sanatorio bajo la clepsidra. Traducción del polaco de Jorge Segovia y Violetta Beck. Maldoror Ediciones, 2003.

“Pero la desgracia quiso que Wicek tuviera ese día un trompo nuevo y lo lanzase con todas sus fuerzas en el umbral de la escuela. El trompo ronroneaba, se formó una algarabía en la puerta, me empujaron hacia fuera y el torbellino me arrastró. “¡Queridos compañeros, socorro!” –grité, suspendido ya en el aire. Aún pude ver sus brazos levantados, sus bocas abiertas en un grito, y, un momento después, di una voltereta y volé trazando una espléndida línea ascendente. Ahora sobrevolaba los tejados. Sin aliento, veía con los ojos de la imaginación a mis compañeros levantando la mano en clase, agitando enérgicamente los dedos mientras le gritaban al profesor: “Señor profesor, a Szymcio se lo llevó…” El profesor miró a través de sus gafas. Se acercó tranquilamente a la ventana, y, protegiendo sus ojos con la mano, observó el horizonte. Pero ya no pudo avistarme. Su cara, a la única luz del cielo palidecido, se apergaminó. “Hay que borrarlo del registro”, dijo amargamente, y regresó a su mesa. Pero yo me sentía arrastrado, cada vez más alto, hacia los espacios inexplorados y amarillos del otoño.”

Este relato, uno de los trece que componen el volumen titulado genéricamente Sanatorio bajo la clepsidra (Sanatorium pod klepsydra), puede leerse aquí.

El muro de Mandelshtam

20/06/2018 Comentarios desactivados en El muro de Mandelshtam

Igor Barreto, El muro de Mandelshtam. Bartleby Editores, 2017

EL ÁNGEL DE LOS CLAVOS

¡Oye, Mandelstham!
yo te encomiendo
al Ángel de los Clavos:
Es el ángel guardián de la copa de plata.
Pero no lo abraces
y cuídate de las puntas de hierro que sostenían sus alas.
Él te observa
desde aquel día
cuando se apagaba el ascua de las almas
de tus amigos de Armenia y Voronezh
y tú querías ser el único poeta
de la sexta parte del mundo.

 

Ossip Mandelstam fue un poeta contra el poder, un poeta que escribió y vivió contra el muro impenetrable levantado por el poder uniformizador, contra el poder represor… Ossip Mandelstam es uno de los poetas que mejor representan la persecución, el exilio, la cárcel y la desaparición a las que el poder totalitario somete a quienes tienen la osadía de decir lo que piensan. Por tanto, nada más apropiado en los tiempos que vivimos que recordar a Ossip Mandelstam.

Igor Barreto construye sus textos poéticos como un ariete contra el muro de la intolerancia, de la persecución, de la cárcel, de la miseria, de la marginación y de la violencia que todo esto genera.

 

Canto LIII

Alcides- Cuando cerró el taller de tornería
salí a patear las calles de Caracas.
El miedo oscurecía la taza de café
como si fuera de melaza negra.
Cuando quebró el taller de tornería
sufrí de una inclinación a la vagancia
por avenidas de crestados árboles.
Qué decir, ese era el sentimiento.

El grito

18/06/2018 Comentarios desactivados en El grito

El grito (Edvard Munch, 1893)

CONTEMPLANDO EL CUADRO EL GRITO, DE EDWARD MUNCH

El grito de Edward Munch
es la ausencia de grito.
En el centro del cuadro
está el pequeño orificio
de una boca
donde no vemos dientes:
lo que deja al descubierto
a un ser vacío
que es mera silueta.
El puente y el riachuelo
viven
de la insinuación cromática.
Así como las ráfagas de aire
y el fiordo oscuro-azul
son meros trazos gestuales.
No existe ningún reclamo laboral
en esta imagen
por el supuesto ascensor que baja
directo al sótano de tantos años.
Ni tan siquiera una protesta
por la idotez de las chisteras
y los sombreros de las damas.
En fin, del gran tema
de El grito de Eward Munch
lo que ha quedado,
es el vaciamiento:
la materia que se escapa,
la que no quiere cuerpo,
la sin mí.

Igor Barreto, El muro de Mandelshtam

 

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