Desde la línea

09/12/2021 Comentarios desactivados en Desde la línea

Joseph Ponthus, Desde la línea, Traducción del francés de Regina López Muñoz, Siruela, 2021

Edición original: À la ligne: Feuillets d’usine, Éditions de la Table Ronde, 2019

Al matadero
Voy como quien va
Al matadero

La línea es el matadero. Hay que ganar dinero. Ya no sabemos vivir de otra forma. Cuando hay que ganar dinero para poder vivir, hay que estar dispuesto a cualquier cosa. A lo que sea. A trabajar sin parar. En la línea.

Joseph Ponthus escribió un poema sobre el trabajo de los esclavos modernos. Un poema sobre su vida en la línea. Y poco después se murió de cáncer, con 42 años.

Creo que él mismo dijo en alguna entrevista que una de sus fuentes de inspiración era la Prosa del Transiberiano, de Blaise Cendrars. Otra, la menciona en el libro, es El diario de un obrero, de Thierry Metz.

El futuro es un lugar extraño

25/11/2021 Comentarios desactivados en El futuro es un lugar extraño

Cynthia Rimsky, El futuro es un lugar extraño, Penguin Random House, Buenos Aires, 2017

¿Sabes lo que no soportan? Que a pesar de todo lo que hicieron para aniquilarnos continuemos siendo críticos.

Desde que comenzó a buscar su pasado, el sistema evolucionó tanto que si comenzara hoy, aparecería otro pasado.

El futuro es un lugar en el que, cuando llegamos a él, encontramos que nada es como habíamos creído que sería. Es, por tanto, un lugar extraño. Nunca habríamos pensado que el futuro sería tan traidor.

Cathia Rimsky encarna en esta gran novela la memoria desobediente de la memoria oficial. En Chile, las luchas contra la dictadura durante los años 80, terminaron con un gran pacto. Es la historia de una “entrega”. Los antiguos luchadores por la libertad se convirtieron fácilmente en piezas del puzzle neoliberal. Algo muy parecido a lo que ocurrió en la “modélica” transición española. Transiciones tan mentirosas como el sismo que se produjo en Chile el 27 de febrero de 2010, un sismo “mentiroso porque había dejado intactas las fachadas y destruido los interiores”, pero al revés, ya que se cambiaron las fachadas para mantenerlo todo igual e incluso peor.

El vendedor de alfombras

18/11/2021 Comentarios desactivados en El vendedor de alfombras

Mariano Fortuny, «El venedor de tapissos» (Museo del Monasterio de Montserrat)

Un profesor norteamericano y su esposa cuentan que en un pueblo de Capadocia les salió al encuentro un joven educado. Aunque por sus maneras obsequiosas se dieron cuenta de que se trataba de un vendedor de alfombras, como estaban cansados, aceptaron beber un vaso de té en su tienda, conviniendo de antemano en que no iban a comprar. Permanecieron allí tres horas, compararon las costumbres de americanos y turcos, tocaron temas de historia y política, el joven hablaba un inglés excelente.

-Vivimos un grato momento -asegura el profesor-. Compramos dos alfombras preciosas y a un precio muy conveniente, una ganga.

En Dalyan la mochilera tiene oportunidad de hablar con uno de los numerosos vendedores de alfombras que pululan por cualquier lugar turístico. Es un experto en psicología y un estudioso de las culturas, sabe cómo reaccionan latinos y gringos, de qué forma abordar a un japonés, las diferencias entre un italiano y un francés.

-Cuando entran en mi tienda no me interesa mostrarles la mercadería. Los interrogo acerca de su trabajo, el hotel donde alojan, las ciudades que visitaron… hasta que me armo un mapa de su psicología, del dinero que poseen y el que están dispuestos a gastar. En la siguiente hora conduzco la conversación hacia la cultura e historia de Turquía, les relato la vida de las comunidades aisladas, la forma en que trabajan la lana, el origen de los diseños. Por su propia cuenta comienzan a mirar las alfombras. Como sé la cantidad de dinero que llevan encima, mi labor consiste en guiarlos hacia los tapices que están a su alcance. Si no compran, no hay problema: lo que aprendí me servirá para convencer a otros clientes. Sin salir del pueblo, conozco el mundo.

Al llegar a este punto el vendedor se ausenta. Para no aburrirse, revisa las alfombras colgadas en los muros.

-¿Te gusta alguna?

-Te advertí que no vine a comprar.

– Y no quiero venderte. Sólo por curiosidad, dime ¿cuánto pagarías por esa? -señala la alfombra que estuvo observando la turista.

Le da una cifra extraordinariamente baja.

-Eres una mujer inteligente, eso me gusta-. Y propone una cifra más alta.

Una hora después el vendedor se queda con sus antiinflamatorios, algunas liras turcas y sus zapatillas de lona. Ella recibe a cambio una pequeña alfombra y la sensación de haber desbancado al casino.

CYNTHIA RIMSKY, «Poste restante»

Perderse

13/11/2021 Comentarios desactivados en Perderse

Annie Ernaux, Perderse, Traducción de Lydia Vázquez Jiménez, Editorial Cabaret Voltaire, 2021

Edición original: Se perdre, Éditions Gallimard, 2001

Ninguna otra solución, aparte del trabajo intelectual, o perderme.

Una mujer que desea perderse, en el amor, en el sexo… y en la escritura. Éste es el diario de una mujer obsesionada. El diario de una mujer enajenada. Es dolor escrito, el dolor de una espera carente de esperanza. Una búsqueda de sí misma, de sus pasiones, sus deseos, sus angustias y, sobre todo, de la absoluta necesidad del cuerpo del otro en el que poder “perderse”, como se pierde en la escritura. No podía hacer otra cosa que esperar la llamada telefónica del hombre cuyo cuerpo desea de forma obsesiva.

No es una historia de amor, es la historia de un enamoramiento apasionado que no es correspondido más que en forma de satisfacción sexual. Es el diario de una mujer absolutamente seducida por el cuerpo de un hombre del que no puede prescindir. Una mujer obsesionada que siempre espera, aun sabiendo que no hay nada que esperar (“le pire, c’est de continuer à attendre alors qu’il n’y a plus rien à attendre”), algo más, un poco de cariño, un poco de amor, pero que se conforma con ser necesitada, con excitar al otro.

Annie Ernaux tiene la valentía de poner por escrito sus deseos sexuales y las formas en las que estos son satisfechos, algo que las mujeres siempre han tenido que ocultar, aunque los hombres puedan hacerlo con total naturalidad y sin exponerse a ninguna crítica.

p. 40:
La sombra de la verdad solo puede darse en la escritura, no en la vida.

p. 78:
Sé muy bien que lo que me hace escribir es eso, la falta de realización del amor, ese abismo.

p. 82:
Evidencia: objetivamente, las cosas del sexo, los gestos, son los mismos cuando se está enamorado que cuando no se está enamorado.

p. 164:
Ninguna otra solución, aparte del trabajo intelectual, o perderme.

p. 198:
No puedo decir que los hombres me pierden, es mi deseo el que me pierde, la sumisión a (o la búsqueda de) algo terrible, que no entiendo, nacido en la unión con un cuerpo, y desaparecido justo después.

p. 199:
Lo sabía, pero mientras no se dicen (o escriben: en literatura sin rodeos, ni alusiones), las cosas no existen.

p. 250:
He querido hacer de esta pasión una obra de arte en mi vida, o más bien esta relación se ha convertido en pasión porque he querido que fuera una obra de arte.

p. 261:
… sé que no estoy ya en su mundo de gloria o de sufrimiento por la escritura, sino en el de la piel, del dolor y del deseo por alguien.

p. 330:
Lo más terrible es que en el pasado buscaba a un hombre para “estabilizarme”, para contar con una fraternidad. Ahora lo busco únicamente por el amor, es decir, lo que más se parece a la escritura, por la pérdida de mí misma, la experiencia del vacío colmado.

Siesta

06/11/2021 Comentarios desactivados en Siesta

Francisco Bores, «L’Après-midi d’un faune» (1943)

Para mí la Siesta es el Llamado al Camino de la Evidencialidad Mística, y está en el ángulo de Oscuridad y Deslumbramiento, lo oscuro por reverberación, o sea la claridad del darse del Ser por supresión de la Figura y Rumbo que se nos antoja imposible. El mundo en Siesta no marcha; a la Noche las estrellas le ponen dirección de marcha. Por ello la Intelección prospera en la Siesta y no en la Noche.

(Pero esto ha de ser dado en versión, es decir en metáfora, no en definición. Quien tenga la metáfora de la Siesta, la dé. Yo se la pediré al gallo insomne de la Noche de la Siesta).

Hay que hacerle arte al místico, a la Pasión, pero no a lo Real, a la pasión de vivir.

MACEDONIO FERNÁNDEZ (1940)
Música: Claude Debussy, «Prélude à l’aprèsmidi d’un faune«

Le Faune:

Ces nymphes, je les veux perpétuer.
Si clair,
Leur incarnat léger, qu’il voltige dans l’air
Assoupi de sommeils touffus.

Aimai-je un rêve ?
Mon doute, amas de nuit ancienne, s’achève
En maint rameau subtil, qui, demeuré les vrais
Bois mêmes, prouve, hélas ! que bien seul je m’offrais
Pour triomphe la faute idéale de roses.

Réfléchissons…
ou si les femmes dont tu gloses
Figurent un souhait de tes sens fabuleux !
Faune, l’illusion s’échappe des yeux bleus
Et froids, comme une source en pleurs, de la plus chaste :
Mais, l’autre tout soupirs, dis-tu qu’elle contraste
Comme brise du jour chaude dans ta toison ?
Que non ! par l’immobile et lasse pâmoison
Suffoquant de chaleurs le matin frais s’il lutte,
Ne murmure point d’eau que ne verse ma flûte
Au bosquet arrosé d’accords ; et le seul vent
Hors des deux tuyaux prompt à s’exhaler avant
Qu’il disperse le son dans une pluie aride,
C’est, à l’horizon pas remué d’une ride
Le visible et serein souffle artificiel
De l’inspiration, qui regagne le ciel.

O bords siciliens d’un calme marécage
Qu’à l’envi de soleils ma vanité saccage
Tacite sous les fleurs d’étincelles, Contez
« Que je coupais ici les creux roseaux domptés
« Par le talent ; quand, sur l’or glauque de lointaines
« Verdures dédiant leur vigne à des fontaines,
« Ondoie une blancheur animale au repos :
« Et qu’au prélude lent où naissent les pipeaux
« Ce vol de cygnes, non ! de naïades se sauve
« Ou plonge… »

Inerte, tout brûle dans l’heure fauve
Sans marquer par quel art ensemble détala
Trop d’hymen souhaité de qui cherche le la :
Alors m’éveillerai-je à la ferveur première,
Droit et seul, sous un flot antique de lumière,
Lys ! et l’un de vous tous pour l’ingénuité.

Autre que ce doux rien par leur lèvre ébruité,
Le baiser, qui tout bas des perfides assure,
Mon sein, vierge de preuve, atteste une morsure
Mystérieuse, due à quelque auguste dent ;
Mais, bast ! arcane tel élut pour confident
Le jonc vaste et jumeau dont sous l’azur on joue :
Qui, détournant à soi le trouble de la joue,
Rêve, dans un solo long, que nous amusions
La beauté d’alentour par des confusions
Fausses entre elle-même et notre chant crédule ;
Et de faire aussi haut que l’amour se module
Évanouir du songe ordinaire de dos
Ou de flanc pur suivis avec mes regards clos,
Une sonore, vaine et monotone ligne.

Tâche donc, instrument des fuites, ô maligne
Syrinx, de refleurir aux lacs où tu m’attends !
Moi, de ma rumeur fier, je vais parler longtemps
Des déesses ; et par d’idolâtres peintures
A leur ombre enlever encore des ceintures :
Ainsi, quand des raisins j’ai sucé la clarté,
Pour bannir un regret par ma feinte écarté,
Rieur, j’élève au ciel d’été la grappe vide
Et, soufflant dans ses peaux lumineuses, avide
D’ivresse, jusqu’au soir je regarde au travers.

O nymphes, regonflons des souvenirs divers.
« Mon œil, trouant le joncs, dardait chaque encolure
« Immortelle, qui noie en l’onde sa brûlure
« Avec un cri de rage au ciel de la forêt ;
« Et le splendide bain de cheveux disparaît
« Dans les clartés et les frissons, ô pierreries !
« J’accours ; quand, à mes pieds, s’entrejoignent (meurtries
« De la langueur goûtée à ce mal d’être deux)
« Des dormeuses parmi leurs seuls bras hasardeux ;
« Je les ravis, sans les désenlacer, et vole
« A ce massif, haï par l’ombrage frivole,
« De roses tarissant tout parfum au soleil,
« Où notre ébat au jour consumé soit pareil. »
Je t’adore, courroux des vierges, ô délice
Farouche du sacré fardeau nu qui se glisse
Pour fuir ma lèvre en feu buvant, comme un éclair
Tressaille ! la frayeur secrète de la chair :
Des pieds de l’inhumaine au cœur de la timide
Qui délaisse à la fois une innocence, humide
De larmes folles ou de moins tristes vapeurs.
« Mon crime, c’est d’avoir, gai de vaincre ces peurs
« Traîtresses, divisé la touffe échevelée
« De baisers que les dieux gardaient si bien mêlée :
« Car, à peine j’allais cacher un rire ardent
« Sous les replis heureux d’une seule (gardant
« Par un doigt simple, afin que sa candeur de plume
« Se teignît à l’émoi de sa sœur qui s’allume,
« La petite, naïve et ne rougissant pas : )
« Que de mes bras, défaits par de vagues trépas,
« Cette proie, à jamais ingrate se délivre
« Sans pitié du sanglot dont j’étais encore ivre. »

Tant pis ! vers le bonheur d’autres m’entraîneront
Par leur tresse nouée aux cornes de mon front :
Tu sais, ma passion, que, pourpre et déjà mûre,
Chaque grenade éclate et d’abeilles murmure ;
Et notre sang, épris de qui le va saisir,
Coule pour tout l’essaim éternel du désir.
A l’heure où ce bois d’or et de cendres se teinte
Une fête s’exalte en la feuillée éteinte :
Etna ! c’est parmi toi visité de Vénus
Sur ta lave posant tes talons ingénus,
Quand tonne une somme triste ou s’épuise la flamme.
Je tiens la reine !

O sûr châtiment…
Non, mais l’âme
De paroles vacante et ce corps alourdi
Tard succombent au fier silence de midi :
Sans plus il faut dormir en l’oubli du blasphème,
Sur le sable altéré gisant et comme j’aime
Ouvrir ma bouche à l’astre efficace des vins !
Couple, adieu ; je vais voir l’ombre que tu devins.

Stephane Mallarmé, L’après-midi d’un faune (Églogue)

Panza de burro

05/11/2021 Comentarios desactivados en Panza de burro

Andrea Abreu, Panza de burro, Presentación de Sabina Urraca, Editorial Barrett, 2021

Fotografía de la cubierta: Alessandra Sanguinetti

Los perros ladraban.
El sol rajaba las piedras.

No es la primera autora que trata de trasladar la oralidad, la manera de expresarse en su entorno más inmediato, a la escritura. Lo hace de forma extraordinaria. Recuerdos de infancia trasladados a la escritura con la naturalidad y la frescura con la que podrían ser recordados junto a su amiga. Recuerdos sobre los que pesa, como una panza de burro, el cielo permanentemente nublado de los veranos en la ladera norte del Teide.

p. 85:
Ella no tenía miedo de que la dejasen de querer. Decía lo que le apetecía cuando le daba la gana.

p. 98:
Yo me preguntaba cómo ella sabía tantas cosas que yo no sabía y entonces me ponía triste porque pensaba que yo no tenía tristeza propia, que mi tristeza era la de ella pero dentro de mi cuerpo, una tristeza como de imitación, dos tristezas duplicadas, la marca falsa de una tristeza, esa era yo, porque yo no tenía razones por las que estar triste pero me las inventaba.

p. 99:
Yo me aburría mucho pero no me iba, pero me quedaba al lado de ella escuchando su silencio. Como cuando los maridos se sientan a ver el fútbol y las mujeres los acompañan aunque no les interese, porque los maridos están tristes con la vida y el trabajo en el Sur y hay que estar con ellos porque es obligación.

p. 136:
Y vi el mar, el mar y el cielo que siempre parecían la misma cosa, la misma masa gris y espesa de todos los días. Se me ocurrió que la tristeza de la gente del barrio eran las nubes, las nubes clavadas en la punta del cogote, en la parte más alta de la columna vertebral, a la hora de la novela.

Camí de sirga

01/11/2021 Comentarios desactivados en Camí de sirga

Jesús Moncada, Camí de Sirga, La Magrana, 2001

Primera edición: Edicions de La Magrana, 1988

Al que vingui a enderrocar-la (per escriure a la porta de ca meva). Enruna-la, si cal,
però sense escarnir-la.
El que els teus ulls prendran per argamassa i pedra
és dolorida pell d’uns altres dies;
allí on no sentiràs sinó el silenci
nosaltres hi escoltem les antigues paraules.”

JESÚS MONCADA

Por el camino de sirga, río arriba, Jesús Moncada extrae retazos de la memoria de un pueblo que fue tragado por las aguas. Recompone poco a poco, como si fueran las piezas de un rompecabezas, las ruinas de la memoria del viejo pueblo de Mequinenza. Formas de vida que desaparecieron para siempre en nombre el “progreso”. Lo hace con un lenguaje extraordinario y riquísimo, plagado de expresiones populares, frases hechas y refranes del catalán, tal como se hablaba en el pueblo viejo y tal como se habla todavía en el pueblo nuevo de Mequinenza.

Dieciocho años ha estado este libro esperándome. Fue un regalo de los que no se olvidan nunca. Era el mes de septiembre del año 2003. Un año en el que cambiaron muchas cosas. El libro se quedó a la espera del momento oportuno. Por fin ha llegado ese momento en este año 2021, segundo de la peste, en el que también han cambiado muchas cosas y en el que se intuye que van a cambiar muchas más. Todas a peor. Estamos viviendo el final de algo, tal como les ocurrió a los vecinos de Mequinenza durante aquellos años trágicos que quedan reflejados en la novela de Jesús Moncada.

algunas páginas sobre esta novela:

W. G. Sebald en el corazón de Europa

29/10/2021 Comentarios desactivados en W. G. Sebald en el corazón de Europa

Cristian Crusat, W.G. Sebald en el corazón de Europa, Wunderkammer, 2020

Maquetas y relicarios textuales, los libros de Sebald -una suerte de Tácito encerrado en un cuarto de revelado fotográfico- representan una resistencia contra el gigantismo de la época, la aceleración del ritmo de vida y la mudanza de los mecanismos de poder, control y conocimiento. Su poética deambulatoria fundó una ética de la miniatura, la pequeñez y lo inadvertido que representa también toda una ética literaria: al contemplar una imagen durante un buen tiempo, ciertas cosas emergen. A su modo, Sebald redistribuyó las proporciones del paisaje europeo, presentándolo a una escala renovada, conflictiva y no menos desasosegante, si bien radicalmente verdadera.

Crusat, como Sebald, es un viajero tranquilo que se adentra en el corazón de Europa a través de la geografía y de los textos de Sebald y de otros autores. Viaja lentamente por sus lecturas, explorando pacientemente los textos que recorre, siguiendo una trama compuesta por multitud de hilos con los que teje sus reflexiones, sus puntos de vista, para dar forma a un relato que recuerda a los del propio Sebald.

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Austerlitz

23/10/2021 Comentarios desactivados en Austerlitz

W.G. Sebald, Austerlitz, Traducción de Miguel Sáenz, Anagrama, 2013.

Edición original: Austerlitz, Carl Hanser Verlag, Munich, 2001

En los libros de W. G. Sebald, un narrador que lleva el nombre de W. G. Sebald —según se nos recuerda en forma ocasional— viaja para rendir cuenta de la evidencia de una moral en la naturaleza, retrocede ante las devastaciones de la modernidad, medita en torno a los secretos de vidas oscuras. En alguna jornada de investigación, lanzado por algún recuerdo o noticia de un mundo perdido sin remedio, él recuerda, invoca, alucina, lamenta.

SUSAN SONTAG, “W. G. SEBALD: EL VIAJERO Y SU LAMENTO

No me parece, dijo Austerlitz, que comprendamos las leyes que rigen el retorno del pasado, pero cada vez me parece más como si no hubiera tiempo, sino diversos espacios, imbricados entre sí, entre los que los vivos y los muertos, según el talante en que se encuentren, van de un lado al otro, y cuanto más lo pienso tanto más me parece que nosotros, los que todavía nos encontramos con vida, a los ojos de los muertos somos irreales y sólo en determinadas condiciones de luz y requisitos atmosféricos, resultamos visibles.

Austerlitz es la tragedia del siglo XX, la tragedia de Europa… y la tragedia de la progresiva extinción de nuestra capacidad para recordar quiénes somos y de donde venimos.

Frente al desarraigo impuesto por la modernidad, Sebald escribe buscando la autenticidad, lo que une a los humanos con el resto de la naturaleza… Literatura de resistencia contra la desmesura, el gigantismo y la aceleración de la modernidad. Alguien lo dijo en algún lugar: Sebald escribe sus libros como si estuviera cuidando su jardín. También lo hace como si fuera reconstruyendo un rompecabezas con piezas diferentes de diferentes materiales, con formas diferentes y con lenguajes diferentes.

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Los anillos de Saturno

22/10/2021 Comentarios desactivados en Los anillos de Saturno

W.G. Sebald, Los anillos de Saturno. Una peregrinación inglesa, Traducción de Carmen García Gómez y Georg Pichler, Anagrama, Barcelona, 2021

Edición original: Die Ringe des Saturn, Vito von Eichborn GmbH & Co., Frankfurt am Main, 1995

Toda la civilización de la humanidad, desde sus comienzos, no ha sido más que un ascua que con el paso de las horas se torna más intensa, y de la que nadie sabe hasta qué punto se va a avivar y cuándo se va a extinguir.

Sebald camina y mientras camina hace un doble, incluso triple, viaje. Viaja sobre la superficie de la tierra, pero también viaja por sus recuerdos, sus pensamientos, sus intereses, sus investigaciones. El tercer viaje que realiza este singular caminante es a través de los acontecimientos, personas y lugares a los que le llevan sus reflexiones. Como los anillos de Saturno que están formados por multitud de fragmentos que giran alrededor de un centro, las reflexiones y recuerdos de Sebald son fragmentos que giran siempre alrededor de la miseria y la crueldad del ser humano, de todo aquello que constituye y da forma a la civilización humana. En cada eta de su camino se encuentra con el recuerdo de otros caminos y otros viajes en los que la civilización y la naturaleza se hacen visibles desde la distancia.

Todo lo que es humano le interesa y por eso fija su atención en el mal, el desorden, el caos, pero al mismo tiempo rechaza todo aquello que es desmesurado, que se aleja de la escala de lo humano. La literatura de Sebald es un antídoto contra la banalidad y la superficialidad que caracterizan la cultura actual.

Elizabeth Brown: Just Visible in the Distance

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