Camí de sirga

01/11/2021 Comentarios desactivados en Camí de sirga

Jesús Moncada, Camí de Sirga, La Magrana, 2001

Primera edición: Edicions de La Magrana, 1988

Al que vingui a enderrocar-la (per escriure a la porta de ca meva). Enruna-la, si cal,
però sense escarnir-la.
El que els teus ulls prendran per argamassa i pedra
és dolorida pell d’uns altres dies;
allí on no sentiràs sinó el silenci
nosaltres hi escoltem les antigues paraules.”

JESÚS MONCADA

Por el camino de sirga, río arriba, Jesús Moncada extrae retazos de la memoria de un pueblo que fue tragado por las aguas. Recompone poco a poco, como si fueran las piezas de un rompecabezas, las ruinas de la memoria del viejo pueblo de Mequinenza. Formas de vida que desaparecieron para siempre en nombre el “progreso”. Lo hace con un lenguaje extraordinario y riquísimo, plagado de expresiones populares, frases hechas y refranes del catalán, tal como se hablaba en el pueblo viejo y tal como se habla todavía en el pueblo nuevo de Mequinenza.

Dieciocho años ha estado este libro esperándome. Fue un regalo de los que no se olvidan nunca. Era el mes de septiembre del año 2003. Un año en el que cambiaron muchas cosas. El libro se quedó a la espera del momento oportuno. Por fin ha llegado ese momento en este año 2021, segundo de la peste, en el que también han cambiado muchas cosas y en el que se intuye que van a cambiar muchas más. Todas a peor. Estamos viviendo el final de algo, tal como les ocurrió a los vecinos de Mequinenza durante aquellos años trágicos que quedan reflejados en la novela de Jesús Moncada.

algunas páginas sobre esta novela:

W. G. Sebald en el corazón de Europa

29/10/2021 Comentarios desactivados en W. G. Sebald en el corazón de Europa

Cristian Crusat, W.G. Sebald en el corazón de Europa, Wunderkammer, 2020

Maquetas y relicarios textuales, los libros de Sebald -una suerte de Tácito encerrado en un cuarto de revelado fotográfico- representan una resistencia contra el gigantismo de la época, la aceleración del ritmo de vida y la mudanza de los mecanismos de poder, control y conocimiento. Su poética deambulatoria fundó una ética de la miniatura, la pequeñez y lo inadvertido que representa también toda una ética literaria: al contemplar una imagen durante un buen tiempo, ciertas cosas emergen. A su modo, Sebald redistribuyó las proporciones del paisaje europeo, presentándolo a una escala renovada, conflictiva y no menos desasosegante, si bien radicalmente verdadera.

Crusat, como Sebald, es un viajero tranquilo que se adentra en el corazón de Europa a través de la geografía y de los textos de Sebald y de otros autores. Viaja lentamente por sus lecturas, explorando pacientemente los textos que recorre, siguiendo una trama compuesta por multitud de hilos con los que teje sus reflexiones, sus puntos de vista, para dar forma a un relato que recuerda a los del propio Sebald.

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Austerlitz

23/10/2021 Comentarios desactivados en Austerlitz

W.G. Sebald, Austerlitz, Traducción de Miguel Sáenz, Anagrama, 2013.

Edición original: Austerlitz, Carl Hanser Verlag, Munich, 2001

En los libros de W. G. Sebald, un narrador que lleva el nombre de W. G. Sebald —según se nos recuerda en forma ocasional— viaja para rendir cuenta de la evidencia de una moral en la naturaleza, retrocede ante las devastaciones de la modernidad, medita en torno a los secretos de vidas oscuras. En alguna jornada de investigación, lanzado por algún recuerdo o noticia de un mundo perdido sin remedio, él recuerda, invoca, alucina, lamenta.

SUSAN SONTAG, “W. G. SEBALD: EL VIAJERO Y SU LAMENTO

No me parece, dijo Austerlitz, que comprendamos las leyes que rigen el retorno del pasado, pero cada vez me parece más como si no hubiera tiempo, sino diversos espacios, imbricados entre sí, entre los que los vivos y los muertos, según el talante en que se encuentren, van de un lado al otro, y cuanto más lo pienso tanto más me parece que nosotros, los que todavía nos encontramos con vida, a los ojos de los muertos somos irreales y sólo en determinadas condiciones de luz y requisitos atmosféricos, resultamos visibles.

Austerlitz es la tragedia del siglo XX, la tragedia de Europa… y la tragedia de la progresiva extinción de nuestra capacidad para recordar quiénes somos y de donde venimos.

Frente al desarraigo impuesto por la modernidad, Sebald escribe buscando la autenticidad, lo que une a los humanos con el resto de la naturaleza… Literatura de resistencia contra la desmesura, el gigantismo y la aceleración de la modernidad. Alguien lo dijo en algún lugar: Sebald escribe sus libros como si estuviera cuidando su jardín. También lo hace como si fuera reconstruyendo un rompecabezas con piezas diferentes de diferentes materiales, con formas diferentes y con lenguajes diferentes.

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Los anillos de Saturno

22/10/2021 Comentarios desactivados en Los anillos de Saturno

W.G. Sebald, Los anillos de Saturno. Una peregrinación inglesa, Traducción de Carmen García Gómez y Georg Pichler, Anagrama, Barcelona, 2021

Edición original: Die Ringe des Saturn, Vito von Eichborn GmbH & Co., Frankfurt am Main, 1995

Toda la civilización de la humanidad, desde sus comienzos, no ha sido más que un ascua que con el paso de las horas se torna más intensa, y de la que nadie sabe hasta qué punto se va a avivar y cuándo se va a extinguir.

Sebald camina y mientras camina hace un doble, incluso triple, viaje. Viaja sobre la superficie de la tierra, pero también viaja por sus recuerdos, sus pensamientos, sus intereses, sus investigaciones. El tercer viaje que realiza este singular caminante es a través de los acontecimientos, personas y lugares a los que le llevan sus reflexiones. Como los anillos de Saturno que están formados por multitud de fragmentos que giran alrededor de un centro, las reflexiones y recuerdos de Sebald son fragmentos que giran siempre alrededor de la miseria y la crueldad del ser humano, de todo aquello que constituye y da forma a la civilización humana. En cada eta de su camino se encuentra con el recuerdo de otros caminos y otros viajes en los que la civilización y la naturaleza se hacen visibles desde la distancia.

Todo lo que es humano le interesa y por eso fija su atención en el mal, el desorden, el caos, pero al mismo tiempo rechaza todo aquello que es desmesurado, que se aleja de la escala de lo humano. La literatura de Sebald es un antídoto contra la banalidad y la superficialidad que caracterizan la cultura actual.

Elizabeth Brown: Just Visible in the Distance

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Premio al engaño

17/10/2021 Comentarios desactivados en Premio al engaño

PREMIO AL ENGAÑO

Si quieres prosperar
en este mundo de mentira
triunfante,
debes sacarte un título
en la Universidad del Engaño.
Aprende de estos tres varones
que, poniéndose un nombre de mujer,
Carmen Mola,
y diseñando toda una arquitectura
del fraude,
han recibido un millón de euros.
Han usado a sus lectores
previos,
de cuando sacaban novelas policíacas,
engañándolos,
como escalones
para ascender.
Y se han merecido
el Premio Planeta,
si bien el planeta Tierra
no se merece
embaucadores como ellos.
Mando a paseo,
a un paseo extraterrestre,
al Premio Planeta
y a todos sus premiados.
Casi nada tan sucio
y tan necio
como la Industria Cultural.

PEDRO GARCÍA OLIVO, Alto Juliana, Aldea Sesga

Una novela que comienza

17/10/2021 Comentarios desactivados en Una novela que comienza

Macedonio Fernández, Una novela que comienza, Prólogo de Alicia Borinsky, Epílogo de Gastón Segura, Drácena Ediciones, 2021.

Primera edición: Ediciones Ercilla, Santiago de Chile, 1941

… si nos pusiéramos a desmontar los ingredientes de su novela, hallaríamos que circulan por un triple cauce: el del teórico que indaga, el del humorista que disimula la trascendencia bajo una actitud de sorpresa y el del poeta que persigue las entrañables relaciones que flotan invisibles entre las cosas.

Gilberto González y Contreras, “Una novela que comienza, por Macedonio Fernández”, Revista Iberoamericana, Vol. VII, Núm. 14, Febrero 1944

Libre sin límite sea el arte y todo lo que le sea ajeno, sus letras, sus títulos, el vivir de sus cultores. Tragedia o Humorismo o Fantasía nada deben sufrir de un Pasado director ni copiar de una Realidad Presente y todo debe incesantemente jugar, derogar.

Macedonio Fernández es, y quiere ser, un renovador de la novela. Esta es realmente una novela que comienza y que seguirá escribiendo el resto de sus días para ir configurando lo que al final será el museo de la novela de la Eterna… Con un lenguaje barroco, que por momentos parece querer seguir los pasos de San Juan de la Cruz, construye un texto endiabladamente complejo en el que las reflexiones sobre el sentido de la vida y el comportamiento humano pierden toda su trascendencia gracias a un fino y complejo sentido del humor. Macedonio escribe para que el lector se convierta en autor. Él se limita a dejar materiales que provoquen al lector.

Sorprende que en una edición, que pretende ser cuidada y elegante, haya tantas erratas. Algunas de ellas son estas:

En la página 17: “de modo que juntamos es contentarnos” en lugar de “de modo que juntarnos es contentarnos”.
En la página 41: falta cerrar el paréntesis al final del párrafo: “de ninguna de las maneras de aplaudir.)”
En la página 44: “en cieno modo” en lugar de “en cierto modo”.
En la misma página: “con obligamos a vivir” en lugar de “con obligarnos a vivir”.
En la página 46: “yo llegue creo a integrar” en lugar de “yo llegué creo a integrar”.
En la página 49: “Demencial igual antivital” en lugar de “Demencial igual a antivital”.
En la página 64: “lo peor que puede ocurrimos” en lugar de “lo peor que puede ocurrirnos”.
En la página 92: “di con él y me enfrente” en lugar de “di con él y me enfrenté”.
En la página 118: “se mire cómo se quiera mirar” en lugar de “se mire como se quiera mirar”.

Y como no hay forma de ponerse en contacto con la editorial (su web no funciona, no encuentro ningún email y en la cuenta de twitter no se les pueden enviar mensajes), quedan aquí registradas.

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Los altos

16/10/2021 Comentarios desactivados en Los altos

Alberto Giacometti, «Homme qui marche II» (1960)

Las personas muy altas, aparte del horroroso inconveniente de andar siempre muy lejos de ellas mismas, notándose que caminan a grandes pasos para alcanzarse -yo no podría acostumbrarme a un destino tan travieso- llevan por esto, de continuo, las lastimaduras en la cabeza que todos hemos observado. Debe elegirse a tiempo la estatura “apenas alta”: es mi clasificación; tengo un modelo en casa. No estoy resentido con los altos: no he querido ese formato.

Macedonio Fernández, Una novela que comienza

Poema al astro de luz memorial

14/10/2021 Comentarios desactivados en Poema al astro de luz memorial

Marc Chagall, «En torno a ella»

(Yo todo lo voy diciendo para matar la muerte en «Ella»)

TESIS: Es más Cielo la Luna que el Cielo, si una Cordialidad de la Altura es lo que buscamos.


Astro terranalicio de la luz segunda astro terranalicio de la luz dulce que con aventura extraña visitas las noches de la tierra, unas sí y otras no, pero siempre de una noche para otra con diversa libertad de visita, siempre o más breve o más detenida y cada serie de tus visitas comienzas tímidamente y mitad decreces noche a noche y mitad decreces noche a noche, haciéndote un visitante diferente de noche en noche, para en mínimo ser cual comenzaste partir a un no volver de algunos días.
Astro terranalicio de un día sí y otro no, de una vez más y otra menos, pero que no dejas nunca de serlo.
¿Para qué astro eres entonces visita de sus noches, pues no eres terrenal en tus ciertas ausencias, o es que los otros días piensas en ti sola como sólo en la tierra en las noches de tu plena luz?
Dile a un poeta que no lo sabe todo, si está hecha tu ausencia con un pensar en ti, o quizá con un lucir a otro. Porque poeta es saberlo todo.
Trechos de tu órbita la tierra no los sabe, y ella tan cierta está de algún imposible tuyo para tenerse en sus noches y este amor alternante no se enduda, en tanto en mí, hombre de continuidad en humano amor me puso incurablemente en sospecha.
Pero te amamos tanto, astro de la luz segunda, tu dulce luz tanto amamos memorizando a la tierra el sol no presente con tu luz recuerdo; yo al menos te amo tanto, que cuando vuelves ceso de creer en tu ausencia de ayer y de otros días. También como la tierra, yo creo que sólo por imposible ayer no estabas.
Astro memorioso que esmeras un día de cada dos en tocar de diurnidad la noche terrenal, cual si supieras que la memoria solar de la tierra solaricia es desfalleciente de un día a otro alternado día y si antes y después le has de hacer noches diurnales a la tierra y lo haces tú, tú que no tienes olvido por ausencia, tú que ausente por noches fías en la memoria de ti por la tierra, inquiétaste por la memoria solar de la tierra.
Tutora de la fidelidad terrenal al recuerdo del sol, en eso eres solaricia; pero eres terranalicia en tu fidelidad de compañía a la órbita de la tierra.
He comprendido un misterio tuyo pero éste no.
Terranalicia tú, solaricia la tierra ¿es que velas por toda la memoria en el mundo y amas más las memorias, por más reales, que los presentes? Aquí callo sin comprender.
¿O es que no nos vienes en tu amor sino en un menos amor y en principal cuida del amor solario de la tierra?
Cuando te veo recién arribada, alcanzado por ti nuestro borde, pareciendo vacilar allí y como a emprender un rodar a lo largo del horizonte por gustarlo, y luego te pliegas a un ascenso ¿qué nos quieres decir así?
Quedemos sin saberlo hoy también; mañana, más tarde —para qué son nuestros días sino para trabajar más y otra vez los misterios— más enérgicamente, en buena hora de mi espíritu contemplaré, escucharé el misterio de tu sentido en el misterio todo.
Cuando tú quieres ser el ojo del ciprés y con un mirar obseso aferras nuestra contemplación debemos comprenderte dolorida, tanto como cuando nosotros en un no poder ya resistir nos revolvemos como tú ahora oh único astro que mira (pues todos los otros saetan ásperos de chispas que nunca miraron).
Oh único astro de mirada, nos revolvemos clamando hacia el no ser.
Y ya ahora te desprendiste del follaje y tiendes hacia el horizonte, te serenas, vagas y cuando la nubecilla en gran viento flota, te aguzas flecha disparada de ella vertiginosa para detenerte, serenarte cunado huiste bastante de aquel pasajero copo al que le opusiste tu fuga, caprichosa triste y complacida de tu juego y nuestro asombro, nos encaras con ligereza y en fin vas cayendo con ladeado mirar distraído hacia el borde del mundo.
Y ya te fuiste, con tus pobres dichas y quejas. En toda la andanza, sólo en el perfil de los cipreses lloraste, y tanto que pediste nuestra piedad. Y ahora por faltar tuyo un cielo sin mirada en las noches, ahora sólo habrá astros que agitan, no tú que acompañas.
Oh, sí, acompañas con cuántas gracias saltas de copa en copa siguiéndonos entre los árboles con tus saltitos de luz a sombras.
El único mirar dulce que viene de lo alto es el tuyo el chispear del viaje de indiferencia de las otras estrellas molesta y agita, y no nos mira.
Heridos de ellas, corremos a ti cuando apareces y con dolor nuestro comienza la ausencia tuya.
Sí; porque pudiera que el móvil chispear de las estrellas sea dolor como hay dolor en nosotros pero es que tú, luna, que también sufres, miras y acompañas.
Eres más sabia o afortunada en la mitigación participante.
Qué es la luna no lo sabemos hombres y aun artistas y poetas, qué sentido tiene su ser y sus modos, su adhesión a la tierra, su seguimiento al sol, su mediación mnemónica entre la tierra y el sol y por qué quiere hacer diurnales unas y no otras de las noches terrenas, y tantas cosas más neciamente explicadas, que de ella ignoramos pero que sólo puede explicarlas la doctrina del misterio.
Que el sol te atrae, que la tierra también, que recibes la luz del sol y sin amor, por fuerza la reflejas a la tierra, éstas no son explicaciones; no se nos dice por qué el sol brilla, por qué en torno suyo gira la luna en torno de la tierra, ya que pudo ser otramente; por qué hay una luz interceptable, por qué hay una luz que tiene sombras, por qué ceden a su paso unas cosas y otras no y hay lo opaco y lo traslúcido.
Mecánica dirá por qué, pero yo no pregunto sino para qué razón para el alma, pues conciencia se anula si admite un mundo rígido, y todo el porqué físico no es más que decirme el antes de algo, o sea una evasión no una respuesta.
Lo que anhelamos explicar es qué debemos sentir y adivinar ante estos hechos, ante el comportamiento lunar, qué nos quiere decir y de qué manera concierta con el misterio total único. La espontaneidad, el acontecer libre, no es una respuesta; es un renunciamiento explicativo.
Todavía no poeta, no soy poeta, no hay poeta, pues de eso no se sabe. Hasta ahora, pues, sólo vivimos.
Debió enseñarsenos y debimos entenderlo antes que nuestro saber ignorado innato y luego nuestro acto nos hicieran gustar por primera vez el pecho materno. ¿Pero cómo, se dirá, ha de esperar el niño a conocer el sentido de la luna para empezar a nutrirse, si en tanto morirá? ¿Pero por qué, digo yo, ha de precisar nutrirse antes de entender el sentido de la luna y se ha de morir si deja lo uno por lo otro? La ciencia nada explica, es evidente; pero el poeta no lo dijo nunca tampoco, aún.
Y yo miraré la próxima luna todavía sin entenderla.
Oh luna, que puede amarse, bien me pareces pobrecita del cielo.

Macedonio Fernández («Poemas», 1953)

Bibliografía:

La analfabeta

12/10/2021 Comentarios desactivados en La analfabeta

Agota Kristof, La analfabeta. Relato autobiográfico, Traducción de Juli Peradejordi, Prólogo de Josep Maria Nadal Suau, Ediciones Alpha Decay, Barcelona, 2015

Edición original: L’Analphabète, Recite Autobiographique, Editions Zoé, 2004

… uno diría que en La analfabeta Kristof no narra sino que se limita a dejar caer un peso tras otro sin hacer una sola mueca.
[…]
Agota Kristof está imaginando su condición en La analfabeta. ¿Y cómo escribirla, sino pobremente, con un francés a tientas?
[…]
En La analfabeta, Kristof se muestra como una desarraigada, y su escritura también.

JOSEP MARIA NADAL SUAU

¿Cómo habría sido mi vida si no hubiera dejado mi país? Más dura, más pobre, pero también menos solitaria, menos rota; quizá feliz.

El desarraigo del exilio está presente en la escritura de Agota Kristof. Escribió en una lengua que no era la suya, a tientas, con frases que son como martillazos remachando un clavo… Agota Kristof escribe sobre el dolor del abandono, de la pobreza, de la soledad, de la tristeza, del exilio, con palabras que golpean, pero no lo hace con crueldad. Golpea con dulzura.

p. 44:
Me dejé en Hungría mi diario de escritura secreta, y también mis primeros poemas. También dejé a mis hermanos, mis padres; sin avisarles, sin despedirme de ellos, sin decirles adiós. Pero sobre todo, ese día, ese día de finales de noviembre de 1956, perdí definitivamente mi pertenencia a un pueblo.

p. 47:
¿Cómo habría sido mi vida si no hubiera dejado mi país? Más dura, más pobre, pero también menos solitaria, menos rota; quizá feliz.

p. 48:
Para escribir poemas, la fábrica está muy bien. El trabajo es monótono, se puede pensar en otras cosas y las máquinas tienen un ritmo regular que ayuda a contar los versos.

p. 49:
… jornadas de trabajo tristes, veladas silenciosas, esta vida solidificada, sin cambios, sin sorpresas, sin esperanza.

p. 50:
… si estoy triste, es más bien a causa de esa excesiva seguridad en mi presente y porque no tengo nada más que hacer salvo pensar en el trabajo, la fábrica, las compras, la colada, las comidas y nada más que esperar que los domingos para dormir y soñar un poco más con mi país.

p. 54:
… uno se hace escritor escribiendo con paciencia y obstinación, sin perder nunca la fe en lo que escribe.

p. 57:
No he escogido esta lengua. Me ha sido impuesta por el destino, por la suerte, por las circunstancias. Estoy obligada a escribir en francés. Es un desafío. El desafío de una analfabeta.

El ojo

11/10/2021 Comentarios desactivados en El ojo

Vladimir Nabokov, El ojo, Traducción de Juan Antonio Masoliver Ródenas, Anagrama, 1999

Edición original en ruso: Soglyadati, serializado en “Sovremenny Zapiski”, Paris, 1930
1ª edición en inglés: The Eye, Traducción de Dimitri Nabokov, Phaedra, New York, 1965

Ilustración de la cubierta: Portrait of the Marquis d’Afflitto (Tamara de Lempicka, 1925)

Me he dado cuenta de que la única felicidad en este mundo consiste en observar, espiar, acechar, escudriñarse a uno mismo y a los demás, no ser más que un gran ojo, ligeramente vítreo, algo inyectado en sangre, imperturbable. Juro que esto es la felicidad.

La calle se prolongaba en el espejo lateral contiguo al escaparate, pero no era más que una prolongación ilusoria: un coche que había pasado de izquierda a derecha desapareció repentinamente, si bien la calle lo esperaba imperturbable; otro coche que se había estado acercando en sentido contrario, desapareció también: uno de los dos había sido sólo un reflejo.

Nabokov es un embaucador y en esta breve novela queda patente. Toda la novela es un juego de espejos que proporcionan diferentes visiones de lo mismo, con las que el autor juega para divertirse. La realidad y los reflejos de la realidad se confunden incluso para el ojo que todo lo escudriña… Esta novela, escrita en 1930, es probablemente el manantial en el que han bebido escritores como Borges y Bolaño. Nabokov no desaprovecha la ocasión para manifestar su pensamiento crítico con la ironía que le caracteriza en todas sus obras.

p. 30-31:
… un hombre que ha optado por la autodestrucción está muy alejado de los negocios mundanos, y sentarse a escribir su testamento sería, en ese momento, un acto tan absurdo como darle cuerda al reloj ya que, junto con el hombre, todo el mundo queda destruido; la última carta se convierte inmediatamente en polvo y, con ella, todos los carteros; y se desvanecen como el humo los bienes legados a una progenie inexistente.

p. 31:
… la imaginación de lo ilícito tiene un alcance limitado.

p. 31:
¿tener miedo del negro sueño aterciopelado, de la oscuridad uniforme, mucho más aceptable y comprensible que el abigarrado insomnio de la vida? Absurdo: ¿cómo se podía tener miedo de eso?

p. 35:
Porque ahora sabía que después de la muerte el pensamiento humano, liberado del cuerpo, continúa moviéndose en una esfera donde todo está interconectado como antes y tiene un grado relativo de sentido, y que el tormento de un pecador en el otro mundo consiste precisamente en que su mente tenaz no puede encontrar sosiego hasta que no consigue desenmarañar las complejas consecuencias de sus imprudentes acciones terrestres.

p. 39:
Es tonto buscar una ley básica; todavía más tonto encontrarla. Un hombrecillo mezquino decide que todo el curso de la humanidad puede explicarse en términos de los signos del zodíaco, que giran insidiosamente, o como una lucha entre una barriga vacía y otra llena; contrata a un filisteo puntilloso para que actúe como secretario de Clío, e inicia un comercio al por mayor de épocas y masas; y, entonces, ay del individuum particular, con sus dos pobres ues, que grita desesperadamente en medio de la densa vegetación de causas económicas. Por suerte tales leyes no existen: un dolor de muelas puede costar una batalla, una llovizna cancelar una insurrección. Todo es fluido, todo depende del azar, y fueron en vano todos los esfuerzos de aquel burgués avinagrado con pantalones victorianos a cuadros, autor de Das Kapital, fruto del insomnio y de la jaqueca.

p. 66:
Una vez él le llevó un pequeño volumen de Gumilyov, el poeta de la entereza; tal vez valía la pena comprobar si las páginas habían sido cortadas y si el libro estaba quizás en la mesita de noche.

p. 71:
… este decrépito charlatán, poco dispuesto a mantener oculto ni tan sólo un grano de los silos de su experiencia…

p. 86:
La medianoche pronto cerraría por completo el ángulo agudo de las horas…

p. 101:
La calle se prolongaba en el espejo lateral contiguo al escaparate, pero no era más que una prolongación ilusoria: un coche que había pasado de izquierda a derecha desapareció repentinamente, si bien la calle lo esperaba imperturbable; otro coche que se había estado acercando en sentido contrario, desapareció también: uno de los dos había sido sólo un reflejo.

p. 102:
Es espantoso cuando la vida real de pronto resulta ser un sueño, pero ¡cuánto más espantoso cuando lo que uno ha creído que era un sueño -fluido e irresponsable- de pronto empieza a cuajarse como realidad!

p. 107:
Me he dado cuenta de que la única felicidad en este mundo consiste en observar, espiar, acechar, escudriñarse a uno mismo y a los demás, no ser más que un gran ojo, ligeramente vítreo, algo inyectado en sangre, imperturbable. Juro que esto es la felicidad.

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