cuidado con las palabras

16/01/2021 Comentarios desactivados en cuidado con las palabras

cuidado con las palabras
                        (dijo)

tienen filo
           te cortarán la lengua
cuidado
       te hundirán en la cárcel
cuidado

       no despertar a las palabras
acuéstate en las arenas negras
y que el mar te entierre
y que los cuervos se suiciden en tus ojos cerrados
cuídate
       no tientes a los ángeles de las vocales
no atraigas frases
                  poemas
                        versos
no tienes nada que decir
nada que defender
sueña sueña que no estás aquí
que ya te has ido
que todo ha terminado

Alejandra Pizarnik

La condesa sangrienta

25/05/2020 Comentarios desactivados en La condesa sangrienta

Alejandra Pizarnik, La condesa sangrienta, Libros del Zorro Rojo, 2019

Ilustraciones: Santiago Caruso

 

“Quisiera un castillo sangriento”, había dicho el comensal gordo.
JULIO CORTÁZAR, 62/Modelo para Armar

 

SÓLO REFLEJOS

Disfrazan tan bien los disfraces
el mundo crece ante mi pequeñez
ahora yo rasguño las ventanas
y Báthory es quien llora               dentro de una tina

No comprende cómo
se ha degollado lo eterno

FANNY CAMPOS, Hystera/Hystrión, 2016

István Csók – Erzsébet Báthory (1896) (reproducción fotográfica del original que se perdió durante la II Guerra Mundial)

Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.
ALEJANDRA PIZARNIK, “Los caminos del espejo”, La piedra de la locura

 

EL ESPEJO DE LA MELANCOLÍA

¡Todo es espejo!
OCTAVIO PAZ

Vivía delante de su gran espejo sombrío, el famoso espejo cuyo modelo había diseñado ella misma…

“El espejo de la melancolía” es el título de uno de los breves capítulos de este poema en prosa que Alejandra Pizarnik dedicó al personaje real e insólito de Erzébet Báthory, “La Condesa sangrienta”. Alejandra tuvo conocimiento de la condesa Báthory gracias a la lectura del libro de Valentine Penrose. Quedó impresionada por el personaje y por el libro de Valentine Penrose, y escribió unas notas para comentarlo, que terminaron dando forma a su propio poema en prosa, y que publicó por primera vez en el primer número de la revista Testigo de Buenos Aires (primer trimestre de 1966).

Quizá sea este capitulo, “El espejo de la melancolía”, el que más nos acerca al personaje de la condesa Báthory tal como lo veía Alejandra Pizarnik. La melancolía -esa “silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica”- que se trasluce en toda su obra es aquí explícitamente abordada:

“Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto. De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya “la farsa que todos tenemos que representar”. Pero por un instante —sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia—, el ritmo lentísimo del melancólico no sólo llega a acordarse con el del mundo externo, sino que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa; y el yo vibra animado por energías delirantes. […] El libro que comento en estas notas lleva un retrato de la condesa; la sombría y hermosa dama se parece a la alegoría de la melancolía que muestran los viejos grabados. Quiero recordar, además, que en su época una melancólica significaba una poseída por el demonio.

Anónimo, Retrato de Erzsébet Báthory (s XVI)

 

Lo que sigue haciéndonos soñar es la cantidad y la intensidad de los oscuros impulsos que nos han ido llevando así hacia un nombre, un hecho o un personaje y no otro. Entramos ahí en un bosque sin senderos.
MARGUERITE YOURCENAR, “Juegos de espejos y fuegos fatuos”

 

Son muchas las coincidencias que me han llevado a profundizar en el personaje de la condesa Báthory, haciéndome penetrar en un bosque sin senderos en el que es fácil perderse. En ese bosque he ido encontrando diversas referencias al personaje.

Valentine Penrose, “la surrealista que quiso comprender el misterio del mal”, recopiló documentos y relaciones acerca del personaje histórico, real e insólito, de la condesa Báthory, supuestamente la asesina de 650 jóvenes muchachas vírgenes, y escribió un libro, Erzsébet Bathory la comtesse sanglante, que fue publicado por primera vez en 1962. En él, según Pizarnik, no separó su don poético de su minuciosa erudición y, sin alterar los datos reales penosamente obtenidos, los refundió en una suerte de vasto y hermoso poema en prosa.

Según Valentine Penrose, la primera vez que se publicó la historia de esta sangrienta condesa fue en 1744. El autor de la monografía fue un sacerdote jesuita llamado Laszló Turóczi, que halló el borrador del proceso judicial y que, además, pudo acceder a la documentación que se había conservado en los Archivos de los Tribunales de Viena y, posteriormente, en Budapest. R. A. von Elsberg escribió una biografía de la condesa en 1894. Dezsó Rexa volvió a tratar el asunto en 1908. El poeta romántico húngaro János Garay (1812-1853) escribió un poema sobre ella y una obra teatral en cinco actos titulada Erzsébet Báthory que se estrenó el 9 de agosto de 1840 en el Teatro Pest. Otras obras dedicadas a este personaje son la novela de Karl P. Szátmary La tigresa de Csejthe, y la escrita en eslovaco titulada La leyenda Báthory: Cachticka Pani de J. Niznánszy. William Seabrook le dedicó varios párrafos en su libro titulado Witchcraft, al igual que Sabine Baring Gould en El libro de los hombres lobo. El húngaro Makkai Sándor publicó en 1925 una biografía novelada de la familia Báthory titulada El carro del diablo (Ördögszekér).

Georges Bataille, escritor preocupado por las relaciones entre la literatura y el mal, en su libro Les larmes d’Éros, publicado en 1959, poco antes de su muerte, ya hacía mención a la obra de Valentine Penrose sobre la condesa Báthory, que todavía no había visto la luz.

También Julio Cortázar, con quien Alejandra Pizarnik había tenido relación mientras vivió en París, utiliza el personaje de la condesa en su novela 62/Modelo para armar, publicada en 1968.

En 1983, Marguerite Yourcenar publicó Le Temps, ce grand sculpteur, un volumen que recogía dieciocho ensayos de temática variada, pero con un hilo conductor: el paso del tiempo sobre los seres y las cosas y sobre la belleza que se deriva del mismo. En el octavo de estos ensayos, titulado “Juegos de espejos y fuegos fatuos” y datado en 1975, expone que entre la publicación de Memorias de Adriano y la de Opus Nigrum había empezado a preparar una obra que provisionalmente había titulado Tres mujeres llamadas Isabel y que nunca llegó a escribir. En este ensayo deja constancia, no sólo de la existencia de su proyecto, sino del contenido del mismo. Una de estas tres mujeres sería la santa Isabel de Hungría; otra, la emperatriz Isabel de Austria; y la tercera hubiera sido Isabel Báthory, “esa mujer que fue una especie de Gilles de Rais menos sensible y menos refinado y que alcanzó, al parecer, una suerte de imbecilidad en el crimen. Estas tres mujeres hubieran marcado los caminos que conducen a la salvación o a la perdición, o el atajo que no conduce ni a una ni a otra sino únicamente al limbo de la poesía y del sueño”. Mientras planeaba la escritura de este libro, Marguerite Yourcenar viajó en un barco llamado Báthory, que debía su nombre al rey polaco Stefan Báthory, pariente de la famosa condesa. En Eslovaquia visitó el castillo de Csejthe, que perteneció a la familia Báthory y que fue el escenario de los crímenes de la condesa, en donde vio como un gato negro escapaba entre unos matorrales. A la vuelta de su viaje, fue sorprendida por otra gran coincidencia. Al acudir a una biblioteca vio casualmente sobre el mostrador un libro recién devuelto por un lector, al que echó una ojeada. Descubrió que se trataba de una colección de ensayos de William Seabrook, en la que entre varias historias sobre causas criminales y de magia negra, dedicaba algunos párrafos a Isabel Báthory. Casualmente el libro se encontraba abierto por aquella página.

Pocas horas después de escribir las líneas precedentes, decido ver una película que ya he visto varias veces, pero que es de esas que siempre se pueden volver a ver. Una buena película de cine negro, rodada en 1948 por Jules Dassin, The Naked City. Para mi sorpresa, a los pocos minutos de comenzar la película, la policía acude al lugar en el que una mujer ha sido asesinada. El apellido de la víctima, que ella se ha cambiado por otro más americano, es nada menos que Batory. Siento que acabo de entrar en un bosque sin senderos…

La poeta argentina María Negroni, que se ha interesado por la literatura gótica como punto de partida para una profunda reflexión sobre el mal y que ha dado como fruto sus ensayos Museo Negro, Galería Fantástica y Film noir, es la autora del prólogo a la edición de la editorial Wunderkammer de La condesa sangrienta de Valentine Penrose.

Otra poeta, en este caso chilena, Fanny Campos, ha escrito varios poemas inspirados en la obra de Alejandra Pizarnik.

Recientemente se han publicado más libros sobre el tema, como por ejemplo, Ella, Drácula de Javier García Sánchez, o Elisabeth Bathory. La condesa sangrienta de Pascal Croci. Uno de los últimos libros aparecidos sobre el personaje de la condesa sangrienta es el de Isabelle Zribi, cuyo título es Bienvenue à Bathory.

El año 2011 tuvieron lugar las primeras representaciones de la Ópera Erzsébet del compositor Dennis Báthory-Kitsz.

 

También hay una abundante filmografía sobre este personaje, pudiendo destacarse las siguientes películas:

– Ryan Swantek, “Báthory: Virgin Blood” (2019)
– Erik Boccio, “Blood Bath” (2016)
– Dávid Spáh, “Báthory Erzsébet és a véres félreértések – Emese álma és a nagypéniszü turulmadár” (2016)
– Peter Sasdy, “Countess Dracula” (1971)
– Julie Delpy, “The Countess” (2009)

María Allemand

Animación digital
basada en los textos de Valentine Penrose, Alejandra Pizarnik y María Negroni
8 min 20 seg / 2007
Música: Francisco García Blaya
Voz y Sonido: Martín Porta

XII Premio Klemm / Mención No Adquisición / 2008
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Alejandra Pizarnik – Poesía completa

17/05/2020 Comentarios desactivados en Alejandra Pizarnik – Poesía completa

Alejandra Pizarnik, Poesía completa, Edición a cargo de Ana Becciú, Lumen, 2016

aún no es ahora
ahora es nunca

aún no es ahora
ahora y siempre
es nunca

 

Alejandra Pizarnik tiene miedo y se oculta en el lenguaje, se esconde tras las palabras con las que da forma a una poesía atormentada que nos estremece, nos trastorna y nos transforma. Leer a Alejandra Pizarnik es emprender un viaje hacia universos nunca imaginados, transitar por infiernos que nos acompañarán siempre. Leer a Alejandra Pizarnik produce inquietud en el alma, como cuando “el agua tiembla llena de viento”.

Dibujo de Alejandra Pizarnik (Colección de Clara Silva)

 

Patricia Venti: «Alejandra Pizarnik: pública y secreta»

Alejandra Moglia: «Hablo de mí: Alejandra Pizarnik»

Santiago Caruso, «Alejandra Pizarnik: Toda Azul»

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EL OJO DE LA ALEGRÍA

17/05/2020 Comentarios desactivados en EL OJO DE LA ALEGRÍA

 

EL OJO DE LA ALEGRÍA (UN CUADRO DE CHAGALL Y SCHUBERT)

La muerte y la muchacha
abrazadas en el bosque
devoran el corazón de la música
en el corazón del sinsentido

una muchacha lleva un candelabro de siete brazos
y baila detrás de los tristes músicos
que tañen violines rotos
en torno a una mujer verde abrazada a un unicornio y a una mujer azul abrazada a un gallo

en lo bajo
y en lo triste
hay casitas
que nadie ve
de madera, húmedas,
hundiéndose como barcos,
¿era esto, pues, el concepto del espacio?
criaturas en erección
y la mujer azul
en el ojo de la alegría enfoca directamente
la taumaturga estación de los amores muertos.

ALEJANDRA PIZARNIK, Textos de sombra

 

Caroline de Gunderode

05/05/2020 Comentarios desactivados en Caroline de Gunderode

Karoline von Günderrode

Caroline de Gunderode

En nostalgique je vagabondais par l’infini

C. de G.

La mano de la enamorada del viento
acaricia la cara del ausente.
La alucinada con su «maleta de piel de pájaro»
huye de sí misma con un cuchillo en la memoria.
La que fue devorada por el espejo
entra en un cofre de cenizas
y apacigua a las bestias del olvido.

 

a Enrique Molina

 

Tomado de «Otros poemas (1959)», en Poesía completa. Edición a cargo de Ana Becciú, Lumen, 2016, p. 148

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