Zona

14/03/2017 Comentarios desactivados en Zona

Geoff Dyer, Zona. Un libro sobre una película sobre un viaje a una habitación, Traducción de Cruz Rodríguez Juiz, Mondadori, 2013

Quizá se pueda leer sin haber visto previamente la película de la que habla. Incluso es posible que la lectura sea todo un placer. Pero no creo que pueda haber alguien que habiendo leído este libro sin haber visto previamente la película Stalker de Andréi Tarkovsky pueda resistir mucho tiempo sin hacer algo para verla.

Para quienes hemos visto la película, la lectura de estas reflexiones sobre cada uno de los 142 planos de que se compone, es un aliciente más para pensar sobre la misma. No tanto sobre las intenciones de Tarkovsky como sobre lo que nos sugiere a cada uno de nosotros. La película es puesta en el contexto de las otras obras del mismo director y en el de muchas otras películas, novelas, poemas y ensayos a los que se hace referencia.

Entre las obras citadas se encuentra El sentimiento trágico de la vida de Miguel de Unamuno, libro del que  extrae una cita que me parece que explica de alguna manera la sensación con la que me quedé la primera vez que ví la película: «Todo, luego de pasar por el tiempo, vuelve a la eternidad».

Oona y Salinger

08/06/2016 Comentarios desactivados en Oona y Salinger

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Frédéric Beigbeder, Oona y Salinger, Traducción de Francesc Rovira, Anagrama, 2016

«Nuestras vidas no tienen importancia, se hunden en el fondo del tiempo, pero hemos existido y eso nada lo puede impedir: por muy líquidas que sean, nuestras alegrías no se evaporan nunca»

Así termina esta novela de «facción». Sin embargo no parece que sea una afirmación sincera. Una vez más, el autor muestra su cinismo. Es verdad que nuestras vidas no tienen importancia y que se hunden en el fondo del tiempo, pero para Frédéric Beigbeder no parece ser así. Para él lo único que tiene importancia es su vida, es él, y aunque sabe que se hundirá en el fondo del tiempo, se empeña en que salga a flote todo lo que sea posible. Beigbeder siempre que escribe, escribe sobre sí mismo. Está encantado de conocerse. Sabe que es un niño grande, un adolescente inmaduro y eterno, rico y pija, producto de un mundo que se dedica a construir individuos como él, inmaduros, narcisistas y ególatras. No sólo lo sabe, sino que nos lo explica con cinismo.

Escribe bien y, en este caso, redondea una historia que, tal como nos explica en la introducción, «no es una ficción», sino que es «pura facción», es decir una ficción que tiene como base hechos reales y personas reales. Los protagonistas de esta historia son, aparte de él y su joven pareja, Oona O’Neill, Salinger y Charles Chaplin. Un ménage a cinq. Ernest Hemingway también ocupa un pequeño rincón.

Pero además de escribir sobre estos personajes, escribe sobre la guerra. Y lo hace muy bien. Escribe sobre la guerra y sobre la forma en la que la guerra destroza a las personas a las que no mata, convirtiéndolas en naturalezas muertas, tal como lo hace con aquellas a las que mata y cuyos cráneos quedan abiertos como floreros.

 

Reseña de Eugenio Sánchez Bravo

Ma’loul

18/09/2015 Comentarios desactivados en Ma’loul

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en el suelo, en los árboles, en lienzos extendidos, dibujan y pintan una realidad de antaño, fantasía de hoy

creyendo recordar, embellecen y, por lo tanto, inventan una aldea tan risueña, tan alegre, tan alejada de su tristeza que todos se ponen aún más tristes y, poco a poco, a medida que esa nueva aldea imaginaria va cobrando vida, su tristeza se va disipando

«Los carteles, los anuncios de los periódicos incitando a los turistas a visitar Israel alaban sobre todo las plantaciones de árboles en el desierto. Tan astuto como Shakespeare, Eretz Israel hizo que los bosques avanzaran. Uno de ellos se detuvo en la aldea de Maalul, cerca de Nazaret. Las casas de los palestinos, previamente minadas, explotaron como se estilaba entonces. Allí continuó creciendo un bosque. Con las uñas, escarbando un poco al pie de los árboles, los cimientos, los sótanos, estarían a flor de suelo. Israel, en cada aniversario de lo que celebra con el nombre de Liberación, viene a ver cómo crecen sus árboles, cada uno de los cuales lleva el nombre de quien lo plantó. Los antiguos habitantes de la aldea o sus descendientes palestinos, todos árabes musulmanes, también acuden allí, a merendar. Los primeros, que fueron los últimos, ríen, y están borrachos. Los últimos, que eran los primeros, cuentan quiénes eran. Como pueden y en unas cuantas horas, mucho menos tiempo del que tienen los muertos obon en el Japón, hacen revivir al pueblo fenecido. A los jóvenes les precisan un detalle, y luego otro; creyendo recordar, embellecen y, por lo tanto, inventan una aldea tan risueña, tan alegre, tan alejada de su tristeza que todos se ponen aún más tristes y, poco a poco, a medida que esa nueva aldea imaginaria va cobrando vida, su tristeza se va disipando. Todos, jóvenes y viejos, se ponen a bailar torpemente las antiguas danzas. Han llevado consigo botes de pintura al agua; en el suelo, en los árboles, en lienzos extendidos, dibujan y pintan una realidad de antaño, fantasía de hoy. Este día aniversario de un renacimiento para los palestinos de Maalul es fiesta para los muertos. Por un día, aparece la aldea que no es más que el facsímil inexistente pero tan vivo de la que fue -la fenecida aldea de Maalul- pues, no satisfecha con no ser más que el pretérito indefinido del verbo ser, pasó por el fuego. Probablemente igual que Nueva York quería ser el duplicado de la ciudad de York. Si se quería entrar en una casa, se rodeaba un árbol en el que estaba dibujada la puerta, para subir al primer piso, los jóvenes palestinos en vaqueros trepaban a sus ramas, en resumen, se imponen dos palabras: resurrección, por un día cobraba sentido, y nostalgia, enfermedad del retorno, que no prepara a la lucha para el verdadero retorno, pero, ¿no es así como en Bretaña y en todos los parajes celtas nacieron junto a las fuentes, en las breñas, los pueblos de hadas, expulsados por los romanos y después por el clero cristiano? Las hadas regresan cada año para una fiesta y algunos vivos se asustan de los cantos, las risas, las bromas de las cuales entienden palabras sueltas, incluso frases enteras, en medio de una especie de aldea hecha con cosas varipintas. Así, el Estado enteramente real de Israel sabe que está duplicado por una supervivencia fantasmal. Este relato me lo hizo un día mademoiselle Shahid. Un joven palestino ha hecho una película sobre esta aldea y esta fiesta, se llama Michel Jleifi.»

Jean  Genet, Un cautivo enamorado, p. 377-378

Ma’loul Celebrates its Destruction ( Michel Khleifi, 1985 ) from shihlun on Vimeo.

 

Inez Hedges, «The Nakba and the construction of identity in Palestinian film«

Les garçons et Guillaume à table!

06/09/2015 Comentarios desactivados en Les garçons et Guillaume à table!

Guillaume

Una película sobre la diferencia diferente. Porque puede haber diferencias diferentes y porque también se pueden hacer películas sobre las diferencias diferentes. Una película diferente.

Estamos acostumbrados a ver películas sobre niños que les gusta ser niñas. La mayor parte de estas películas reivindican el derecho de los niños a querer ser niñas para lo que los instalan en la categoría de mariquitas-gays-homosexuales. No se acepta la diferencia diferente. Cada caso es distinto. No hay dos personas iguales y no hay dos niños iguales.

Guillaume tenía un padre y unos hermanos mayores deportistas, guapos, atléticos, chulos, arrogantes… o sea, muy viriles… y a Guillaume no le gustaban. Le gustaba más su madre. Le gustaba más el mundo de las mujeres que el de los hombres… Le costó librarse del encasillamiento de género: si eres macho pero te gustan los valores, las características culturalmente consideradas como femeninas… significa que eres maricón, homosexual, gay…  ¿De verdad?

Guillaume se interpreta a sí mismo, de adolescente y de adulto, y también interpreta a su madre. Antes de hacer esta película montó una obra de teatro en la que él sólo representaba a todos los personajes.

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