Ravel

22/02/2017 Comentarios desactivados en Ravel

ravel

Jean Echenoz, Ravel, Traducción de Javier Albiñana, Anagrama, 2014

Relato impresionista de los últimos diez años de la vida de un músico impresionista. Echenoz se muestra aquí, como en otras ocasiones, como un maestro de la caricatura en el mejor sentido de esta expresión. No necesita más de dos o tres pequeños trazos para reflejar toda una personalidad. Echenoz es literatura comprimida.

El juego del revés

21/02/2017 Comentarios desactivados en El juego del revés

tabucchi

Antonio Tabucchi, El juego del revés, Traducción de Carlos Gumpert y Xavier González Rovira, Ilustración de la portada de Cagnaccio di San Pietro (1927), Anagrama, 2016.

Este volumen reune varios relatos que fueron publicados en diferentes fechas y que fueron escritos en la década de 1980. Como siempre, los relatos de Tabucchi son como los sueños que no suelen tener final porque siempre se despierta uno antes de que acaben. Por otra parte, los que tienen final dejan siempre tantas cosas sueltas, tantos cabos sin atar, que nos permiten seguir pensando en ellos todo el tiempo que queramos. Las historias de Tabucchi son sorprendentes, pero sobre todo están contadas con ternura y con delicadeza extrema.

Poesía fácil

20/02/2017 Comentarios desactivados en Poesía fácil

POESÍA FÁCIL

Paz no busco, guerra no soporto
tranquilo y solo voy por el mundo en sueño
pleno de cantos sofocados. Anhelo
la niebla y el silencio de un gran puerto.

En un gran puerto pleno de velas leves
listas para zarpar hacia el horizonte azul
dulces ondulando, mientras que el susurro
del viento pasa con acordes breves.

Y aquellos acordes el viento se los lleva
lejos sobre el mar desconocido.
Sueño. La vida es triste y yo estoy solo.

Oh cuándo, oh cuándo en una mañana ardiente
mi alma se despertará en el sol
En el sol eterno, libre y estremecida.

Dino Campana (1885-1932)

 

Leo y releo Vagabundeo, un breve relato de Antonio Tabucchi que forma parte del volumen titulado El juego del revés. Descubro así la existencia de un poeta “maldito” italiano: Dino Campana. El relato de Tabucchi comienza con estas enigmáticas palabras: “A veces empezaba así, como un rumor imperceptible, como una pequeña música; y también con un color, una mancha que nacía en el interior  de los ojos y se ensanchaba sobre el paisaje y después invadía nuevamente los ojos y de éstos pasaba al alma: el añil, por ejemplo. El añil tenía un sonido de oboe, a veces de clarín, en los días más felices. El amarillo, en cambio, tenía sonido de órgano“.

 

Il più lungo giorno (Manuscrito de Dino Campana)

Il più lungo giorno (Película de Roberto Riviello)

 

UNA VEZ FUI ESCRITOR…

Declaraciones de Dino Campana recogidas el 8 de noviembre de 1926 por el doctor Carlo Pariani en Castel Pulci.

A los quince años fui al colegio en Piamonte: en Carmañola, cerca de Turín. Más tarde fui a la Universidad de Bolonia. No conseguí aprobar química. Y entonces me dediqué un poco a escribir y un poco a vagabundear. Estaba impulsado a una especie de manía de vagabundeo. Una especie de inestabilidad me impulsaba a cambiar continuamente… Yo debía estudiar letras. Si estudiaba letras podía vivir. No entendía la química, entonces me abandoné a la nada… Estuve algunos meses en prisión. Dos o tres meses en Suiza, en Basilea; por escándalo. Había peleado con un suizo: unas contusiones. No fui condenado. Tenía un pariente, me recomendó. En Italia, arrestado, y luego en mes de prisión en Parma hacia 1902-1903. He estado en el manicomio de Imola, del profesor Brugia: estuve allí cuatro meses. En Bélgica, depués de Imola, en el manicomio de Tournay otros cuatro meses… Desempeñé algunos oficios. Por ejemplo: templar el hierro; tamplaba una hoz, un hacha. Se vivía. Toqué el triángulo en la Marina Argentina. He sido portero en un círculo de Buenos Aires. Desempeñé tantos oficios […] En la Argentina había olvidado hasta la aritmética. Si no, me habría empleado como contable… Hice de carbonero en los barcos mercantes, de fogonero. Hice de policía en la Argentina, es decir, de bombero […] Estuve en Odesa. Vendía estrellas fugaces en las ferias […] Conocía bien varias lenguas… Había venido a Italia desde Suiza para no desertar. En Italia vieron que había estado en un manicomio y no me llamaron a servicio. De modo, pues, que me quedé paseando… Vendía los Cantos Órficos […] Si vendía aquel libro es porque era pobre… Todos me irritaban un poco. A los futuristas los encontraba vacíos, por ejemplo. Tenía una neurastenia fuerte… Una vez fui escritor, pero tuve que dejarlo porque tenía la mente debilitada. No conecto con las ideas, no sigo… Ahora es preciso que me ocupe de asuntos más importantes.

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Retrato de amor con asesinato

17/02/2017 Comentarios desactivados en Retrato de amor con asesinato

Retrato de amor con asesinato

(Para Berta Cáceres)

Tus hijas son menudas,

una de ellas se muerde el labio

y habla con tu voz de gigante.

Eras madre

y eras hija de tu pueblo,

una combatiente sin gloria,

sin fortuna.

Y llegaron los homúnculos del dinero

con sedientas tragadoras mecánicas,

llegaron a cuantificar la vida de un pueblo,

a cerrarla en deshumanas barreras

a transformar la vida en capital

la muerte en bien común.

La arrogancia del plomo

pudo contigo lo que no pudo

la serpentina lascividad del dinero.

¡Escuchen! ¡Asesinaron a Berta!

Mataron una sonrisa

que se arrojaba contra el tiempo.

¡Escuchen! Asesinaron a una de nosotros,

y es como si de un solo golpe

hubiesen extirpado una entera foresta,

como si en un relámpago hubiesen demediado una montaña,

como si pretendieran incendiar los ríos y los mares.

¡Escuchen! ¡Asesinaron a Berta,

y ahora el agua salpica furibunda desde su proprio manto!

Por ti escribo estos versos

jamás conocida,

por ti vislumbrada

en la figura difuminada de tu hija,

en las lágrimas de una amiga.

Te pido, Berta

acariciar tu nombre,

tu fuerza,

para ser por un poco hijo tuyo,

y madre… para que en mí nazca el alba de una nueva alba.

Para que tu sonrisa sea la señal inconfundible

que desmienta la resignación de los pesimistas,

de los postrados.

 

Nino Buenaventura

Porque ella no lo pidió

16/02/2017 Comentarios desactivados en Porque ella no lo pidió

vila-matas

Enrique Vila-Matas, Porque ella no lo pidió, Lumen, 2016

Vila-Matas explora una vez más los abismos en los que se precipita la realidad más allá de las fronteras que establece la literatura. Ficción y realidad se confunden en la ficción, ¿o es en la realidad en donde todo se vuelve confuso? En realidad nadie lo sabe, ni siquiera quienes se pasan la vida explorando el abismo de la vida.

Acerca de PORQUE ELLA NO LO PIDIÓ (Sophie Calle)

París no se acaba nunca

14/02/2017 Comentarios desactivados en París no se acaba nunca

paris

Enrique Vila-Matas, París no se acaba nunca, Anagrama, 2003

Irónicas memorias de juventud que tratan sobre la educación sentimental de Vila-Matas en París durante los dos años en los que en una pequeña buhardilla de la rue Saint-Benoit escribió su primera novela, La asesina ilustrada. Como ocurre siempre con Vila-Matas no se sabe dónde empieza la realidad y dónde acaba la ficción o viceversa… No hay duda de que para mí, la lectura de este libro “hizo que aumentara mi pasión por los libros apócrifos, por las reseñas de libros falsos, por el mundo de los grandes impostores, por el de los hombres que se hacen pasar por otro, por el de los hombres que son alguien y por el de los que no son nadie”.

Casi al final del libro podemos leer la oración de un desesperado, la oración que supuestamente escribió Hemingway en Un lugar limpio y bien iluminado: “Nada nuestro que estás en la nada, nada es tu nombre, tu reino nada, tú serás nada en la nada como en la nada”. Le llaman nihilismo, pero yo creo que son simplemente naderías.

 

La preocupación del padre de familia

12/02/2017 Comentarios desactivados en La preocupación del padre de familia

odradek

Franz Kafka, “La preocupación del padre de familia”, Un médico rural, 1917. Traducción de Jorge Luis Borges

Unos derivan del eslavo la palabra odradek y quieren explicar su formación mediante ese origen. Otros la derivan del alemán y sólo admiten una influencia del eslavo. La incertidumbre de ambas interpretaciones es la mejor prueba de que son falsas; además, ninguna de ellas nos da una explicación de la palabra.
Naturalmente nadie perdería el tiempo en tales estudios si no existiera realmente un ser que se llama Odradek. Su aspecto es el de un huso de hilo, plano y con forma de estrella, y la verdad es que parece hecho de hilo, pero de pedazos de hilos cortados, viejos, anudados y entreverados, de distinta clase y color. No sólo es un huso; del centro de la estrella sale un palito transversal, y en este palito se articula otro en ángulo recto. Con ayuda de este último palito de un lado y uno de los rayos de la estrella del otro, el conjunto puede pararse, como si tuviera dos piernas.
Uno estaría tentado de creer que esta estructura tuvo alguna vez una forma adecuada a una función, y que ahora está rota. Sin embargo, tal no parece ser el caso; por lo menos no hay ningún indicio en ese sentido: en ninguna parte se ven composturas o roturas; el conjunto parece inservible, pero a su manera completo. Nada más podemos decir, porque Odradek es extraordinariamente movedizo y no se deja apresar.
Puede estar en el cielo raso, en el hueco de la escalera, en los corredores, en el zaguán. A veces pasan meses sin que uno lo vea. Se ha corrido a las casas vecinas, pero siempre vuelve a la nuestra. Muchas veces, cuando uno sale de la puerta y lo ve en el descanso de la escalera, dan ganas de hablarle. Naturalmente no se le hacen preguntas difíciles, sino que se lo trata -su tamaño diminuto nos lleva a eso- como a un niño.
“¿Cómo te llamas?”, le preguntan. “Odradek”, dice. “¿Y dónde vives?” “Domicilio incierto”, dice y se ríe, pero es una risa sin pulmones. Suena como un susurro de hojas secas. Generalmente el diálogo acaba ahí. No siempre se consiguen esas respuestas; a veces guarda un largo silencio, como la madera, de que parece estar hecho.
Inútilmente me pregunto qué ocurrirá con él. ¿Puede morir? Todo lo que muere ha tenido antes una meta, una especie de actividad, y así se ha gastado; esto no corresponde a Odradek. ¿Bajará la escalera arrastrando hilachas ante los pies de mis hijos y de los hijos de mis hijos? No hace mal a nadie, pero la idea de que puede sobrevivirme es casi dolorosa para mí.
Franz Kafka, Die Sorge des Hausvofers (La preocupación del padre de familia), 1917
Traducido al castellano por Jorge Luis Borges en El Libro de los Seres Imaginarios, 1967.
Odradek (ilustración de Claudio Robles)

Odradek (ilustración de Claudio Robles)

Hace tan solo unas horas leía a Enrique Vila-Matas en París no se acaba nunca, esto: “He dicho cachivache y, quizá para ser más preciso, habría tenido que decir un odradek, esa criatura kafkiana que es una especie de armatoste en forma de carrete, formado por una serie de hilos viejos y rotos, de diversos tipos y colores. No es más que un objeto de madera, pero es también una criatura animada, con una vida propiamente eterna, que, en el caso que nos ocupa, habrá de sobrevivir a todos los clientes del lugar en que se aloja, La Closerie des Lilas, de París: allí vive, sin ser percibido nunca por nadie que no sea yo mismo, que desde hace ya treinta años, cuando voy a ese local, converso con él.
«Bueno, ¿cómo te llamas?», le pregunté la primera vez que le vi. «Antes era Vauvert, hoy soy Scott», me dijo con una voz que sonaba como el susurro de unas hojas caídas. «¿Y dónde vives?», le pregunté. «Siempre aquí, en este solar, hoy en día llamado La Closerie, siempre entre la puerta y la barra; en otro tiempo estuve en los sótanos de una casa abandonada que había en este solar», me dijo, y se rió con una risa extraña, la de alguien sin pulmones.
Hice mis investigaciones, pregunté quién había sido el diablo Vauvert.”

Odradek (ilustración de Elena Villa Bray)

Odradek (ilustración de Elena Villa Bray)

Álvaro Cortina, “Notas sobre el odradek: de Vila-Matas a Kafka (y vuelta)“, El Mundo, 14 de Febrero de 2015.

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