Ese sol del atardecer

11/10/2020 Comentarios desactivados en Ese sol del atardecer

Woman carrying clothe bundle on head, Picture from Mississippi Library

William Faulkner, Ese sol del atardecer

Edición original: “That Evening Sun Go Down”, The American Mercury, March 1931, pp. 257-267

St. Louis Blues

(W. C. Handy)

I hate to see that evening sun go down
I hate to see that evening sun go down
Cause my baby, he’s gone left this town
Feelin’ tomorrow like I feel today
If I’m feelin’ tomorrow like I feel today
I’ll pack my truck and make my give-a-way
St. Louis woman with her diamond ring
Pulls that man around by her, if it wasn’t for her and her
That man I love would have gone nowhere, nowhere
I got the St. Louis blues, blues as I can be
That man’s got a heart like a rock cast in the sea
Or else he wouldn’t have gone so far from me
I love my baby like a school boy loves his pie
Like a Kentucky colonel loves his mint ‘n rye
I love my man till the day I die

Odio que se ponga ese sol del atardecer
[…] porque mi amor de la ciudad se fue.
Si mañana me siento igual que hoy
[…] hago la maleta y allá que me voy.
Las mujeres de St. Louis con sus anillos de diamante
tiran del hombre con los cordones del delantal.
De no ser por el maquillaje y la peluquería
el hombre al que amo no se hubiera ido.
Tengo el blues de St. Louis, la pena más grande.
Él tiene el corazón como una piedra tirada al mar.
Si no, no se habría ido tan lejos de mí.

 

Aunque no fue publicado hasta 1931, dos años más tarde que El ruido y la furia, parece que fue escrito antes que la novela, pues en este relato Faulkner perfiló los personajes de la familia Compson que protagonizarían la novela. La historia está narrada por Quentin, el hijo mayor de los Compson, con el punto de vista desprejuiciado de un niño, justo lo que Faulkner busca para acercarnos una historia a la que somos los lectores quienes debemos dotar de significado. En ella se describe la situación de la cocinera sustituta de los Compson, Nancy, cuyo marido se ha marchado y teme que regrese. Se trata de una exploración de los sentimientos de terror, de venganza, de soledad y de indiferencia hacia el otro, especialmente si el otro es una mujer negra… Miedo a que se haga de noche, a quedarse sola… porque él puede regresar.

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El ruido y la furia

11/10/2020 Comentarios desactivados en El ruido y la furia

William Faulkner, El ruido y la furia, Traducción de Ana Antón-Pacheco, Penguin Random House, Barcelona, 2018

En esta edición se incluye el epílogo escrito por Faulkner más de veinte años después de la primera publicación de la novela: Compson: 1699-1945

Edición original: The Sound and the Fury, 1929

Life’s but a walking shadow, a poor player
That struts and frets his hour upon the stage
And then is heard no more: it is a tale
Told by an idiot, full of sound and fury,
Signifying nothing.
William Shakespeare, Macbeth, Act V, Scene 5

“La vida no es más que una sombra en marcha; un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario y después no vuelve a saberse de él: es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada”

 

Caddy olía como los árboles cuando llueve y como cuando ella dice que estamos dormidos.

 

“Yo había empezado a contar la historia a través de los ojos del niño idiota, porque pensaba que sería más eficaz si la contaba alguien que sólo fuera capaz de saber lo que sucedía, pero no por qué. Me di cuenta de que no había contado la historia esa vez. Traté de volver a contarla, ahora a través de los ojos de otro hermano. Tampoco resultó. La conté por tercera vez a través de los ojos del tercer hermano. Tampoco resultó. Traté de reunir los fragmentos y de llenar las lagunas haciendo yo mismo las veces de narrador. Todavía no quedó completa, hasta quince años después de la publicación del libro, cuando escribí, como apéndice de otro libro, el esfuerzo final para acabar de contar la historia y sacármela de la cabeza de modo que yo mismo pudiera sentirme en paz. Ese es el libro por el que siento más ternura. Nunca pude dejarlo de lado y nunca pude contar bien la historia, aun cuando lo intenté con ahínco y me gustaría volver a intentarlo, aunque probablemente fracasaría otra vez.”

 

Las sombras me persiguen y todo a mi alrededor tiene el olor de la madreselva y de los árboles cuando llueve, mientras me sumerjo en una lectura difícil pero enormemente placentera… Como dijo el propio Faulkner en una ocasión, esta novela es una sombría historia de locura y de odio…

El ruido y la furia es la vida que no significa nada, que no es sino una sombra en marcha, Quentin, que pasa por la vida como una sombra y que acaba con ella cuando la sombra desaparece bajo el agua; un mal actor, Jason, que se pavonea por el escenario durante un rato para desaparecer en el olvido; un cuento contado por un idiota, Benjamin, lleno de ruidos y de rabia, de ruido y de furia. En esta historia -que Faulkner casi no nos cuenta y que el lector debe ir construyendo en su imaginación a partir de sensaciones y recuerdos de tres hombres, la sombra, el actor y el idiota- las protagonistas son las mujeres, la madre presente pero ausente, la hija ausente y siempre presente, la nieta rebelde y la criada negra. Las mujeres son las que mantienen la vida, las que tienen comportamientos normales en este cuento lleno de ruido y de furia.

En 1959, Martin Ritt dirigió una horrible película supuestamente basada en esta extraordinaria novela, en la que todo queda destruido. En ella las mujeres también son las protagonistas, porque son malas, irresponsables y putas. Menos mal que la última de ellas es salvada por un hombre, Jason, que, para no asustar a nadie con el fantasma del incesto, en la película deja de ser hermano de sus hermanos. A pesar de las dificultades que supone llevar al cine una novela como ésta, James Franco dirigió una película en el año 2014 mucho más acorde con el significado de la novela de Faulkner.

Leer a Faulkner exige concentración, atención constante a lo que significa cada palabra y cada frase, y sensibilidad para captar la música del texto. Es una experiencia única. Esta novela es como un rompecabezas en el que se han de ir encajando las piezas poco a poco, sin prisa. Es más lo que se adivina que lo que nos cuenta el autor. Se debe leer con confianza, sin desesperar, porque aunque en algún momento parezca, sobre todo al principio, que no se entiende nada… poco a poco los misterios se van desvelando y aparecen clarísimos ante nosotros sin que nadie nos los haya aclarado.

Maurice Edgar Coindreau escribió en 1937, en el prólogo a su traducción de esta novela al francés: “La composición de The Sound and the Fury es de orden esencialmente musical. Como el compositor, Faulkner emplea el sistema de los temas. No es, como en la fuga, un tema único que evoluciona y se transforma; son temas múltiples que se desvanecen y reaparecen para volver a desaparecer una vez más hasta el momento de estallar en toda su plenitud. The Sound and the Fury es una novela de atmósfera que sugiere más de lo que dice, una especie de Noche en el Monte Pelado que atraviesa un soplo diabólico, donde giran las almas condenadas; atroz poema de odio en el que cada movimiento está íntimamente caracterizado… Los gritos que van desde el lamento hasta el rugido, desempeñan, en la orquesta de Faulkner, el papel de batería de ritmo obsesionante. Es el clima sonoro de la novela. Los negros son el telón de fondo: testimonios resignados de las extravagancias de los blancos”.

La historia está expuesta desde cuatro puntos de vista, cuatro personas y cuatro fechas, incluso con cuatro estilos narrativos diferentes.

No me parece muy acertada la traducción. Faulkner es un maestro en el manejo del lenguaje y es capaz de cambiar constantemente de registros y de formas de hablar en función de cada personaje. Trasladar estas diferentes formas de hablar a otra lengua es prácticamente imposible. La traductora de esta edición lo ha intentado en algunos casos, como en la utilización del “laísmo” en la forma de hablar de Jason, pero no lo ha logrado en absoluto.

 

Algunas reseñas para leer después de terminar la lectura de la novela:

– Javier Avilés, «El ruido y la furia»

– Carlos Battaglini, «No es una novela, es otra cosa»

– Ricky Andrade, «La ruina de los Compson»

– El surco del tiempo, «El ruido y la furia»

 

Bibliografía:

– Federico Eguíluz Ortiz de Latierro, «The Sound and the Fury: algunas claves para su lectura»

– Minrose C. Gwin, «Feminism and Faulkner: Second Thoughts»

– Ralph E. Hitt, «Compson – AntiCompson: Humor in ten caracterization of Jason Compson IV»

– Rachel E. Linn, «Adaptation as Reader-Response to The Sound and the Fury»

– Ana María Manzanas Calvo, «El monólogo de Quentin Compson: entre el recuerdo y el olvido»

– Carolina Mendoza Serrano, «Quentin, Edipo y el horror al incesto»

– Walter C. Metz, «Signifying Nothing?: Martin Ritt’s The Sound and the Fury as Deconstructive Adaptation»

– Yoshihiro Yamamoto, «Caddy in the Picture: The Compson Chronicle in The Appendix, Compson: 1699-1945»

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Mientras agonizo

18/09/2020 Comentarios desactivados en Mientras agonizo

William Faulkner, Mientras agonizo, Traducción de Jesús Zulaika, Anagrama, Barcelona, 2019

Edición original: As I Lay Dying, Jonathan Cape & Harrison Smith, New York, 1930

Ilustración de la cubierta: David de las Heras

 

as I lay dying upon the sword, raised up my hands to smite her; and shamelessly she turned away, and scorned to draw my eyelids down or close my mouth, though I was on the road to Hades house.

Odyssey, Book XI

y yo, en tierra y moribundo, alzaba los brazos para asirle la espada. Mas la descarada fuese luego, sin que se dignara bajarme los párpados ni cerrarme la boca, aunque me veía descender a la morada de Hades.

 

Fue entonces cuando aprendí que las palabras no sirven para nada; que las palabras no se ajustan nunca a lo que tratan de decir.

El egoismo, la familia, la hipocresía, la locura, el sexo, la solidaridad, la catástrofe… Las relaciones familiares son abordadas sin tapujos y llevadas hasta el extremo en situaciones límite… con la biblia como referente.

Faulkner crea su propio estilo en cada novela. Cada novela está escrita con recursos diferentes, siempre novedosos, configurando un estilo único e irrepetible, con un único objetivo: enfrentarnos, como decía J. M. Guelbenzu, con la naturaleza esquiva de la verdad. Faulkner indaga en la naturaleza humana sabiendo que no es posible conocerla y que la verdad se nos escapa siempre. En esta novela, en la que el narrador ha desaparecido, es el lector el que debe construir el relato a partir de indicios, de elipsis y de los monólogos interiores de sus protagonistas.

Cuando se le preguntaba a Faulkner por el origen del título de esta novela, solía citar de memoria una parte del parlamento de Agamenón a Ulises en el Libro XI de La Odisea: «As I lay dying, the woman with the dog’s eyes would not close my eyes as I descended into Hades»

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Una rosa para Emily

18/09/2020 Comentarios desactivados en Una rosa para Emily

William Faulkner, A Rose for Emily (Una rosa para Emily). The Forum N° LXXXIII, abril de 1930.

 

confundiendo el tiempo con su progresión matemática, como les suele pasar a los viejos, para los cuales el pasado no es una carretera que disminuye poco a poco, sino una enorme pradera que ni siquiera el invierno roza, separada de ellos tan sólo por el cuello de botella que forma la decena de años más recientes.

Faulkner, una vez más, obliga al lector a construir la historia a partir de cinco fotografías desordenadas en las que se ve, a través de lo que no puede verse, la miseria de la condición humana: ruina, decadencia, locura, envidia, hipocresía…

 

Reseñas:

– Reinaldo Spitaletta, «El marchitamiento de la señora Emily»

– María José Martínez, «El mal olor de la locura»

– Gonza Rodríguez, «Analisis literario de Una rosa para Emily»

– María Antonia Álvarez, «El declinar del Sur en A Rose for Emily»

– Herminia Meoro, «Una rosa para Emily. El arte de narrar»

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Las palmeras salvajes

12/09/2020 Comentarios desactivados en Las palmeras salvajes

William Faulkner, Las palmeras salvajes, Prólogo de Juan Benet, Traducción de Jorge Luis Borges, EDHASA, 1983

Edición original: The Wild Palms, 1939

Ilustración de la cubierta: Edward Hopper, Cabin, Charleston S.C., 1929

If I forget thee Jerusalem (Psalm 137)

Junto a los ríos de Babilonia,
nos sentábamos a llorar,
acordándonos de Sión.
En los sauces de las orillas
teníamos colgadas nuestras cítaras.
Allí nuestros carceleros
nos pedían cantos,
y nuestros opresores, alegría:
“¡Canten para nosotros un canto de Sión!”
¿Cómo podríamos cantar un canto del Señor
en tierra extranjera?
Si me olvidara de ti, Jerusalén,
que se paralice mi mano derecha;
que la lengua se me pegue al paladar
si no me acordara de ti,
si no pusiera a Jerusalén
por encima de todas mis alegrías.
Recuerda, Señor, contra los edomitas,
el día de Jerusalén,
cuando ellos decían: “¡Arrásenla!
¡Arrasen hasta sus cimientos!”
¡Ciudad de Babilonia, la devastadora,
feliz el que te devuelva el mal que nos hiciste!
¡Feliz el que tome a tus hijos
y los estrelle contra las rocas!

Salmo 137

… corriendo ferozmente por entre la furiosa palmera salvaje…

Si me olvidara de ti Jerusalén… era el título que Faulkner había puesto a esta novela y que fue cambiado por su editor.

Dos historias que nunca se encuentran, pero que se complementan, que se mueven fuera de la norma, en los límites del sistema. Historias de fracasos y de dolor. Porque si hay que elegir entre el dolor y la nada, siempre es mejor el dolor (“between grief and nothing I will take grief”). Una de ellas, “Palmeras salvajes” es una historia de amor y dolor, mientras que la otra, “El viejo” -que hace referencia a la forma con que es conocido el río Mississippi (“The Old Man”)-, es una tragedia en la que no hay ni amor ni dolor; es un viaje hacia la nada siguiendo la ruta marcada por el destino. Como dice Juan Benet en el prólogo, “la primera es una furiosa exaltación de lo que ha sido hallado por azar mientras que la segunda es la crasa aceptación de lo que ha sido negado por ley. La primera también puede ser leída como una historia de amor en la que éste (el amor) puede ser una forma de escapar de un sistema opresor, pero también puede ser otra forma de opresión y otra forma de caer en las garras del sistema opresor.

El patriarcado, la burguesía, el racismo… son temas siempre presentes en las obras de Faulkner, y su enfoque nunca es convencional, pues es el que el lector le da en función de las insinuaciones que hace el autor exponiendo la realidad -como dice Juan Benet- mediante ocultaciones. Sus personajes siempre están en los límites del sistema y siempre son víctimas a la vez que victimarios.

Como recalca Juan Benet en el prólogo a esta edición, en las obras de Faulkner es tan importante la comprensión de la historia narrada como la forma en la que ésta es presentada al lector, a quien el autor deja un enorme margen para que sea él quien en realidad construya la historia. Esta novela es paradigmática desde este punto de vista.

La traducción que hizo Jorge Luis Borges en 1944 de esta novela, creo que la única traducción existente al castellano, ha sido valorada muy positivamente por la crítica a lo largo del tiempo, pero se trata de una traducción poco fiel en algunos casos y con evidentes tijeretazos censores como cuando McCord dice en la traducción de Borges: “Dulce Jesús -dijo McCord-. Dulces querubines. Si me toca la desgracia de tener un hijo…” y así queda, cuando el original es así: “Sweet Jesus,” McCord said. “Holy choriated cherubim. If I am ever unlucky enough to have a son, I’m going to take him to a nice clean whore-house myself on his tenth birthday.” (“Dulce Jesús,” dijo McCord. “Santo coro de querubines. Si alguna vez soy tan desgraciado de tener un hijo, yo mismo lo llevaré a un burdel limpio y agradable en su décimo cumpleaños”).

Las palmeras salvajes. Claudia Cabezas y Nicolás Zárate: dos intérpretes para una gran coreografía

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Todos los pilotos muertos

14/06/2020 Comentarios desactivados en Todos los pilotos muertos

William Faulkner, “Todos los pilotos muertos”, Cuentos reunidos, Traducción de Miguel Martínez-Lage, Alfaguara, 2009.

William Faulkner, “All the Dead Pilots”, These Thirteen, Jonathan Cape & Harrison Smith, New York, USA, 1931.

Y es que están muertos todos los pilotos de antaño,
muertos el 11 de noviembre de 1918.

… habían descubierto que morir y estar muerto no era algo tan apacible como tenían entendido.

… de sobra sé que nadie merece el elogio por su valentía ni el oprobio por su cobardía, puesto que hay situaciones en las que cualquiera dará muestras de ambas.

La valentía, la temeridad, llámesele como se quiera llamar, es un destello, un instante de sublimación, y ¡zas! La negrura de siempre. Por eso, es por eso. Es demasiado fuerte para consumirlo continuamente. Y si se consumiera continuamente no sería un destello, un resplandor. Por eso, porque es momentáneo, se puede preservar y perpetuar sólo en el papel: una imagen, unas cuantas palabras escritas que en cualquier momento, con un fósforo y una llama inofensiva que cualquier chiquillo puede prender, pueden desaparecer en el acto. Una astilla de madera, dos centímetros de largo, con una punta embadurnada de fósforo, es más larga que la memoria o el dolor; una llama no mayor que una moneda de seis peniques contiene más ferocidad que la valentía o la desesperación.

Todos los pilotos muertos. Porque todos murieron el 11 de noviembre de 1918. Ya están todos muertos. “Ahora han engordado, andan bastante anchos de cintura de tanto sentarse en los despachos, y puede que ya no se les dé del todo bien, con sus esposas y sus hijos y sus casas casi terminadas de pagar en los buenos barrios de la periferia, en donde juegan al golf toda la tarde, tras llegar en el tren de las 5:15, y puede que eso tampoco se les dé bien del todo; los hombres flacos y endurecidos, que alardeaban en serio y bebían en serio, porque habían descubierto que morir y estar muerto no era algo tan apacible como tenían entendido.” Los que no murieron de una forma, lo hicieron de otra. Como hizo en otros relatos, y como haría en todas sus novelas, Faulkner es un maestro creando atmósferas. El tiempo va y viene como si no existiera el pasado y como si el futuro no pudiera imaginarse. El tiempo desaparece porque todo es momentáneo, todo transcurre en un instante. Conocemos a sus personajes como si viviéramos sus vidas y no como si las estuviéramos leyendo.

A propósito de la traducción:

«A un amigo le encargaron la traducción de cuentos de Faulkner. Le pedí que me dejara traducir Todos los pilotos muertos, para mi placer y sin cobrar nada. Como este cuento es mi favorito de entre todos los que escribió Faulkner, encaré mi tarea con mucho respeto. Traté de conseguir traducciones anteriores y me encontré con una en castellano bonaerense, muy mala. También había otra en francés con errores insoportables y que alteraban la psicología del personaje. Poco tiempo después, me dediqué a rastrear algunas de las infamias que se habían hecho al traducir obras del genial norteamericano.»
Juan Carlos Onetti, “Incursiones en Faulkner

 

En cuanto a la traducción de Miguel Martínez-Lage, se puede considerar como “despreocupada”. Es evidente que traducir a Faulkner no es tarea fácil, pero un buen traductor debería saber que hay palabras que no se pueden traducir literalmente, porque en la lengua original tienen un doble sentido del que carecen en la lengua a la que se vierten. En dos ocasiones traduce “barnacle” directamente como “percebe” en lugar de buscar una traducción más adecuada como “insignia” o “distintivo” y añadiendo una nota a pie de página explicando el significado que tiene la palabra “barnacle” en argot militar.

… though the third barnacle on his tunic was still the single wing of an observer. (… el tercer percebe que llevaba prendido en la pechera seguía siendo el ala única del observador, y no la doble ala del piloto.)

… and pinned the garter on the tunic like a barnacle ribbon. (… y prendió la liga en la pechera como si fuese un percebe o una condecoración.)

408 barnacle Military slang for a bar, a silver rosette somewhat resembling a marine barnacle which was affixed to the ribbon of a British decoration to signify that the decoration had been awarded more than once. Cf. Grider, 228: “Mannock has arrived … all rigged out as a major with some new barnacles on his ribbons.”

513 barnacle See “Ad Astra.” 408. Apparently Faulkner intends the word here to denote insignia in general; see also 514: “barnacle ribbon.”

Robert Harrison, Aviation Lore in Faulkner, Amsterdam/Philadelphia, 1985


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Santuario

07/06/2020 Comentarios desactivados en Santuario

William Faulkner, Santuario, Traducción de José Luis López Muñoz. Con prólogo de Mario Vargas Llosa y semblanza biográfica de Ana Basualdo. Círculo de Lectores, 1987.

Edición original: Sanctuary, Jonathan Cape & Harrison Smith, New York, 1931

Ilustración de la cubierta: Roland Topor, Mis Gestalt (1979)

«lo que pretendía Faulkner con Santuario no es escandalizar, sino darnos una lección de cómo narrar sin mostrar, de cómo hacer que la trama de una novela avance a través de veladas insinuaciones, de cómo soslayar lo escabroso y mostrar simplemente (y nada menos que) la miseria humana.»

Javier Avilés

“Tiendo a pensar que mi material, el Sur, no es muy importante para mí. Simplemente ocurre que lo conozco y no tengo tiempo en una vida para conocer otro y escribir al mismo tiempo. Aunque el que conozco es probablemente tan bueno como cualquier otro, la vida es un fenómeno pero no una novedad, la misma carrera de caballos hacia la nada, en todas partes el hombre hiede el mismo hedor no importa en qué época.”

W. Faulkner, en una carta a Malcolm Cowley, 1944.

 

Quizá muramos en ese instante en que nos damos cuenta, en que admitimos, que el mal tiene una estructura lógica…

Aunque el presuntuoso, vanidoso, empingorotado y «bienpensante» Vargas Llosa, en el prólogo de la edición que he leído, trate de hacernos creer que Faulkner sólo pretendía hacer ficción para añadir “a la experiencia humana algo que los hombres no encuentran en sus vidas reales”, lo que encontramos en esta novela, que no es de las mejor escritas que he leído de Faulkner, es un vivo retrato del género humano y de todas sus miserias. Nada de lo que ocurre en la escabrosa historia de Temple Drake es producto ni de la imaginación desbocada del autor de la novela, ni de una época oscura en una zona oscura del sur de los Estados Unidos. El mundo está lleno de gentes como Temple Drake, Popeye, Lee Goodwin, Ruby Lamar, Miss Reba, Horace Benbow, su hermana Narcissa, el senador Clarence Snopes o Gowan Stevens… y lo peor de todo es que cualquiera de nosotros podría ser cualquiera de ellos…

Con Faulkner nos adentramos en lo más sórdido del Santuario del mal. Faulkner no inventa nada. Sólo abre los ojos y mira hacia un mundo en el que todos los lazos comunitarios han desaparecido y sólo quedan individuos desarraigados, egoístas y violentos que sospechan unos de otros y que tratan de esconder el sinsentido de sus vidas tras el alcohol y la violencia, y para quienes el sexo no es más que una forma más de ejercer poder. Un mundo en el que los hombres maltratan a las mujeres, en el que los blancos asesinan a los negros, en el que los corruptos ascienden en la escala social… Sólo tenemos que abrir bien los ojos y mirar a nuestro alrededor para ver lo mismo que veía Faulkner hace casi cien años en el Sur de los Estados Unidos.

Si en algo es un maestro Faulkner es en lograr que conozcamos una historia sin contárnosla. El narrador de las novelas de Faulkner es un narrador que no se sabe la historia que está narrando y que la va descubriendo al mismo tiempo que nosotros. Desde el comienzo sabemos que están pasando cosas raras, pero no sabemos exactamente lo que ha ocurrido hasta que no lo vamos descubriendo por pequeños detalles y de indicios que no quedan claros del todo. Es el lector el que construye la historia.

Una pena que una gran novela como ésta vaya precedida de un prólogo tan infame del perverso Vargas Llosa, quien llega a decir, más o menos, que el hecho de poder imaginar según qué crueldades nos ahorra de que nos tengan que castigar por haberlas cometido y es un medio de proteger a las pobres niñas que de otra forma serían víctimas de nuestras depravaciones. Esto es lo que escribe al final de su prólogo: «De alguna manera, lo ocurrido a Temple Drake en el Condado de Yoknapatawpha, según la imaginación tortuosa del más persuasivo creador de ficciones de nuestro tiempo, salva a las bellas colegialas de carne y hueso de ser mancilladas por esa necesidad de exceso y desvarío que forma parte de nuestra naturaleza y nos salva a nosotros de que nos quemen y ahorquen por hacerlo.» Para Vargas Llosa, la ficción no sirve para que reflexionemos sobre el mal que hay dentro de todos y cada uno de nosotros y así poder derrotarlo, sino como válvula de escape de una, al parecer inevitable, necesidad de exceso y desvarío.

 

Algunas reseñas:

http://ellamentodeportnoy.blogspot.com/2005/12/un-faulkner-la-semana-iii-santuario.html
https://webs.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen02-1/varia08.htm
http://deudaspendientes.blogspot.com/2018/09/resena-de-santuario-de-william-faulkner.html
https://www.zendalibros.com/asi-empieza-requiem/
http://www.devaneos.com/literatura-americana/santuario-william-faulkner/
http://holman-rojas.blogspot.com/2012/07/santuario-de-william-faulkner.html
https://kamocha2punto0.wordpress.com/2019/04/13/santuario-una-de-las-obras-mas-reconocidas-de-william-faulkner/
https://unlibroabierto.wordpress.com/2010/09/20/santuario-william-faulkner/
https://pielagodelecturas.wordpress.com/2014/02/20/santuario-de-william-faulkner/

Películas:

1933- The Story of Temple Drake (Stephen Roberts)

1961- Sanctuary (Tony Richardson)

2007- Gruz 200 (Aleksey Balabanov)
Esta película no es una adaptación de la novela de Faulkner, pero tiene muchos elementos de la misma.

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Luz de agosto

23/03/2020 Comentarios desactivados en Luz de agosto

William Faulkner, Luz de agosto, Traducción de Enrique Sordo, Alfaguara, 2006.

Edición original: Light in August, 1932

Fotografía de la cubierta: Eudora Welty

 

¿tiene usted la pretensión de decirme exactamente qué proporción del mal hay en la apariencia del mal, dónde se detiene el mal entre la acción y la apariencia?

En la luz de agosto rezagada que la noche está a punto de invadir, la rueda parece engendrar un resplandor pálido, envolverse en él como en un halo. El halo está lleno de rostros. Los rostros no están moldeados por el sufrimiento. No están moldeados por nada: ni por el horror, ni por el dolor. Ni siquiera por el reproche. Son apacibles, como si acabasen de escaparse de una apoteosis.

 

Una tragedia clásica en la que el destino inexorable guía los pasos de todos sus protagonistas. Incomunicación, intolerancia, violencia… víctimas que son verdugos y verdugos que son víctimas… ¿un mundo sin esperanza? Hombres que hacen el mal porque no saben hacer otra cosa y hombres que hacen el mal queriendo hacer el bien.

Una novela que, a pesar de tener casi 100 años, sigue siendo innovadora y un ejemplo de buena escritura. Sus protagonistas son vagabundos que caminan siempre por la misma calle… una calle que no conduce a ningún sitio… y que piensan en varios niveles, piensan en el nivel de la conciencia y en el del subconsciente. Una cosa es lo que hacen, otra la razón por la que creen que lo hacen y otra la razón por la que lo hacen, sabiendo cuál es ésta, aunque no lo sepan.

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