Historia de Irene

21/01/2017 Comentarios desactivados en Historia de Irene

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Erri de Luca, Historia de Irene, Traducción de Carlos Gumpert, Seix Barral, 2016

“Irene tiene los ojos redondos de los peces, de los pájaros, de los mamíferos. Ni siquiera en la sonrisa hay un amago de frunce oblicuo.

Es huérfana, tiene catorce años y pronto parirá.”

Así comienza el primero de los tres breves relatos que contiene este pequeño libro, el titulado “Historia de Irene”. Los otros dos son “El cielo en un establo” y “Algo de lo más estúpido”.

Erri de Luca escribe desde la oralidad. Su escritura se compone de breves aforismos, sentencias, frases cortas, con las que cuenta pequeñas historias y fábulas que no siempre tienen un final. Cuenta lo que le han contado, lo que ha visto, lo que ha escuchado por ahí… y lo que se imagina de todo esto.

Como sus otros libros, es un libro para releer una y otra vez.

Hold Me For A Little While (fotografía de Cristian Sallai)

Hold Me For A Little While
(fotografía de Cristian Sallai)

Un mundo donde reina la verdad

16/01/2017 Comentarios desactivados en Un mundo donde reina la verdad

En el planeta número tres del sistema 13 de Aldebarán hay una civilización que se ocupa directamente de la realidad sin ningún intermediario simbólico.

Por ejemplo, la idea de que una figura en una hoja de papel pueda representar otra cosa que a sí misma les es completamente ajena a los milpiés de múltiples miembros y fuerza insólita que representan la más alta fase de la civilización de ese planeta.

Y su menguada suerte está precisamente en lo fuertes que son. Como el único símbolo que conciben para una cosa es la cosa misma, tienen que llevar siempre consigo muchísimas cosas. En ese planeta la expresión “vigorosa retórica” tiene sin duda un sentido.

Por ejemplo, si se quiere decir “una piedra caliente como el sol”, no hay más que una forma de hacerlo: ponerle en la mano una piedra caliente como el sol a la persona con quien se está hablando.

No hay más que una forma de expresar la frase “una piedra gigantesca situada en la parte más alta de la cima de una montaña”: llevar, a rastras, o como sea, una piedra gigantesca hasta la parte más alta de la cima de una montaña.

En tales circunstancias producir poesía lírica se vuelve una verdadera prueba de fuerza que se destaca durante generaciones por lo evidente de su heroísmo.

La mayor parte de los sonetos producidos por esta civilización recuerdan a Stonehenge: gigantescas hleras de pesadas piedras, puestas allí por héroes de otros tiempos, a costa de tremendos esfuerzos, jadeos y sudores, hasta reventárseles casi las venas, según un esquema milenario.

Salta a la vista que la mentira es una completa imposibilidad en esta civilización. Si alguien quiere decir “te amo” a otra persona, no hay más que una manera, una solamente, y es hacerle el amor. Y si lo que se quiere decir es “no te amo”, la única manera de expresarlo consiste en evitar hacerle el amor. Si resulta esto posible.

En un mundo donde el símbolo coincide siempre con su objeto, y donde a éste no se le puede sustituir nunca por pequeños ruidos ridículos o signos escritos en una hoja de papel, signos que, además, nunca tienen nada que ver con otras cosas, excepto en la medida en que imponga esta relación una convención frágil y fortuita, tienen que coincidir la verdad y el sentido, la mentira y el absurdo.

El único substituto para la verdad que existe en un mundo así consiste, por supuesto, en hablar de una manera tan confusa, tan sin sentido, que nadie pueda entenderlo.

Para los habitantes de este planeta, la conversación normal, la charla insustancial, consiste en sacar de bolsas de cuero que llevan consigo hileras de pequeños objetos: bolas de cristal, piedrecitas de diversos colores, agujas de madera bien pulidas, e intercambiárselas alegremente.

El precio de la verdad es alto.

De todas las civilizaciones verdaderamente desarrolladas que hay en las viejas zonas solares centrales del centro de la Vía Láctea ninguna vivía tan aislada como ésta.

La astronomía es, por supuesto, impensable. La gente no habla de galaxias cuando, para poder hablar de ellas, hay que cambiarlas de sitio. El concepto mismo de planeta se vuelve, como es de suponer, absolutamente impensable.

Esos seres viven en llanuras rojizas, cercadas por altas montañas.

Y sobre la llanura misma, que, en teoría, es para ellos sinónimo de mundo, no tienen, por supuesto, ninguna idea.

(Cuaderno azul IV:4)

 

Lars Gustafsson, Muerte de un apicultor, pp. 132-134

Stalker. Pícnic extraterrestre

16/01/2017 Comentarios desactivados en Stalker. Pícnic extraterrestre

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Arkadi y Boris Strugatski, Stalker. Pícnic extraterrestre, Traducción de Raquel Marqués, Presentación por Ursula K. Le Guin y Comentario de Boris Strugatski, Ediciones Gilgamesh, 2015

Nada expresa mejor el significado de este libro que el primer apunte que hicieron sus autores antes de comenzar a escribirlo. Lo reproduce Boris Strugatski en su comentario sobre la historia de esta novela:

Un mono y un tarro de conserva. Treinta años después de la visita de unos extraterrestres, solo queda la basura que dejaron, que es objeto de caza y de búsqueda, de investigaciones y de calamidades. Crecen las supersticiones, hay un departamento que quiere poseer la basura para adquirir poder y una organización que quiere destruirla (el conocimiento caído del cielo es inútil y perjudicial; lo único que pueden conllevar los descubrimientos es el mal uso). Los buscadores de oro se consideran magos. La decadencia de la autoridad científica. Biosistemas abandonados (como si fueran pilas gastadas), muertos resucitados de distintas épocas…

El conocimiento que sirve para crear artilugios que se supone que van a ayudarnos a tener una vida mejor… una vida mejor en la que se cumplirán todos nuestros deseos, pero que solo producen violencia, destrucción, muerte, codicia, corrupción… y, sobre todo, soledad… Siempre a la espera del último artilugio, el definitivo, la bola dorada que hará que se cumplan todos nuestros deseos.

Quizá seamos los humanos los que estamos haciendo un pícnic al borde del camino y pronto desapareceremos dejando tras nosotros el rastro de toda nuestra basura tecnológica…

Un pícnic. Imagínese un bosque, un camino, un prado. Un coche recorre el camino hasta el prado; un grupo de jóvenes se apea con botellas, cestas de comida, chicas, radios, cámaras de foto y de vídeo… Encienden una hoguera, montan tiendas, ponen música. Y por la mañana se marchan. Los animales, los pájaros y los insectos que se han pasado la noche observando aterrorizados salen de sus guaridas. ¿Y qué ven? Un charco de lubricante en la hierba, gasolina derramada cerillas usadas tiradas por ahí, filtros de aceite. Trozos de tela, bombillas fundidas, una llave inglesa que se le ha caído a alguien… Los neumáticos dejan restos de barro procedente de un pantano desconocido. Aparte, faltaría más, hay restos de la hoguera, corazones de manzana, envoltorios de chucherías, tarros de conservas, botellas vacías, un pañuelo, una navaja, periódicos viejos y rasgados, monedas, flores marchitas de otros prados…

¿qué es lo que nos enamora?

10/01/2017 Comentarios desactivados en ¿qué es lo que nos enamora?

Pero, a fin de cuentas, lo que hay que preguntarse es: cuando amamos algo, o mejor dicho, cuando nos enamoramos de algo ¿qué es, exactamente, lo que nos enamora? ¿Es una idea que nos hacemos de una persona a la que amamos, o es la persona misma? ¿Será que nos relacionamos con nuestras propias ideas? ¿No serán nuestras propias ideas lo que amamos todo el tiempo?

Lars Gustafsson, Muerte de un apicultor, p. 44

Muerte de un apicultor

10/01/2017 Comentarios desactivados en Muerte de un apicultor

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Lars Gustaffson, Muerte de un apicultor, Traducción de Jesús Pardo, Nórdica libros, 2016

La muerte de un enjambre se siente casi como la de un solo animal… Pero la muerte de una abeja lo deja a uno completamente frío; se barre y a otra cosa.

Nunca había comprendido hasta ahora que toda la posibilidad de sentirnos, experimentarnos a nosotros mismos como algo compacto y ordenado, como un yo humano, está relacionada con la existencia de una posibilidad de futuro. La idea entera del yo descansa sobre la certidumbre de que también existirá mañana.

En el fondo de cada ser humano se encuentra un enigma negro como la noche. La pupila oscura no es otra cosa que la noche vacía de estrellas, la oscuridad profunda en el fondo del ojo no es otra cosa que la oscuridad del universo mismo.”

Un tratado de antropología mística hecho de retazos de recuerdos, reflexiones y sentimientos; de miedo, de tristeza, y de añoranzas… de alguien que sabe que lo que más le conviene, es lo que siempre ha sabido que era lo que más le convenía: mantenerse siempre al margen. Al margen de todo, incluso de su enfermedad y de su muerte. Pero sin rendirse nunca.

El ruido del tiempo

08/01/2017 Comentarios desactivados en El ruido del tiempo

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Julian Barnes, El ruido del tiempo, Traducción de Jaime Zulaika, Editorial Anagrama, 2016.

¿Qué podrá oponerse al ruido del tiempo? Sólo esa música que llevamos dentro -la música de nuestro ser- que algunos transforman en auténtica música. Que, a lo largo de las décadas, si es lo suficientemente fuerte y auténtica y pura para acallar el ruido del tiempo, se transforma en el susurro de la historia. A esto se aferraba él.

El ruido del tiempo (Shum Vremeni), que fue traducido al castellano como El rumor del tiempo, es el título de un relato poético de Ossip Mandelstam en el que su autor se expresaba de esta manera: “Veo la unidad de un frío desmesurado que ha soldado décadas en un solo día, en una sola noche, en un profundo invierno donde el terrible sistema estatal es como un horno del que brotan llamas de hielo”.

Dmitri Shostakovich no pudo ser un héroe como Ossip Mandelstam, pero no le fue nada fácil ser un cobarde: “Ser un héroe era mucho más fácil que ser un cobarde. Para ser un héroe sólo tenías que ser valiente un momento… Pero ser cobarde era embarcarse en una carrera que duraba toda la vida”. Es la cobardía de Shostakovich la que le amargó la existencia, la que le hizo vivir constantemente atemorizado, temiendo no sólo por su vida sino por la de todas las personas que quería, de sus allegados, de sus amigos, incluso la de quienes se atrevían a interpretar o programas sus obras. Fue la cobardía la que le empujó a traicionar a sus amigos, a firmar artículos escritos por otros, a denunciar a músicos y escritores que admiraba. Qizá fuera también la cobradía la que inspiró sus composiciones más pesimistas…

La novela de Julian Barnes logra que empaticemos con una persona a la que siempre habíamos visto con recelos justificados. Siempre fue el músico sospechoso, tanto para unos como para otros. Víctima y verdugo al mismo tiempo. Pobre Shostakóvich…

La traducción, aunque suponemos que es correcta en general, adolece de fallos garrafales, imperdonables en un traductor como Jaime Zulaika y en una editorial como Anagrama, aunque en los últimos tiempos estamos detectando un descenso de la calidad de sus ediciones. La tasa decreciente de beneficios de la fase actual del capitalismo exige ahorrar costes… los originales no se revisan lo suficiente, se recurre a correctores automáticos e incluso, esta es nuestra impresión, a traducciones guiadas por ordenador. De otra forma son inexplicables errores como estos:

Página 73:

En el original en inglés se lee: “Fear normally drives out all other emotions as well”

La traducción convierte la frase en ininteligible: “Normalmente el aire suplanta también a todas las demás emociones”

El aire se ha colado por las rendijas que deja el miedo…

 

Página 107:

En el original en inglés se lee: “it was obvious what must logically come forth: the Red Beethoven.”

La traducción, creemos que no es correcta: “era obvia la deducción lógica: el Beethoven rojo.”

Lo que era lógico era que apareciera un Beethoven rojo, no que el Beethoven rojo fuera una “deducción lógica”.

 

Página 108:

En el original en inglés se lee: “A properly melodic work, of course, and one utterly devoid of formalist tendencies.”

La traducción cambia completamente el sentido de la frase: “Una obra debidamente melódica, claro está, pero totalmente desprovista de tendencias formalistas.”

Creemos que el “pero” debería haber sido una conjunción copulativa “y”.

 

Página 111:

En el original en inglés se lee: “The story of how you were up to your neck in the Tukhachevsky assassination plot…”

Que ha sido traducido por esto: “La historia de que estabas implicado hasta el cuello en el complot para asesinar a Tujachevski…”

El complot, como todo el mundo sabe, menos el traductor, era el supuesto complot de Tujachevski para asesinar a Stalin…

 

El que en una obra de escasas 200 páginas con un tamaño de caracteres considerable, un lector que no pretende encontrar errores haya hallado tantos, hace sospechar que habrá algunos más… Esto hace desconfiar del traductor y de la editorial para sucesivas lecturas…

¿Dónde estoy?

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