de la destruyción de las Indias

12/10/2021 Comentarios desactivados en de la destruyción de las Indias

Grabado de Theodor de Bry (s. XVI)

Hacían unas horcas largas, que juntasen casi los pies a la tierra, e de trece en trece, a honor y reverencia de Nuestro Redemptor e de los doce apóstoles, poniéndoles leña e fuego los quemaban vivos.

Bartolomé de las Casas, Brevíssima relación de la destruyción de las Indias

Los tíos de Sicilia

11/06/2021 Comentarios desactivados en Los tíos de Sicilia

Leonardo Sciascia, Los tíos de Sicilia, Traducción de Alfredo Citraro, Editorial Planeta, 1999

Edición original: Gli zii di Sicilia, Giulio Einaudi editore, Turin, 1958

… llamaban «tíos» a todos los portadores de justicia o venganza, al héroe y al jefe de la mafia; la idea de justicia sale a relucir siempre que se exaltan pensamientos vindicativos.

Cuatro historias, ocurridas en lugares distintos y en diferentes momentos históricos, pero relacionadas entre sí porque en las cuatro los protagonistas son “tíos” de Sicilia portadores, o al menos buscadores, de justicia. Los cuatro relatos son: “La tía de América”, “La muerte de Stalin”, “El quarantotto” y “El antimonio”. Las tres primeras historias transcurren en Sicilia, pero la cuarta se desarrolla en España, durante la guerra civil. Las cuatro historias son alegatos contra la hipocresía de los poderosos.

Algunos fragmentos:

p. 12:
Rousseau diría que estábamos en esa edad en que en la mente hay más palabras que cosas; y, la verdad, palabras teníamos, incluso para las cosas que no conocíamos y que no lográbamos imaginar, palabras de lo más procaces y atroces.

p. 72:
llamaban «tíos» a todos los portadores de justicia o venganza, al héroe y al jefe de la mafia; la idea de justicia sale a relucir siempre que se exaltan pensamientos vindicativos.

p. 123:
Pero hay cosas en la vida que son como un rosario: uno empieza el primer misterio y, si no sigue hasta el final, la oración no vale.

p. 127:
Me hablaba también de la verdadera revolución; la que estaban haciendo se le antojaba como un modo de sustituir al organista sin cambiar ni el instrumento ni la música mientras seguían siendo los pobres los que llenaban el fuelle del órgano.

p. 167:
No hay Dios en la república, sin embargo; en ella están los que lo han sabido desde siempre, como yo, y otros que tiemblan de frío porque la Falange ha tirado para sí toda la manta de Dios.

p. 181:
Franco tenía el rostro lleno y liso como don Carmelo, y también esos ojos que parecían reclamados por el cielo. Me convencí de que era de esa clase de hombres: he conocido a muchos en mi pueblo y en Sicilia, parecen descender de un retablo del altar y hacen todo el mal que un hombre es capaz de hacer, roban y asesinan, y en sus testamentos dejan todo a iglesias y hospitales. […] Sereno y elegante, Franco era clavado al hombre que acaba de alzarse del reclinatorio de terciopelo, y nada bueno se puede esperar de un hombre que reza sobre un reclinatorio de terciopelo.

p. 195:
«¿Sabéis lo que ha sido la guerra de España? Si no lo sabéis, jamás comprenderéis lo que ocurre delante de vuestros ojos; no comprenderéis nunca nada del fascismo ni del comunismo ni de la religión ni del hombre: jamás comprenderéis nada de nada, porque todos los errores y las esperanzas del mundo se concentraron en aquella guerra; como una lupa concentra los rayos del sol Y provoca fuego, así ardió España con todas las esperanzas Y errores del mundo; y hoy el mundo sigue crepitando por aquel fuego».

p. 195-196:
Y sé por qué no muere el fascismo y estoy seguro de conocer todas las cosas que deberían morir con él y de lo que debería morir en mí y en todos los demás hombres para que el fascismo muera de una vez para siempre.

p. 202:
Hasta en una guerra como aquélla era necesario ser hipócrita. Y los comunistas lo eran. Si ellos hubiesen manejado la situación desde el principio, en las iglesias de la república habría habido tedéum en lugar de tiro al blanco; montones de curas habrían cantado misa por la victoria de la república sin el menor titubeo, en vez de acabar frente a un pelotón de milicianos. Los burgueses españoles, los buenos burgueses que van a misa, mataban a millares de campesinos por el hecho de que eran campesinos: sólo por eso. Y el mundo cerraba los ojos para no ver. Pero ante el primer cura abatido por los anarquistas, a la primera iglesia convertida en llamas, el mundo saltó horrorizado y determinaron el destino de la república. Y en el fondo, matar a un cura por ser cura es más justo que matar a un campesino por ser campesino: un cura es un soldado de su fe; un campesino es sólo un campesino. Pero el mundo no quiere saber nada de esto.

p. 203:
Una guerra civil no es estúpida como una guerra entre naciones: los italianos en guerra contra los ingleses o los alemanes contra los rusos y yo, un minero siciliano, mato al minero inglés y el campesino ruso dispara contra el campesino alemán; una guerra civil es algo más lógico: un hombre se pone a disparar por las personas y las cosas que ama, por las cosas que desea y contra las personas que odia; y nadie se equivoca cuando le toca decidir de qué parte está; los únicos que se equivocan son los que se ponen a gritar: « i Paz! i Paz! ». Y tengo la convicción de que a Mussolini, entre todas sus culpas, la de haber enviado a miles de italianos pobres a combatir contra los españoles pobres, no le será perdonada.

p. 218:
En pocas palabras, me había entrado el furor de ver cada cosa desde dentro, como si cada persona, cada objeto, cada hecho fuesen un libro abierto en el que uno puede leer; y también el libro es un objeto que uno puede dejar sobre la mesa y mirarlo, nada más; o puede ser útil para nivelar una mesita coja o para tirárselo a alguien a la cabeza; pero si lo abres y lo lees se convierte en un mundo. ¿Por qué entonces no podrían abrirse todas las cosas, leerse y ser un mundo?

bibliografía:

Memorias de España 1937

04/05/2021 Comentarios desactivados en Memorias de España 1937

Elena Garro, Memorias de España 1937, Prólogo de Patricia Rosas Lopátegui, Editorial Salto de Página, 2011

Edición original: Memorias de España 1937, Siglo XXI, México, 1992

Con su pluma de cirujano, Elena nos coloca en la tierra y desenmascara las falsas utopías y la simulación de los advenedizos.

Patricia Rosas Lopátegui

Ninguna ideología valía la pena de aquellos sufrimientos.

El viaje a España fue feliz. Yo, sin saber cómo ni por qué, iba a un Congreso de Intelectuales Antifascistas, aunque yo no era anti nada, ni intelectual tampoco, sólo era estudiante y coreógrafa universitaria.

Algunos estudiosos de la obra de Elena Garro han querido ver en estas memorias como si se tratasen de un manifiesto anticomunista. Hay que recordar que, cuando viajó a España en 1937, apenas contaba con veintiún años. “Nunca había oído hablar de Karl Marx” y “no era anti nada”. Si, con el paso del tiempo, se convirtió en anti algo debido a determinadas experiencias vitales, sería en todo caso en antidoctrinaria, y estas Memorias de España 1937, escritas medio siglo después de su viaje a la España en guerra, pueden leerse como un manifiesto antidoctrinario. Si fue anticomunista, lo fue porque primero era antidoctrinaria. Elena Garro fue acusada desde el gobierno de “comunista”, mientras que toda la intelectualidad bienpensante e izquierdista sabía que era una anticomunista casi profesional que se atrevió a denunciar la hipocresía de los intelectuales y el peligro de las ideologías.

Estas Memorias de España 1937 son una colección de recuerdos de los meses que Elena Garro pasó durante el verano y otoño de 1937, en plena guerra, en la España republicana. A pesar de ser los recuerdos escritos medio siglo después, y de estar basados exclusivamente en sus limitadas vivencias, aporta uno de los mejores puntos de vista para acercarse a lo que fue el infierno de la guerra en la España republicana. Están escritas con el humor y la ironía que caracterizaban a su autora, que logra hacer que la lectura sea además divertida.

Paz llevó a la guerra a la Garro, pero la garra de Garro desgarró la guerra a la que Paz le llevó de gorra…

Elena Garro y Octavio Paz (Barcelona, 1937)

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Comunero

22/04/2021 Comentarios desactivados en Comunero

López Hidalgo, Comunero. La rebelión de las comunidades, Printcolor, 2020.

Tomo el aire para respirar y seguir vivo, pero cuando lo expulso escojo las palabras que quiero labrar con él.

El olor se adelantó a todo… Así empieza (y también termina) esta novela en la que, desde las primeras páginas, el lector percibe los olores de la codicia, de la envidia, del ansia de poder, con los que se tejió una rebelión de las élites en la que se puso en marcha una eficiente maquinaria de propaganda con la que arrastrar al pueblo llano hacia una guerra en la que, fuese quien fuese el vencedor, saldría perdiendo, como siempre. En nombre de la comunidad se autodenominaron comuneros. En nombre de la comunidad se dieron los pasos que la socavarían. En nombre de la comunidad se defendieron intereses privados claramente anticomunitarios. En nombre de la comunidad se destruía la comunidad.

José Antonio López Hidalgo es un escritor con una exquisita sensibilidad poética que se atreve a incursionar en un género, el de la llamada novela-histórica, y consigue un asombroso resultado. Comunero es una novela histórica, que a algunos puede recordar a Pérez Galdós, pero que, por su sensibilidad poética, tiene más de Marguerite Yourcenar. No es la novela-histórica que el público que consume este tipo de novelas espera. Faltan los ingredientes habituales. ¡Menos mal! Y no sobra nada… bueno… quizá un exceso de nombres que marea un poco. José Antonio López Hidalgo rehuye sutilmente de numerosos tópicos y lugares comunes. Tanto los que afectan a lo que nos tienen acostumbrados las “novelas-históricas” en general, como los relacionados con el tema histórico que nos interpela desde el título y el color de la portada.

José Antonio López Hidalgo, un viejo conocido como escritor, aunque desconocido en persona hasta hace poco, ha escrito la novela que nos faltaba para adentrarnos en la famosa guerra de las comunidades de Castilla sin prejuicios. Para ello se ha documentado hasta el último detalle, como un buen historiador, y ha escrito un libro en el que unos pocos toques de ficción le permiten establecer el hilo conductor necesario para convertir unos hechos históricos en la llave que abre las puertas a la reflexión sobre el poder y la codicia, sobre la violencia y la resistencia… No es, desde luego, la novela que esperan, en este 500 aniversario de la batalla de Villalar, quienes utilizan la “Historia” (con mayúscula) para mantenerse en el poder o para conquistarlo. José Antonio López Hidalgo aborda los acontecimientos históricos desde la poesía y no desde la épica.

Este año se cumplen 500 años de un mito histórico, la famosa batalla de Villalar en la que los llamados “comuneros” fueron derrotados por las tropas del ejército imperial de Carlos V (o primero, depende del punto de mira). Nadie sabe muy bien qué es lo que se conmemora cada año el 23 de abril. Para algunos lo importante debería ser la victoria del Estado sobre la rebelión organizada. Para otros, al parecer, y sorprendentemente, hoy son mayoría (¿?), lo que se conmemora es la derrota de quienes se oponían al poder “legítimamente constituido”. El mismo Estado legitimado por ser continuador de los vencedores se empeña, hoy, en ensalzar a los “comuneros”. Paradójicamente, los vencedores alaban el papel modernizador de los vencidos. Pretenden hacernos creer que Castilla resurge de las cenizas de los derrotados aquel día 23 de abril de 1521. En la novela de López Hidalgo se intuye lo que pudo haber sido el movimiento de los comuneros o de las comunidades de Castilla. Fue una guerra de bandos de unos poderosos contra otros. Quienes creían que su poder podría acabar con la llegada al trono de Carlos V lucharon para impedirlo. Algunos, cuando vieron que podían afianzar su poder apoyándole, lo hicieron. Una vez iniciado el movimiento se hicieron apuestas y quienes apostaron por el bando vencedor, ganaron. Una revuelta de las élites dio lugar a una guerra de poderosos contra poderosos, tanto nobles como ricos mercaderes o miembros de la jerarquía eclesiástica. La apelación a lo común y a la comunidad no fue sino un elemento de propaganda con el que justificar las demandas de los poderosos y con el que ganar la adhesión de las clases populares. El pueblo, creyendo que se alzaba contra sus opresores, terminó apoyando a sus propios opresores, en la confianza de que una vez obtenido el triunfo podría deshacerse de ellos. Algunos poderosos perdieron parte de su poder. Pero quien perdió de verdad, como siempre, fue el pueblo. El poder del Estado y de las élites salió reforzado. El común y las pequeñas comunidades sufrieron una nueva derrota. Quinientos años después, siguen siendo las élites quienes continúan utilizando la guerra de las comunidades como elemento de propaganda para mantenerse en el poder o para conquistarlo.

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14 de julio

21/11/2020 Comentarios desactivados en 14 de julio

Éric Vuillard, 14 de julio, Traducción de Javier Albiñana, Tusquets, Barcelona, 2020.

Edición original: 14 Juillet. recit, Actes Sud, 2016

Eugène Delacroix, La Liberté guidant le peuple (1830)

Ilustración de la cubierta: Eugène Delacroix, La Liberté guidant le peuple (1830) (Detalle)

La realidad desnudó a la ficción. Todo se volvió verdad.

Hay que escribir lo que se ignora. En puridad, se desconoce lo que ocurrió el 14 de julio. Los relatos que poseemos son encorsetados o descabalados. Hay que plantearse las cosas a partir de la multitud sin nombre. Y debe relatarse lo que no está escrito.

La historia de los que no tienen historia no se hace con datos, con grandes acontecimientos políticos, con leyes… se hace contando con palabras sencillas, con el punto de vista de los que sufren, las vidas de las gentes sencillas, de los que no tienen voz en las grandes historias. Es la historia de quienes entran y salen de la Historia como simples siluetas. Contar esta historia es lo que hace, una vez más, Éric Vuillard. Los grandes historiadores le llaman la “Revolución Francesa”. Al principio fue una revuelta popular. Más tarde se apropiaron de ella los poderosos para sus propios intereses y se convirtieron de la noche a la mañana en sus protagonistas, y las nuevas oligarquías hasta conmemoran la revuelta de los pobres, que nunca jamás tolerarían, como su fiesta nacional. Así estamos. Así seguimos.

Algunas reseñas:

– Alejandro Luque, «Ya no hay revoluciones como las de antes»

– Joaquín Escobar, «La batalla de París»

– Reseña en «Los libros de Julián»

Autin, Haurens, Schulze, «De la poétique de la foule à la politique de la foule dans 14 juillet d’Éric Vuillard»

– Reseña en «Les Boggans»

– Olivier Ritz, «Quan la littérature donne des héros au peuple»

– «Dans la rue et sous les remparts avec la foule surchauffée des individus en lutte»

– Marie-Odile Sauvajon, «14 Juillet, Éric Vuillard»

– Reseña en «Ma collection de livres»

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Vivir es muy peligroso

17/08/2020 Comentarios desactivados en Vivir es muy peligroso

Andreas Doeswijk, Vivir es muy peligroso. Mesiánicos y cangaceiros en los sertones brasileños, 1890-1940, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2016

tierra y religión pasaron a formar parte de un todo coherente, un mundo con sentido que estaban dispuestos a defender.

Tres artículos en los que el autor analiza tres casos de lucha de campesinos pobres en defensa de unos modos de vida que entraban en conflicto con el avance del capitalismo y el fortalecimiento del Estado como defensor de la propiedad privada.

El primero de los artículos, “Canudos: ¿Un delirio milenarista o una utopía agraria?”, aborda el caso de los seguidores de Antônio Conselheiro a través de las novelas Os sertôes de Euclides da Cunha y La guerra del fin del mundo de Mario Vargas Llosa, así como de los ensayos Vale of Tears: Revisiting the Canudos Massacre in Northerns Brazil de Robert M. Levine y Canudos. O Povo da Terra del historiador Marco Antonio Villa. Los diferentes enfoques de estos cuatro autores le sirven como guía para analizar las características de un movimiento que al calificarlo como mesiánico o milenarista evitaba profundizar en sus raíces más profundas. Tanto para Euclides da Cunha como para Vargas Llosa se trataba de un movimiento de fanáticos religiosos anclados en el pasado y que se oponían al progreso. El debate entre los historiadores sobre los orígenes del movimiento, en el que unos conceden más importancia al aspecto religioso-mesiánico-milenarista y otros al de la lucha de clases revolucionaria, da pie al autor del artículo para sacar sus propias conclusiones. La experiencia de Canudos consistió, según el autor, en la construcción de una utopía agraria y comunalista a través de la única ideología que podría empujar a la acción las voluntades de los sertaneros, o sea la religión. Tras un repaso a toda la historiografía sobre Canudos, llega a la conclusión de que ésta se halla presa del punto de vista de la cultura dominante, con sus representaciones occidentales, racionalistas y modernas, antagónicas al mundo del sertâo premoderno, pobre y religioso.

Los otros dos artículos, analizan otros conflictos entre el Estado y las gentes pobres del campo que tratan de organizar su vida al margen del Estado. El primero de ellos, “Entre el cielo y la tierra. Rebelión y masacre en Serra Acima, Brasil (1912-1916)” estudia el caso de la llamada “Guerra del Contestado”. El otro, “Cangaceiros y cangaceiras del nordeste brasileño”, estudia el caso de las luchas de los cangaceiros, un tipo de rebelión contra las relaciones opresivas establecidas por los oligarcas dueños de la tierra y la burocracia gubernamental.

Vencidxs

16/04/2020 Comentarios desactivados en Vencidxs

… porque todavía huele a pólvora

 

VENCIDXS es un documental de Aitor Fernández en el que algunos de los últimos supervivientes de la Guerra de 1936 y la posterior represión franquista cuentan su historia en una propuesta que hila los relatos particulares dando forma a la narración de uno de los capítulos más negros de la historia contemporánea.

Quienes cometieron aquellos crímenes nunca fueron juzgados y, todavía hoy, son sus sucesores quienes continúan contando la «Historia». Todavía hoy, son los herederos de aquellos criminales quienes, además, pretenden darnos lecciones de democracia. Es por eso por lo que es necesario escuchar la voz de lxs vencidxs, porque la única voz que escuchamos todos los días es la de los vencedores, la voz de los fascistas y la de quienes blanquean a los fascistas.

Música: Petaluda en Elm Street

¡Abajo los Borbones!

14/04/2020 Comentarios desactivados en ¡Abajo los Borbones!

Ejecución de Luis XVI (grabado del siglo XVIII)

 

Eibar, 14 de abril de 1931

14 de abril de 1931: En Eibar tuvo lugar la DECLARACIÓN UNILATERAL de la República

En 1931, el Borbón tuvo que huir. Hoy, su nieto es uno de los personajes más corruptos que se conocen, y su bisnieto, el heredero actual de la dictadura instaurada por Franco, es el encargado de hacer negocios sucios y de vender armas a regímenes genocidas como el de Arabia Saudí.

Acta de proclamación de la República en Eibar

En la Casa Consistorial de esta villa de Eibar, siendo las seis de la madrugada del día 14 de abril de 1931, en atención a las circunstancias históricas que se han producido en la nación, con el significado expreso del resultado de las elecciones celebradas el día 12 del actual, se constituyeron en sesión pública los concejales electos dicho día, ocupando la presidencia don Alejandro Tellería; sentándose a su lado los señores don Domingo Cortázar, don Juan de los Toyos, don Eulogio Gárate, don Martin Erquiaga, don José María Ojanguren, don José Lizarzaburu, don Florentino Bueno, don Gregorio Bustinduy, don Jacinto Galarraga, don Jacinto Alberdi, don Félix Arregui, don Esteban Rementería, don Cándido Arrizabalaga, don Florentino Carral, don Marcelino Bascaran, don Mateo Careaga, don Miguel Gorrochategui y don Joaquín Elorza (que vino después y sumó su voto a las resoluciones recaídas), actuando de Secretario quien lo es accidentalmente del Ayuntamiento; habiendo previamente descolgado de la testera presidencial el retrato de don Alfonso de Borbón y colocado en su lugar otro de los capitanes Galán y García Hernández. Una gran concurrencia de público llena el salón.

Abierta la sesión por el señor Presidente, dijo que había habido noticias de la abdicación del rey; resolución obligada del resultado de las elecciones del domingo y triste epílogo del régimen de dictadura a que nos trajo en 1923, con lo que alboreaba la República española, a la que desde este momento el Ayuntamiento reconoce y se subordina.

Pidió la palabra el señor de los Toyos, y dijo que, en efecto, se había proclamado la República en España, y que en Eibar, donde el domingo se dio una prueba tan elocuente de su vitalidad ciudadana, debíase apresurar a constituir el orden nuevo que sirva de garantía al sosiego público a través de la crisis a que vamos a asistir, pues si la República no ha sido antes un hecho, es debido a los conceptos absurdos con que se ha explotado el temor de las gentes, identificándola con toda clase de desbordamientos, lo que obliga a demostrar que es mejor garantía que los demás para todo derecho legítimo, y concretando lo tratado en un previo cambio de impresiones, propuso se proceda al nombramiento de alcalde, tenientes y síndico; que el Alcalde electo publique un Bando dando cuenta de que el Ayuntamiento asume el cuidado y la responsabilidad del orden público, nombrando al efecto delegados en las calles, y continúe la nueva Corporación en sesión permanente.

Habiendo prestado su conformidad los presentes a esta proposición, se procedió a la designación del Alcalde, siendo elegido por unanimidad quien ahora ejerce funciones de presidente, don Alejandro Tellería, que lo agradeció; pasando al nombramiento de tenientes y síndico, que también se hizo por unanimidad a favor de los siguientes:

  • Primer Teniente Alcalde: don Domingo Cortázar
  • Segundo Teniente Alcalde: don Juan de los Toyos
  • Tercer Teniente Alcalde: don Eulogio Gárate
  • Cuarto Teniente Alcalde: don Martín Erquiaga
  • Síndico: don José María Ojanguren
  • Otro síndico: don José Lizarzaburu

Inmediatamente después, los señores Alcalde y Concejales se trasladaron al balcón central del Salón de Actos, y, ante gran parte del pueblo congregado en la plaza, procedieron a izar la bandera de la República, que fue saludada con vítores y aplausos cerrados. El señor de los Toyos dio cuenta de las resoluciones recaídas en el Salón de Sesiones, en correspondencia con lo trascendental de los momentos, y se repitieron los vivas y los aplausos, mientras el reloj del edificio marcaba las siete menos cuarto de la mañana.

El Bando publicado por la Alcaldía conforme a la resolución adoptada dice así:

“Don Alejandro Tellería, Alcalde Constitucional de esta villa de Eibar.- Hago saber:

Que habiéndose constituido el Ayuntamiento elegido por el voto popular del domingo último, para tomar los acuerdos que corresponden a las circunstancias históricas por que atraviesa la Nación, el primero ha consistido en asumir la responsabilidad de la guarda y conservación del orden, a cuyo efecto nombrará los delegados necesarios, que llevarán un distintivo de la República, y recomiendo en nombre del Ayuntamiento que todo el vecindario atienda las indicaciones de dichos delegados, que obedecerán a órdenes encaminadas al bien público, de este órgano fundamental del derecho restablecido.”

El Ayuntamiento retiróse después a Secretaría, donde continúo reunido, conferenciando con el señor alcalde anterior, don Timoteo Zubiate, que se mostró propicio a resignar el cargo después de conferenciar con el señor gobernador civil de la provincia, aunque reconociendo desde luego la mayor autoridad de que está revestido el nuevo Ayuntamiento para entrar en funciones, por proceder del voto popular.

A las cuatro y media de la tarde se hizo público desde el balcón del Ayuntamiento la noticia confirmatoria de la abdicación del Rey, y de que éste había encargado al almirante Aznar la transferencia del Poder al Gobierno provisional de la República.

Con tal motivo el Ayuntamiento volvió a deliberar, y tras breve cambio de impresiones, el señor de los Toyos concretó los puntos siguientes, que fueron elevados a acuerdo por unanimidad:

1º Que la Banda Municipal ejecute en el quisco de la plaza, por la tarde y por la noche, para regocijo popular.

2º Que se haga un requerimiento a los individuos que componen el somatén para que entreguen sus armas en el Ayuntamiento.

3º Que el señor Alcalde requiera asimismo al jefe de las fuerzas de la Guardia civil para que discretamente permanezca en el cuartel, en evitación de incidentes que pudieran producirse de cualquier equivocado rozamiento.

4º Que el señor Alcalde, de acuerdo con el secretario, convoque al Ayuntamiento a efectos administrativos cuando lo crea conveniente.

5º Que se dirija un mensaje telegráfico de adhesión y congratulamiento al Presidente del Gobierno provisional de la República.

6º Cambiar el nombre de la plaza Alfonso XIII por el de plaza de la República.

Acto seguido, debiendo concurrir a la manifestación que a esta hora se está organizando en la calle, se dio por terminada la sesión, firmando el señor presidente con los demás señores concurrentes, de todo lo que yo, el secretario, certifico.

De peste Mediolani

12/04/2020 Comentarios desactivados en De peste Mediolani

G. Scarpati, «Il carro coi morti»

Se creyó más en la peste: aunque, por otra parte,
iba adquiriendo crédito por sí sola, cada día más

Alessandro Manzoni, Los novios

Corrían los años 1629-1630 cuando en Milán se desató una terrible epidemia. La peste de Milán del año 1630 fue objeto de varios libros. Joseph Ripamonti, un testigo directo, escribió De peste Mediolani. Años más tarde, Ludovico Antonio Muratori publicó Del governo della peste. Basándose en estos y otros libros, Alessandro Manzoni redactó los capítulos XXXI y XXXII de su novela I promessi sposi.

Hoy vivimos una terrible epidemia y somos testigos directos de situaciones muy similares a las relatadas por Manzoni en su novela. Hoy los políticos están más preocupados por los efectos que pueda tener en el sistema económico que por la vida de las personas en su sentido pleno. No se trata sólo de evitar muertes. Se trata también de que la gente pueda morir bien y de que los lazos afectivos y comunitarios no se destruyan.

En Milán, en otoño del año 1629, cuando la peste comenzó a extenderse, el gobernador Ambrosio Espínola, cuando fue conminado por el Tribunal de Sanidad a tomar medidas para evitar la expansión del contagio, respondió «que lo sentía mucho; pero que lo primero para él era atender a las urgencias de la guerra: sed belli graviores esse curas«. Hoy son las urgencias de la economía y las exigencias del IBEX35 quienes marcan la agenda de los políticos.

Giovanni Domenico Cerrini, «San Carlos Borromeo rezando para liberar a Milán de la peste», 1650

El Señor Inquisidor

08/04/2020 Comentarios desactivados en El Señor Inquisidor

Julio Caro Baroja, El Señor Inquisidor, Alianza Editorial, 1994

Ilustración de la cubierta: Pedro Berruguete, “Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán” (fragmento)

Pedro Berruguete, «Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán»

“Los Inquisidores deuen ser mas inclinados al tormento que otros juezes: porque el crimen de heregia es oculto y dificultoso de probar”

Diego de Simancas (s. XVI)

Breve monografía sobre la figura de los inquisidores y la estructura jerárquica que conformaba la institución inquisitorial. Incluye también pequeñas reseñas biográficas de algunos de sus señores inquisidores, entre los que menciona algunos de los más temibles y algunos otros de los más críticos, entre los que destaca el canónigo riojano Juan Antonio Llorente.

En la ca­ pilla de San Antonio, de la iglesia de San Vicente de la Barquera, existe una de las esculturas sepulcrales más hermosas que hay en España, de corte renacentista. Un hombre con traje talar yace sobre la urna mortuoria. Reclina la cabeza tocada de birrete, apoyando la sien sobre la mano derecha. Reposadamente, lee. En los ángulos de la urna, dos angelillos o geniecillos llorosos sostienen unas cartelas con estas palabras: «El que aquí está sepultado, no murió, / que fue partida su muerte para la vida». Al centro, un ángel sostiene el blasón de la familia funda­ dora de la capilla: los Corro. El mote del linaje familiar es típicamente norteño, montañés o vizcaíno: «adelante por más valer los del Corro». El sacerdote representado en la escultura fue en vida el licenciado don Antonio del Corro, canónigo e inquisidor de Sevilla, el cual murió el 29 de julio de 1556 a los ochenta y cuatro años, y que había sido nombrado inquisidor ya en tiempo de los Reyes Católicos, es decir, antes de los treinta y dos, pues­ to que la reina murió en 1504. Durante cincuenta y tantos años, el inquisidor asistió a audiencias, tormen­tos, autos de fe con quemas o sin ellas: fue testigo de mu­ chas tragedias. Sin embargo, todo da sensación de placidez en torno a la imagen de este campeón contra la herética pravedad: su afición mayor fue, sin duda, la lec­tura cuando quiso que el escultor renacentista perpetuara su imagen leyendo.


En 1794 era gran inquisidor don Manuel Abad La Sie­rra, al que se ha acusado varias veces de jansenista, el cual tuvo la idea de encomendar a un funcionario del San­to Oficio la redacción de una obra en que se expusieran claramente los vicios de procedimiento del mismo, para llevar a cabo reformas radicales. La idea de Abad res­pecto a la Inquisición, desde su puesto superior, era pé­sima.
[…]
Durante el corto ministerio de Jovellanos, el mismo funcionario al que había encomendado Abad La Sierra la tarea revisionista fue en­ cargado de nuevo de recoger documentos que justificaran no ya la reforma, sino incluso la abolición del Santo Oficio. Era este funcionario el célebre don Juan Antonio Llorente, nacido el 30 de marzo de 1756 en el pueblo riojano de Rincón de Soto.
[…]

Francisco de Goya, «Retrato de Juan Antonio Llorente» (1811)

Así, pues, el 11 de marzo de 1809 fue llamado por José Bonaparte para participar en las tareas del Consejo de Estado y contribuyó no poco a la liquidación del Santo Oficio, decretada por Napoleón poco antes. Se le encargó escribir su historia, y en esta y otras empresas relacionadas con la vida del clero siguió sirviendo al mismo rey José.
Por esta época tuvo el doble privilegio de ser retratado por Goya y de que el retrato fuera de los sobresalientes entre los muchos que pintó el maestro. En una de las últimas obras acerca de éste, don Francisco Javier Sánchez Cantón alude al retrato “admirable del repulsivo canónigo apóstata don Juan Antonio Llorente, historiador y enemigo acérrimo de la Inquisición (¿1811?), que cuenta entre los cuadros más enérgicos y valientes de los pinceles de Goya.”
Sigue, pues, el director de la Academia de la Historia la línea de Menéndez Pelayo al enjuiciar a nuestro persona­ je, Pero hablemos un poco más del retrato. Se halla en el museo de Sao Paulo, del Brasil; la faz de Llórente es tan «goyesca» que incluso se nos muestra como un individuo de la misma raza «celtibérica», navarro-aragonesa-riojana, del pintor, Grandes ojos, boca grande, nariz gruesa. En su media edad. Vestido de clérigo, con una cruz honorífica al pecho, pendiente de una gran banda. La fecha que se da al retrato es la de la cúspide de la carrera de Llórente como alto funcionario. Su «colaboración» con el rey José fue, sin duda, más abierta que la de Goya, cuyos ataques a la Inquisición y al clero en general no han hecho que se le estigmatice como a su amigo. No en balde era uno un genio y el otro un erudito de prosa burocrática. La suerte de los hombres es justa o injusta en su totalidad.

 

Bibliografía:

– Doris Moreno, «Alrededor de El Señor Inquisidor. Algunas reflexiones», Historia Social, nº 55, 2006.

– Pedro-Luis Yáñez, «Reseña de El Señor Inquisidor«, Anuario de Derecho penal y Ciencias penales

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