Terreno en construcción

09/05/2021 Comentarios desactivados en Terreno en construcción

Francisco de Goya, «Niños buscando nidos» (1777-1785)

Resulta necio devanarse pedantemente los sesos sobre la fabricación de objetos —material ilustrativo, juguetes o libros— destinados a los niños. Desde la Ilustración, ésta viene siendo una de las especulaciones más mohosas de los pedagogos. Su fatuo apasionamiento por la psicología les impide advertir que la Tierra está repleta de los más incomparables objetos que se ofrecen a la atención y actividad infantiles. Y objetos concretísimos. Pues, de hecho, los niños tienden de modo muy particular a frecuentarcualquier sitio donde se trabaje, a ojos vistas con las cosas. Se sienten irresistiblemente atraídos por los desechos provenientes de la construcción, jardinería, labores domésticas y de costura o carpintería. En los productos residuales reconocen el rostro que el mundo de los objetos les vuelve precisamente, y sólo, a ellos. Los utilizan no tanto para reproducir las obras de los adultos, como para relacionar entre sí, de manera nueva y caprichosa, materiales de muy diverso tipo, gracias a lo que con ellos elaboran en sus juegos. Los mismos niños se construyen así su propio mundo objetal, un mundo pequeño dentro del grande. Habría que tener presentes las normas de este pequeño mundo objetal si se quiere crear intencionadamente cosas para los niños, y no se prefiere dejar que sea la propia actividad, con todo lo que en ella es instrumento y accesorio, la que encuentre por sí sola el camino hacia ellos.

Walter Benjamin, Dirección única

Los utensilios de limpieza

07/05/2021 Comentarios desactivados en Los utensilios de limpieza

Edward Hopper, “Western Motel,” 1957

Alabaré estas carreteras y estos instantes. Paraguas de vagabundos abandonados en explanadas al fondo de las cuales se yerguen supermercados blancos. Es verano y los policías beben en la última mesa del bar. Junto al tocadiscos una muchacha escucha canciones de moda. Alguien camina a estas horas lejos de aquí, alejándose de aquí, dispuesto a no volver más. ¿Un muchacho desnudo sentado junto a su tienda en el interior del bosque? La muchacha entró en el baño con pasos inseguros y se puso a vomitar. Bien mirado, es poco el tiempo que nos dan para construir nuestra vida en la tierra, quiero decir: asegurar algo, casarse, esperar la muerte. Sus ojos en el espejo como cartas desplegadas en una habitación en penumbra; el bulto que respira, hundido en la cama con ella. Los hombres hablan de rateros muertos, precios de chalets en la costa, pagas extras. Un día moriré de cáncer. Los utensilios de limpieza comienzan a levitar en su imaginación. Ella dice: podría seguir y seguir. El muchacho entró en la habitación y la cogió de los hombros. Ambos lloraron como personajes de películas diferentes proyectadas en la misma pantalla. Escena roja de cuerpos que abren la espita del gas. La mano huesuda y hermosa hizo girar la llave. Escoge una sola de estas frases: «Escapé de la tortura»… «Un hotel desconocido»… «No más caminos»…

Roberto Bolaño, Amberes

Siempre se me olvida avisarte

07/05/2021 Comentarios desactivados en Siempre se me olvida avisarte

Elena Garro con su hija

Mi padre decía siempre: «¡Qué inteligente es esta niña! ¡Mira qué frente tan bonita! ¡Qué lástima que seas inteligente! Me das tanta pena, que podría llorar toda la eternidad. La mujeres deben ser tontas…» ¿No te lo había dicho? No. Siempre se me olvida avisarte que seas tonta…

Elena Garro, Sócrates y los gatos

Embajada mejicana

02/05/2021 Comentarios desactivados en Embajada mejicana

Cihuacoatl (Museo Nacional de Antropologia, México)

Je ne passe jamais devant un fétiche de bois,
un Bouddha doré, une idole mexicaine sans me
diré: C’est peut-etre le vrai dieu.

CHARLES BAUDELAIRE

Soñé que estaba en Méjico, participando en una expedición científica. Después de atravesar una selva virgen de árboles muy altos, desembocamos en un sistema de cuevas excavado al pie de una montaña, donde, desde la época de los primeros misioneros, se había mantenido una orden cuyos hermanos proseguían su labor de conversión entre los indígenas. En una inmensa gruta central, rematada por una bóveda gótica, se estaba celebrando un oficio divino según un rito antiquísimo. Al acercarnos, pudimos presenciar su momento culminante: un sacerdote elevaba un fetiche mejicano ante un busto de madera de Dios Padre, colocado muy alto, en una de las paredes de la gruta. En ese instante, la cabeza del dios se movió negando tres veces de derecha a izquierda.

Walter Benjamin, Dirección única

A un retrato

02/05/2021 Comentarios desactivados en A un retrato

Juan Soriano, Retrato de Elena Garro (1948)

A un retrato

Al pintor Juan Soriano

No suena el viento,
dormido allá en sus cuevas
y en lo alto se ha detenido el cielo
con sus estrellas y sus sombras.
Entre nubes de yeso arde la luna.
El vampiro de boca sonrosada,
arpista del infierno, abre las alas.
Hora paralizada, suspendida
entre un abismo y otro.
Y las cosas despiertan, vueltas sobre
si mismas,
y se incorporan en silencio,
con el horror y la delicia
que su ser verdadero les infunde.
Y despiertan los ángeles de almendra,
los ángeles de fuego de artificio
y el nahual y el coyote y el aullido,
las animas en pena que se bañan
en las heladas playas del infierno,
y la niña que danza y la que duerme
en una caja dé cartón con flores.
Por amarillos escoltada
una joven avanza, se detiene.
Algo, invisible,
la amenaza y la fascina.
El terciopelo y el durazno
Se alían en su vestido.
Los pálidos reflejos de su pelo
son el otoño sobre un río.
Sol desolado por un desierto pasillo
¿de quién huye, a quién espera,
indecisa, entre el terror y el deseo?
¿Vio al mundo brotar de su espejo?
¿Se enrosco entre sus musios la
serpiente?
Vaga por los espacios amarillos
como una lenta pluma. Esplendor y
desdicha.
Se detiene al borde de un latido.
No respira,
su pecho de espuma no se mueve,
su collar de ojos no brilla.
Algo mira y la mira.
Atrás, la puerta calla.
El muro resplandece con fatigadas
luces.

Octavio Paz, «A un retrato», Poemas, Seix Barral, 1979

Guantes

26/04/2021 Comentarios desactivados en Guantes

TIZIANO, Ritratto d’uomo con un guanto (1520-1523)

En la repulsión que nos inspiran los animales, la sensación predominante es el temor a que nos reconozcan al tocarlos. Lo que se aterra en las profundidades del hombre es la oscura conciencia de que en él vive algo que, siendo muy poco ajeno al animal que provoca la repulsión, pueda ser reconocido por éste. Toda repulsión es, en su origen, repulsión al contacto. Incluso el afán dominador sólo consigue pasar por alto este sentimiento mediante gestos bruscos y desmesurados: estrujará con violencia y devorará al objeto de la repulsión, mientras que la zona del más leve contacto epidérmico seguirá siendo tabú. Sólo así se puede satisfacer la paradoja del imperativo moral que exige al ser humano la superación y, a la vez, el cultivo más sutil de la sensación de asco. No le es lícito negar su parentesco bestial con la criatura, a cuya llamada responde su repulsión: ha de enseñorearse de ella.

Walter Benjamin, Dirección única

Porcelana china

16/04/2021 Comentarios desactivados en Porcelana china

Hoy en día, nadie debe empecinarse en aquello que «sabe hacer». En la improvisación reside la fuerza. Todos los golpes decisivos habrán de asestarse como sin querer.

Un portal se abre al comienzo de un largo camino que, cuesta abajo, lleva hasta la casa de… a quien yo solía visitar cada tarde. Desde que ella se mudó, el arco del portal sigue presente ante mis ojos como el pabellón de una oreja que hubiera perdido el oído.

No hay forma de conseguir que un niño en camisón, salude a una visita que entra. Desde lo alto de su autoridad moral, los presentes intentan en vano persuadirle y vencer su recato. Pocos minutos más tarde, el niño se presenta, esta vez en cueros vivos, ante la visita. Entretanto se había lavado.

La fuerza de una carretera varía según se la recorra a pie o se la sobrevuele en aeroplano. Así también, la fuerza de un texto varía según sea leído o copiado. Quien vuela sólo ve cómo la carretera va deslizándose por el paisaje y se desdevana ante sus ojos siguiendo las mismas leyes del terreno circundante. Tan sólo quien recorre a pie una carretera advierte su dominio y descubre cómo en ese mismo terreno, que para el aviador no es más que una llanura desplegada, la carretera, en cada una de sus curvas, va ordenando el despliegue de lejanías, miradores, calveros y perspectivas como la voz de mando de un oficial hace salir a los soldados de sus filas. Del mismo modo, sólo el texto copiado puede dar órdenes al alma de quien lo está trabajando, mientras que el simple lector jamás conocerá los nuevos paisajes que, dentro de él, va convocando el texto, esa carretera que atraviesa su cada vez más densa selva interior: porque el lector obedece al movimiento de su Yo en el libre espacio aéreo del ensueño, mientras que el copista deja que el texto le dé órdenes. De ahí que la costumbre china de copiar libros fuera una garantía incomparable de cultura literaria, y la copia, una clave para penetrar en los enigmas de la China.

Walter Benjamin, Dirección única

Reloj regulador

14/04/2021 Comentarios desactivados en Reloj regulador

Jean-François Millet, Les Glaneuses

Para los grandes hombres, las obras concluidas tienen menos peso que aquellos fragmentos en los cuales trabajan a lo largo de toda su vida. Pues la conclusión sólo colma de una incomparable alegría al más débil y disperso, que se siente así devuelto nuevamente a su vida. Para el genio, cualquier cesura, no menos que los duros reveses de fortuna o el dulce sueño, se integran en la asidua laboriosidad de su taller, cuyo círculo mágico él delimita en el fragmento. «El genio es laboriosidad»

Walter Benjamin, Dirección única

El Nilo

13/04/2021 Comentarios desactivados en El Nilo

Sophie Podolski, Le pays où tout est permis

El infierno que vendrá… Sophie Podolski se suicidó hace varios años… Ahora tendría veintisiete, como yo… Patrones egipcios en el cielorraso, los empleados se acercan lentamente, campos polvorientos, es el fin de abril y les pagan con heroína… He encendido la radio, una voz impersonal hace el recuento por ciudades de los detenidos en el día de hoy… «Hasta las cero horas, sin novedad»… Una muchacha que escribía dragones, totalmente podrida en algún nicho de Bruselas… «Metralletas, pistolas, granadas decomisadas»… Estoy solo, toda la mierda literaria ha ido quedando atrás, revistas de poesía, ediciones limitadas, todo ese chiste gris quedó atrás… El tipo abrió la puerta con la primera patada y te puso la pistola debajo del mentón… Edificios abandonados de Barcelona, casi una invitación para suicidarse en paz… El sol detrás de la cortina de polvo en el atardecer junto al Nilo… El patrón paga con heroína y los campesinos esnifan en los surcos, tirados sobre las mantas, bajo palmeras escritas que alguien corrige y hace desaparecer… Una muchacha belga que escribía como una estrella… «Ahora tendría veintisiete, como yo»…

Roberto Bolaño, Amberes

Gente razonable y gente irrazonable

13/04/2021 Comentarios desactivados en Gente razonable y gente irrazonable

Honoré Daumier, Crispin et Scapin (1858-1860)

«Me sospecharon desde el principio»… «Tipos pálidos comprendieron lo que había detrás de ese paisaje»… «Un camping, un bosque, un club de tenis, un picadero, la carretera te lleva lejos si quieres ir lejos»… «Me sospecharon un espía pero de qué diablos»… «Entre gente razonable y gente irrazonable»… «Ese tipo que corre por allí no existe»… «Él es la verdadera cabeza de este asunto»… «Pero también soñé muchachas»… «Bueno, gente conocida, los mismos rostros del verano pasado»… «La misma gentileza»… «Ahora el tiempo es el borrador de todo aquello»… «La muchacha ideal me sospechó desde el primer momento»… «Un invento mío»… «No había espionaje ni hostias»… «Era tan claro que lo desecharon»…

Roberto Bolaño, Amberes

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