W. G. Sebald en el corazón de Europa

29/10/2021 Comentarios desactivados en W. G. Sebald en el corazón de Europa

Cristian Crusat, W.G. Sebald en el corazón de Europa, Wunderkammer, 2020

Maquetas y relicarios textuales, los libros de Sebald -una suerte de Tácito encerrado en un cuarto de revelado fotográfico- representan una resistencia contra el gigantismo de la época, la aceleración del ritmo de vida y la mudanza de los mecanismos de poder, control y conocimiento. Su poética deambulatoria fundó una ética de la miniatura, la pequeñez y lo inadvertido que representa también toda una ética literaria: al contemplar una imagen durante un buen tiempo, ciertas cosas emergen. A su modo, Sebald redistribuyó las proporciones del paisaje europeo, presentándolo a una escala renovada, conflictiva y no menos desasosegante, si bien radicalmente verdadera.

Crusat, como Sebald, es un viajero tranquilo que se adentra en el corazón de Europa a través de la geografía y de los textos de Sebald y de otros autores. Viaja lentamente por sus lecturas, explorando pacientemente los textos que recorre, siguiendo una trama compuesta por multitud de hilos con los que teje sus reflexiones, sus puntos de vista, para dar forma a un relato que recuerda a los del propio Sebald.

p. 17:
Una desnortada caminata en marzo de 2016 al centro de Luxemburgo desde mi hotel ubicado en la avenida John F. Kennedy, en el denominado Quartier Européen -mientras dejaba atrás inmensos edificios de metal y vidrio, aceras desiertas, semáforos para nadie y escaleras que únicamente servían para distraer la torturada psique de algún funcionario durante su desesperada pausa del almuerzo- volvió a hacerme pensar, años más tarde, en lo paradójico de la arquitectura de las instituciones de la Unión Europea, tan tendente a lo ciclópeo, es especial si uno recuerda lo afirmado por Oscar Halecki -“Todo lo que es colosal y uniforme es decididamente antieuropeo”- y aun por el propio Sebald en una entrevista con Arthur Lubow -“No me gusta lo que existe a gran escala, ni en arquitectura ni en lo referente a los saltos evolutivos. Para mí, se trata de una aberración. La noción de algo pequeño y contenido es el mismo tiempo, en mi caso, un ideal tanto estético como moral”-.

p. 21:
Eso fue siempre Europa para mí, desde la niñez: un silencio controlado, un sutil despoblamiento, un cementerio a mano. El alma, por así decirlo, enmoquetada.

p. 24:
No existe rastro de nostalgia en la literatura de W. G. Sebald. […] Caer en brazos de la nostalgia significaría preferir una forma de destrucción en lugar de otra.

p. 32-33:
Polinuclear, Europa encierra desorden, tumulto, caos. […] En términos generales, Europa, como la naturaleza según la ciencia del caos, constituyó siempre un espacio bifurcante, fragmentado e imprevisible.

p. 38:
Precisamente porque Europa ha experimentado todos los males y ha sufrido los efectos de las falsas soluciones (y, como demuestra la literatura de W. G. Sebald, no los ha propiciado en menor medida), su historia debería servir como dique contra la barbarie…

p. 39:
“En todo caso, Europa debería reconocer en la situación de los Balcanes, no una monstruosidad desarrollada en su propio seno, sino una imagen y un efecto de su propia historia y deberá comprometerse a enfrentarse a ello, a resolverlo y, en consecuencia, a ponerse en cuestión a sí misma y transformarse. […]” (Étienne Balibar).

p. 48:
“Más delicados que los colores de los mapas de los historiadores son los colores de los cartógrafos” (Elizabeth Bishop)

p. 48-49:
La vida, en consecuencia, era objeto de un nuevo y exhaustivo inventario, al tiempo que las mercancías recorrían el planeta de un extremo al otro. Incluso en una isla perdida, Robinson Crusoe amontona provisiones con una solicitud encantadoramente empresarial, trabajando sin desmayo para almacenar los productos de su propia cosecha. Al cabo del tiempo, Robinson ya no añora Londres, pues “toda Europa está allí, con sus trabajos, sus medidas, su tiempo, su orden” (Pietro Citati). La vida burguesa y el espíritu capitalista se encarnaron en 1719 en este solitario personaje concebido por Daniel Defoe, en este náufrago europeo que enumera hallazgos, describe procesos y clasifica útiles con furor empírico.

p. 51:
“El archivo es una máquina de producción de recuerdos, una máquina que fabrica historia a partir del material de la realidad que no ha sido recopilado” (Boris Groys).

p. 52:
En las retorcidas conexiones que el espacio urbano contemporáneo ha propiciado entre los archivos, la infamia, la producción de recuerdos artificiales y la erosión de la memoria, sobresale el caso del megalómano edificio de la Biblioteca Nacional francesa… […] resulta alzarse, tal y como se recuerda en las páginas de Austerlitz, sobre unos terrenos donde se ubicaba un gran almacén en el que los alemanes habían reunido el botín saqueado en las viviendas de los judíos de París.

p. 53:
A su manera, la literatura de W. G. Sebald -mediante la recogida o rememoración de elementos dispersos, desechados o destruidos, o consignando los muy particulares archivos personales de sus personajes, que custodian cuanto consideran digno de ser protegido por la avasalladora vorágine del tiempo- funciona también como contrapunto de la incuestionada máquina productora de historia europea. Es decir, actúa a redropelo de la máquina productora de recuerdos europeos, muchos de los cuales se han construido artificialmente a partir de tradiciones soslayadas y acontecimientos relegados al silencio administrativo.

p. 54:
Antes aún de que la existencia se sometiera al implacable control de los algoritmos web, la videovigilancia y los sistemas de reconocimiento facial, mucho antes, el inventario y la cosificación fueron prácticas que iban de la mano en el seno de las pujantes naciones europeas.

p. 60:
… la búsqueda literaria de W. G. Sebald, orientada esencialmente hacia la exploración, más que de las trazas del declive del proyecto moderno, de las contradicciones y solapamientos sobre los que arraigó la noción misma de Europa.

p. 63:
… aspiración a comprender la naturaleza del mal mediante su consideración como parte integrante del hombre y como un componente del mundo y nunca, en ningún caso, expulsándolo fuera del ámbito humano o demonizándolo.

p. 64:
El carácter incierto del mal, el caos y la destrucción se asienta demasiado plácidamente en el necio e irresponsable olvido. Históricamente, en el caso de Alemania, la desmemoria se metamorfoseó en una industriosa laboriosidad que levantó un muro destinado a contener las acechanzas del fantasma de la culpa colectiva.

p. 65-66:
… no debería sorprender que, ya avanzado el siglo XXI, el hombre haya terminado por entregarse al afán de hacerse y deshacerse, de inventarse y reinventarse personal y profesionalmente -auténtico juguete de sí mismo-, al tiempo que sepulta cuanto queda atrás, por esencial que sea. Así se ha troquelado la personalidad de millones de individuos que han asumido como propia la generalizada obsesión cultural con la invención y la reconstrucción del yo, tanto física como económica. El cultivo del ego y del bienestar particular deriva en un ideal de salud alumbrado en salones de tatuaje, clínicas dentales, consultas de cirugía plástica e implantes capilares (preferentemente turcos): “Por eso, todas las grandes utopías y todas las revoluciones se han fundido en una sola: en la revolución de la idea del propio cuerpo, de la propia imagen, de la propia persona, en el sentido etimológico del término” (Dubravka Ugresic).

p. 69:
Contra este espectáculo de necedades varias, contra esta anestesia, la literatura de Sebald representa un cauteloso pero electrizante antídoto.

p. 105:
Las dos décadas que han transcurrido de siglo XXI evidencian que el mundo conformado en la fragua humanista se hunde definitivamente y se alumbra otro muy distinto, cada vez más inestable y resbaladizo…

p. 109:
Que algunos de los más conspicuos símbolos de la modernidad muestren su sombrío envés en la narrativa de Sebald (como esa sospechosa voz que resuena a bordo de la sonda Voyager II) es el resultado, en mi opinión, de los modos mediante los que el autor problematiza la confluencia de los discursos históricos y literarios, la colisión entre la memoria colectiva y la individual, los documentos y la imaginación.

p. 122:
“En el uso privado, el contexto de la instantánea registrada se conserva, de modo que la fotografía vive en una continuidad. (Si uno tiene colgada en la pared una foto de Pedro, no es muy probable que olvide lo que éste significa para él.) La fotografía pública, por el contrario, ha sido separada de su contexto y se convierte en un objeto muerto que, precisamente porque está muerto, se presta a cualquier uso arbitrario” (John Berger).

p. 124:
Las biografías de Sebald constituyen, en resumen, una Historia en congruencia con las humanas e inestables leyes de la memoria. Y, también, una prevención contra nuestro espurio sentido del tiempo lineal, que el protagonista de Austerlitz define, al pasar junto al observatorio de Greenwich, como “con gran diferencia la más artificial de todas nuestras invenciones”.

p. 126:
Puesto que el hombre se ve devorado por la Historia, el proyecto literario de Sebald se convierte, con ayuda de las estrategias biográficas, en una fulgurante recopilación privada contra el oprobio y la desmemoria.

p. 129:
Maquetas y relicarios textuales, los libros de Sebald -una suerte de Tácito encerrado en un cuarto de revelado fotográfico- representan una resistencia contra el gigantismo de la época, la aceleración del ritmo de vida y la mudanza de los mecanismos de poder, control y conocimiento. Su poética deambulatoria fundó una ética de la miniatura, la pequeñez y lo inadvertido que representa también toda una ética literaria: al contemplar una imagen durante un buen tiempo, ciertas cosas emergen. A su modo, Sebald redistribuyó las proporciones del paisaje europeo, presentándolo a una escala renovada, conflictiva y no menos desasosegante, si bien radicalmente verdadera.

p. 131:
“La modernidad encierra un rasgo terrible: nunca regresamos”, afirmó Sebald sobre el modo en que se viaja en la época contemporánea. “Prefiero conocer media docena de sitios que signifiquen algo para mí que decir, al final de mi vida, que he estado en casi todas partes”.

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