Los anillos de Saturno

22/10/2021 Comentarios desactivados en Los anillos de Saturno

W.G. Sebald, Los anillos de Saturno. Una peregrinación inglesa, Traducción de Carmen García Gómez y Georg Pichler, Anagrama, Barcelona, 2021

Edición original: Die Ringe des Saturn, Vito von Eichborn GmbH & Co., Frankfurt am Main, 1995

Toda la civilización de la humanidad, desde sus comienzos, no ha sido más que un ascua que con el paso de las horas se torna más intensa, y de la que nadie sabe hasta qué punto se va a avivar y cuándo se va a extinguir.

Sebald camina y mientras camina hace un doble, incluso triple, viaje. Viaja sobre la superficie de la tierra, pero también viaja por sus recuerdos, sus pensamientos, sus intereses, sus investigaciones. El tercer viaje que realiza este singular caminante es a través de los acontecimientos, personas y lugares a los que le llevan sus reflexiones. Como los anillos de Saturno que están formados por multitud de fragmentos que giran alrededor de un centro, las reflexiones y recuerdos de Sebald son fragmentos que giran siempre alrededor de la miseria y la crueldad del ser humano, de todo aquello que constituye y da forma a la civilización humana. En cada eta de su camino se encuentra con el recuerdo de otros caminos y otros viajes en los que la civilización y la naturaleza se hacen visibles desde la distancia.

Todo lo que es humano le interesa y por eso fija su atención en el mal, el desorden, el caos, pero al mismo tiempo rechaza todo aquello que es desmesurado, que se aleja de la escala de lo humano. La literatura de Sebald es un antídoto contra la banalidad y la superficialidad que caracterizan la cultura actual.

Elizabeth Brown: Just Visible in the Distance

p. 28:
Y sin embargo, decía Browne, cada conocimiento está rodeado de una oscuridad impenetrable. Lo que percibimos son únicamente luces aisladas en el abismo de la ignorancia, en el edificio de un mundo traspasado por profundas sombras. Estudiamos el orden de las cosas, pero lo que está esbozado en este orden, dice Browne, no lo concebimos. Por eso no podemos escribir nuestra filosofía más que en pequeñas letras, en las abreviaturas y los taqui-gramas de la naturaleza transitoria, sobre los que únicamente asoma un destello de eternidad.

p. 30:
… infinito es todo lo que podría mostrar la elegancia con que la mano de la naturaleza dibuja formas geométricas, pero […] la constelación de las Híadas, la quincunx del cielo, ya se sumerge detrás del horizonte and so it is time to close the five ports of knowledge. We are unwilling to spin out our waking thoughts into the phantasmes of sleep; making cables of cobwebs and wildernesses of handsome groves.
(y es hora de cerrar los cinco puertos del conocimiento. No estamos dispuestos a convertir nuestros pensamientos de vigilia en fantasmas del sueño; haciendo cables de telarañas y páramos de hermosas arboledas.)

p. 64:
No creo que estos hombres estén sentados a la orilla del mar durante días y noches enteras para, como afirman, no perderse el momento en que pasen las bacaladillas, suban las platijas o el bacalao nade en dirección hacia la costa, lo que creo es que sencillamente les gusta demorarse en un lugar en el que tienen el mundo tras de sí y ante ellos nada más que vacío.

p. 84:
… en la historiografía ya se señalan las ventajas indiscutibles de un pasado ficticio.

p. 106:
Como en un ábaco inventado para el cálculo de la infinitud…

p. 108:
… los pocos que vienen suelen marcharse inmediatamente después de haber echado una rápida ojeada a su alrededor con la incomprensión que caracteriza a estos visitantes de ocio.

p. 133:
La vida, escribe a su hermosa tía Marguerite Poradowska en Bruselas, recientemente enviudada, es una tragicomedia —beaucoup des rêves, un rare éclair de bonheur, un peu de colère, puis le désillusionnement, des années de souffrance et la fin—, en la que, bien o mal, cada uno ha de representar su papel.

p. 139:
… percibe ahora la capital del reinado de Bélgica con sus edificios cada vez más ampulosos, como un monumento funerario que se erige sobre una hecatombe de cadáveres negros, y le parece como si todos los viandantes de las calles llevaran en su interior el oscuro secreto congoleño. De hecho, hay en Bélgica, hasta el día de hoy, una fealdad particular, impresa en la época de la explotación desinhibida de la colonia del Congo, que se manifiesta en la atmósfera macabra de ciertos salones y en una deformidad llamativa de la población, como sólo se halla raras veces en algún otro sitio.

p. 190:
Toda la civilización de la humanidad, desde sus comienzos, no ha sido más que un ascua que con el paso de las horas se torna más intensa, y de la que nadie sabe hasta qué punto se va a avivar y cuándo se va a extinguir.

p. 198:
Siempre, cuando a causa de cualquier cambio acontecido en la vida interior aparece un fragmento semejante, uno cree poder acordarse de algo. Pero en realidad no se recuerda, evidentemente. Se han demolido demasiados edificios, se han amontonado demasiados escombros, los depósitos y las morrenas son inexpugnables.

p. 202-203:
A lo largo de días y semanas uno se devana inútilmente los sesos, no sabría, si se le preguntara por ello, si se sigue escribiendo por costumbre, o por afán de prestigio, o porque no se ha aprendido otra cosa, o por sorpresa ante la vida, por amor a la verdad, por desesperación o indignación, así como tampoco sería capaz de decir si mediante la escritura uno se vuelve más inteligente o más loco. Tal vez cada uno de nosotros pierda la perspectiva en la medida en que sigue construyendo su propia obra, y tal vez por este motivo tendemos a confundir la complejidad creciente de nuestras construcciones espirituales con un paso adelante en el conocimiento, mientras que, al mismo tiempo, ya intuimos que nunca vamos a poder comprender los imprevistos que ciertamente determinan nuestra carrera.

p. 235:
El movimiento con que después de cada puntada tiraban del hilo hacia arriba me recordaba a cosas ya tan lejanas que me entró miedo por el poco tiempo restante.

p. 280:
Durante meses y años los recuerdos reposan adormecidos en nuestro interior y siguen proliferando en silencio hasta que son evocados por una fruslería cualquiera, y de una forma extraña nos ciegan para toda la vida. ¡Cuántas veces no habré tenido por un negocio ignominioso mis recuerdos y la transposición del recuerdo a la escritura, en el fondo reprobable! Y sin embargo, ¿qué sería de nosotros sin los recuerdos? No seríamos capaces de clasificar los pensamientos más sencillos, el corazón más sensible perdería la capacidad de profesar afecto por otro, nuestro ser sólo se conformaría de una sucesión infinita de momentos sin sentido, y no existiría más la huella de un pasado. ¡Qué mísera es nuestra vida! Está tan colmada de fantasías erróneas, es tan vana, que casi se reduce a la sombra de las quimeras que nuestra memoria deja en libertad.

p. 288:
También Chateaubriand intentó realizar más adelante —en una medida en comparación humilde— el ideal de la naturaleza asentado en este vacío. Cuando en 1807 regresó de su largo viaje a Constantinopla y a Jerusalén, en La Vallée aux Loups, cerca de la población de Aulnay, se compró una casa oculta entre colinas arboladas. Allí comienza a escribir sus recuerdos, y, justo al comienzo, escribe de los árboles que ha plantado y de los que él mismo se ocupa uno por uno. Ahora, escribe, son aún tan pequeños que yo les doy sombra cuando me pongo entre ellos y el sol. Pero alguna vez, en un futuro, cuando hayan crecido, me devolverán la sombra y protegerán mi vejez tal como yo les he protegido a ellos en su juventud. Me siento unido a los árboles, para ellos escribo sonetos y elegías y odas; como a niños los conozco a todos por sus nombres y sólo deseo poder morir bajo su sombra.

p. 311:
Creo que uno no se hace fácilmente una idea de la impotencia y los abismos a los que a veces puede arrastrar a una persona la reflexión constante…

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