Una novela que comienza

17/10/2021 Comentarios desactivados en Una novela que comienza

Macedonio Fernández, Una novela que comienza, Prólogo de Alicia Borinsky, Epílogo de Gastón Segura, Drácena Ediciones, 2021.

Primera edición: Ediciones Ercilla, Santiago de Chile, 1941

… si nos pusiéramos a desmontar los ingredientes de su novela, hallaríamos que circulan por un triple cauce: el del teórico que indaga, el del humorista que disimula la trascendencia bajo una actitud de sorpresa y el del poeta que persigue las entrañables relaciones que flotan invisibles entre las cosas.

Gilberto González y Contreras, “Una novela que comienza, por Macedonio Fernández”, Revista Iberoamericana, Vol. VII, Núm. 14, Febrero 1944

Libre sin límite sea el arte y todo lo que le sea ajeno, sus letras, sus títulos, el vivir de sus cultores. Tragedia o Humorismo o Fantasía nada deben sufrir de un Pasado director ni copiar de una Realidad Presente y todo debe incesantemente jugar, derogar.

Macedonio Fernández es, y quiere ser, un renovador de la novela. Esta es realmente una novela que comienza y que seguirá escribiendo el resto de sus días para ir configurando lo que al final será el museo de la novela de la Eterna… Con un lenguaje barroco, que por momentos parece querer seguir los pasos de San Juan de la Cruz, construye un texto endiabladamente complejo en el que las reflexiones sobre el sentido de la vida y el comportamiento humano pierden toda su trascendencia gracias a un fino y complejo sentido del humor. Macedonio escribe para que el lector se convierta en autor. Él se limita a dejar materiales que provoquen al lector.

Sorprende que en una edición, que pretende ser cuidada y elegante, haya tantas erratas. Algunas de ellas son estas:

En la página 17: “de modo que juntamos es contentarnos” en lugar de “de modo que juntarnos es contentarnos”.
En la página 41: falta cerrar el paréntesis al final del párrafo: “de ninguna de las maneras de aplaudir.)”
En la página 44: “en cieno modo” en lugar de “en cierto modo”.
En la misma página: “con obligamos a vivir” en lugar de “con obligarnos a vivir”.
En la página 46: “yo llegue creo a integrar” en lugar de “yo llegué creo a integrar”.
En la página 49: “Demencial igual antivital” en lugar de “Demencial igual a antivital”.
En la página 64: “lo peor que puede ocurrimos” en lugar de “lo peor que puede ocurrirnos”.
En la página 92: “di con él y me enfrente” en lugar de “di con él y me enfrenté”.
En la página 118: “se mire cómo se quiera mirar” en lugar de “se mire como se quiera mirar”.

Y como no hay forma de ponerse en contacto con la editorial (su web no funciona, no encuentro ningún email y en la cuenta de twitter no se les pueden enviar mensajes), quedan aquí registradas.

Algunos fragmentos notables:

p. 16:
Todo es verdad aquí, si nada lo es en el alma de quien descuida regar sus sueños, mimar su esperanza.

p. 18:
Las personas muy altas, aparte del horroroso inconveniente de andar siempre muy lejos de ellas mismas, notándose que caminan a grandes pasos para alcanzarse -yo no podría acostumbrarme a un destino tan travieso- llevan por esto, de continuo, las lastimaduras en la cabeza que todos hemos observado. Debe elegirse a tiempo la estatura “apenas alta”: es mi clasificación; tengo un modelo en casa. No estoy resentido con los altos: no he querido ese formato.

p. 22-23:
Mi amigo cree en la mujer. De los otros hombres el 90 % (¡cómo me gusta esta exactitud, que sólo las cifras proveen, pues en la realidad no la hay, por lo que las matemáticas son tan irrefutables como inofensivas. No debiera llamárselas ciencias, porque esta palabra impone a muchos espíritus y los descuida de disfrutar todo el humorismo que hay en ellas. Así, por ejemplo, Einstein. Una piedra son dos piedras, una en su nombre y otra que le ha tirado a la geometría. Por aquí, por allá, la piedra no se encuentra y muchos hombres de los que no han muerto en la guerra, se están arrugando los pantalones buscándola). Por eso yo —sigo el paréntesis por fuera para que no se me moteje de digresivo como Unamuno, que nunca escribe sobre lo que trata—, por eso yo, que a veces estoy tan poco y tenue, que me parece que me llamo Ningunamuno, digo que el 90 % dicen que no creen en la mujer, y lo hacen; y el otro 90 % —porque hay dos por ahora hasta que se encuentre la piedra— lo invertiremos en los que piensan lo mismo, pero se conducen peor procurando que la mujer crea que la estiman.

p. 26:
Al instante llamó ella mi atención. Estudio mucho a la mujer desde años atrás y cada día desespero más de sentir alguna vez como ella siente, de sentir siquiera por un instante una de esas emociones de gracia con respecto a sí mismas o al vivir de otros o de desesperación absoluta, que el hombre no conoce. ¿Cómo será ser mujer? Tendría que explicarme mucho acerca de esto. El hombre no conoce la dignidad de la desesperación definitiva si no es con el indigno motivo de haber de morir; con sus juguetes de la ciencia, del arte, del progreso (la más estúpida de sus ideas), de la reforma social, que le parecen tan graves y que adula y realza utilizando el contraste con la frivolidad de las preocupaciones femeninas puestas en el bello vestir, lo que solamente pide él es no morir nunca. Es un entretenido y un longevista y por tanto un ente sin Pasión. En cuanto al verdadero sentimiento de lo gracioso en la conducción, actitudes y vicisitudes de la vida no lo tiene tampoco en grado comparable. Beethoven parece la desesperación misma; pero no quisiera haber tenido yo la oportunidad de mirarle la cara en el trance de ofrecérsele una opción entre cometer algo ruin o renunciar a quince días más de su senectud miserable. ¿Cómo puede tener gracia, gracia real y no su simulación artística, un ser que vive en la preocupación principal de no dejar de vivir nunca, a ser posible? Tampoco es accesible a otra desesperación que la de cesar de vivir.

p. 27:
El interés por el ajeno vivir y el de que el propio sea un interés para los demás de reverencia y esperanza en la Vida, es tan gracioso o inteligente como pesado o insignificante el afán del varón por averiguar cuál es la última legua en que está situado el sol con respecto a algunos otros montones astronómicos o cuál es la célula cerebral que se preocupa de asustarse cuando la emoción del espanto nos embarga.

p. 41:
… el Automatismo Longevístico, único imperativo de la vida y cuya finalidad es suplantar el pluralismo vital fatigoso y anárquico por un único Cosmos Persona, el monoser libertado por fin de la sujeción a la pérfida relación de Externalidad, y en fin del contrajuego obstinado al Longevismo que le hace eternamente el antieternizador Reflejo de Evasión (de autodestrucción) atisbando cada ocurrir de esa falla el plan longevístico que es la Monoconciencia Afectiva Negativa o sea el instante de conciencia una, es decir ocupada por un solo estado mental afectivo de dolor, sobre cuyo instante de monoconciencia el Reflejo de Evasión reina omnímodo e instantáneo…

p. 41:
Aunque la Ciencia me parece cada vez más pedante y estéril, como lo muestra el terrible estado de la humanidad…

p. 42:
… hemos conocido todos muchos momentos y largos años de miseria total y los hemos vivido por esclavitud al Automatismo longevista sin que la Conciencia tuviera poder alguno para avasallar ese automatismo y ordenar el acto de aniquilación.

p. 44:
El rumbo longevístico de la vida opera a base de apetitos certeros congénitos, que nunca se equivocan, y mediante la acción que siempre es automática, acompáñela o no la conciencia. Si el individuo muere no es nunca por equivocación de sus apetitos sino porque el Cosmos, la Externalidad da o no da lo que satisface al apetito. Así que debe el automatismo resignarse a que haya muertes , y demencias anhelosas de muerte. Estas demencias y los fulminantes instantes de la monoconciencia afectiva negativa, son en cierto modo triunfos del hedonismo sobre el automatismo, del deseo de felicidad (aunque sea la negativa del no sufrir) sobre el longevismo mero, irracional, que es el negocio del automatismo, sin ganancias para la conciencia.

p. 52:
Se verá realmente lo nunca visto, no se trata de fantasía, es otra cosa; el primer caso del género será en novela. La publicaré próximamente, pues ya han dicho admirados los críticos de manuscritos, “es novela que nunca antes se ha escrito”. Y ahora tampoco, pero falta poco. Tal colección de sucesos se encerrará dentro de ella que no dejará casi nada para el suceder en las calles, domicilios y plazas, y los diarios faltos de acontecimientos tendrán que conformarse con citarla: “en la novela de la ‘Eterna’ ayer a media tarde se produjo el siguiente coloquio”; “se encuentra esta mañana sonriente la Dulce-Persona”; “el Presidente de la Novela, reporteado en vista de los rumores circulantes entre sus numerosos lectores, se sirvió manifestarnos que positivamente lanzará hoy su plan de histerización de Buenos Aires y conquista humorística de nuestra población para su salvación estética”.

p. 53:
Esta novela que fue y será futurista hasta que se escriba, como lo es su autor, que hasta hoy no ha escrito página alguna futura, u aun ha dejado para lo futuro el ser futurista en prueba de su entusiasmo por serlo efectivamente cuanto antes -sin caer en la trampa de ser un futurista de en seguida como los que adoptaron el futurismo, sin comprenderlo, en tiempo presente…

p. 57:
Libre sin límite sea el arte y todo lo que le sea ajeno, sus letras, sus títulos, el vivir de sus cultores. Tragedia o Humorismo o Fantasía nada deben sufrir de un Pasado director ni copiar de una Realidad Presente y todo debe incesantemente jugar, derogar.

p. 57:
… el futurismo […] se practica genuinamente solo dejándolo para más tarde.

p. 58:
La única novela contada toda y que, sin embargo, no contiene nada además, aunque el envión de contarlo todo lleva a más contar, y el de leer los cuentos árabes me arrastró en la adolescencia, por ignorar que eran solo 1001, a seguir leyéndolos después de concluidos: se me avisó muy tarde que lo que leía era después de terminado y así continué devorando cuentos que encontré abundantes en la Moral, la Historia, el cuento del Progreso, el de la abnegación de los políticos, los religiosos, los propagandistas de cualquier cosa desinteresada, la felicidad del bueno, el arrepentimiento del malo, la concordancia última entre conveniencia individual y general, o Utilitarismo, el orden del Universo y otros milagros de la abundante “fe” de los hombres de ciencia, ¡tan exigentes con los milagros populares!

p. 64:
… si no sabemos profundamente casi nada es probable que en tan vasta ignorancia quepa el no saber que sea cierto que no sabemos nada.

p. 71:
La única cesación inteligible es la del Todo; la particular de que el que ha “sentido” una vez cese de sentir, quedando existente, cesado él, la restante realidad, es una contradicción verbal, una concepción imposible.

p. 78:
… leerás más como un lento venir viniendo que como una llegada.

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