Malina

03/07/2021 Comentarios desactivados en Malina

Ingeborg Bachmann, Malina, Traducción de Juan J. del Solar, Alfaguara, 1986.

Edición original: Malina, Suhrkamp Verlag, Frankfurt am Main, 1971

No habrá ningún día, los hombres nunca serán, la poesía jamás será y ellos jamás serán, los hombres tendrán ojos negros, oscuros, de sus manos caerá la destrucción, vendrá la peste, esa peste que anida en todos ellos, esa peste que los ha atacado a todos y se los llevará, pronto, y aquello será el fin.

Una mujer reflexiona sobre su vida, sus recuerdos, sus traumas, sus anhelos, sus sueños y sus pesadillas. Una vida condicionada en todo momento por el hecho de ser mujer, una vida condicionada por los hombres… hasta la desaparición a través de una grieta en la pared.

Una novela que nos ayuda a reflexionar sobre el patriarcado, sobre el fascismo y sobre la relación que existe entre ambos…

algunos fragmentos:

p. 25:
Su calma se debe entonces, me parece, a que soy para él un Yo demasiado irrelevante y conocido, es como si me hubiera expelido al igual que un desecho, una encarnación superflua, como si sólo hubiera sido hecha de su costilla y le resultara, desde siempre, prescindible, pero a la vez fuera una historia oscura e inevitable, deseosa de acompañar y completar la suya, y que él separase y distinguiese de su historia diáfana.

p. 58:
¿De dónde te viene esa obsesión por las tinieblas? Todo es siempre triste, y ellos lo hacen aún más triste con esos libracos. Fíjate esto: MEMORIAS DE LA CASA MUERTA, en fin, perdóname.

p. 79:
¿Bastará una frase para darle seguridad alguien que esté perdido? Tendría que haber una seguridad que no fuera de este mundo.

p. 94:
A propósito de las grandes épocas se me acaba de ocurrir algo, pero no le estoy diciendo nada nuevo: la historia enseña, pero no tiene alumnos.

p. 96:
¿Qué pienso de la juventud? Nada, realmente nada, hasta ahora no he reflexionado sobre el tema, le ruego ser muy indulgente, ya que jamás me he planteado la mayoría de las preguntas que usted me hace ni, en general, todas las que constantemente me dirigen. ¿La juventud actual? Pero también tendría que reflexionar sobre los ancianos de hoy y sobre aquellos que actualmente no son viejos, pero tampoco jóvenes; es tan difícil imaginarse estas categorías, estos ámbitos, las especialidades juventud y vejez. La abstracción, sabe usted, no es quizá mi fuerte, en seguida veo montones, por ejemplo niños en campos de juego infantiles, admito que un montón de niños es para mí algo particularmente espantoso, aunque también me resulta incomprensible cómo los niños pueden aguantar entre tantos niños. Criaturas repartidas entre adultos, vaya y pase, pero ¿ha estado alguna vez en una escuela? A ningún niño, salvo que sea un débil mental o un corrompido incorregible -cosa que son casi todos- le gustaría vivir entre un montón de niños, soportar los problemas de otros niños y, exceptuando ciertas enfermedades infantiles, compartir lo que sea con otros niños, un desarrollo, por ejemplo. El espectáculo de un grupo numeroso de niños ya resulta alarmante por…

p. 98:
Leer es un vicio que puede sustituir a todos los demás vicios o, a veces, ayudarlos a vivir a todos más intensamente, es un exceso, una manía consuntiva.

p. 126:
Llegará un día en que los hombres tendrán ojos de color negro dorado, y entonces verán la belleza, quedarán libres de toda inmundicia y todo lastre, se elevarán por los aires, avanzarán bajo las aguas y olvidarán sus callosidades y miserias. Llegará un día en que serán libres, todos los hombres se habrán liberado hasta de la libertad con que soñaban. Será una libertad mayor, superior a toda ponderación, una libertad para toda la vida…

p. 129:
… me encantaría ir otra vez al cine, en el Apolo echan El desierto viviente.

p. 134:
Adormeceré mis preguntas en una ebriedad profunda. Adoraré animales en la noche, profanaré las imágenes más sagradas, me aferraré a todas las mentiras, me animalizaré en sueños y, como un animal, me dejaré matar.

p. 161:
… hay gente que vive y gente que observa vivir a los demás, yo me cuento entre los observadores.

p. 175:
¿Por qué no me habré dado cuenta hasta ahora de que ya casi no soporto a la gente? ¿Desde cuándo será así? ¿Qué ha ocurrido en mí?

p. 221:
También leía, una vez soñé que me estaba leyendo algo en voz alta, con una voz espectral. Vivere ardendo e non sentire il male. ¿Dónde he leído esto?

Gaspara Stampa

p. 237:
La primera piedra rojiza caída en mi celda desde el cielo, y en la que constantemente brillan nuevos rayos, dice: Vivir asombrándose. La segunda piedra azul, en la que vibran todos los azules, dice: Escribir asombrándose. Y ya tengo en mi mano la tercera piedra de radiante blancura, cuya caída no ha podido impedir nadie, ni siquiera mi padre, pero la oscuridad se hace tan grande en la celda que el mensaje de esta tercera piedra ya no se percibe. La piedra tampoco se ve. Sabré el último mensaje después de mi liberación.

p. 238:
A ratos se me va la voz: Me he tomado la libertad de vivir, pese a todo. Otras veces la recupero y todos pueden oírla: Vivo, viviré, me arrogo el derecho de vivir.

p. 243:
De manera que nunca más dirás: guerra y paz. Nunca más. Siempre hay guerra. Aquí siempre hay violencia. Aquí siempre hay lucha. Es la guerra eterna.

p. 290:
Hablamos luego de la situación internacional y alguien puso un disco en el tocadiscos: L’ASCENSEUR A L’ECHAFAUD. Cuando ya habían sonado suavemente algunos compases y la conversación llegó al teléfono rojo entre Washington y Moscú, el tipo me preguntó, en el mismo tono suave en que poco antes me había preguntado si no me sentaría mejor el terciopelo (le encantaría verme vestida de terciopelo, añadió): ¿Ha matado alguna vez a alguien? Yo respondí en el mismo tono suave: No, claro que no, ¿y usted? El hombre replicó: Sí, soy un asesino.

p. 300:
Quien tiene un porqué para vivir, soporta casi cualquier cómo.

p. 302:
Sólo sé que ya no soy la misma de antes, que no me conozco mejor ni estoy más cerca de mí misma en absoluto. Nunca he sido más que una desconocida que acababa derivando hacia otra desconocida.

p. 313:
No habrá ningún día, los hombres nunca serán, la poesía jamás será y ellos jamás serán, los hombres tendrán ojos negros, oscuros, de sus manos caerá la destrucción, vendrá la peste, esa peste que anida en todos ellos, esa peste que los ha atacado a todos y se los llevará, pronto, y aquello será el fin.

p. 319:
Pero si no se puede hacer nada ni intervenir en nada, ¿qué nos queda entonces? Porque sería inhumano no hacer realmente nada.

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