El olvido que seremos

17/05/2021 Comentarios desactivados en El olvido que seremos

Nunca un título tan hermoso sirvió para encabezar tanta basura. El título de la película es el mismo que el del libro que escribió Héctor Abad Faciolince sobre su padre el médico y profesor colombiano Héctor Abad Gómez. Está sacado de un soneto, atribuido a Jorge Luis Borges, que supuestamente el escritor halló en un bolsillo de la chaqueta de su padre, tras ser éste asesinado por unos paramilitares, en el año 1987, en Medellín.

No he leído el libro, pero quisiera creer que no es la basura en la que se ha convertido al llevarlo a la pantalla por los hermanos Trueba, Fernando como director y David como guionista.

La película es como un anuncio largo… más bien larguísimo. Un anuncio melodramático que despierta emociones que abren el camino hacia los más profundo del subconsciente de los espectadores para llenárselo de basura. Debían de tener prisa por estrenarla, porque la película, entre otras cosas, es una apología de las vacunas que salvan vidas. En un momento de la película, el doctor Abad le inyecta a su hijo, sin pedirle permiso, una vacuna contra la polio diciéndole que poniéndosela a él salvará la vida de miles de niños…

La película es una apología de la bondad, del heroísmo y de la medicina… Los niños pobres no se mueren por culpa de una sociedad injusta sino porque no están vacunados… El protagonista no sólo es un ser de bondad angelical, sino que alcanza la categoría de héroe que va por el mundo regalando piernas ortopédicas y visitando barrios marginales para comprobar por sí mismo lo que todos sabíamos. ¡Qué buenos son los buenos!

La película es para lo que es y para algunas cosas más. Es decir, es una película para ganar dinero. Pero de paso se aprovecha el tirón para llegar a un público amplio necesitado de refuerzos emocionales positivos hacia las vacunas experimentales contra la enfermedad que milagrosamente ha logrado acabar con la gripe en el mundo. Que es una película para ganar dinero no cabe la menor duda. Para empezar, el papel protagonista se le da a un actor taquillero, que no es para nada el más apropiado. ¿Es que no hay actores colombianos para hacer el papel de un colombiano y que sepa hablar como los colombianos? Para contar una historia como la que cuenta la película no hacía falta tanto presupuesto en coches de época, mansiones, complicados rodajes en exteriores, etc… Con mucho menos dinero se podría haber hecho una buena película sobre el doctor Abad Gómez, en lugar de hacer una mala y grotesca caricatura.

Tampoco era necesario que tuviéramos que escuchar el canto del cucu mientras el doctor Abad cultivaba sus rosas en un ambiente idílico, porque en América nunca se oye cantar al cucu. Un bello título nos ha engañado, igual que el cucu cuando pone sus huevos en el nido de otros pájaros.

Ya somos el olvido que seremos. 
El polvo elemental que nos ignora 
y que fue el rojo Adán y que es ahora 
todos los hombres, y que no veremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas 
del principio y el término. La caja, 
la obscena corrupción y la mortaja, 
los triunfos de la muerte, y las endechas.

No soy el insensato que se aferra 
al mágico sonido de su nombre. 
Pienso con esperanza en aquel hombre

que no sabrá que fui sobre la tierra. 
Bajo el indiferente azul del cielo, 
esta meditación es un consuelo.

JLB

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