Prohibido entrar sin pantalones

02/12/2020 Comentarios desactivados en Prohibido entrar sin pantalones

Juan Bonilla, Prohibido entrar sin pantalones, Seix Barral, Barcelona, 2014

 

«La blusa fatua»

Yo me haré pantalones negros,
del terciopelo de mi voz,
y una blusa amarilla,
de tres metros de atardecer,
y pasaré por la mundial avenida Nievski
por sus lustrosas veredas,
compadreando con paso fatuo de Don Juan.

Dejen que la tierra gima en descanso amujerado.
«¡Tú las primaveras verdes las vas a violar!»
Yo le diré al sol, mostrando los dientes:
-¡Sobre el asfalto liso, me gusta compadrear!

Será porque el cielo está muy celeste,
y la tierra, mi amante, está limpia y de fiesta,
yo les regalo mis versos alegres, como un bi-ba-bó,
necesarios y agudos como cepillo de dientes.

Mujeres amantes de mi carne,
y esa niña que fraternalmente me mira.
Cubridlo de sonrisas al poeta,
que yo las bordaré, cual flores,
en mi blusa,
amarilla,
de fatuo.

Vladimir Mayakovsky

el futurismo tenía que ser religioso, afectar a todos los órdenes de la vida para crear un nuevo desorden en el que vivir.

Cuando dentro de un siglo alguien lea algún verso en el marco de una cuartilla, en esa tinta yo estaré latiendo de nuevo. Cada vez que pase eso, yo latiré. Mi corazón ya no estará en mi pecho, sino en esa tinta futura, cada vez que alguien lea un verso mío, un latido: vivo en el futuro, qué remedio, y en el futuro usted está muerto.

 

Maiakovski tenía dieciocho años, dieciséis dientes podridos, dos hermanas y un solo lector

Maiakovski se reencarna en Bonilla para escribir sobre Maiakovski, porque Maiakovski revive en las palabras de Bonilla. No es una biografía. Ni siquiera una biografía novelada. Es un libro sin reglas que, como los poemas de Maiakovski, adquiere sentido cuando es leído. Bonilla consigue que los lectores amemos a Maiakovski, que leamos sus poemas desgarrados, que nos acerquemos a las circunstancias de su vida, a su fe en un futuro que le fue arrebatado, usurpado por los burócratas del Estado. No es una novela gamberra, tal como han dicho de ella algunos críticos. Quizá sea una novela, pero no es gamberra en absoluto. El gamberrismo es otra cosa. El libro de Bonilla es libre y no se somete a ninguna disciplina, pero no es gamberro. Maiakovski tampoco lo era. Este libro es una celebración de Maiakovski, un homenaje.

Algunas reseñas:
– Jordi Corominas, “Un retrato necesario

– Karina Sainz Borgo, “Una novela gamberra sobre Maiakovski

– Ferrán Mateo, “Maiakovski, destellos de un hooligan de la poesía

– Antonio Rivero Taravillo, “El gigante egoísta

 


Notas de lectura:

p. 9:
Tenía miedo a morirse, mucho miedo a morirse, un asiento en un aula de la Escuela de Artes donde se había matriculado para que no le pesara la ignorancia y para alejarse de la política, cuadernos llenos de viñetas, una madre que no salía nunca a la calle y un solo lector.

p. 17:
… cantaba al Futuro como si el Futuro no fuera el lugar donde espera la muerte, sino la tierra prometida.

p. 24:
Por todo Petersburgo empezó a extenderse la idea de que los futuristas eran una banda de gángsteres a los que mejor evitar, una banda de criminales sin ideologías, una jauría de necios adiestrados en gimnasios. Habían estrenado una ópera en el Luna Park: Victoria sobre el sol, con prólogo de Jliébnikov, libreto de Kruchionij, música de Matiushin y decorados de Maliévich que había hecho mucho ruido y había espantado a los cultos, que la habían considerado una profanación del buen gusto que era la seña de identidad de la ciudad. En la misma sesión se estrenó el poema interpretable de Maiakovski, Vladímir Maiakovski, que en realidad él había titulado Tragedia, pero el impresor se equivocó y puso el nombre del autor como título de su obra.

– Diana Fernández, “Malèvich y Una victoria sobre el sol

– Iván García Sala, “El libreto de Victoria sobre el sol

p. 25:
En un momento de la obra, Maiakovski interpelaba al público: me han dicho que en algún lugar del planeta -creo que en Brasil- hay un hombre feliz.

p. 30:
Había que enseñar el lenguaje del futuro a los nuevos lectores, hacerles entender que hacia el futuro no se iba paso a paso de una manera fatal, sino más bien que el futuro nos arrastraba y era mejor no oponer resistencia, agarrados a las columnas del pasado sin dejarnos chupar por esa fuerza de aspersión.

p. 30:
En eso el futurismo tenía que ser religioso, afectar a todos los órdenes de la vida para crear un nuevo desorden en el que vivir.

p. 31:
He escrito todo esto de vosotros, pobres ratas. Siento no tener pechos para amamantaros como una nodriza. Ahora ando un poco seco, soy un alma cándida, pero ¿quién, dónde hubiera dado a sus ideas esta grandeza descomunal, sino yo, que vi el cielo abierto y os demostré dónde estaba el ladrón? A veces me creo un gallo de pelea, a veces me creo el rey de Pskov, pero en ocasiones nada me gusta tanto como mi nombre, me llamo Vladímir Maiakovski, como todo el mundo.”

p. 31-32:
Porque la Realidad era mentira, no lo veis, es una mera creación de científicos y políticos y autoridades competentes, por debajo de ella o por encima, hay otra cosa, tiene que haberla, eso que no pueden ni podrán nunca domar, y es donde vivimos, algo que de veras merezca el nombre de Vida, acaso no lo veis a pesar de que en lo hondo lo sabemos todos.

p. 32:
El Futuro, sí, el Futuro: no era el lugar donde espera la muerte de cada cual, sino el lugar donde al fin se alcanzaría ese momento mágico en el que ya no necesitaríamos al Futuro.

p. 33:
Jliébnikov, tan callado como siempre, tan andarín y tan solitario, había decidido dejar de hablar la lengua común y expresarse sólo en lenguaje transmental, con palabras inventadas y sonidos, por influencia de su condición de ornitólogo; estaba convencido de que el lenguaje de los pájaros se ajustaba con mayor precisión que el de los hombres a lo que necesitaba expresar. Ahora se le entiende más que antes, dijo Burliuk, decepcionado de no poder manejar a Jliébnikov, que, cuando se encontraba con sus compañeros futuristas, se dedicaba a resolver ecuaciones matemáticas, seguro de que eran las leyes matemáticas las que gobernaban los destinos de los pueblos, y bastaba hallar esas leyes para tener el control del tiempo que vendría.

p. 33:
Maiakovski dijo una vez: Maiakovski sólo hay uno. Jliébnikov respondió: Jliébnikov no hay ninguno.

p. 33:
Desde la aparición de su primer libro, Maestro y discípulo, pagado por Burliuk, y después de participar en la Bofetada al gusto público y en una opereta montada por los futuristas para recaudar fondos con vistas a hacer un viaje por Rusia para expandir su influencia, Jliébnikov empezó a desentenderse de la suerte del grupo, pero nadie se lo echaba en cara, todos sabían que iba por libre y que ya habían contado demasiado con él. Jliébnikov no hay ninguno, se decían para disculparlo. Ahora se dedicaba a las matemáticas: había descubierto, sin que nadie supiera muy bien cómo, que 1915 iba a ser el comienzo de una era y trataba de explicar por qué. También había descubierto que la fuerza de gobierno residía en el número 317, y proponía un Gobierno mundial compuesto por los 317 mejores del planeta; se llamaría Sociedad de los Jefes del Globo Terrestre, y no dejó dicho cómo se elegirían.

p. 34:
Ya había entendido a Maiakovski: su trampolín natural era una timidez alarmante, y la utilizaba para ser el más osado y atrevido de todos. Se había confeccionado un personaje y ese personaje devoraba a la persona, pero a cambio le reportaba felicidad y entusiasmo constantes, cosas que antes al parecer no tenía.

p. 41:
Marinetti, en francés, le dijo a Maiakovski que un genio como el suyo era lo que el futurismo necesitaba, y Maiakovski, sin entenderlo, en ruso, le gritó que le iba a arrancar los bigotes de todas maneras, por impostor, por mancillar el sagrado nombre del futurismo, por nenaza. Le dijo, pero Marinetti no entendía una palabra, que era un antiguo, que decir que un coche de carreras era más hermoso que la Victoria de Samotracia era imbécil, profundamente imbécil, porque lo único que venía a decir era que una cosa era más bella que otra, cuando lo que había que inventar era otra manera de alcanzar la belleza, extirpar la belleza de las cosas que son bellas pero no para trasplantársela a las máquinas, sino para aborrecerlas por ser expresión de una clase dominante. Tu coche no es bello, Marinetti, le dijo Maiakovski, sólo expresión de tu riqueza. Apabullado, el italiano no sabía dónde esconderse del gigante que lo perseguía. Al final intervino la Policía, que se llevó a Marinetti a la estación, y a Maiakovski y los hermanos Burliuk a la comisaría, acusándolos de escándalo público y atentado contra la autoridad.

p. 42:
El cine podía procurarnos inmortalidad, incordiaba Maiakovski, pero una inmortalidad engañosa, una inmortalidad paradójica en la que siempre estaríamos muertos.

p. 47:
Eran textos sobre las insuficiencias del teatro frente a la potencia del nuevo cine, al que afeaba de todas maneras esa redundancia en la mera realidad, como si la realidad fuera todo lo que hubiese, esa cobardía de grabar sólo lo que existía, documentar lo que vemos a diario para reproducir meramente una realidad a todas luces insatisfactoria y patética, renunciar a la creación de nuevos mundos que trajeran nuevas verdades y que dejaran al Futuro, el ansiado Futuro, sin esa condición de ser apenas el lugar donde nos espera nuestra muerte. ¿Por qué iba a reaccionar un espectador ante las imágenes de unos niños pobres que comparten un mendrugo de pan descalzos sobre la nieve, si esos mismos niños que hacían llorar en el cine se encontraban a la vuelta de la esquina sin que nadie los mirara? Era el triunfo de la hipocresía burguesa.

p. 54:
Maiakovski empezaba recitando poemas para niños que iba escribiendo de aldea en aldea, de ciudad en ciudad: eran los únicos que le interesaban, los niños, los únicos que podían entenderle. Cogí una nube y me confeccioné unos pantalones, y desde entonces puedo ir donde quiera surcando el cielo. Claro, decía una niña, claro, si te pones una nube de pantalones puedes volar.

p. 59-60:
Un futurista que sólo quiere ser futurista sólo pretenderá llegar a los futuristas; un futurista que además pretenda ser poeta, querrá llegar a quienes no saben ni siquiera qué es el futurismo pero saben perfectamente qué es la poesía, y saben que la poesía sólo se propone una cosa: decir una verdad que permanecía oculta entre la hojarasca de las obviedades que merca la autoridad competente, le dijo Maiakovski.

p. 65-66:
Maiakovski le había leído a Osip su poema La nube en pantalones, que aún se llamaba El decimotercer apóstol, y Osip había decidido financiar su publicación.
[…]
La nube en pantalones molestaba a Lily porque sabía que aquellos poemas rotundos e imperfectos, de verso incauto y nervioso, los había inspirado Maria de Odessa, por mucho que aquí y allá el poeta hubiera deslizado el nombre de la propia Lily, y le había reñido a Maiakovski después de que éste le hiciera entrega del manuscrito del poema con una dedicatoria en la que declaraba que, aunque el mismo poeta no lo supiese, sólo Lily lo había podido inspirar.

p. 65:
Maiakovski le mostró también los fragmentos del poema La flauta de vértebras que estaba escribiendo, donde declaraba su anhelante masoquismo, haz de la Vía Láctea una soga y ahórcame con ella. Era un poema en el que salía el propio Osip: él vuelve de la calle, trae en las ropas la alegría de la tarde, vale, quédate con ella, cósele bonitos trapos, cómprale dulces hasta que las alas de seda se le cubran de grasa, cuélgale perlas, piedras y collares del cuello para que no se te escape, no estoy preparado para esto, no estoy preparado, o estoy preparado, el rostro en el espejo se tuerce de dolor, no estoy preparado, no estoy preparado, sí estoy preparado, sí, vuelve de la calle con la alegría de la tarde mientras ella es mía, cuélgale más perlas, que no se nos escape, sí estoy preparado, porque ella es mía.

p. 69:
La presentación del poema en la censura obligó a cambiar el título del poema.
El censor a Maiakovski: ¿Decimotercer apóstol?, ¿quiere ir usted preso? Maiakovski al censor: No, de ningún modo.
El censor: ¿Y entonces cómo puede ser tan lírico y tan grosero a la vez? Maiakovski: De acuerdo, si quiere seré más suave, no seré un hombre, seré una nube en pantalones. Y de ahí el título.

Jorge Oteiza, “Apóstoles” (fachada de la iglesia de Aranzazu)

Los Apóstoles, como animales sagrados abiertos en canal, nos repiten
que se han vaciado porque han puesto sus corazones en otros.
La identidad real del cristiano es la de sacrificarse así”.
Jorge Oteiza

p. 73:
Le había entusiasmado el libro de Einstein sobre la teoría de la relatividad a pesar de que no había entendido una sola palabra. Contrató a un físico para que le explicara el libro. Le preguntó: ¿significa este libro que hemos hallado el camino para viajar en el tiempo y por lo tanto estamos más cerca de la inmortalidad? El físico se echó a reír. Daba igual, entender el libro de Einstein significaba no haberlo entendido en absoluto: para entender lo que Einstein no se atrevía a decir, hacía falta no entender una palabra de lo que decía. Se dedicó a explicar el libro de Einstein en sus lecturas y conferencias, reinventándose todo lo que decía Einstein, mezclando conceptos, utilizándolos al albur de sus pensamientos, imaginando un futuro en el que el pueblo había vencido a la muerte y en los zoológicos junto a la jaula del gorila había una jaula para el burgués al que los niños de los obreros le tiraban cacahuetes, y cómo algunos monos selváticos se defendían cagando y utilizando sus excrementos como misiles.

p. 79:
Así pues no hay otro camino que el de inventarse la propia libertad, asumir que no hay orden superior a la que uno se dé a sí mismo, negarse a admitir la superioridad moral de quien manda y le da órdenes precisas acerca de cómo vivir, cómo amar, cómo comportarse, qué leer, qué aplaudir, cómo vestirse. Había que echar abajo todo eso, destruir todos los detalles del mundo heredado e inventar un nuevo territorio de libertad absoluta. Matar a los dioses antiguos y a sus representantes.

p. 87:
Estaba además escribiendo un nuevo poema revolucionario: Hombre. Esta vez recurría al insulto para despertar a la masa dormida, la llamaba turba, la motejaba de cobarde y de patética: estaba harto de enfrentarse a los sordos, estaba harto de hacer pantomimas ante los ciegos, estaba harto de subir a la luna y traer pedazos brillantes para iluminar las noches de Petersburgo. ¿Es que nadie quería acompañarle en la tarea de romperles las vajillas a los burgueses, rasgar sus bonitos cuadros impresionistas, violar a esas damiselas como Ajmátova que leía sus poemas tristes y agónicos antes de zamparse un pastel de trufas? ¿Es que iba a tener que hacer él solo la Revolución? También a los artistas les daba órdenes, especificadas en dos poemas. Los viejos con la misma cantilena de siempre, a las barricadas, a las barricadas, y yo digo, barricadas del alma, porque sólo es comunista verdadero aquel que quema los puentes por los que pudiera retirarse, pero marchar es poco, futuristas, hay que saltar al futuro, construir es poco, bolcheviques, si la canción rebelde no levanta a los pueblos, ¡a la calle, a la calle todos, hay mil páginas de revolución por escribir, a la calle, futuristas, poetas y tambores!

p. 92:
Maiakovski habló, dijo que tenían que ponerse de acuerdo en al menos una cosa: que ninguna corriente artística tomara el poder para declarar la guerra a las demás corrientes artísticas, que él, en nombre de los futuristas, podía garantizar que tenían claro al menos que la ideología no debía afectar a la acción artística, pero que por si servía de algo, eran revolucionarios, el Arte es nuestra sola causa, eso quiere decir que queremos transformarlo todo en Arte, todo, absolutamente todo, pues el Arte no es otra cosa que la expresión más concentrada y enérgica de la Vida, y Vida es precisamente lo que queremos crear.

p. 101-102:
La idea de resurrección es constate en los poemas de Maiakovski: es la idea esencial de su poesía, la idea de la propia resurrección, no la de una vida nueva en el aire o en el cielo o en el infierno, sino aquí mismo, una vida de futuro, de puro futuro, entregada al arte de reinventarse sin miedo a la muerte. Por eso confiaba en la ciencia, por eso entendía que la teoría de la relatividad lo que venía a decir era que venciendo al tiempo conquistaríamos la inmortalidad. Hay un biólogo que dice eso, Maiakovski, que lo normal en la naturaleza no es la muerte sino la inmortalidad, le dijo alguien. ¿Cómo se llama?, preguntó ansioso. Metalnikov, respondió Blok.

p. 108-109:
Decidieron publicar una revista, la Gaceta Futurista. Maiakovski escribió una carta abierta a los obreros: «La revolución de las ideas, sustanciadas en el socialismo y el posterior anarquismo, no puede separarse de la revolución de las formas, sustanciada en el futurismo.» Las dos revoluciones conseguirían que el gris de las ciudades se convirtiera en un arcoíris.

p. 111-113:
En Neptuno convencieron a Maiakovski, que había ido con la cabeza hirviendo de ideas propias para películas, de que escribiera un guión partiendo de Martin Eden, la novela de Jack London, el público aún no estaba preparado para las fantasías de un futurista, le dijeron, empecemos con algo de éxito seguro, conmovedor.
[…]
El personaje de Martin Eden se llamaría Iván Nov, o sea, el nuevo Juan. La película se titularía No nació para el dinero. En la novela un vagabundo salva a un niñito de ser arrollado y se enamora perdidamente de la hermana de ese niñito, que le agradece el gesto de valentía pero lo desprecia como pretendiente, porque es mucha mujer para un vagabundo.

p. 121:
Prisionera de la película, ése era el título. Todos los que acudieron a la lectura del argumento quedaron maravillados.

p. 126:
Y Maiakovski entonces vio que aquello era bueno y la autoridad competente le hacía caso y se atrevió a publicar en El Arte de la Comuna su poema Es demasiado pronto para que nos alegremos, en el que decía, Vale, hemos disparado contra los guardias blancos, pero ¿qué pasa con Rafael? Ha llegado la hora de que nuestros cañones disparen contra los museos y derriben sus muros, es la hora de que quememos las antiguallas veneradas como iconos, ya es hora de que sembremos muerte en el campo del enemigo: sólo son propietarios de un cementerio, el pasado.

p. 136:
… sin que nadie se lo pidiera escribió también un informe sobre Ajmátova, Anna Andreievna Gorenko, de buena cuna, padeció en su infancia por la separación de sus padres, como su padre no quería que la niña escribiese, decidió adoptar el apellido de su bisabuela, autora del libro La tarde, 1912, poesía acmeísta, bien hecha, banal, una casita confortable donde todo es de buen gusto, para pasar la tarde y permitirse que nos resbale una lágrima si estamos mal de ánimo o echamos de menos a alguien, al niño que fuimos, al joven que tantas esperanzas había puesto en sí mismo. Borís Pasternak se enamoró de ella, el pobre tonto, hay que entenderlo, a Ajmátova se le daba bien coquetear, era una calientapollas, es alta, de pelo oscuro, mirada gélida de ojos verdes, todo el mundo le dedica poemas y seguro que ha inspirado pajas a toda la poesía rusa contemporánea, sin salvar a los futuristas, Burliuk se habrá hecho dos millones de pajas fantaseando con la Ajmátova, una vez, cuando Burliuk se le transparentó, tenía una foto de Ajmátova en el lugar del corazón, pobre idiota, le hace falta que la violen, eso seguro, yo me presto a ello si no hay quien tema quedar enamorado, vive en el malecón del río Fontanka, en un palacete, no creo que sea peligrosa por sí sola, pero seguro que en su casa se pueden encontrar reuniones de susurrantes monárquicos cada tarde, Modigliani ha pintado un retrato suyo, es muy conocida y querida en París.

p. 137:
Maldelstam, gran poeta, perjudicado por el ambiente y la tradición, quizá sea un buen hombre, porque sólo un buen hombre puede escribir esos poemas, la poesía lo habita y eso no puede dejar incólume a nadie, quiere decirse que la poesía es sustancia que mejora a las personas, y si Maldelstam consigue extraer de su interior lo que queda reflejado en sus poemas, es porque bondad y piedad tiene, pero ¿es la piedad una herramienta para estos tiempos?, ¿y cómo se puede utilizar? Maldelstam es manejable, el inconveniente de ello es que podemos manejarlo nosotros pero también puede ser manejado por el enemigo, y por lo tanto es un enemigo, aunque sea potencialmente, no sé si me explico, escribía Maiakovski, había visto transparentarse varias veces a Maldelstam, y era la única persona de la que pudiera decir que en el lugar del corazón tenía un corazón, lo que resultaba atroz en los tiempos que corrían.

p. 138:
En cuanto a Bunin, ya sabía Maiakovski que nadie le había pedido opinión, y no entendía por qué, esperaba que no se le dejase escapar, que no se le diese papeles para que huyese, era la peor rata de Rusia, lo había visto transparentarse muchas veces ante él, siempre con una rata en el lugar del corazón, y era verdad que había retratado ampliamente la brutalidad de la época anterior con su estilo realista, pero no se sabía si se burlaba de los campesinos analfabetos o se compadecía de ellos, y parecía tener claro que el cáncer de Rusia era el analfabetismo, pero no pensaba que una solución fuera darle educación a quienes no la habían tenido nunca, sino emplearlos como esclavos y quitarles la capacidad de protesta y de opinión, se regodeaba retratando personajes mezquinos del pueblo, haciendo esas distinciones de clase, depositando todas sus esperanzas en la gente culta, bebiendo jerez con el meñique extendido.

Leonard Turzhansky, Retrato de Iván Bunin

p. 144:
El futurismo parecía sentenciado, así que lo mejor sería construirle una tumba justa a lo que había significado, aunque Burliuk quisiera borrarse y Jliébnikov ya no gorjeara y se le viera poco a Kamenski después de que cerraran el Café de los Futuristas. Una tumba justa. Una antología. La primera antología futurista rusa que pudiera llevarse a los colegios para que los niños supieran de dónde venían y hacia dónde iban. La palabra del trigo, un librito que se imprimió en Petrogrado con cubierta de Maiakovski, que dibujó una espiga de trigo como corona para alumbrar aquella preciosa tumba donde cantaban Burliuk, Kamenski, Asséiev, Jliébnikov y Maiakovski.

p. 158:
… le había hecho un retrato que todos consideraban una obra maestra, él también sabía ser musa cuando llegaba la hora, y Ródchenko lo había calado bien, sobre el vidrio de las gafas de Osip, ocultando su mirada, se imprimían unas letras en las que se leía soy texto (unos años más tarde mejoraría esa foto, dejaría que se viese uno de los ojos tras el vidrio de las gafas, y el otro vidrio lo ocuparía con las siglas LEF (Frente de Artistas de Izquierda), el nombre de la revista que Osip y Maiakovski se habían sacado de la chistera).

p. 165:
Menudo prenda Ehrenburg, ya casi nadie se acordaba de sus terribles artículos contra los bolcheviques cuando empezó a levantarse la Revolución, nadie parecía tener la más mínima noción de sus antiguas simpatías por los blancos, en realidad se le perdonaba porque era simpático con todo el mundo, el más simpático de todos, y era un gran escritor, Julio Jurenito era para sacarse el cráneo de buena, y aunque había tenido sus encontronazos, sobre todo con Meyerhold, que quería llevar a las tablas cosas de Ehrenburg pero quitando cosas y poniendo cosas, porque no veía claro que Ehrenburg sirviera a la Revolución, se le permitía no sólo vivir sin problemas en Moscú sino también que saliera a París y Berlín sin el mayor problema.

p. 167:
Ciertamente cada vez que Osip terminaba un ensayo sobre sus poemas o los poemas de cualquier otro, Maiakovski se admiraba de cómo se las había arreglado para hacer impenetrables textos tan diáfanos, y Osip se sentía halagado. Pero su idea esencial se mantenía incólume: el texto era lo único que tenía vida e importaba, podía estar infectado y ese virus ser traspasado a quien lo leyera. Y en cualquier caso, importaba poco que detrás de un texto hubiera vida, y qué clase de vida había tras cada texto. Lo que importaba de veras es si podía haber vida delante del texto, es decir, después del texto, es decir, si después de leer un texto éste podía merecer el homenaje de ser llevado de alguna manera a la vida. Y la respuesta era sí, el poema importante no es el que nos hace preguntarnos cómo era el poeta que lo escribió sino el que nos convierte en poetas, o mejor, en poesía. Y los textos importantes no son los escritos de un revolucionario que nos cuenta sus fatigas y penalidades, sino los de alguien que con su palabra nos sabe convertir en revolucionarios.

p. 169:
Y sí, una poesía que convirtiera en poeta a quien la leyera. O que lo convirtiera en poesía, algo iluminado desde fuera que a fuerza de recibir aquel caudal de luz fuese capaz de generar luz por sí solo. Eso es lo que pretendía Maiakovski.

p. 191:
Stalin prefería a los antibolcheviques que hubieran dejado claro que detestaban a Lenin —como Ehrenburg, como Gorki— aunque ello les hubiese llevado a militar con los blancos en la guerra civil, que a los bolcheviques de la primera hora, leninistas hasta la médula y por lo tanto imposibles de atraer a su causa. Gorki volvió, y se encontró con Maiakovski en una de aquellas reuniones de los escritores proletarios y le dijo: Maiakovski, dentro de poco va a peinar canas, y todavía sigue queriendo ser el insolente muchacho que fue, creo que ya es hora de que lleve su circo a otra parte. Se me duermen las piernas leyéndole, maestro Gorki, ésa es la pura verdad, y si se me duermen las piernas, no le digo cómo se me queda el alma cuando leo a sus discípulos. Al fin y al cabo, a los acmeístas les envidiaba la técnica y la elegancia, Ajmátova era un rayo de sol en una habitación oscura, un alfiler sólo, pero estaba bien hecho, y aunque no sirva para matar a un tirano un alfiler tiene aún alguna utilidad. Pero los gritos banales y las proclamas vendidas de los poetas proletarios que querían halagar a los mandamases del Comité Central y a todos los comisarios, ¿era eso poesía para el pueblo? Qué va, estaban equivocados, y encima eran unos mentirosos si se atrevían a echarles en cara a los futuristas que no podían prescindir de su elitismo y nunca serían los verdaderos poetas de la Revolución.

p. 196
Una vez fuera, se imponía una visita a Berlín y quizá también a Praga, donde estaban preparando una edición maravillosa de 150.000.000 con ilustraciones de Václav Masek.

Ilustración de Václav Masek (150.000.000)

Ilustración de Václav Masek (150.000.000)

p. 207:
Eran los primeros días de encierro en su cuarto, apenas se permitía el lujo de acudir a un café en la esquina, o de asomarse a la ventana que daba al patio cuando la araña de imágenes que se le amontonaba en las paredes del cerebro no fluía con fuerza suficiente hasta sus dedos, y no las podía estrujar para que produjesen algo de poesía o lo que fuera aquel vómito con el que estaba llenando papeles hasta tener la sensación de desangrarse.

p. 214:
No plantéis ningún árbol,
más bien quemad un bosque,
no tengáis ningún hijo,

más bien pagad un buen aborto a vuestras novias,
no escribáis ningún libro,

más bien majad a palos a los críticos literarios.

[…]

tengo otra versión del anterior, igual te gusta más:

Primero planta un árbol.
Deja crecer el árbol y ten entonces un hijo.
Deja crecer al hijo y tala el árbol.
Con la madera confecciona una cruz.
Clava en ella a tu hijo.
Por fin podrás escribir un libro sobre el asunto.

p. 215:
Y sí, claro que sí, estaba escribiendo poesía Maiakovski. Y la publicaría en el número 1 de LEF, 250 PÁGINAS DE REVISTA, 5.000 EJEMPLARES, POEMA INÉDITO DE MAIAKOVSKI, ADEMÁS POEMAS DE PASTERNAK, TRETIAKOV, ASSÉIEV, KAMENSKI Y JLIÉBNIKOV, PROSAS DE OSIP BRIK, ARTÍCULOS TEÓRICOS Y POLÉMICOS DE TETRIAKOV, BRIK, ARNATOV Y LEVÍTOV, ESTRUCTURAS PLÁSTICAS DE LAVISNKI Y RÓDCHENKO, RESEÑAS Y CRÓNICAS, A QUIÉN VA A MORDER LEF, A QUIÉN DIRIGE LEF SUS ADVERTENCIAS, QUÉ SE PROPONE LEF EN SU LUCHA. Una sola consigna: Octubre ha purificado, conformado y reorganizado el país. El futurismo se ha convertido en el frente artístico de la izquierda. Nosotros fuimos los primeros en crear los objetos artísticos de la Era de Octubre (Tatlin su monumento a la Tercera Internacional, el Misterio bufo de Maiakovski en versión de Meyerhold, el Stenka Razin de Kamenski).

p. 222:
Acerca de esto se titulaba el poema. Y se subtitulaba (De los motivos personales sobre vivir juntos). Después de que lo publicara LEF se hizo una edición en libro. Saldría con Lily en la cubierta, con sus grandes ojos que se lo comían todo captados por Ródchenko, que agregó para el interior del libro ocho collages protagonizados por Lily y Maiakovski. En uno de ellos, Maiakovski estaba a punto de tirarse de un puente. En otro, el rostro de Lily domadora triunfaba en una página ocupada por distintos animales fotografiados en el zoo, un elefante, un mono, un periquito, dos cachorros de león. Osip lo recibió como «el mejor libro de la poesía rusa del siglo XX y posiblemente de toda la poesía rusa».

p. 227:
Por ejemplo Trotski, tan complejo siempre, pero también sincero, el único capaz de no dorarle la píldora sin argumentos ni combatirlo sin argumentos. No sólo le encargó el himno a la V Internacional, sino que también le sorprendió con un largo ensayo sobre toda su obra en el que casi le dictaba por dónde debía ir para llegar a alguna parte: Maiakovski es el único capaz de presentar las cosas que hemos visto todos los días con una luz que las hace parecer completamente nuevas.

Leon Trotski, Literatura y Revolución

p. 232:
Una cosa es que aquellas vacaciones les hubiesen venido bien a los tres miembros de la pareja, ya me entiendes, y otra muy distinta que cada cual tuviera maña suficiente para engañarse a sí mismo y poder con cierta promesa de eficiencia engañar a los demás. Los tres sabían que aquello se acababa. Y aquello, era todo: la pareja de tres o las tres parejas en las que se descomponía el trío, pero también los buenos tiempos en los que cualquier oficina se abría al paso de cualquiera de los tres y el sello del burócrata de turno estampaba el documento que tuviera que estampar.

p. 233:
En algún momento Lily decidió que a Maiakovski le vendría bien raparse la cabeza, y se la rapó. Echaron de menos a Ródchenko: hubiera estado bien que les hiciese una foto a los dos skinheads, Osip y Vladímir. Nos tenemos que hacer esa foto en Moscú. Con la cabeza rapada estaba más impresionante que nunca, le pareció a Lily. Ah, dónde está ahora aquel cuartel incendiado que te pusiste como melena pelirroja, poeta, parecían preguntarle sus ojos grandes y hambrientos. Pusieron de moda la cabeza rapada. Ródchenko se la rapó, Víktor Sklovski se la rapó, Maiakovski se la seguiría rapando para no perder fiereza.

p. 237:
Si un verdadero poema es el que convierte en poeta al que lo lee, y al convertirlo en poeta le contagia un virus milagroso y desconocido que el poeta original puso en el poema para que se expandiese, un poema sobre Lenin no tenía más remedio que convertir en leninista a quien lo leyese o lo escuchase cantar, y para ello era necesario el virus de la poesía, no valía una mera pompa fúnebre ni un alambicado elogio del camarada difunto. Antes siquiera de que se pusiese con el poema —que escribiría con vértigo, como todos sus poemas, sin pararse a corregir una línea— ya todo el mundo lo estaba esperando: los camaradas de la Asociación de Escritores Proletarios para abuchearlo, los camaradas de LEF para decir que una sola cosa buena tuvo la muerte de Lenin: haber producido el poema de Maiakovski.

p. 239:
(Gorki le envió a Maiakovski un tarjetón en el que le decía que por fin, muchacho, por fin has domado toda esa energía exultante tuya para hacer un brillante canto necesario que prorrogará al mágico Lenin a través de las épocas)

p. 242:
si la gente echaba de menos a Lenin, tenían el poema de Lenin, y representar el poema ante la gente era como devolverle la vida a Lenin. Habrá un día en que la gente crea que Lenin no existió, que sólo es un invento de Maiakovski, decía el crítico grandilocuente que llevaba en alguna parte del alma.

p. 247:
Llevo una semana en París pero no te he escrito porque no sé nada de mí, comenzaba la primera carta que le mandó a Lily desde París.

<9 ноября 1924 г. Париж>
Дорогой дорогой милый милый, любимый-любимый Лилек.
Я уже неделю в Париже но не писал потому что ничего о себе не знаю – в Канаду я не еду и меня не едут в Париже пока что мне разрешили обосноваться две недели (хлопочу о дальнейшем) а ехать ли мне в Мексику – не знаю так как это кажется бесполезно. Пробую опять снестись с Америкой для поездки в Нью-Йорк.
Как я живу это время – я сам не знаю. Основное мое чувство тревога тревога до слез и полное отсутствие интереса ко всему здешнему. (Усталость?).
Ужасно хочется в Москву. Если б не было стыдно перед тобой и перед редакциями сегодня же б выехал.
Я живу в Эльзиной гостинице (29, rue Campagne Première, Istria Hôtel); не телеграфировал тебе адреса т. к. Эльза говорит что по старому ея адресу письма доходят великолепно. Дойдут и до меня – если напишешь. Ужасно тревожусь за тебя. И за лирику твою и за обстоятельства.
Как с книгами и с договорами?
Попроси Кольку сказать – Перцу – что не пишу ничего не из желания зажулить аванс а потому что ужасно устал и сознательно даю себе недели 2–3 отдыха а потом сразу запишу всюду.
На вокзале в Париже меня никто не встретил, т. к. телеграмма получилась только за 10 минут до приезда и я самостоятельно искал Эльзу с моим знанием французского языка. Поселился все-таки в Эльзиной гостинице потому что это самая дешевая и чистенькая гостиничка, а я экономлюсь и стараюсь по мере сил не таскаться.
С Эльзой и Андреем очень дружим устроили ей от тебя и от меня шубку обедаем и завтракаем всегда совместно.
Много бродим с Леже заходил к Ларионову но не застал. Больше кроме театров не был нигде. Сегодня идем обедать с Эльзой Тамарой и Ходасевичами. Не с поэтом конечно! Заходил раз Зданевич, но он влюблен и держится под каким-то дамским крылышком.
Я постепенно одеваюсь под андреевским руководством и даже натер мозоль от примерок. Но энтузиазма от этого дела не испытываю.
Первый же день приезда посвятили твоим покупкам, заказали тебе чемоданчик – замечательный – и купили шляпы вышлем как только свиной чемодан будет готов. Духи послал; если дойдет в целости, буду таковые высылать постепенно.
Подбираю Оське рекламный материал и плакаты. Если получу разрешение поезжу немного по мелким французским городкам.
Ужасно плохо без языка!
Сегодня видел в Булонском лесу молодого скотика и чуть не прослезился.
Боюсь прослыть провинциалом но до чего же мне не хочется ездить а тянет обратно читать свои ферзы!
Скушно скушно скушно скушно без тебя.
Без Оськи тоже не важно. Люблю вас ужасно!
От каждой Эльзиной похожей интонации впадаю в тоскливую сентиментальную лиричность.
Я давно не писал должно быть таких бесцветных писем но во первых я выдоен литературно вовсю а во вторых, нет никакой веселой жизнерадостной самоуверенности.
Напиши, солнышко.
Я стащил у Эльзы твое письмо (ты пишешь, что скучаешь и будешь скучать без меня) и запер себе в чемодан.
Я писать тебе буду телеграфировать тоже (и ты!) надеюсь с днями стать веселее. Повеселеют и письма.
Целую тебя детик целуй Оську весь ваш Вол.
Целуй Левку Кольку Ксаночку Малочку и Левина. Все они в сто раз умнее всех Пикассов.
V. Majakovsky
Paris (это не я Парис!)

p. 251:
El protagonista de los poemas de Maiakovski es Maiakovski, ni siquiera cuando habla de Lenin habla de otra cosa que de Maiakovski…

p. 252:
El viejo Gorki, cada vez más baboso, cómo se las arreglaba siempre para estar al lado del poderoso era un misterio, nadie se acordaba de que el Gobierno de Kerenski le había dado poder casi ministerial, y que en sus artículos había escrito de la necesidad imperiosa que tenía Rusia de prescindir de un fanático como Lenin, y quizá gracias a eso ahora Stalin lo tenía de consejero, e iba y venía de su estupenda casa en Capri a su estupenda dacha en Moscú, hay que joderse.

p. 263:
Lily se iba a Italia. Necesitaba un poco de calor para curarse los pulmones. La fiebre le subía cada atardecer. Osip estaba preocupado. Y ella trabajaba mucho preparando su película sobre la experiencia de la agricultura comunitaria en la Rusia oriental, Judíos en la Tierra, un poema de amor a su patria verdadera, el guión lo había escrito Sklovski, y Maiakovski quería ocuparse de los subtítulos.

p. 265:
Pero los poetas y artistas mexicanos parecían encantados de tenerlo de visitante, le mostraban libros, la hoja mural Actual, la revista Irradiador. Había un auténtico hincha, Maples Arce, que le regaló sus libros, aunque no sabía ni una palabra de español, le gustaban las cubiertas y los títulos, Rag, Andamios interiores. No, no se olvidaría de llevar los libros para la colección de Osip, los iba acumulando en un departamento especialmente diseñado en su maleta para cargar con los libros de la colección de vanguardistas de Osip. Veía a menudo a Diego Rivera («Maiakovski, le aviso, de todo lo que yo le cuente, la mitad es cuento») y Frida Kahlo, pero no hablaron de mucho, le enseñaron murales, uf, no supo qué decir ante ellos, un paraíso primitivo, los esponsales del arte del pasado con el arte bolchevique, no va por ahí la cosa, dijo Maiakovski, y diez tragos después estuvieron a punto de liarse a puñetazos.

Fotomontaje de Alexander Djikia

Maiakovski no pudo coincidir en México con Frida Kahlo, pues en 1925, Frida Kahlo, con 18 años, todavía no conocía a Diego Rivera.

p. 266:
Gutiérrez Cruz escribió un artículo en El Demócrata hablando de la visita a México del poeta ruso y afeándole sus vilezas antirreligiosas: Si redujéramos nuestra producción a la prédica de la guerra y a la apología del movimiento ruso, nuestro arte carecería de amplitud, de verdad, de generalidad, de universalidad.

p. 269:
El puente de Brooklyn: Maiakovski estaba orgulloso de él, de tenerlo por camarada, era una creación propia, en cuanto lo vio, dijo: es el puente del que me he arrojado tantas veces en mis ratos de desesperación. Envió fotos suyas retratado en el puente de Brooklyn, firmadas por Maiakovski y su camarada el puente, aquel cálculo riguroso de tuercas y de acero, asomarse y ver los mástiles de los barcos como alfileres, si llegase el fin del mundo y sólo quedase este puente encabritado bajo el polvo de la ruina, igual que en huesos finos como agujas se yergue en el museo el reptil fósil, así con el solo esqueleto de este puente el geólogo de los siglos lograría reconstruir todo el inmenso presente, entendería sólo con los huesos de este animal formidable que esa zarpa de hierro un día perdido en el pasado unió mares y praderas, era una costilla, la costilla de la que nació el mundo.

A. E. SHALIAPIN, Maiakovsky y puente de Brooklyn

 

EL PUENTE DE BROOKLYN
Lanza un grito
de alegría, Coolidge.
Para lo bueno
no ahorro palabras.
De los elogios
ruborízate como el paño de mi bandera,
aunque seas
superunited states
of
América
Como a la iglesia
va
el creyente extraviado,
como, sencillo y severo,
se retira a una celda,
así yo
en el gris
crepuscular
piso
humildemente
el puente de Brooklyn.
Como en la ciudad
hecha polvo
entra el vencedor
sobre cañones
largos como jirafas,
así yo,
ebrio de orgullo,
hambriento de vida,
me encaramo
altivo,
al puente de Brooklyn.
Como el pintor
clava su ojo
enamorado y agudo
en la virgen del museo,
así yo
de pie, bajo el cielo
plagado de estrellas,
miro
a Nueva York
desde el puente de Brooklyn.[…]Estoy orgulloso
de ese
kilómetro de acero,
en él se han concretado
mis sueños:
la batalla
de las estructuras
contra los estilos,
el cálculo riguroso
de tuercas
y del acero.
Si
llegase
el fin del mundo,
el caos
pondría el planeta
patas arriba
y sólo
quedaría
este puente
encabritado sobre el polvo de la ruina,
y así como
de huesos finos como agujas,
engorda
en el museo
los enormes lagartos fósiles,
así
con ese puente
el geólogo de los siglos
podrá
reconstruir
nuestro presente.
Dirá entonces:
Esta
pata de acero
unía
mares y praderas,
desde aquí
Europa se lanzaba al Oeste
aventando
plumas indias.
Aquella costilla
parece
una máquina.
Calculad
¿le bastarían los brazos
para
con un pie de acero
puesto en Manhattan
atraer
por el labio
a Brooklyn?
Por los cables
del tejido eléctrico
deduzco:
era la época
posterior al vapor.
Aquí
la gente
ya
gritaba por radio,
aquí
la gente
ya
volaba en aeroplano.
Aquí
la vida
era
despreocupación
para unos
un prolongado grito de hambre
para otros.
Aquí
los parados
se tiraban
de cabeza
al Hudson.
De aquí en adelante
mi tela se pinta sola,
hasta tal punto
que por las cuerdas sonoras
llego al pie de los astros.
Veo
que aquí
estuvo Maïakovski,
estuvo
y, silabeando, escribió sus versos.
Miro
como mira el esquimal a un tren,
me aferro
como la garrapata se aferra a la oreja.
El puente de Brooklyn
sí…
¡realmente es algo!

p. 273:
Un periódico de exiliados publicó, después de su lectura en Chicago, una crónica: «Maiakovski nos encantaba de jóvenes, era el gran poeta futurista, arriesgado, llamativo, potente e inolvidable: conseguía hacer que nuestra lengua fuese una cama elástica y daba saltos sobre ella, a él se deben las mejores acrobacias de nuestro idioma. Pero el Maiakovski que está ahora en América no es más que una pobre marioneta que canta las glorias del desarrollo soviético y no dice una sola palabra sobre los crímenes del Partido Comunista. El joven rebelde se ha convertido en un burócrata más. Nos compadecemos de él y de que se hinche como un pavo real con las salvas de aplausos comprados que celebran sus patéticos versos de propaganda.»

p. 277:
Maiakovski estaba harto de senderos y empezaba a estar cansado del horizonte y sus promesas.

p. 279:
Escribía impresiones de su viaje americano, que luego recogería en el libro España, Océano, Habana, México, América, al que Ródchenko le pondría la cubierta. También algún poema, como Rumbo a casa: Yo quiero que el Gobierno sude en grandes debates y me hagan un encargo cada año, yo quiero que el tiempo, mi comisario, ordene mi mente, yo quiero que más que un sueldo de especialista me entreguen el aplauso de los corazones, yo quiero que mi pluma sea una bayoneta, que del trabajo de hacer versos, como de la producción del hierro y el acero, el camarada Stalin informe al Ejecutivo diciendo: en cuanto a nuestros versos hemos sobrepasado al fin la producción de antes de la guerra.

p. 287:
Los burócratas señalan a Eisenstein para declarar: no es cine para la gente, sino para los artistas. No se enteran de que lo que hay que hacer es convertir a la gente en artista. Eisenstein es nuestro orgullo, pero lo es a pesar de Cine Soviético, no gracias a su ayuda. Lo mismo pasa con Schub, cuyo arte consiste en haber encontrado un principio completamente inadvertido en la base de los materiales cinematográficos que utiliza, lo que le permite compaginar tomas reales obtenidas en la calle para montar un discurso.

p. 297:
Cuando dentro de un siglo alguien lea algún verso en el marco de una cuartilla, en esa tinta yo estaré latiendo de nuevo. Cada vez que pase eso, yo latiré. Mi corazón ya no estará en mi pecho, sino en esa tinta futura, cada vez que alguien lea un verso mío, un latido: vivo en el futuro, qué remedio, y en el futuro usted está muerto.
[…]
Pero si piensan que mi trabajo es sencillo y consiste en usar palabras de otros, aquí tienen camaradas mi estilográfica, y pónganse ustedes a escribir mis poemas si quieren.

p. 327-328:
Ajmátova utiliza un microscopio, nos enseña que las cosas que vemos están cubiertas de cosas invisibles, y nos las muestra, y agranda el mundo; mientras tu instrumento poético es el telescopio, nos haces mirar por ese agujero y nos llevas a las estrellas, y agrandas el mundo.

NATHAN ALTMAN, Retrato de Anna Akhmatova

p. 331:
… una película que había visto solo y de la que salió llorando, nunca había llorado al salir del cine, Soledad, de Paul Fejos, en la que un muchacho y una muchacha se encuentran en medio de una multitud un sábado por la noche en el abarrotado Luna Park de Nueva York, él es obrero, ella, telefonista, se miran, tratan de acercarse, pero la multitud los arrastra, los junta y los separa, y se pierden de vista, y desde entonces se buscan, se buscan en vano por toda la ciudad, más solo que la una cada uno, hasta que una noche mágica y milagrosa coinciden en la puerta de un edificio, el edificio donde ambos viven, el inmenso edificio donde ambos habían vivido siempre, tan cerca y tan lejos.

p. 332:
se decidió a ir a Niza por fin, con tal de no estar solo, de no tener que aguantarse a sí mismo, se decidió a visitar a Elly Jones, y se encontró con una mujer radiante, alegre, que vivía sola con una hija de tres años, Patricia, tu hija, Vladímir, tu hija.

p. 339-340:
Terminó de corregir La chinche en Moscú. Se la leyó a Meyerhold y a sus actores. Recibió una ovación cerrada. Pero llevaba la tristeza montada sobre los hombros como un cadáver que tiene que cargar hasta encontrar el lugar sagrado donde enterrarlo.
[…]
Meyerhold montó la obra, con música de Shostakóvich, a quien Maiakovski pidió que utilizara una banda de bomberos en el excepcional momento en que un bombero consigue salvar con chorros de agua helada al terrible novio. Maiakovski había creído de nuevo haber conseguido con La chinche encauzar su proyección como autor nacional y resolver de una vez el dilema de si podía escribirse obra literaria de calidad para complacer las necesidades de un régimen político y del pueblo al que ese régimen comandaba, representándolo.
La obra era popular, complaciente, estaba escrita en prosa, era la primera vez que escribía en prosa para el teatro, pero la plagó de eslóganes, de consignas, de versos sueltos. No coló. Ni con banda de bomberos coló. Hacía mal en tratar de gustar a quienes ya habían decretado que no podía hacer nada por gustarles.

Maiakovski, Rodchenko, Shostakovich y Meyerhold

p. 342:
“… Maiakovski estaba bien cuando decía No, pero desde que trata de decir Sí, no dice nunca nada, porque para decir No sólo hace falta un poco de valor y audacia, pero para decir Sí hay que tener mucho talento.”

p. 358:
Los enemigos de ahora no tenían su estatura, no eran como los enemigos de cuando empezaba, aquellos acmeístas y simbolistas que por lo menos eran poetas decentes: los de ahora eran unos mercachifles, unos adoradores de los despachos donde se tomaban las decisiones, unos tontos del culo que se habían aprendido la tontería de que lo que se escribe ha de satisfacer las necesidades del pueblo sin darse cuenta de que lo único que hacían era repetir la cantinela burguesa de adoremos a los nuestros, adoremos nuestra conciencia de clase, adoremos lo que somos y no dejaremos nunca de ser…

p. 360:
Su ingenuidad era su motor, la perplejidad, su aceite. Si perdía la perplejidad, la capacidad de asombro y de celebración, qué le quedaba. Y tenía que reconocer que aunque no la hubiera perdido del todo, sí había sufrido pérdidas importantes en sus graneros antes llenos de semillas de perplejidad.

p. 371:
… tener que conformarse con lo que la realidad le ofrecía, a él que era un creador de realidades.

p. 372:
… el suicida se mata porque alguien a quien quería -él mismo- ha dejado de quererle.

p. 373:
Porque, ¿qué iba a hacer si no? ¿Convertirse en un apestado, en un barrendero como Bulgákov, en un poeta en susurros como Ajmátova? No, conformarse con eso sería demasiado doloroso. Entendía que ellos se conformaran porque nunca habían llegado a estar en el peldaño que él había alcanzado, pero no podía ser un poeta en susurros, sus poemas eran proclamas y alaridos, sólo tenían sentido si se decían en voz alta, si se gritaban.

p. 373-374:
Por favor, no se culpe a nadie de mi muerte, y nada de chismorreos. El difunto odiaba los chismorreos.
Madre, hermanas, camaradas, os pido perdón. Ya sé que éstas no son maneras y no las recomiendo a nadie, pero no me queda más salida.
Lily, quiéreme.
Camarada Gobierno, mi familia la componen Lily Brik, mi madre, mis hermanas y Veronika Polónskaya. Te agradeceré que les hagas la vida llevadera.
Todo lo que encontréis por aquí, dádselo a los Brik, ellos sabrán qué hacer.
Ya está todo zanjado.

La barca del amor se estancó en la rutina.

Estoy en paz con la vida.

No necesito haceros una lista de dolores, desgracias, ofensas mutuas.

p. 377:
La gente entraba por la Krasnaia Presnia, pasaba delante del ataúd y salía por Rabat. Los padres les decían a sus hijos: míralo, es Maiakovski. La multitud invadió la calle Voronski, miles de personas que aguardaron pacientemente a que les llegara su turno. En 750.000 se cifró el número de personas que pasaron a presentar sus respetos al poeta. En 100.000 el número de asistentes a su sepelio. Unos cuantos oradores tomaron la palabra para decirle a la gente lo que acababan de perder. Casi todos los que hablaron eran del círculo íntimo de Maiakovski, del círculo del que durante los últimos cinco años habían salido los informes que, firmados con nombres en clave como Zeus o Mijailovskij, contaban al camarada Gobierno todos y cada uno de los pasos y acciones que emprendía el poeta. No se hubiera molestado de haber sabido que lo espiaban, si es que había sido tan tonto de no saber que lo espiaban: él, en su momento, bien que durante sólo unos meses agitados, había cumplido esa misma función.

Rodchenko, Entierro de Maiakovski

p. 378:
Y luego, por fin, puntual, llegó el futuro.

 

 

Bibliografía sobre Maiakovski:

Página completísima sobre Maiakovski (en ruso)

– Roman Jakobson, “El caso Maiakovski

– Rene Poznanski, “Mayakovsky y la revolución, la ilusión del encuentro

– Jorge Alejandro Llanos, “Maiakovski; insurrección dentro de la rebeldía

– Pedro Mena Bermúdez, “Maiakovski: un cráneo repleto de versos

– Lilí Brik, “Lilí Brik habla de Mayakovski

– “A tribute to Vladimir Mayakovsky

– Ronald Meyer, “Mayakovsky discovers New York City

– “Los hijos de Mayakovsky son su destino

Lilya Brik and Vladimir Mayakovsky

Poemas de Maiakovski

 

Maikovski y el cine:
http://cinesovietico.com/maiakovski-y-el-cine-i
http://cinesovietico.com/maiakovski-y-el-cine-ii
http://cinesovietico.com/maiakovski-y-el-cine-y-iii
http://cinesovietico.com/como-esta-usted-guion-de-v-maiakovski-1926

 







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