Atrapa a la liebre

16/10/2020 Comentarios desactivados en Atrapa a la liebre

Lana Bastasic, Atrapa a la liebre, Traducción de Pau Sanchis Ferrer, Navona Editorial, Barcelona, 2020

Ilustración de la cubierta: Eduard Serra

Edición original: Uhvati zeca, 2018

 

Solo las liebres pintadas tienen un siempre. Las vivas, las de carne y huesos, no se quedan tranquilas en un sitio.

Esta novela es una de las trece ganadoras del Premio de Literatura de la Unión Europea del año 2020.
La liebre es escurridiza y se nos escapa… creemos saber qué es lo que queremos atrapar, pero se nos escurre entre los dedos… La autora teje un relato con recuerdos, con esperanzas, con alegrías, con tristezas y con desilusiones. Un relato que persigue una liebre. La liebre es la reconciliación con el pasado, con las personas que fueron importantes en nuestras vidas, con una tierra, un país, el mundo de la infancia, de la adolescencia y de la juventud. Una novela en la que los sentimientos y las emociones son lo prioritario. No trata de entender nada, sino de sumergirse en los recuerdos y en las emociones que le provocaron entonces y que le provocan ahora mientras recorre Bosnia para huir una vez más. Nos muestra la guerra y el conflicto de Bosnia sin necesidad de escribir sobre ello… pues está presente en todo… porque Bosnia es como un ancla meada…

Aunque la propia autora haya relacionado su novela con Alicia en el País de las Maravillas, es muy diferente de ésta, ya que mientras que la famosa obra de Lewis Carroll es un relato mágico construido desde una racionalidad en la que las emociones están ausentes, en la novela de Lana Bastasic la magia procede de la experiencia y se manifiesta en la forma de expresar emociones.

 

Reseña de Queralt Castillo Cerezuela

p. 22:
Los versos eran como novias fugitivas, libres de Álvaro de Campos -quien, por otro lado, nunca había existido, igual que nuestras fresas-, libres de Lejla y de mí, de un montículo de tierra con dos ojos de piedra, libres de existir durante un instante y dejar de hacerlo al siguiente.

Quero Acabar

Quero acabar entre rosas, porque as amei na infância.
Os crisântemos de depois, desfolhei-os a frio.
Falem pouco, devagar.
Que eu não oiça, sobretudo com o pensamento.
O que quis? Tenho as mãos vazias,
Crispadas flebilmente sobre a colcha longínqua.
O que pensei? Tenho a boca seca, abstrata.
O que vivi? Era tão bom dormir!

Álvaro de Campos

p. 24: (Milos Crnjanski, Putopisi)

p. 25:
¿Quién te crees que soy -le pregunté-, el jodido Balasevic?

p. 58:
Dormía demasiado plácidamente para ser alguien que había estado leyendo a Kis. Regresé a mi asiento, susurré La buhardilla, y después cerré los ojos y caí en un sueño profundo.

p. 86:
La ausencia de Armin llenaba el espacio más de lo que nunca lo había llenado su presencia.

p. 96:
Una vez me había dicho que los escritores escribían porque no tenían recuerdos propios, y tenían que inventárselos. Eso fue antes, cuando Liebre todavía estaba viva y nosotras empezábamos a leer libros. Pero no tenía razón, por lo menos no del todo. Puede que los recuerdos sean para mí como un lago congelado -turbio y resbaladizo-, pero de vez en cuando aparece una grieta en la superficie por donde puedo meter la mano y agarrar un detalle, un recuerdo en el agua helada. Sin embargo, los lagos congelados son engañosos. Unas veces coges un pez, otras caes dentro y te ahogas.

p. 116:
Do you wanna be an angel, do you wanna be a star?
Do you wanna play some magic on my guitar?
Do you wanna be a poet, do you wanna be my string?
You could be anything.

p. 132:
Dibujaron una cruz no ortodoxa en tu libro de serbio y escribieron cuatro letras C, la S en cirílico, en los extremos. (Más tarde Armin nos dijo que el significado del misterioso símbolo era: “Solo las sabandijas segregan sebo”. “Yo creía que eso era la C, no la S”, dijiste, nerviosa por el hecho de que una letra pudiera significar tantas cosas. Y a mí me dio vergüenza preguntar qué significaba segregar.)

p. 134:
Lo cogieron por la patita, como si les diera miedo contagiarse del pánico de su frágil existencia.

p. 138:
… una sonrisa sin madre era mucho mejor que una madre sin sonrisa.

p. 151: ERRATA: “… y escribiste las cuatro rallas que antes habías omitido”

p. 162:
Aquí y allá titilaba débilmente una farola, como una chica tímida en una discoteca. Una luz asustada se reflejaba sobre una gran figura humana; el monumento a aquel escritor olvidado que siempre lleva libros de piedra en sus pesadas manos. Petar Kocic. Al acercarme, me di cuenta de que se habían quedado sin libros. Alguien le había arrancado los brazos y lo había dejado deforme e incompleto, con dos muñones vacíos en el aire.

p. 171:
Quiero hablar contigo, pero todo lo que podría decir me suena a falso, extraño. Ya no creo en las palabras. De haber podido expresar una disculpa con números, lo habría hecho. Pero no sé utilizar las matemáticas de esta manera.

p. 172:
Porque la muerte necesita fantasía. Fantasía creativa.
[…]
Entonces vuelves a tu sitio y dices entre dientes: Ivan Galeb

p. 175:
… cuando tropecé contigo y un tipo junto a la tumba de Safikada. Siempre te había gustado este sitio, desde pequeñas. Sabías de su existencia mucho antes que el ayuntamiento decidiera promocionarlo. No te fascinaba la historia de amor, ni el personaje legendario de la muchacha, ni todas aquellas flores que la gente de Bania Luka pondría sobre aquella piedra más adelante, creyendo que al conmemorar una historia de amor ajena daban sentido a la suya. No, para ti todo eso eran chorradas. A ti te fascinaba la muerte.

p. 185:
… nuestro pequeño país, nuestra ancla meada…

p. 197:
Te enrollaste una toalla a la cabeza como si fuera un turbante e imitaste a Olivera Markovic cantando “tu harmónica que hoy suena solo por mí…”, y yo me partía de la risa, medio por ti, medio por la hierba. “Y mi corazón hace bum-bum, y mi corazón hace bam-bam…”, cantaba una Olivera borracha, con el pelo negro y sin oído musical, mientras yo me moría.

p. 198:
Después de Olivera le tocó el turno a Milan Timotic. Nos dijo que el camino nos llevaría a la gran ciudad, a nosotras, que soñábamos la felicidad. Nos lo creímos. Tú respiraste hondo, me atrajiste hacia ti y seguiste bailando.

Svi vi sto mastate o sreci,
vas vodi put u velik grad,
vi niste prvi niti treci,
o njoj masta svak,
u gradu besprekidno tece
tud zivot taj vecito nov,
u jutro ko u kasno vece,
svud isti cujes zov.

Svi vi sto mastate o sreci,
vas vodi put u velik grad,
vi niste prvi niti treci,
o njoj masta svak,
jer svako potajno se nada
da nade ostvarenje sna,
al da l’ to znaci i kraj jada,
Bog to mili zna

p. 199:
Siempre estamos en Bosnia.

p. 206:
Aquella fue la última vez que vi Bosnia.

p. 212:
Mi sangre estaba llena de pequeñas partículas de oscuridad que se me pegaban por todo el cuerpo. Así que tenía que acostumbrarme, tenía que aceptarlas como una parte sustancial de mi ser, una parte para la que Michael y todos los Michael de este mundo nunca tendrían el sensor justo, una parte que al principio les intrigaría y después les cansaría. De vez en cuando, en los bordes de mi ser olfatearían una ternura ilógica, una tiniebla que se desprendería de mi piel, y no sabrían cómo interpretarla, a pesar de sus bienintencionados intentos, mosqueados porque no serían aquel que me haría estar mejor. Me leerían de izquierda a derecha, con muchos diccionarios, haciendo de mí un libro de tapa dura; y entonces vendría Lejla, arrancaría las hojas y haría pajaritos. Porque solo ella sabe que la oscuridad no se interpreta, que no hay tema ni idea. Solo ella sabe salvarme de las tapas duras.

p. 225:
Hacía casi media hora que conducía por Eslovenia cuando fui consciente de que ya hacía rato que Bosnia había quedado atrás. Quizá porque todavía notaba su presencia entre nosotras, como si hubiéramos pasado a través de cenizas. Algo suyo, trocitos de tierra, partículas de oscuridad, que llevábamos bajo la piel. Siempre estamos en Bosnia. Ahora habíamos empezado a esparcirla por Europa. Nuestra tierra de fronteras irreconciliables en realidad no tenía fronteras. Habíamos luchado, nos habíamos perseguido y nos habíamos matado por nada: nosotras nunca habíamos estado en ella, era ella la que se había metido dentro de nosotras como un picor fantasmagórico. Nuestra piel sangraba por una comezón inútil.

p. 230:
Ella me recordaba que el desorden era el estado natural del mundo, y que nuestras vidas, girando alrededor del esfuerzo de poner orden en aquel caos, no eran nada más que un reflejo de nuestra inmensa arrogancia.

p. 238:
Me recuerda a aquellas personas a las que les molesta todo, para las que el mundo es siempre insoportablemente pequeño, y que son más conscientes de sí mismas y de su presencia de lo que pueden soportar.

p. 258:
Parecía uno de esos a los que les gusta pagar por todo, incluso cuando no hace falta, solo para añadir un valor de mercado a la gente y las cosas que lo rodean.

p. 264:
Los cuadros eran pequeños, y a primera vista, normales. En uno había dibujada un ala rota de un pájaro de plumas azules y verdes, mientras que el otro era un esbozo de unas manos adultas en posición de rezo. El tercero fue el que me llamó la atención. Había dibujada una liebre salvaje, bajo la que estaban escritas las iniciales del artista y el año 1502. Me pareció que aquel animal estaba triste, con la mirada de haber dejado de quejarse y de haberse rendido, finalmente. De acuerdo, dibuja si tanto lo necesitas. Durero había pintado con mucha precisión los pelos amarillos y marrones, que iban en todas direcciones. Me parecía que de un momento a otro la piel se le movería, como si respirara. Una liebre cansada y viva pintada con acuarelas.

p. 268:
… se veía, dentro del ojo, una pequeña ventana iluminada. Durero la había pintado con toda la intención. ¿De verdad la había hecho en su taller? ¿Era el reflejo de una ventana real, o se la había inventado él? Tal vez era cosa real, y la liebre un recuerdo hábilmente presentado. Tal vez era solo una técnica para hacer que los ojos parecieran vivos. Pero no, pensé, eso no era lo esencial. Daba igual dónde estuviera la liebre del año 1502. El espacio estaba dentro de ella, en aquella liebre delante de mí, siempre. Solo las liebres pintadas tienen un siempre. Las vivas, las de carne y huesos, no se quedan tranquilas en un sitio.

Etiquetado:,

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Atrapa a la liebre en emak bakia.

Meta