Una meditación

11/07/2020 Comentarios desactivados en Una meditación

Juan Benet, Una meditación, Seix Barral, Barcelona, 1970.

Escribo, en definitiva, porque me distrae, me entretiene y es una de esas cosas de las que no me harto nunca: cuesta mucho, pero no me decepciona”… “Una sierra al fondo, una carretera tortuosa y un monte bajo un primer plano” (Juan Benet)

 

Aún tenía que venir mucho sol y, con él, tantos actos de manifiesta maldad con que debe anunciarse todo verano.

Una larga meditación, en un único párrafo de más de trescientas páginas, plagada de digresiones, sobre el tiempo, la ruina, el amor, el miedo, la violencia y el sexo… pero sobre todo sobre la soledad, en la que su principal protagonista es la memoria. Benet no relata una historia, sino más bien un árbol de historias, cuyo tronco es la memoria del narrador… Una meditación es un libro escrito a la sombra de Las palmeras salvajes, una de las novelas más enigmáticas de su admirado Faulkner. No sólo el estilo y la utilización de complicadas metáforas recuerda a Faulkner, sino que muchas de las tramas imaginadas por Benet son trasunto de algunas de las de Faulkner, como por ejemplo lo relacionado con las minas, los administradores de las minas y los mineros…

La trama principal se desarrolla en torno al viaje de invierno que realizan Carlos Bonaval y Leo Titelacer a la cueva de la Manzorra, recreando las historias mitológicas de Tántalo, que fue castigado por los dioses por sus crímenes y eternamente torturado en lo más profundo de la tierra, y de Tannhäuser, que descubre el Monte de Venus en una cueva bajo la tierra…

La escritura de Benet, según Nora Catelli, es el “barro enloquecido de la prosa”. Escritura algebraica formada por largos párrafos de complicadas frases anidadas, que tienen una estructura más algebraica que sintáctica: “Una conversación tan larga como entrecortada, cuyas preguntas y respuestas no eran jamás formuladas, cuyas oraciones era preciso buscarlas -como los envíos en clave que ocultan algunos literatos en la maraña de sus composiciones- entresacando aquí y allá la palabra maestra religada a la anterior que le da sentido gracias a un orden algébrico distinto e independiente al sintáctico.”

Algunas reseñas:

– Guillermo Belcore, Reseña en el blog La Biblioteca de Asterión

– Hugues, «Le magnifique deuxième roman de Juan Benet, dont les vrais héros sont sans doute les pièges de la mémoire

– Jérôme Goude, «Les méandres de la mémoire»

– Denise Boyer, «Una meditaciòn ou le récit d’un « arrangeur »«

Notas de lectura:

p. 8:
… apenas leía otra cosa que la prensa diaria y esos almanaques, impresos, folletos de propaganda y resúmenes de actividades y ejercicios que seguían llegando a la casa, aún después de su retiro, con la perseverancia que sólo la propia inutilidad logra inocular a ciertos envíos.

p. 25:
… las contradicciones de una memoria que registra y archiva pero que no recuerda ni obedece…

p. 29:
Nunca he comprendido cómo la desaparición temporal del recuerdo se achaca al olvido, desmentido por tantos fenómenos, porque de la misma manera que la roca sedimentaria guarda en su seno todas las huellas de los seres que dejaron su impronta cuando tan sólo era un légamo blando e impresionable, así la memoria puede cobijar y atesorar todo lo que en su día tuvo la consistencia necesaria para dejar un rastro indeleble. Y de todo ese terreno ignorado del cual nacen las conjeturas y las hipótesis nunca definitivas -de la misma manera que no se llama arqueología a todo lo que se supone que esconden las arenas del desierto sino al conjunto de restos extraídos de él y sobre el que se ha edificado una ciencia de la reconstrucción- no se puede llamar memoria tanto a una facultad como a los resultados que el hombre ha sido capaz de sacar a su propia luz y que -en general- son tan escasos que bien puede decirse que apenas constituyen una base sólida para cimentar un conocimiento de lo que ha sido.

p. 37: (ERRATA? Una digresión iniciada por un guión no llega a cerrarse)
Solamente en presencia de otros visitantes menos asiduos -el viejo señor Henau […] o su tía Elvira [-] se permitían censurar y discutir…

p. 38:
… no podía evitar el tono zumbón para dirigirse a Severo a quien, en presencia de damas, le llamaba siempre Montecuccolli.

Elias Grießler (1622-1682) – Retrato de Raimondo Montecuccoli

p. 39-40:
… en torno al tío Ricardo que había dispuesto en la mesa su receptor de galena y su inalámbrico y sentado en el gran sillón de orejeras, impávido, neutro, adornado con los auriculares como una deidad ibérica…

p. 40:
… la aparición en el inalámbrico de Santo Bobio, vestido de lanas y pieles de cordero y alimentado de zanahorias salvajes que colgaban de su cinto, sólo podía ser recibida más que como un desatino inoportuno como una reconfortante esperanza y una muestra inconfundible del poder y reservas que guardaban raza y montañas y que no habría de ser alterado por la efímera barahúnda de unos fusiles…

p. 43:
Y por otra parte toda promesa de solución al problema del poder -por una disolución del mismo con arreglo a una especie de ley de entropía política- ¿no será siempre utilizada como señuelo para mantenerlo, en unas manos o en otras?

p. 45-46: (Reflexiones sobre el conflicto entre la fe, el amor, la voluntad… en torno a Abraham e Isaac)

p. 46-47:
En última instancia la diferencia entre el profeta y el escéptico no reside en lo que cada uno cree sino en el hecho de que uno confía en que su verdad se abrirá paso y el otro no; lo que conduce a uno al descaro y al otro al disimulo para en último término alcanzar resultados semejantes porque la sociedad ni es tan entusiasta como estima el primero ni tan roma como cree el segundo sino, por su complexión media estadística, un todo amorfo en la que caben las voces individuales para que el individuo no lo pueda romper con su voz.

p. 51:
… dos personas que hablan y se entienden haciendo uso de las mismas palabras están a menudo viendo en su interior dos espectáculos diferentes, ninguno de los cuales emerge a la vista del otro y sólo de vez en cuando dan origen a una emoción compartida y análoga…

p. 52:
Casi todo lo que ahora trato de traer a mis ojos tiene ese cariz, no como consecuencia de la ruina sino a causa de la memoria; debe ser la facultad de toda especie dolida, que necesita saber en parte lo que fue -o contar en sustitución del conocimiento de un paliativo engañoso- para vencer el dolor que le produce lo que es.

p. 58: (Lápida de Jorge Ruan)
El marmolista, no demasiado satisfecho con la sencillez de aquellos versos mediante los cuales los pocos amigos y colegas que tuvo quisieron ofrendarle un recuerdo imperecedero extraído de su propia obra, había abujardado el fondo y dibujado una lira y una pluma de ave en cada una de las nacelas inferiores. La pluma podía ser lo mismo una rama de olivo o una palma de martirio y en cuanto a la lira más semejaba un corchete por lo que toda la piedra, un mármol agrio y poco expresivo, más que evocar la memoria del más inspirado -y desgraciado- poeta que hubo de producir la región en varios siglos parecía remitir a la tumba de un músico o un cómico chapucero.

p. 64: (Una promesa?)
… la resistencia […] a dar por cancelada una promesa […] que no ha sido cumplida…

p. 64: (ERRATA? Se abre un paréntesis que no se cierra)
Y en la misma medida en que se iba enrareciendo la convicción de que tal promesa era o había sido fundada (con toda la suerte de fracasos […] (contrapartida del pecado del mismo título)[)], tenía que recurrir…

p. 65:
¿qué puedo encontrar que me sirva de clave para encontrar la razón -ya no la justificación- ni de ser lo que fui ni lo que esperé, ni de poder esperar ya otra cosa que no ser nada ni al menos poderme anticipar al no ser nada para ser algo dejando de ser nada?

p. 69:
Durante unos cuantos años el niño (o acaso era antes) acepta el universo de los adultos como algo sustancialmente ajeno a él, las más de sus leyes incomprensibles, las más de sus figuras hieráticas, casi inmóviles, que apenas explican las razones de su mutismo y malhumor, que sólo de tarde en tarde dejan asomar un aspecto amable para dar a entender que aun perteneciendo a la misma especie un accidente insoslayable e irreconocible los ha apartado para siempre de la familia infantil. La naturaleza del mundo adulto se hace comprensible más por la reiteración que por la explicación ya que, en principio, todas las relaciones y reglas que le llegan a él son enigmáticas; de la manera que pasa inadvertido el significado de las frases de la misma oración repetida todas las noches, se ignora el sentido de casi todos los deberes con los que se pretende dominar y encauzar sus sentimientos, mediante normas semejantes a las reglas de urbanidad ya que no puede entender de otro modo aquel dictado que le empuja a amar a uno, a no tratar a otro o a no olvidar a un difunto; las razones que se ocultan tras esos mandatos tardan mucho más en llegar que las costumbres rituales en que se traducen tales deberes, reiteraciones por lo general de un acto que se hace consuetudinario antes que lógico.

p. 71:
… el tiempo no se engendró ni en las estrellas ni en los relojes sino en las lágrimas.

p. 74:
… como aquel reloj del hijo mayor del señor Corral, cuya obligación era según su dueño marcar con su silencio el compás de espera entre vida y existencia.

p. 81:
… el tiempo no es más que la capacidad de desventura concentrada o dispersa que puede soportar un cuerpo…

p. 82: (Se refiere al incendiado cobertizo de Cayetano Corral)
… junto al destruido altar del Tiempo y la Palidez…

p. 86:
Todos sabemos cómo durante aquellos años una manera de superar la falta de comprensión a lo que venía de fuera era refugiarse en un cierto menosprecio a tenor de algunos gustos y resabios castizos.

p. 90:
… en los años que siguieron a la guerra civil las pocas personas que ni habían elegido el exilio ni quisieron renunciar a su formación liberal acertaron a sobrevivir porque, a costa de bastantes sacrificios (ninguno de los cuales era en sí tan mayúsculo como la idea que de él se hacían los interesados), escogieron la esperanza -recogiendo la voz, restringiendo el ámbito, renunciando a toda influencia en la cosa pública- en la caída de un día para otro del nuevo y endeble estado. Por un proceso muy comprensible y dominado por la escasez de recursos en un ambiente que a momentos se iba enrareciendo, esa esperanza se va transformando poco a poco en despego, pasividad y finalmente sumisión.

p. 90:
… pudimos percatarnos de que el señor Ruan -que cerraba la animada procesión- muy quedamente iba tarareando unos inolvidable compases de “Flor de té”.

p. 91:
… a causa en parte del fusilamiento de su padre en Paracuellos…

p. 94: (ERRATA? Se abre un paréntesis que no se cierra)
… sino que se refugia en esa misma falta de fe que (como ese amigo de una sola nota […] (para acallar su dolor en una animada taberna)[)] prodiga todas sus fórmulas…

p. 98:
… el hombre mayoritario se encuentra más cómodo si está alejado de sus enemigos que si está rodeado de sus amigos, y tan protegido por la hostilidad de aquéllos como vulnerado por el cariño de éstos.

p. 98:
… si lo positivo creado en un medio positivo se torna negativo cuando el medio cambia de signo, lo negativo siempre mantiene su polaridad cualquiera que sea el cambio de signo del medio.

p. 110: (el juego de las ratas – Jorge Ruan)

p. 112: (Estas letras, mencionadas también en varios libros de Manuel de Lope, pertenecen a un bolero que no he podido localizar)
“No volverás a tu abrigo” había cantado en aquel primer cuadrante de la juventud […] “No volverás de tu amor” habíamos coreado a la vuelta de la fallida excursión…

p. 113:
… a través de unas grandes y redondas gafas de carey del tiempo de los congresos antifascistas -porque los intelectuales y sus afines ya se mantenían en las modas de Harold Lloyd cuando todo el pueblo se hallaba embriagado por el cuero de las brigadas internacionales y las gorras Thaelmann-…

p. 118-119: (ERRATA? Se cierra un paréntesis que está de sobra)
… seguía guardado por la planta (brotada más que como ejemplo […] pretensión que reputa ridícula[)] sino porque el primero […] y su hastío), guardián celoso…

p. 119:
… como ese ingenio a deshoras, ese esprit d’escalier que dicen los franceses que dicta la respuesta que se debía haber dado y se dará cuando alguien en ocasión parecida vuelva a hacer la misma pregunta…

p. 121: (ERRATA?)
DICE:
… a consecuencia de la cual las gafas cayeron al suelo y se rompieron y sus ojos -con una de esas acusadas bizqueras convergentes con que el payaso acepta el golpe de maza en la cabeza -quedaron clavados- quedaron clavados en el exacto inexistente punto sin dolor que había esperado alcanzar toda su vida -con tal fuerza y determinación que parecían atravesar sus párpados bajados, risueña y regocijada con su bizquera, en la salita de música donde fue depositado el féretro atestado de flores.

PROBABLEMENTE DEBERÍA DECIR:
… a consecuencia de la cual las gafas cayeron al suelo y se rompieron y sus ojos -con una de esas acusadas bizqueras convergentes con que el payaso acepta el golpe de maza en la cabeza- quedaron clavados en el exacto inexistente punto sin dolor que había esperado alcanzar toda su vida -con tal fuerza y determinación que parecían atravesar sus párpados bajados, risueña y regocijada con su bizquera- en la salita de música donde fue depositado el féretro atestado de flores.

p. 127:
… el patrón le tuteaba y el capataz le trataba de usted; el patrón era de esa clase de personas que cree que el inferior debe recibir el tuteo como un don y el capataz -que si de algo sabía era de limitaciones- no sólo respetaba la desigualdad de tratamiento sino que sabía muy bien mantener unas distancias que le permitían conservar una independencia de conducta (y posiblemente de juicio) y de la que sin duda sacaba más provecho que de una total y casi fraternal asociación.

p. 132:
Aquel primer invierno que la brabanzona pasó en la comarca la fonda estuvo casi permanentemente cerrada, ya que ningún paisano se atrevía a molestar la misteriosa intimidad de las tres mujeres que habitaban en ella; y de allí había de salir la leyenda o la realidad de aquella “manera de Brabante” que tan funestos resultados iba a rendir a todos los que la practicaron.

p. 136:
No existe -habló ella con los ojos cerrados dirigidos al techo, al tiempo que Persecución se reclinaba sobre su abdomen para aplicar el pincel a su sexo- representación más cabal y abierta del coito que la introducción del dedo en el anillo que precisamente es ofrecido por el sacerdote para poner de manifiesto que sólo él tiene poder para otorgar la licencia.

p. 138:
El miedo anticipa más que cualquier otro sentimiento, desprecia el presente y no extrae ninguna enseñanza de la experiencia. No extrae tampoco ninguna satisfacción de la exactitud de sus recelos y no se corrige cuando sus sospechas son desmentidas; suele despreciar lo que lo provoca y nada -para el ánimo desasosegado por una incurable desazón que busca en el ordo tremoris los efímeros consuelos de una tradición apegada a las desdichas momentáneas, el orden austero de un rencor mantenido en todos los instantes, en todos los rincones- le repugna y le excita más que el que le demuestren que no está justificado. De forma que si bien un temor cualquiera puede desvanecerse, el ordo tremoris, en contraste, no prescribe jamás y sólo soporta la erradicación de aquél mediante el crecimiento de otro nuevo que remita la realidad psíquica al instante intemporal de las conjeturas; y así aunque se demuestra y justifica con un miedo a algo, lo que verdaderamente le importa es vivir temiendo, para permanecer en el medio emocionalmente más denso donde la razón nunca acierta a configurar la realidad; y donde siempre será capaz -con un conocimiento de índole parecida- de beneficiar el aprovechamiento de lo desconocido que grabará su espíritu con el sello inconfundible que la mala fortuna impronta a todo acontecer.

p. 157:
Una conversación tan larga como entrecortada, cuyas preguntas y respuestas no eran jamás formuladas, cuyas oraciones era preciso buscarlas -como los envíos en clave que ocultan algunos literatos en la maraña de sus composiciones- entresacando aquí y allá la palabra maestra religada a la anterior que le da sentido gracias a un orden algébrico distinto e independiente al sintáctico.

p. 158:
… es un país -supongo que como muchos otros- que con la lejanía se purifica; reducido a su silencio, despojado de la mayor parte de sus habitantes, visto a través de una imagen remota e involuntariamente edulcorada, reconocido en los libros, en las leyendas y en las escasas y tardías noticias que de tarde en tarde vienen a poner de relieve su secular letargo, adquiere una cierta grandeza y llega incluso a equivocar a una memoria y un ánimo que sólo despiertan de su error al pisar la aduana para reconocer, intactos, todos los motivos de rencor que en su día dieron al traste con unas esperanzas que el tiempo pueriliza.

p. 161-162:
La mujer que venía con ellos -se ha dicho repetidas veces- era una brabanzona alta y fornida, de talante poco simpático, que había trabado conocimiento con Cayetano Corral en el estrecho de Gibraltar y en poco tiempo se dio a conocer en toda la comarca por sus tropelías y desaires, amén de ciertas prácticas que en un solo verano acertó a imponer (en ciertas personas y familias que trataban de zafarse del imperio de la ruina con la cabeza oculta bajo las almohadas) una forma de ejecutar la cópula que entre los más culteranos -el propio Jorge, los Abrantes, Rosa y quizá Bonaval- pronto dio en llamarse “la manera de Brabante”, que […] pasó pronto a convertirse en “hacer la soga”…

p. 164:
“De todos los animales fabulosos inventados por la imaginación del hombre […] el más irreal de todos es el monstruo de dos espaldas.” En cierto modo -y en eso radicaba su taciturna seriedad- lo sabía antes de haberse convertido involuntariamente en el joven Tántalo. Tántalo-Tannhauser, le dirá después, esa misma noche en la habitación de la fonda, de vuelta de la sima.

p. 165:
… se a conocía con el nombre de la señorita de Sils María, por lo mucho que presumía de sus viajes a Suiza en aquellos años en que nadie viajaba al extranjero…

“Nous nous sommes aimés dans un village perdu d’Engadine au nom deux fois doux : le rêve des sonorités allemandes s’y mourait dans la volupté des syllabes italiennes, À l’entour, trois lacs d’un vert inconnu baignaient des forêts de sapins. Des glaciers et des pics fermaient l’horizon. Le soir, la diversité des plans multipliait la douceur des éclairages. Oublierons-nous jamais les promenades au bord du lac de Sils-Maria, quand l’après-midi finissait, à six heures ? Les mélèzes d’une si noire sérénité quand ils avoisinent la neige éblouissante tendaient vers l’eau bleu pâle, presque mauve, leurs branches d’un vert suave et brillant. Un soir l’heure nous fut particulièrement propice ; en quelques instants, le soleil baissant, fit passer l’eau par toutes les nuances et notre âme par toutes les voluptés…”
Marcel Proust, Les plaisirs et les jours, XXII

p. 184:
… uno de esos sabios laberínticos que cuarenta años atrás, cuando había empezado el inventario de los muros…

p. 191:
… descorcharon una botella de champán bastante rancio y dulce para levantar el ánimo de aquel hombre y extraer de aquel abismo de taciturnidad esa profunda ampolla de alegría desconsolada que muy de tarde en tarde emerge a la superficie del humor para romper en carcajadas que resuenan con tonos de penas en las paredes huecas del ámbito abandonado por el entusiasmo.

p. 194:
… la verdadera cópula que el amante ansía ha de ser la última, sin repetición posible, y el sexo femenino que en cuanto puerta Cornea le dio salida a la vida real, se cerrará tras él como puerta Elefantina para sumirle en las sombras. Una mañana semejante -y quizá de la misma estación, bajo a silueta de la sierra mucho más cercana- el caballero Tántalo le vendrá a decir que la cópula transforma; y por si fuera poco, el mismo caballero Tannhäuser le confesará que el hombre-falo al abandonar la gruta del sexo se encontrará envuelto en lágrimas y amedrentado, suplicando en todos los tonos posibles a la diosa Venus que le deje abandonar su gruta donde -ya lo ha comprendido tras su breve estancia- sólo le cabe esperar la muerte.

Sunt geminae Somni portae, quarum altera fertur
cornea, qua ueris facilis datur exitus umbris,
altera candenti perfecta nitens elephanto,
Virgilio, Eneida, VI, 893-895

p. 197:
… dos clases de amor, el fálico y el cefálico, cuyas respectivas conductas constantemente se ven atormentadas por el reprimido deseo de mutarse sus funciones; el primero ansioso de cumplirse en la muerte que el segundo conjuró, busca en las aproximaciones al arcaico propósito la aniquilación de aquel que le redujo a mero agente ejecutor del destino que es dado; y el segundo -envidioso de la capacidad del primero para penetrar en el reino ctónico- que tanto en el gesto como en el pensamiento y la acción pretende ser él primero y único en investigar la gruta paramaterna de la muerte, para lo cual -en calidad de único legislador- dicta las normas contra el incesto.

p. 203:
“lo verdaderamente irritante de los tiempos de paz es la continua y cíclica repetición de unos tópicos invariables”. […] “más irritante aún es que el envejecimiento -el dominio de lo inmutable- no sólo se tolera sino que se aplaude”…

p. 203:
“Reparad -les dijo al salir- que en estos tiempos de paz decrece el contenido histórico y se incrementa el sociológico. La guerra resuelve el pasado y la paz del futuro, sólo a medias, porque solamente los desastres y las pasiones son capaces de fijar el tiempo”.

p. 204:
… una excursión para visitar el camino Ad Putea, la cola del embalse, la famosa piedra de la ribera citada en la Hitación de Wamba, tal vez la cabaña del Indio y la cueva de la Mansorra…

Lápida incrustada en una pared del pueblo de Iglesia del Campo (Villadecanes)

p. 217-218 (Retoma las reflexiones en torno a Abraham e Isaac-Ifigenia. Hace referencia Kafka sin nombrarlo)

p. 218:
Nada dicen los libros respecto al estado de ánimo del joven Isaac cuando emprende, detrás de su padre, el camino de Moriah. Incluso K, a quien tanto le gustan las parábolas sobre el tema, ni siquiera hace preguntas ni se deja llevar por conjeturas sobre lo que pasaba por su cabeza: o fue engañado o fue aterrorizado, y probablemente con mayor certeza lo segundo que lo primero, como cabe colegir de su parentesco con Ifigenia; lo cual sólo debió producir un fortalecimiento del ánimo del padre que, habiéndose sobrepuesto a sus vacilaciones, tan sólo deseaba que el miedo invadiera el espíritu de su hijo. Y bien, sólo quería asustarle para llevarle a su manera de pensar (lo mismo que hará el transcriptor) pero cualquiera que fuese su plan tenía que encontrar una salida para el caso en que Isaac, en su rebelde obstinación, no se dejara amedrentar; probablemente no la tenía decidida cuando se puso en camino y lo que yo digo es que una tal confianza en sus recursos sólo puede engendrarse en el corazón de un hombre capaz de todo en aras del bien objetivo que tiene su mejor expresión en su propio poder. El político.

p. 220: (¿Había anuncios luminosos en 1936?)
… también estaba su atención retenida por el reloj de la estación, por el anuncio luminoso de un calmante que a través del polvo se encendía y apagaba para caricaturizar, con destellos quebrados y bandas corridas de color, el efecto benefactor de un orden ciudadano apenas alterado…

p. 222:
Algunas actitudes se comprenden mucho mejor cuando se lamenta y -acaso- cuando el esprit d’escalier sabe recomponer la situación y las derivaciones de gestos espontáneos sin tomar en consideración el bloqueo del alma que provoca una duda o una yuxtaposición de sentimientos.

p. 225:
… y cuando ella le respondió que no, le cubrió la boca con la suya no para decir adiós sino para “motejar con donaires mordaces, los cuales, en arrimándose mucho a la verdad, dejan siempre de sí desapacible y áspera memoria”.

LXVIII. Sulpicio Aspro, centurión, dio el segundo ejemplo de constancia; cuando preguntándole Nerón la causa por qué había conspirado contra él, le dio esta breve respuesta: porque no era posible poner de otra manera remedio a tus maldades. Y dicho esto se ofreció a la pena que le estaba ordenada.
No degeneraron los demás centuriones de su valor en dejar de morir con valerosa constancia; aunque faltó esta fortaleza de suerte en Fenio Rufo, que hasta su testamento hinchió de lamentaciones. Esperaba también Nerón a que fuese nombrado entre los conjurados el cónsul Vestino, teniéndole por hombre violento y conocidamente su enemigo. Mas ellos no habían confiado de él sus intentos, algunos por competencias viejas, y muchos porque le tenían por insociable y arrojadizo. Tuvo principio el aborrecimiento de Nerón con Vestino de la estrecha familiaridad que hubo entre los dos, mientras éste, habiendo acabado de conocer la vileza y poco ánimo del príncipe, le menospreciaba; y Nerón, en contrario, temía la fiereza de ánimo de Vestino, que muchas veces le solía motejar con donaires mordaces, los cuales, en arrimándose mucho a la verdad, dejan siempre de sí desapacible y áspera memoria. Añadíase a esto la reciente ocasión de haber tomado Vestino por mujer a Estatilia Mesalina, sabiendo muy bien que César era uno de sus adúlteros.

Tacito, Annales, Libro XV

p. 241:
… con la actitud del camarero que, el día que libra, gusta de personarse como cliente en el café donde sirve, para echar una parrafada del otro lado del mostrador con su compañero de fatigas del día siguiente y darse el gusto de pagarse una copa con el gesto olímpico del hombre sin compromisos, tan dueño de sus actos como para hacer ostentación del sacrificio de su libertad en el mismo altar de la esclavitud.

p. 244:
… junto a la famosa piedra (citada en la “Hitación” de Wamba, punto de arranque, origen y destino del titánico trabajo de investigación del viejo Ruan) cuyos caracteres unciales tras haber desafiado a todo hermeneuta que buscara en ellas la historia pasada de aquellos lugares visitados por San Pablo…

p. 245:
Una sociedad que tan difícilmente soporta el delito y acepta la persecución del delincuente, acoge con alborozo la prosecución de un hombre que no perteneciendo en realidad a ella puede cumplir las funciones no simultáneas de delincuencia individual e inocencia colectiva para sintetizar cualquier conflicto que pueda comprometer un orden histórico. Aunque tal confianza no dejaba de ser sarcástica, a nadie en Región se le ocultaba -ni tampoco al juez de Macerta- que la concesión de inocencia general al Indio venía -paradójica e indirectamente- a investirle de una aptitud para el delito como no gozaba nadie en la comarca, convirtiéndole en el único hombre capaz (y no por haber matado a su padre sin haber tenido que purgar por ello) de cometer la mayor atrocidad a sabiendas de que tras su detención, y tras las primeras investigaciones, sería demostrada su inocencia y dejado en libertad.

p. 267:
… llegaba a parecerse a uno de esos enfants sauvages que educados entre las bestias en sus primeros años guardan para el género humano un distanciamiento radical, privados para siempre de una componente de sociabilidad que no se puede adquirir a partir de cierta edad…

p. 271:
… porque no se puede amar sin tener miedo; porque el amor no es más que una forma del horror…

p. 278:
Y se asegura que de noche y madrugada en ocasiones también gritaba, sin duda el mismo “grito de muerte de Cristoph Detlev; gritaba y sollozaba y chillaba durante tanto tiempo y tan continuamente que los perros que al principio le acompañaban con sus ladridos, terminaban por callarse y no se atrevían a acostarse y, en pie, sobre sus altas, finas y temblorosas patas, también tenían miedo”.

For, when night had fallen and those among the overtired servants who were not keeping watch were trying to go to sleep, Christoph Detlev’sdeath would scream and scream again and groan and roar for such a length of time without stopping that the dogs, which at first had joined in the howling, fell silent and didn’t dare lie down but remained standing on their long, slender, tembling legs, overcome with fear.

RAINER MARIA RILKE, The Notebooks of Malte Laurids Brigge

p. 279:
De la misma manera que con él fallecía la Muerte, bien podía la realidad, durante breves días, dejar de ser real.

p. 290:
Sin duda en el inextricable laberinto de toda relación erótica muchas cosas se simplifican si quedan envueltas por el amor y pienso a menudo que toda la farragosa y monótona teoría y práctica del sexo que el hombre ha inventado no constituye más que el baldío intento de extraer de él un goce y una finalidad equivalentes a los que puede dar cuando sirve al amor. Pero el sexo sólo puede tener finalidad en sí mismo en un tiempo neutro, sin fatalidad, que al no dar lugar a la tragedia no engendra temporalidad.

p. 291:
El amor destruye a la erótica y ésta a su vez destierra a eros; y por lo mismo que aquél fataliza al individuo, éste con frecuencia busca en la praxis la protección que le defienda del eros aniquilador…

p. 292: (¿ERRATA? sobra guión)
… espíritu asendereado por las contingencias cotidianas- en cuanto remiten esos breves y ansiados dolores…

p. 292:
… desciende al reino de las sombras para dejar en suspenso un alma que ha entrevisto el ego in Arcadia que por primera vez hubo de vislumbrar una mañana soleada y convaleciente de su niñez…

Juan Benet, Et in Arcadia Ego (collage)

p. 293: (¿ERRATA? Se abre un guión que no se cierra)
… trata a toda costa de convertir en luz -esa clase de luz interna, demoníaca y, por así decirlo, fósil[-]?, que ilumine de una vez para siempre…

p. 294: (¿embarge para Citeria? ¿Embarque para Citerea?)
… la verdadera identidad erótica que (desde aquel imaginario embarge para Citeria entrevisto una mañana sin fiebre) ha sido desfigurada y desvirtuada por una cultura carnal superimpuesta a una tradición amorosa, al igual que en el “Ovide moralisé” el escritor medieval llevado por una casuística a tenor de sus necesidades moralizantes convertía a Píramo en Cristo y a Tisbe en el alma humana…

WATTEAU, Embarque para Citerea

p. 296:
En realidad se trataba del mismo corte con que Medea había obsequiado a Glauca y que, muerta ésta, tras unos cuantos avatares Cayetano había encontrado en Mansilla, en la provincia de León…

Crátera del siglo IV representando el regalo de Medea a Glauca

p. 300:
“Y bien no -le decía-, eso que has visto no es otra cosa que la paz de Zanjón. Y aquel personaje que te llamó la atención, que sin cruzar el umbral se mantenía en segundo plano, la mirada fiera y esa expresión de austero idealismo, era Maceo.”

p. 308:
Asimismo se decía por las noches, parafraseando a Revaisson (“De l’habitude”) que “entre los más bajos fondos de la naturaleza y los momentos más excelsos de la libertad reflexiva, existe una infinidad de grados que miden el desarrollo de una sola y misma potencia”…

p. 309:
Aún tenía que venir mucho sol y, con él, tantos actos de manifiesta maldad con que debe anunciarse todo verano.

p. 312:
Al ser el amor el único campo de actividad que escapa a la razón no hace sino introducir un germen de desdicha que domina toda la vida psíquica; y si el ego de eros sólo acepta la pesada carga de racionalidad con el oculto deseo de zafarse un día de ella para buscar su manumisión en el ordo amoris, el logos -en cambio- es el único que sabe -atrozmente abrasado por ese mismo conocimiento no transmisible al otro- hasta qué punto ese afán resulta imposible y obsoleto -por así decirlo- con un alma que cuenta con una conciencia clara de la muerte.

p. 316:
Era un pueblo de poco más de cuarenta o cincuenta fuegos, cuyo humo imperturbable y displicente desafiaba con burlona flema toda la violencia contenida en las alturas ocultas, la potencial ventisca y el rencor de los pastores extremeños escondidos tras sus haces de leña.

p. 321:
… es posible que la única criatura absolutamente real sea la quimera ya que todas las demás son aproximaciones.

p. 321:
Pero aquello ya pasó y sólo queda lo que no fue; nuestra vida está rodeada del sueño y nuestro cuerpo exige consumirlo y convertirlo en energía para salir de él. La vida humana es demasiado larga en la cuenta de los días, pero muy breve en la de los momentos.

p. 325:
“No volverás de tu amor” había, con toda probabilidad, cantado en su juventud, sin saber a dónde le llevaban.

p. 327:
Al principio lo atribuyó al esfuerzo y a la carrera, pero pronto hubo de convencerse […] que el viaje de invierno había terminado. Aquella misma mañana decidió volver a Región…

 

Personas:
Abuelo
Señor Hocher (Suizo, socio del abuelo en la Electra de San Juan)
Isabel (La más joven de las hijas del abuelo. Lectora de Heredia y de “El conde de Montecristo”. Casada con Luis Torrens)
Luisa (Hija del abuelo, arrebatada por un maderero tosco)
Soledad (Hija mayor del abuelo, casada con el señor Hocher y madre de Cristina Hocher. Murió en el parto)
Cristina Hocher (Hija del señor Hocher y de Soledad)
Familia Ruan (Propietarios de Escaen)
Mary (Prima, casada con Julián)
Julián (Profesor de los Ruan y primer marido de Mary, p. 50)
Celia (Prima, p. 39)
Señor Ruan (Tuvo cinco hijos: cuatro varones y una hembra)
Elvira Ruan (Hija. Contrajo matrimonio. p. 58)
Antonio Ruan (El más joven de los Ruan. El único varón que contrajo matrimonio)
Enrique Ruan (El hijo mayor. Huyó a la Sierra tras la guerra)
Jorge Ruan (Poeta, muerto prematuramente)
Luis Torrens (Marido de la tía Isabel)
Tío Ricardo (Tío de los Ruan)
Tío Enrique
Tía Elvira
Aurelia Carpetana o Augusta Superbia (Cocinera de la familia)
Los Mazón
Los Llanes
Los Gros
Don Severo (Notario de Región que jugaba al criquet con la familia Ruan) (Le llaman Montecuccolli, p. 38)
Señor Henau
Valentín Corral (Propietario de una fábrica de cerámica. Padre de Cayetano y de 4 hijas, la menor se casó con el administrador, p. 74)
Cayetano Corral (Trabaja en un cobertizo en el mecanismo de un reloj parado. Incendio del cobertizo: p. 82)
Los Santo Bobio (p. 40, 44)
Los Murano (p. 44)
Los Valdeodio (p. 44)
Los Benzal
Marqués (p. 40)
Constantino Martín (Guerrillero en la Sierra de Región, p. 213)
Andarax (Vivía en la casa de Rosa de Llanes, p. 62)
Rosa de Llanes (p. 62, p. 101)
Leo Titelácer (p. 78)
Carlos Bonaval (p. 16, 79…)
El Indio (p. 153)
Segundo marido de Mary (médico)
Doctor Sebastián (p. 106)
Gamallo (p. 108)
Emilio Ruiz (Compromiso matrimonial con la hermana mayor de Mary, p. 108; patrón de una mina, p. 134)
Rufino (Capataz de la mina de Emilio Ruiz, p. 134)
Hermanos Abrantes (p. 110)
Muerte (Regenta la fonda de Retuerta. Tras la guerra marcha a Barcelona y vende el negocio a dos hermanas, p. 124, 132)
El penitente (presta servicios en la mina, p. 129)
La flamenca y los montañeros belgas (Desaparecen en la sierra, p. 131, 132)
Perturbación, Provocación y Perturbación (Hijas de Anhelo, fonda de Retuerta, p. 135-136)
El Numa (p. 149)
Señorita de Sils María (Insólita historia de amor con Carlos Bonaval, p. 165)
Tío Alfonso (Soltero, hijo segundo del abuelo, p. 170, 171)
Tía Luisa (p. 179)
Tía Sole (p. 179)
Camila Abrantes (p. 248)
Antonio Abrantes (p. 249)
Andarax o Andoraz (p. 248)
Coronel Mangada (p. 250)
Yosen (p. 274)

Hermanos Montgolfier (p. 27)
Profesor Bombarda (p. 27)
Maura (p. 37)
León y Castillo (p. 37)
Romero Robledo (p. 37)
Primo de Rivera (p. 37)
Rey Canuto (p. 41)
Eurípides (p. 46)
Darwin (p. 76)
Arquímedes (p. 79)
Cordelia (p. 103)
Goneril (p. 104)
Paul Bourget (p. 105)
Harold Lloyd (p. 113)
Beato de Fiesole (Fra Angelico, p. 142)
Almanzor (p. 160)
Cayo Lucilio Léntulo (Partidario de Pompeyo que se refugió tras la batalla de Farsalia, p. 161)
Pompeyo (p. 161)
Tántalo (p. 162)
Teofrasto (p. 163)
Pico (p. 184)
Littré (p. 184)
Empédocles (p. 207)
Ifigenia (p. 218)
Abraham e Isaac (p. 45, 217-218)
Leopardi (p. 254)
Judith (p. 291)
Medea y Glauca (p. 296)
Maceo (p. 300)
Conde Mosca (p. 322)

Lugares:
Electra de San Juan (Construida en un viejo molino por el abuelo, p. 150)
Escaen (Propiedad de la familia Ruan)
Chalet de los Llanes (Casa cercana a Escaen)
Vicálvaro (p. 20)
Nueva Elvira (p. 22)
Casa de Henau (p. 23)
Ruinas de la casa de los Mazón (p. 23)
Río Torce
Río Ferrellán
El Hurd (p. 152)
Malterra (p. 152, 167)
Retuerta (p. 150)
Fonda de Retuerta (entre el Hurd y Retuerta. Fonda que Muerte había regentado, p. 124 Es vendida a dos hermanas de Barcelona y atendida por una de ellas y una sirvienta, p. 132)
Casa del Indio
Casino de Macerta
Villa Rosa (Madrid, p. 109)
Polonia (arroyo, p. 124, p. 131, 149)
Monte el Monje (p. 130)
Mantua (p. 131)
Río Tarrentino (p. 131)
El Salvador (p. 138)
Molino de Ventura (ruinas, p. 144)
El Auge (p. 150)
Bocentellas (p. 144, 150)
Calechas (Antiguo pueblo sumergido, p. 154)
Cueva de la Manzorra (Mansurra o Majsurrah, p. 158)
Prados del Indio (p. 158)
Cenobio de San Pablo de Agra (p. 160)
Socéanos (p. 167)
Arroyo de los Muertos (p. 167)
Balneario (Cerrado a finales de los años 20, p. 179)
El cobertizo de Cayetano (p. 184)
El chalet de Rosa (p. 184)
La casa de los hermanos Abrantes (p. 184)
Fonda de la plaza del Ciento (p. 186)
Montaña de San Pedro (p. 187)
Titelácer (Casa de Leo, p. 187)
Calle del Temple (p. 198)
Campo de la feria, junto al Torce (p. 203)
La Malvista (p. 295)
Mansilla (p. 296)
Vertedero de La Requerida (p. 319)
Cazuela del Torce (p. 319)

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