La condesa sangrienta

25/05/2020 Comentarios desactivados en La condesa sangrienta

Alejandra Pizarnik, La condesa sangrienta, Libros del Zorro Rojo, 2019

Ilustraciones: Santiago Caruso

 

“Quisiera un castillo sangriento”, había dicho el comensal gordo.
JULIO CORTÁZAR, 62/Modelo para Armar

 

SÓLO REFLEJOS

Disfrazan tan bien los disfraces
el mundo crece ante mi pequeñez
ahora yo rasguño las ventanas
y Báthory es quien llora               dentro de una tina

No comprende cómo
se ha degollado lo eterno

FANNY CAMPOS, Hystera/Hystrión, 2016

István Csók – Erzsébet Báthory (1896) (reproducción fotográfica del original que se perdió durante la II Guerra Mundial)

Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.
ALEJANDRA PIZARNIK, “Los caminos del espejo”, La piedra de la locura

 

EL ESPEJO DE LA MELANCOLÍA

¡Todo es espejo!
OCTAVIO PAZ

Vivía delante de su gran espejo sombrío, el famoso espejo cuyo modelo había diseñado ella misma…

“El espejo de la melancolía” es el título de uno de los breves capítulos de este poema en prosa que Alejandra Pizarnik dedicó al personaje real e insólito de Erzébet Báthory, “La Condesa sangrienta”. Alejandra tuvo conocimiento de la condesa Báthory gracias a la lectura del libro de Valentine Penrose. Quedó impresionada por el personaje y por el libro de Valentine Penrose, y escribió unas notas para comentarlo, que terminaron dando forma a su propio poema en prosa, y que publicó por primera vez en el primer número de la revista Testigo de Buenos Aires (primer trimestre de 1966).

Quizá sea este capitulo, “El espejo de la melancolía”, el que más nos acerca al personaje de la condesa Báthory tal como lo veía Alejandra Pizarnik. La melancolía -esa “silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica”- que se trasluce en toda su obra es aquí explícitamente abordada:

“Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto. De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya “la farsa que todos tenemos que representar”. Pero por un instante —sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia—, el ritmo lentísimo del melancólico no sólo llega a acordarse con el del mundo externo, sino que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa; y el yo vibra animado por energías delirantes. […] El libro que comento en estas notas lleva un retrato de la condesa; la sombría y hermosa dama se parece a la alegoría de la melancolía que muestran los viejos grabados. Quiero recordar, además, que en su época una melancólica significaba una poseída por el demonio.

Anónimo, Retrato de Erzsébet Báthory (s XVI)

 

Lo que sigue haciéndonos soñar es la cantidad y la intensidad de los oscuros impulsos que nos han ido llevando así hacia un nombre, un hecho o un personaje y no otro. Entramos ahí en un bosque sin senderos.
MARGUERITE YOURCENAR, “Juegos de espejos y fuegos fatuos”

 

Son muchas las coincidencias que me han llevado a profundizar en el personaje de la condesa Báthory, haciéndome penetrar en un bosque sin senderos en el que es fácil perderse. En ese bosque he ido encontrando diversas referencias al personaje.

Valentine Penrose, “la surrealista que quiso comprender el misterio del mal”, recopiló documentos y relaciones acerca del personaje histórico, real e insólito, de la condesa Báthory, supuestamente la asesina de 650 jóvenes muchachas vírgenes, y escribió un libro, Erzsébet Bathory la comtesse sanglante, que fue publicado por primera vez en 1962. En él, según Pizarnik, no separó su don poético de su minuciosa erudición y, sin alterar los datos reales penosamente obtenidos, los refundió en una suerte de vasto y hermoso poema en prosa.

Según Valentine Penrose, la primera vez que se publicó la historia de esta sangrienta condesa fue en 1744. El autor de la monografía fue un sacerdote jesuita llamado Laszló Turóczi, que halló el borrador del proceso judicial y que, además, pudo acceder a la documentación que se había conservado en los Archivos de los Tribunales de Viena y, posteriormente, en Budapest. R. A. von Elsberg escribió una biografía de la condesa en 1894. Dezsó Rexa volvió a tratar el asunto en 1908. El poeta romántico húngaro János Garay (1812-1853) escribió un poema sobre ella y una obra teatral en cinco actos titulada Erzsébet Báthory que se estrenó el 9 de agosto de 1840 en el Teatro Pest. Otras obras dedicadas a este personaje son la novela de Karl P. Szátmary La tigresa de Csejthe, y la escrita en eslovaco titulada La leyenda Báthory: Cachticka Pani de J. Niznánszy. William Seabrook le dedicó varios párrafos en su libro titulado Witchcraft, al igual que Sabine Baring Gould en El libro de los hombres lobo. El húngaro Makkai Sándor publicó en 1925 una biografía novelada de la familia Báthory titulada El carro del diablo (Ördögszekér).

Georges Bataille, escritor preocupado por las relaciones entre la literatura y el mal, en su libro Les larmes d’Éros, publicado en 1959, poco antes de su muerte, ya hacía mención a la obra de Valentine Penrose sobre la condesa Báthory, que todavía no había visto la luz.

También Julio Cortázar, con quien Alejandra Pizarnik había tenido relación mientras vivió en París, utiliza el personaje de la condesa en su novela 62/Modelo para armar, publicada en 1968.

En 1983, Marguerite Yourcenar publicó Le Temps, ce grand sculpteur, un volumen que recogía dieciocho ensayos de temática variada, pero con un hilo conductor: el paso del tiempo sobre los seres y las cosas y sobre la belleza que se deriva del mismo. En el octavo de estos ensayos, titulado “Juegos de espejos y fuegos fatuos” y datado en 1975, expone que entre la publicación de Memorias de Adriano y la de Opus Nigrum había empezado a preparar una obra que provisionalmente había titulado Tres mujeres llamadas Isabel y que nunca llegó a escribir. En este ensayo deja constancia, no sólo de la existencia de su proyecto, sino del contenido del mismo. Una de estas tres mujeres sería la santa Isabel de Hungría; otra, la emperatriz Isabel de Austria; y la tercera hubiera sido Isabel Báthory, “esa mujer que fue una especie de Gilles de Rais menos sensible y menos refinado y que alcanzó, al parecer, una suerte de imbecilidad en el crimen. Estas tres mujeres hubieran marcado los caminos que conducen a la salvación o a la perdición, o el atajo que no conduce ni a una ni a otra sino únicamente al limbo de la poesía y del sueño”. Mientras planeaba la escritura de este libro, Marguerite Yourcenar viajó en un barco llamado Báthory, que debía su nombre al rey polaco Stefan Báthory, pariente de la famosa condesa. En Eslovaquia visitó el castillo de Csejthe, que perteneció a la familia Báthory y que fue el escenario de los crímenes de la condesa, en donde vio como un gato negro escapaba entre unos matorrales. A la vuelta de su viaje, fue sorprendida por otra gran coincidencia. Al acudir a una biblioteca vio casualmente sobre el mostrador un libro recién devuelto por un lector, al que echó una ojeada. Descubrió que se trataba de una colección de ensayos de William Seabrook, en la que entre varias historias sobre causas criminales y de magia negra, dedicaba algunos párrafos a Isabel Báthory. Casualmente el libro se encontraba abierto por aquella página.

Pocas horas después de escribir las líneas precedentes, decido ver una película que ya he visto varias veces, pero que es de esas que siempre se pueden volver a ver. Una buena película de cine negro, rodada en 1948 por Jules Dassin, The Naked City. Para mi sorpresa, a los pocos minutos de comenzar la película, la policía acude al lugar en el que una mujer ha sido asesinada. El apellido de la víctima, que ella se ha cambiado por otro más americano, es nada menos que Batory. Siento que acabo de entrar en un bosque sin senderos…

La poeta argentina María Negroni, que se ha interesado por la literatura gótica como punto de partida para una profunda reflexión sobre el mal y que ha dado como fruto sus ensayos Museo Negro, Galería Fantástica y Film noir, es la autora del prólogo a la edición de la editorial Wunderkammer de La condesa sangrienta de Valentine Penrose.

Otra poeta, en este caso chilena, Fanny Campos, ha escrito varios poemas inspirados en la obra de Alejandra Pizarnik.

Recientemente se han publicado más libros sobre el tema, como por ejemplo, Ella, Drácula de Javier García Sánchez, o Elisabeth Bathory. La condesa sangrienta de Pascal Croci. Uno de los últimos libros aparecidos sobre el personaje de la condesa sangrienta es el de Isabelle Zribi, cuyo título es Bienvenue à Bathory.

El año 2011 tuvieron lugar las primeras representaciones de la Ópera Erzsébet del compositor Dennis Báthory-Kitsz.

 

También hay una abundante filmografía sobre este personaje, pudiendo destacarse las siguientes películas:

– Ryan Swantek, “Báthory: Virgin Blood” (2019)
– Erik Boccio, “Blood Bath” (2016)
– Dávid Spáh, “Báthory Erzsébet és a véres félreértések – Emese álma és a nagypéniszü turulmadár” (2016)
– Peter Sasdy, “Countess Dracula” (1971)
– Julie Delpy, “The Countess” (2009)

María Allemand

Animación digital
basada en los textos de Valentine Penrose, Alejandra Pizarnik y María Negroni
8 min 20 seg / 2007
Música: Francisco García Blaya
Voz y Sonido: Martín Porta

XII Premio Klemm / Mención No Adquisición / 2008

Bibliografía:

– Graciela Aletta de Sylvas, “Para una lectura de La Condesa Sangrienta de Alejandra Pizarnik

– Ludmila Barbero, “Un erotismo de piedra, de nieve y de murallas. La tríada Bataille-Penrose-Pizarnik en una lectura de La condesa Sangrienta

– Alexis Candia-Cáceres, “Irradiaciones y difuminaciones de la brutalidad en La condesa sangrienta y 2666

– Susana Chica-Salas, “Erzsébet Báthory en la Obra de Alejandra Pizarnik”, en Iberia & the Mediterranean (1989), pp. 301-309.

– László Kürti, “The simbolic construction of the monstruous. The Elizabeth Bathory story”, Nar. umjet. 46/1, 2009, pp. 133-159.

– Silvia Laborda Belenguer, “Hermanas de sangre: estudio comparativo entre La condesa sangrienta de Alejandra Pizarnik y Carmilla de Joseph Sheridan Le Fanu

– Ángeles Mateo del Pino, “El territorio de la memoria: mujeres malditas. La condesa sangrienta de Alejandra Pizarnik”, Rassegna Iberistica, nº 71, Bulzoni Editore, Roma (Italia), 2001, págs. 15-31.

– Isabel Monzón, Báthory: acercamiento al mito de la condesa sangrienta, Feminaria Editora, 1994.

– María Negroni, “La condesa sangrienta: notas sobre un problema musical

– Patricia Venti, La dama de estas ruinas. Un estudio sobre la condesa sangrienta.

– Patricia Venti, “La traducción como reescritura en La condesa sangrienta de Alejandra Pizarnik”, Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid (2006).

– Jorge Mario Sánchez, “El espejo de la melancolía. Anotaciones acerca de Extracción de la piedra de la locura de Alejandra Pizarnik

 

Notas de lectura:

p. 8:
Un conocido filósofo incluye los gritos en la categoría del silencio. Gritos, jadeos, imprecaciones, forman ua “sustancia silenciosa”

p. 25:
… los Báthory eran crueles, temerarios y lujuriosos…

p. 34:
Un color invariable rige al melancólico: su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa. Es una escena sin decorados donde el yo inerte es asistido por el yo que sufre por esa inercia. Éste quisiera liberar al prisionero, pero cualquier tentativa fracasa como hubiera fracasado Teseo si, además de ser él mismo, hubiese sido, también, el Minotauro; matarlo, entonces, habría exigido matarse. Pero hay remedios fugitivos: los placeres sexuales, por ejemplo, por un breve tiempo pueden borrar la silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica…

p. 34-35:
Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto. De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya “la farsa que todos tenemos que representar”. Pero por un instante —sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia—, el ritmo lentísimo del melancólico no sólo llega a acordarse con el del mundo externo, sino que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa; y el yo vibra animado por energías delirantes.

p. 39:
Las hierbas mágicas, los ensalmos, los amuletos, y aun los baños de sangre, poseían, para la condesa, una función medicinal: inmovilizar su belleza para que fuera eternamente comme un rêve de pierre.

p. 39-40:
Siempre vivió rodeada de talismanes. En sus años de crimen se resolvió por un talismán único que contenía un viejo y sucio pergamino en donde estaba escrita, con tinta especial, una plegaria destinada a su uso particular. Lo llevaba junto a su corazón, bajo sus lujosos vestidos, y en medio de alguna fiesta lo tocaba subrepticiamente. Traduzco la plegaria: Isten, ayúdame; y tú también, una nube que todo lo puede. Protégeme a mí, Erzébet, y dame una larga vida. Oh, nube, estoy en peligro. Envíame noventa gatos, pues tú eres la suprema soberana de los gatos. Ordénales que se reúnan viniendo de todos los lugares donde moran, de las montañas, de las aguas, de los ríos, del agua de los techos y del agua de los océanos. Diles que vengan rápido a morder el corazón de… y también el corazón de…. y el de… Que desgarren y muerdan, también, el corazón de Megyery el Rojo. Y guarda a Erzébet de todo mal.

p. 49:
… le fascinaban las tinieblas del laberinto que tan bien se acordaban a su terrible erotismo de piedra, de nieve y de murallas. Amaba el laberinto, que significa el lugar típico donde tenemos miedo; el viscoso, el inseguro espacio de la desprotección y del extraviarse.

p. 50:
En cuanto a sus días, la bellísima condesa no se separaba de sus dos viejas sirvientas, dos escapadas de alguna obra de Goya: las sucias, malolientes, increíblemente feas y perversas Dorkó y Jó Ilona.

Francisco de Goya, “Las viejas”

p. 56:
… una fascinación por un vestido blanco que se vuelve rojo, por la idea de un absoluto desgarramiento, por la evocación de un silencio constelado de gritos en donde todo es la imagen de una belleza inaceptable.

p. 56:
Como Sade en sus escritos, como Gilles de Rais en sus crímenes, la condesa Báthory alcanzó, más allá de todo límite, el último fondo del desenfreno. Ella es una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible.

 

Algunas reseñas:

– Centro Virtual Cervantes, “La condesa sangrienta

– Ana Matellanes García, “Sangre, muerte, sadismo: ‘La condesa sangrienta’, de Alejandra Pizarnik

– Fernando Salazar Torres, “La condesa sangrienta, de Alejandra Pizarnik. La mujer a través del discurso clínico y las prácticas corporales de lo moral

– Francisco Álvarez Francese, “Diario de lectura: ‘La condesa sangrienta’, de Alejandra Pizarnik

– María Negroni, “Alejandra Pizarnik y el castillo de la escritura

– María Negroni, “Algo late siempre”: Valentine Penrose y La Condesa Sangrienta

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