La hora de la estrella

15/05/2020 Comentarios desactivados en La hora de la estrella

Clarice Lispector, La hora de la estrella, Traducción del portugués de Ana Poljak, Siruela, 2020

Edición original: A hora da estrela, 1977

 

Esta historia ocurre en un estado de emergencia y de calamidad pública. Se trata de un libro inacabado porque le falta la respuesta. Respuesta que, espero, alguien en el mundo me dará.

Este libro es un silencio. Este libro es una pregunta.

Un narrador, que contempla cómo su vida se extingue y que quiere dejar testimonio de una vida sin luz que sólo existe porque él la pone en palabras, es la voz que Clarice Lispector utiliza para desgranar palabras que formen frases con las que intenta expresar todas las preguntas a las que no encuentra respuesta. Clarice Lispector construye su última novela con el fantasma de la muerte, con la hora de la estrella, rondándole.

La novela tiene trece títulos y “La hora de la estrella” no es más que uno de ellos. Habla de una mujer que pasa por la vida como si no pasara nada, una mujer que no sabe gritar, una mujer que es feliz sin saber lo que es la felicidad, una mujer que sabe que las cosas son porque son, que tienen que ser porque tienen que ser y que han sido así porque han sido así. Pero la protagonista es también, como en todas sus novelas, Clarice Lispector. Esta vez transmutada en hombre, probablemente porque quiere que su voz se escuche como si fuera la voz de un hombre, “porque una mujer escritora puede lagrimear tonterías”…

Estos son los títulos:

LA CULPA ES MÍA
o
LA HORA DE LA ESTRELLA
o
QUE ELLA SE APAÑE
o
EL DERECHO AL GRITO
o
EN CUANTO AL FUTURO
o
LAMENTO DE UN BLUE
o
ELLA NO SABE GRITAR
o
UNA SENSACIÓN DE PÉRDIDA
o
SILBIDO EN EL VIENTO OSCURO
o
YO NO PUEDO HACER NADA
o
REGISTRO DE LOS HECHOS PRECEDENTES
o
HISTORIA LACRIMÓGINA DE CORDEL
o
SALIDA DISCRETA POR LA PUERTA DEL FONDO

Suzana Amaral, A Hora da Estrela, 1985

p. 11:
Mientras tenga preguntas y no tenga respuesta continuaré escribiendo.

p. 14:
… tampoco yo hago la menor falta; hasta lo que escribo lo podría escribir otro. Otro escritor, sí, pero tendría que ser hombre, porque una mujer escritora puede lagrimear tonterías.

p. 14:
Lo de rezar era un medio de llegar hasta mí mismo en silencio y oculto de todos. Cuando rezaba obtenía un resto de alma; y ese resto es todo lo que yo jamás pueda tener. Más de eso, nada. Pero el vacío tiene el valor de lo pleno y se asemeja a ello.

p. 15:
Así, pues, tengo que hablar con simpleza para captar su delicada y vaga existencia.

p. 17:
Las palabras son sonidos traspasados de sombras que se entrecruzan desiguales, estalactitas, encaje, música de órgano transfigurada.

p. 17:
Este libro es un silencio. Este libro es una pregunta.

p. 18:
¿Por qué escribo? Antes que nada porque capté el espíritu de la lengua y así a veces la forma hace al contenido.

p. 19:
… vivimos exclusivamente en el presente porque siempre y por la eternidad estamos en el día de hoy, y el día de mañana será un hoy, la eternidad es el estado de las cosas en este momento.

p. 19:
Soy un hombre con más dinero que quienes pasan hambre, cosa que de alguna manera hace de mí una persona deshonesta.

p. 24-25:
También olvidé decir que la relación que en breve tendrá que comenzar -pues ya no soporto la presión de los hechos-, la relación que en breve tendrá que comenzar está escrita bajo el patrocinio del refresco más popular del mundo y que ni por esas me paga nada, el refresco ese difundido en todos los países. Sin embargo, fue el que patrocinó el último terremoto de Guatemala. A pesar de tener el gusto del olor de la laca de uñas, del jabón Aristolino y del plástico mascado. Nada de eso impide que todos lo amen con servilismo y sumisión. También porque -y voy a decir ahora una cosa difícil que solo yo entiendo-, porque esa bebida que tiene coca es hoy. Es el medio del que dispone una persona para actualizarse y pisar en la hora presente.

p. 29:
Esa muchacha no sabía que ella era lo que era, tal como un cachorro no sabe que es cachorro. Por eso no se sentía infeliz. Lo único que quería era vivir. No sabía para qué, no se lo preguntaba.

p. 31:
Porque en la hora de la muerte uno se vuelve como una brillante estrella de cine, es el instante de gloria de cada uno y se parece al momento en que en el canto coral se oyen agudos sibilantes.

p. 33:
Si el lector posee alguna riqueza y lleva una vida acomodada, saldrá de sí para ver cómo es a veces el otro. Si es pobre, no me estará leyendo, porque leerme es superfluo para quien tiene una tenue hambre permanente.

p. 34:
El canto del gallo en la aurora sanguinolenta daba un sentido fresco a su vida marchita.

p. 35:
… el alma no cabe bien en el cuerpo…

p. 35:
… se defendía de la muerte viviendo menos, gastando poco de su vida para que no se le acabara.

p. 38:
En verdad, por mala que sea, la infancia siempre está encantada, qué susto.

p. 44:
E título era Humillados y ofendidos. Se quedó pensativa. Tal vez hubiese visto por primera vez una definición de clase social.

p. 47:
Mayo, mes de los velos de nova que flotan blancos.

p. 48:
¿Cuál es su nombre? Macabea.

p. 52:
… ellos olvidaban la amargura de la infancia ya que, cuando se ha ido, esa época siempre parece agridulce y hasta produce nostalgia.

p. 56:
La cantaba un hombre que se llama Caruso y que dicen que ya ha muerto. La voz era tan suave que daba pena de oírla. La música se llamaba Una furtiva lacrima. No sé por qué no decían lágrima.

p. 57:
Él hablaba de grandes cosas, pero ella prestaba atención a las cosas insignificantes, como ella misma.

p. 59:
Voy a tener tanta añoranza de mí cuando me muera.

p. 77:
Estoy absolutamente cansado de la literatura; solo la mudez me hace compañía. Si todavía escribo, es porque no tengo nada más que hacer en el mundo mientras espero la muerte. La búsqueda de la palabra en la oscuridad.

p. 78:
Estoy entrando en un terrible interés por los hechos: los hechos son piedras duras. No hay modo de huir. Los hechos son palabras dichas por el mundo.

p. 79:
… el capín crece tan fácil y tan simple.

p. 82:
Tenía un hombre que me gustaba de verdad y yo lo mantenía, porque él era muy fino y no quería cansarse con ninguna clase de trabajo. Era un lujo que yo me daba y él me zurraba. Cuando me daba una paliza, yo estaba segura de que me quería, me gustaba que me pegase. Con él era amor; con los otros, trabajo.

p. 90:
Es necesario llegar a una nada tal que con indiferencia se ame o no se ame al delincuente que nos mata.

p. 92:
… iré hasta donde el vacío describe una curva, iré hasta donde me lleve mi aliento.

p. 94:
Oigo la música antigua de palabras y palabras, sí, es así. En esta hora exacta Macabea tuvo una náusea profunda y casi vomitó, quería vomitar lo que no es cuerpo, vomitar algo luminoso. Una estrella de mil puntas.

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