Cuatro por cuatro

01/11/2019 Comentarios desactivados en Cuatro por cuatro

Sara Mesa, Cuatro por cuatro, Anagrama, Barcelona, 2012.

CIERTAS REBELDÍAS son imposibles de emprender si uno no sabe qué hay detrás del muro […] no hay posibilidad de rebelarse, salvo con la negación del ser.

¿Es mejor vivir libres y desprotegidos o vivir controlados y protegidos?

 

Los ojos de toda la humanidad están mirando el foso en el que nos precipitamos…

Estamos encerrados en un cubículo de cuatro por cuatro. Algunas veces se abre un pequeño hueco por el que algunos podemos ver lo que ocurre en el exterior, o al menos, podemos intuirlo, pero nadie hace nada. Es mejor tapar el hueco y no mirar. Estamos encerrados en nuestros pequeños cubículos en un mundo en el que las leyes que imperan son las del poder y las del mercado. Cuatro por cuatro son las dimensiones de la celda en la que vivimos controlados y ¿protegidos? de la inseguridad que conlleva la libertad.

Sara Mesa construye una historia inquietante que nos obliga a mirar hacia dentro de nosotros mismos, hacia nuestros miedos, hacia nuestras inseguridades y hacia nuestras seguridades, para ponerlas en cuestión…

Un silence parfait règne dans cette histoire.
Sur les bras du jeune homme et sur ses pieds d’ivoire
La naïade aux yeux verts pleurait en le quittant.
On entendait à peine au fond de la baignoire
Glisser l’eau fugitive, et d’instant en instant
Les robinets d’airain chanter en s’égouttant.

Alfred de Musset, Namouna

 

p. 85:
¿Es mejor vivir libres y desprotegidos o vivir controlados y protegidos?

p. 170:
El lenguaje despojado de vida, descarnado, en vísceras: eso es lo que me parece el análisis sintáctico. Palabras moribundas bajo una lupa, significados agonizando como un pez coletea fuera del agua: eso es la semántica. Balbuceos incomprensibles, tartamudeos abruptos: eso es la fonética.

p. 184:
El poder crece cuando se entrega al poder: uno más uno es siempre uno más grande. Todos los demás quedamos fuera de esa aritmética. Ni siquiera sumamos; ni siquiera restamos.

p. 217:
Así funcionan las cloacas: el olor del agua rezuma de vez en cuando, su rumor nos apela; pero nunca se ven, nunca se habla de ellas, jamás existen.

p. 219:
Sólo nos queda la vergüenza, raudales de vergüenza, ríos y mares de vergüenza. ¿Qué clase de mundo es éste, cuando un loco nos dice que deberíamos estar avergonzados?

p. 228:
Los ojos de toda la humanidad están mirando el foso en el que nos precipitamos…

p. 237:
Creo en la reencarnación, pero dentro de esta misma vida. En las distintas vidas que se suceden dentro de esta vida. En el extrañamiento, en la ausencia de reconocimiento del que fuimos ayer. En la falta de sorpresa ante el que seremos mañana, aunque aún no podamos anticipar ni lo más mínimo que forma albergaremos. Creo en la disolución de la identidad. Creo en la ruptura. Me rompieron a mí; creo por tanto en la imposibilidad de ser reconstruido.

p. 242:
Se refiere al peligro del mundo exterior, anticipa que quizá habrá que hacer más sacrificios para lograr la protección que todos buscamos.

p. 254:
¿Por qué no hiciste nada para evitarlo? ¿Por qué vienes aquí a contarme verdades? ¿Por qué no le cuentas la verdad a otra gente? ¿Por qué nadie se atreve a hacerlo?

p. 259:
El placer no es la niña. El placer es controlar la disponibilidad de la niña. El placer es borrar en la niña otra noción del mundo que la de una dimensión de cuatro por cuatro, o la de los ratitos en los que el mundo se expande cuando está él a su lado.

p. 259:
LOS HABITANTES de la ciudad practican el mercadeo constantemente. Su forma de vida es la transacción. No hay producción alguna. Se mercadea con cosas que se tocan y con cosas intangibles, con cosas puras y sucias, con personas, objetos y conceptos.

Referencias:

El libro al que se refiere el Director, o Sr. J., al contar la historia del siervo Gerasim es, cómo no, el maravilloso relato La muerte de Iván Illich, de Tolstoi, una de las mejores fábulas sobre el sentido de la vida -y de la muerte- que he leído jamás.

La inquietante historia que lee en su libro Isidro Bedragare es la de La Calera de Thomas Bernhard.

Parte de las palabras que pronuncia Ledesma la última vez que habla con Isidro Bedragare están inspiradas en la escena del discurso del “loco” Doménico en la película Nostalgia, de Tarkovski.

La paradoja sobre la indisponibilidad del propio cuerpo en relación con el suicidio que aparece planteada en los papeles de García Medrano pertenece al Diario metafísico de Gabriel Marcel.

También en los papeles de García Medrano, la cita sobre héroes y mercenarios corresponde a Masa y poder, de Elias Canetti, y la alusión a un relato fantástico está referida a La puerta en el muro, de H. G. Wells.

Por último, el poema que cierra el libro es de Alfred de Musset. Fue escogido por su liviandad y por su prodigiosa capacidad de contrapunto frente a la historia que se narra en este libro.

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