El mundo deslumbrante

03/10/2019 Comentarios desactivados en El mundo deslumbrante

Siri Hustvedt, El mundo deslumbrante, Traducción de Cecilia Ceriani, Anagrama, Barcelona, 2014

Edición original: The Blazing World, Simon & Schuster, New York, 2014

Ilustración de la cubierta: Fratelli Alinari Museum Collections, Florencia

¿por qué la gente ve lo que ve?
Tiene que haber convencionalismos.
Tiene que haber expectativas.
Si no, no veríamos nada;
todo sería un caos.

Quiero deslumbrar y hacer ruido y rugir.
Quiero esconderme y llorar y abrazarme a mi madre.
Pero eso nos pasa a todos.

 

Como el título… deslumbrante. Un ejercicio de complejas imposturas y camuflajes que indaga en la naturaleza de la percepción, del arte, del poder, del mercado y del patriarcado. El título está tomado de la novela, con el mismo título, de Margaret Cavendish. Una novela escrita por una mujer en el siglo XVII, considerada por algunos críticos como precursora del género de la ciencia-ficción, que ha sido ignorada durante siglos y que pone en cuestión las bases mismas de la modernidad y del desarrollo científico occidental.

Algunos fragmentos y notas:

p. 19:
La vida camina de puntillas sobre un campo minado. Nunca sabemos lo que nos deparará el destino y, si quieren saber lo que pienso, tampoco tenemos claro lo que dejamos atrás. Aunque estoy segura de que somos muy capaces de armar una historia que lo explique y devanarnos los sesos para lograr que todo encaje.

p. 36:
A Husserl le encantaba Descartes y recurrió al monólogo interior, al fluir de la conciencia, como William James (a quien leyó), todos corren paralelos, se superan, se complementan, y él sabía que la empatía era una forma profunda de conocimiento. Edith Stein, alumna de Husserl, es la mejor filósofa experta en el tema y ella lo vivía, vivía sus propias palabras.

p. 40:
Sospechaba que, de haber venido yo a este mundo con otro envoltorio, mi obra habría tenido aceptación o, al menos, hubiera sido tomada en serio.

p. 42:
Una disertación histórica y médica sobre el caso de Catherine Vizzani que incluye las aventuras de una joven nacida en Roma y que vistió como hombre durante ocho años y que fue muerta debido a un romance con una damisela y que, tras una disección, se descubrió que era virgen y estuvo a punto de ser considerada santa por el populacho. Con algunas observaciones anatómicas y curiosas sobre la naturaleza y existencia del himen. Por Giovanni Bianchi, profesor de anatomía de Siena y cirujano que la diseccionó. Aumentadas con algunas notas útiles realizadas por el editor inglés (Londres, Meyer, 1751).

p. 43:
Billie Tipton fue un exitoso músico de jazz, nacido en 1914, cuyo verdadero nombre era Dorothy Lucille Tipton. Cuando cursaba enseñanza secundaria no le dejaron formar parte del grupo de jazz de su instituto por ser una chica, entonces empezó a vestirse de hombre para poder tocar y después decidió llevar siempre una vida de hombre. Tuvo una larga relación con Kitty Oakes, una ex bailarina de striptease, y juntos adoptaron tres hijos. Cuando Billie murió en 1989 sus hijos se enteraron de que, desde el punto de vista anatómico, su padre había sido una mujer.

p. 44:
¿Qué pasaría si yo inventaba un artista del que existían muchas críticas y catálogos de exposiciones, pero ninguna obra?

p. 52:
Jeff Koons había mostrado su Puppy pocos años antes y yo me temía que aquello iba a ser una cursilería de otro embaucador. No es que tenga nada contra Koons. Él es el Sueño Americano.

p. 59:
Teníamos esa amistad íntima típica de las mujeres, sin ninguna de las trabas que suelen asolar a los chicos con sus ansias de masculinidad.

p. 60:
La experiencia acumulada siempre altera la percepción del pasado.

p. 66:
¿Qué es algo tan frágil que se rompe al decir su nombre? El silencio…

p. 70:
… una pareja abocada a investigar la naturaleza de la percepción: ¿por qué la gente ve lo que ve? Tiene que haber convencionalismos. Tiene que haber expectativas. Si no, no veríamos nada; todo sería un caos.

p. 71:
Los griegos sabían que la máscara que usaban en el teatro no era un disfraz sino una forma de revelación.

p. 77: Bertha Pappenheim (Anna O.)

p. 83:
Es interesante notar cómo no todas, pero muchas mujeres recibieron un merecido reconocimiento sólo cuando ya habían dejado de ser objetos sexuales deseables.

p. 85:
¿Acaso las niñas no han hecho lo mismo con la muñeca? La muñeca, sí, blanco de cosas pasadas y por venir. ¡La última muñeca, la que se entrega a los mayores, es la chica que tendría que haber sido chico y el chico que tendría que haber sido chica! El amor por esta última muñeca se prefigura en el amor por la primera. La muñeca y el inmaduro tienen algo bueno: la muñeca porque parece tener vida pero no la tiene y el tercer sexo porque tiene vida pero se parece a la muñeca.

Es un fragmento de El bosque de la noche, de Djuna Barnes, una novelita extraña y difícil.

p. 86:
Al mismo tiempo, considero que las máscaras son, de lejos, lo mejor de su arte, pues a través de ellas logra crear una obra de una intensa ambigüedad.

p. 94: Thomas Traherne

p. 117:
… me dijo que las personas usan nombres diferentes para referirse a las mismas cosas, dependiendo del interés que tengan, pero que las palabras también pueden cambiar nuestro modo de ver las cosas.

p. 121:
El enigma cuántico: encuentros entre la física y la conciencia. Es una locura tío. Me refiero a que estos tipos dicen que la manera con la que miras algo crea lo que estás viendo. Eso es lo cuántico y está ligado al cerebro y a la conciencia.

p. 123:
¿Alguna vez ha existido una obra de arte que no se viera influida por las expectativas y prejuicios del observador, del lector o del oyente, fuera cual fuese su grado de cultura y refinamiento?

p. 124:
Harry dedicaba más espacio al maestro de Siena Duccio di Buoninsegna que a Miguel Ángel…

p. 132:
Todo deseo de venganza surge del dolor causado por la impotencia. Yo sufro se convierte en Tú sufrirás. Y no nos engañemos: la venganza es estimulante. Nos centra y nos anima y anula el dolor porque vuelve la emoción del revés. Con el dolor nos hacemos añicos. Con la venganza nos recomponemos y consolidamos en una sola arma afilada que apunta hacia un objetivo. Aunque a la larga es destructiva, durante un corto tiempo la venganza puede llegar a ser muy útil.

p. 134:
Oscar Wilde dijo una vez: “El hombre es menos él mismo cuando habla por sí mismo. Dadle una máscara y os dirá la verdad.”

p. 144:
Ella no daba pábulo a las maneras convencionales de dividir el mundo en blanco/negro, hombre/mujer, hetero/homosexual, normal/anormal, pues ninguna de esas fronteras la convencían. Eran imposiciones, categorías definidas e incapaces de reconocer la mezcolanza que constituye la humanidad.

p. 156:
… “vivir la vida en tercera persona” […] dijo que lo que la gente quería era precisamente eso: desembarazarse de su interior para convertirse en mera fachada.

p. 168:
Las palabras consolidan los recuerdos. La emoción consolida los recuerdos.

p. 174:
Otro Goldberg, el estudio Goldberg, 1968. El mismo ensayo escrito por alumnos universitarios fue evaluado con notas más bajas cuando iba firmado con un nombre femenino que cuando iba firmado por uno masculino. (Philip A. Goldberg, Transactions, 5, 1968, pp. 28-30)

p. 175: Thomas Metzinger

p. 176: Varela & Maturana / Wechsler / El viaje de O

p. 178: Judith Leyster (1609-1660)

p. 191:
Sabía que el mundo del arte era, en su mayoría, un agujero apestoso plagado de propietarios vanidosos que compraban nombres para blanquear su dinero.

p. 198: Steven Pinker, La tabla rasa (sociobiología basada en la genética)

p. 216: Alice Sheldon (Tiptree)

p. 226:
Yo tenía dieciséis años cuando vi por primera vez La tristeza y la piedad de Marcel Ophüls y después no pude dejar de pensar en la expresividad que adquieren las manos de las personas cuando intentan controlar sus rostros.

p. 239:
Voy a hacer una casa-mujer. Tendrá un interior y un exterior, de forma que podamos caminar dentro y fuera de ella. La estoy dibujando. Dibujándola y pensando en su forma. Tiene que ser grande y tiene que ser una mujer difícil, pero no tiene que ser un horror de la naturaleza ni una criatura fantástica con una vagina dentada. No puede ser una monstruosidad típica de Picasso o de De Kooning, tampoco una Virgen María. Ni una cosa ni la otra para esta mujer. No. Tiene que ser auténtica. Todo en ella debe ser importante. Y habrá personajes dentro de su cabeza, hombrecitos y mujercitas inmersos en diferentes actividades. Unos escribiendo, otros cantando, tocando instrumentos, bailando o leyendo largos discursos que nos produzcan sueño a todos. Quiero que sea mi Lady Contemplación en honor de Margaret Cavendish, duquesa de Newcastle, aquella monstruosidad del siglo XVII: una mujer intelectual. Autora de obras de teatro, novelas, poesía, cartas, filosofía natural y de una obra de ficción utópica, Un mundo deslumbrante. Llamaré a mi mujer Un mundo deslumbrante por la duquesa. Anticartesiana, antiatomista con el paso del tiempo, antihobbesiana, una monárquica exiliada en Francia, pero era una monista acérrima y una materialista que no quería, no podía, dejar a Dios totalmente fuera. Sus ideas coinciden con las de Leibniz.

p. 241:
Quiero deslumbrar y hacer ruido y rugir.
Quiero esconderme y llorar y abrazarme a mi madre.
Pero eso nos pasa a todos.

p. 243:
… un demonio llamado Singularidad se apoderó de él: el grandilocuente vástago de un tal Verne Vinge, profesor de matemáticas y escritor de ciencia ficción, que en 1993 predijo un cambio revolucionario y monumental en el tiempo cuando nosotros, pobres mortales, lleguemos a crear inteligencias artificiales superiores a la nuestra. Nuestros aparatos tecnológicos nos superarán en su evolución y nacerá un mundo posbiológico y pos humano.

p. 244:
La Singularidad representa un escape y, al mismo tiempo, una fantasía de renacimiento. Le dije: Un sueño de Zeus que ignora por completo el cuerpo orgánico. Unas criaturas totalmente nuevas que brotan de las cabezas de los hombres. ¡Abracadabra! La madre y su malvada vagina han desaparecido.

p. 247: Bachelard, La poética de la ensoñación

p. 250:
En un abrir y cerrar de ojos cambió de tema y se puso a hablar de J. G. Ballard y de su exposición de coches siniestrados que tuvo lugar en el New Arts Lab en 1970. Mejor que Duchamp, mejor que Warhol, dijo. Crashed Cars es la exposición artística por excelencia. El libro de Ballard titulado Crash anunciaba “un nuevo concepto de lo sublime”, una exposición erótica de metal, vidrio y desguace.

p. 251:
… hablaba de Philip K. Dick… […] ¿Acaso Dick no había dicho: “Todo el mundo sabe que la lógica bivalente aristotélica está acabada”?

p. 264-265:
Picasso pintó a Dora Maar como la mujer que llora, como la España de luto, pero al macho cabrío le encantaba hacer llorar a las mujeres. Cuando veía correr las lágrimas, al macho cabrío se le ponía dura. ¡Qué tipejo tan optimista, tan lleno de energía y misoginia era Picasso! Y le contaste a Rune toda la historia, le hablaste de las fotografías surrealistas de Maar, entre ellas la sublime Ubu que ganó un premio en 1936, y de sus pinturas, no tan maravillosas.

Pablo Picasso, “La mujer que llora”

Dora Maar, “Père Ubu”

p. 271:
¿no tienen algo de ficción la mayoría de los recuerdos?

p. 272:
¿somos una sola persona o somos muchas? ¿Acaso los actores y los escritores no hacen de la invención de personajes un modo de vida? ¿De dónde surgen esos personajes?

p. 287:
“Misiva desde el Reino del Ser Ficticio”

p. 290:
La multitud no se divide en géneros. La multitud tiene una mente única y esa mente se ve afectada y seducida por las ideas. Aquí tenéis algo que ha hecho una mujer. Apesta a reivindicación sexual. Puedo olerlo. Todas las creaciones intelectuales y artísticas, incluso las bromas, las ironías o las parodias, tienen mejor recepción en la mente de las masas cuando éstas saben que en algún lugar detrás de una gran obra o de un gran engaño se encuentra una polla y un par de pelotas (totalmente inodoros, por supuesto). La polla y los cojones no tienen que ser reales. Ah, no, la mera idea de que existan es suficiente para predisponer a la multitud a una valoración más alta. Por consiguiente, recurro a la bragueta mental. ¡Salve Aristófanes! ¡Salve, falo ficticio, la varita mágica que abre los ojos a mundos nunca vistos!

p. 292:
… una novelista y ensayista poco conocida, Siri Hustvedt, cuya postura Burden califica de “blanco móvil”.

p. 293:
En el Cuaderno F escribe: “En la historia de Occidente se ha utilizado el término irracional para asfixiar, reprimir y sofocar de continuo a las mujeres.”

p. 295:
De joven, Harriet Lord parecía sacada de una pintura, de un Matisse de la primera época, de alrededor de 1905, o del famoso cuadro Mujer de ojos azules de Modigliani.

Modigliani, “Mujer de ojos azules”

p. 313:
Nadie disfruta más de la venganza que las mujeres, escribió Juvenal: Las mujeres se regodean en la venganza, escribió Sir Thomas Browne. Dulce es la venganza, especialmente para las mujeres, escribió Lord Byron. Y yo añado: me pregunto por qué, chicos. Me pregunto por qué.

p. 374:
El infierno está entre nosotros y se llama medicina.

p. 381:
Pero sólo los buenos creen que no son buenos.

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