El informe de Brodeck

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Philippe Claudel, El informe de Brodeck, Traducción del francés de José Antonio Soriano Marco, Salamandra, 2008.

Título original: Le rapport de Brodeck (2007)

 

“No soy nada, lo sé; pero completo mi nada con un poco de todo.”
Victor Hugo, El Rin

… a esos hombres que en otros tiempos fueran como yo, también los había convertido en monstruos el miedo, haciendo fructificar las semillas del mal que llevaban dentro, como las llevamos todos.

 

Como la novela de Kazantzakis, esta también podría haberse titulado Cristo de nuevo crucificado. No somos nada, o sí… quizá lo que somos es algo más que nada, somos algo muy pequeño, pero lo suficientemente grande para que dentro de nosotros quepan las semillas del mal dispuestas a fructificar en cualquier momento. El rebaño siempre busca alguien que le aleje de todos los peligros… y el recuerdo es uno de los más terribles. El rebaño no tolera que alguien le recuerde lo que no quiere recordar, y, habitualmente, acaba con el mensajero.

La novela está muy bien construida, pero, quizá, Claudel abusa de las comparaciones metafóricas…


Algunos fragmentos:

p. 14:
“He aprendido a no hacer demasiadas preguntas, así como a adoptar el color de las paredes y el polvo de las calles. No es tan difícil. No me parezco a nada.”

p. 61:
“Icht bin nichts, no soy nada.”

p. 90:
“Por su naturaleza, el hombre prefiere creerse un puro espíritu, forjador de ideas, sueños, fantasías y genialidades. No le gusta que le recuerden que también es materia y que aquello que expulsan sus intestinos forma parte de él en la misma medida que aquello que bulle y germina en su cerebro.”

p. 109:
“La muerte no es exigente. No pide ni héroes ni esclavos. Se come lo que le dan.”

p. 124:
“Los hombres son extraños. Cometen las peores acciones sin formularse demasiadas preguntas, pero luego no pueden vivir con el recuerdo de lo hecho.”

p. 125:
“La guerra es una mano inmensa que barre el mundo. Es la coyuntura en que el mediocre triunfa y el criminal recibe la aureola de santo, ante quien todos se arrodillan, a quien todos aclaman, a quien todos adulan.”

p. 134:
“Seguramente, ésa es la gran victoria del campo sobre los prisioneros: unos están muertos y los que como yo consiguieron sobrevivir siempre guardarán un poso de suciedad en lo más profundo de sí mismos.”

p. 139:
“… si para la mayoría Dios es un ser lejano que vive en los libros y entre el incienso, el Diablo es un vecino al que muchos creen haber visto un día u otro.”

p. 143:”… mientras pensaba en los pájaros, en los pájaros, tan pequeños y perdidos, en los pájaros débiles, enfermos o heridos, que no pueden seguir a sus semejantes en las grandes migraciones y, al final del otoño, esperan con resignación en los aleros y las ramas bajas de los árboles, con las plumas despeinadas y el corazón desbocado, el frío que los matará.”

p. 178:”¿Quién nos expulsaba, en realidad? ¿Otras personas, o el curso de los acontecimientos? Aunque aún soy joven, cuando pienso en mi vida, me parece una botella en la que han querido meter más de lo que cabía. ¿Es el sino de todo hombre, o acaso he nacido en una época que niega todo límite y baraja las vidas como si fueran las cartas de un gran juego del azar?
Yo no pedía gran cosa. Me habría gustado no salir nunca de aquí. Las montañas, los bosques, los ríos me habrían bastado. Me habría gustado vivir lejos del ruido del mundo; pero a mi alrededor los pueblos empezaron a matarse unos a otros.
Muchos países dejaron de existir y ya no son más que un nombre en los libros de Historia. Unos devoraron a los otros, los destrozaron, violaron y ensuciaron. Y lo justo no siempre triunfó sobre lo inocuo.
¿Por qué, como miles de otros seres humanos, tuve que cargar con una cruz que no había elegido, recorrer un calvario que no estaba hecho para mis pies y que no me concernía?
¿Quién decidió hurgar en mi oscura existencia, hacer añicos mi frágil tranquilidad, arrancarme de mi gris anonimato, para lanzarme como a una bola enloquecida en un inmenso juego de petanca? ¿Dios? Entonces, si existe, si existe de verdad, que se esconda. Que se eche las manos a la cabeza y que la agache.
Puede que, como antaño nos enseñaba Peiper, muchos hombres no sean dignos de Él; pero ahora también sé que Él no es digno de la mayoría de nosotros, y que si las criaturas han podido engendrar el horror es únicamente porque el Creador les ha soplado la receta.”

p. 203:
“Mucho más que el odio, o cualquier otro sentimiento, lo que me había transformado en víctima era el miedo que sentían otros. Precisamente porque el miedo los tenía agarrados por el cuello, me habían entregado a los verdugos, y a esos mismos verdugos, a esos hombres que en otros tiempos fueran como yo, también los había convertido en monstruos el miedo, haciendo fructificar las semillas del mal que llevaban dentro, como las llevamos todos.”

p. 233:
“Los hombres son tan torpes que a veces los tomamos por lo contrario de lo que realmente son.”

p. 251:
“La estupidez es una enfermedad que casa bien con el miedo. Una y otro se alimentan mutuamente, creando una gangrena que sólo pide propagarse.”

p. 268:
“¿Será la Historia una verdad superior compuesta de millones de mentiras individuales cosidas unas a otras…?

p. 277:
“… puede que para los que son como nosotros, para quienes se parecen a nosotros, no haya más que partidas, eternas partidas.”

p. 280:
“Me llamo Brodeck y no tuve nada que ver.”

– Fady Stephan, Le Berceau du monde.

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