Ha llegado Isaías

11/01/2019 Comentarios desactivados en Ha llegado Isaías

László Krasznahorkai, Ha llegado Isaías, Traducción del húngaro de Adan Kovacsics, Acantilado, 2009.

Título original: Megjött Ézsaiás, 1998

«Querido, solitario, cansado y sensible lector, te ruego que añadas este cuaderno a mi libro Guerra y guerra, publicado también por Acantilado.»

László Krasznahorkai

Luna, valle, rocío, muerte

Todo se ha ido al garete y todo se ha envilecido.

La razón ha acabado con la magia y con la poesía y por tanto está a punto de acabar con la vida… todo es guerra y guerra…

Isaías es el profeta que anuncia lo que va a venir… el mundo en el que vivimos nos anuncia el mundo que ya está viniendo. No hay salida. Hemos acabado con todo lo que podía suponer alguna alternativa. Ya no queda nada porque todo está arruinado, “porque ellos arruinaban cuanto tocaban”…

 

Algunos fragmentos:

p. 11:
“… y puesto que lo consiguieron todo en una lucha tan agotadora como abyecta, lo arruinaron también todo, porque ellos arruinaban cuanto tocaban…”

p. 12-13:
“… cómo pudo suceder que al día de hoy esos triunfadores que vencieron dando zarpazos a traición dominen la Tierra, que no exista un hueco para ocultar nada ante ellos, porque todo les pertenece, dijo Korin al ritmo de siempre, poseen aquello que se puede conseguir y poseen también una parte importante de cuanto no puede conseguirse, porque de ellos es ya el cielo, así como todos los sueños, de ellos es el instante en el silencio de la naturaleza y de ellos también, como suele decirse, la inmortalidad, la forma más común y vulgar de la inmortalidad, por supuesto, es decir que todo, como suelen sostener con razón los desesperados, aunque, invariablemente, de manera inoportuna, todo se ha perdido para siempre.”

p. 14:
“… comprendieron que sólo vencerían de manera irrefutable, no aniquilando o desterrando a cuanto se oponía a ellos, sino insertándolo en la repelente vulgaridad del mundo que gobernaban, es decir, no se trataba de aniquilar o desterrar el bien y lo sublime, por expresarlo a la antigua usanza, dijo Korin, sino de apoderarse de ello y, de esta forma, deshonrarlo…”

p. 15:
“Con este apoyo al bien y a lo sublime, […] transformaron el bien y lo sublime hasta tal punto que hoy por hoy no existe nada más repugnante que el bien y lo sublime…”

p. 16:
“… no hay salida de ese mecanismo mortífero, construido de un modo perfecto, cuyo funcionamiento no lo estropea, sino que lo pule más y más.”

p. 17:
“No me he vuelto loco, […] pero veo con tal claridad que es casi como si hubiera enloquecido.”

p. 19:
“… la historia, que podía definirse, una vez más metafóricamente, aunque sólo hasta cierto punto metafóricamente, como una serie interminable de luchas callejeras, es más, como una única lucha callejera sin fin…”

p. 25:
“… al final quedó un mundo desollado, con los logros hasta entonces inimaginables de la razón, por un lado, y con la destrucción asesina de la ilustración, por otro, pues si, por un lado, hablamos de unos logros increíbles, con más motivo hemos de hablar, por otro, de una destrucción asesina, ya que la tormenta desencadenada por la razón barrió todo aquello en que hasta entonces se había basado el mundo, simplemente echó abajo los fundamentos de éste, dando a entender, concretamente, que aquellos fundamentos no existían y añadiendo, más exactamente, que dichos fundamentos no habían existido jamás ni resucitarían nunca de su no existencia allá en el futuro esperado en vano.”

p. 31:
“… no se trataba, a su juicio, tan sólo de que la presencia del bien y de lo sublime sería sustituida por la presencia del mal y de lo inferior, sino de algo radicalmente distinto, asombrosamente distinto, se trataba de que, en el futuro, faltaban tanto el mal como el bien…”

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