Tango satánico

20/07/2018 Comentarios desactivados en Tango satánico

László Krasznahorkai, Tango satánico. Traducción de Adan Kovacsics. Acantilado, 2017

Decidió entonces observarlo todo con detenimiento y “documentarlo” de forma continua procurando no perderse ningún detalle, pues descubrió que no prestar atención a pormenores aparentemente nimios equivalía a reconocer que estamos indefensos, perdidos en el “puente vacilante” entre la desintegración y el orden concebible; había que seguir concentrado y captar cualquier detalle, fuese el “espacio delimitado por las hebras de tabaco en la mesa”, la dirección desde la que llegaban las ocas salvajes o simplemente la secuencia de los ademanes humanos más insignificantes, pues ahí residía la única esperanza de no terminar convertidos algún día en prisioneros enmudecidos y sin rastro de ese orden satánico que eternamente se descomponía y eternamente se levantaba.

Nacemos en un mundo cercado como una pocilga, continuó pensando con el cerebro zumbándole, e igual que los cerdos que se revuelcan en su propio fango no sabemos con qué fin nos apelotonamos en torno a las ubres nutricias, para qué luchamos encarnizadamente en el barro, por llegar al comedero o, al atardecer, al lugar donde dormir.

“Por eso mismo te digo que de ésta no saldremos nunca. Está todo muy atado. Lo mejor es no forzar nada y no creer cuanto ven tus ojos. Es una trampa… Y nosotros caemos una y otra vez, eternamente.”

 

“Sólo con las palabras soy capaz de determinar la estructura de los hechos que se producen a mi alrededor.”

… y de pronto vio desfilar en una misma rama de acacia la primavera, el verano, el otoño y el invierno, como si percibiera la totalidad del tiempo que jugueteaba en la esfera inmóvil de la eternidad mostrando una infernal línea recta, la cual daba la impresión de atravesar el paisaje escabroso del caos y, al crear así la altura, alimentaba a la vez la ilusión de que el vértigo era algo necesario…

 

Escrita en 1985, fue la primera novela de este autor. Inauguró una forma de escribir que se ha mantenido en sus obras posteriores. Frases largas, larguísimas y párrafos interminables que avanzan imparables como ríos desbocados tras las torrenciales lluvias en las que se ahogan sus personajes, con las que el autor construye una novela circular y por tanto infinita. Decrepitud, decadencia, humedad, barro, suciedad, frío… en un mundo sin esperanza de ningún tipo, en el que, por tanto, la esperanza debe construirse en cada momento y sólo puede ser construida con engaños. Cuando no hay esperanza, la única esperanza está en la fe ciega en cualquier tipo de engaño.

La prosa de Karsznahorkai es difícil, pero engancha…

La respuesta del cineasta Béla Tarr a una novela infinita fue, como no podía ser de otra forma, una película casi infinita… de más de siete horas de duración.

Sátántangó (Béla Tarr, 1994)

Había de admitir que por un breve tiempo el diablo había cosechado una total aunque fugaz victoria en la fonda -si tal era su objetivo-, pues con la excepción de Futaki y de Kerekes todo el mundo estaba de pie, y quien no había podido disfrutar bailando con la señora Kráner o con la señora Schmidt tampoco se sentaba, sino que se quedaba cerca, aguardando a que acabara el baile y comenzara el siguiente.

 

Ricardo Hernández: Sátántangó

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