Transcendent Man

29/05/2017 Comentarios desactivados en Transcendent Man

El hielo está cerca, la soledad es inmensa: sólo quien ha logrado como yo, hacer de su cuerpo un objeto metálico puede arriesgarse a convivir a estas alturas…

¿O él no había perdido todas las funciones de su cuerpo hasta convertirse “en una especie de vegetal metálico” para lograr así acrecentar su propiedad de razonar “hasta el punto mismo de congelación”?

Ricardo Piglia, Respiración artificial (1980)

Observé todo el esfuerzo y el éxito de las empresas: es pura rivalidad entre compañeros. También esto es vanidad y caza de viento.

Eclesiastés, 4, 4

Lo más pavoroso no son las profecías, sino los profetas. Lo que asusta no es el futuro que nos anuncian, sino la seguridad y la “naturalidad” con la que lo hacen, la fe en la razón humana, en la inteligencia humana y en la capacidad de los seres humanos de convertirse en dioses del universo entero, en los amos del infinito, en los dueños de la vida…

Todavía preocupa más que no sólo son los profetas quienes creen en todo esto, sino que su forma de pensar y de ver el mundo es compartida por la mayor parte de la población sin ponerla en cuestión. Las únicas voces discordantes son aquellas que se atreven a pensar que no será para tanto, ni tan pronto… Hay verdades que ya no se ponen en cuestión y en las que se basan las profecías más alucinantes: la evolución, el progreso, el poder de la inteligencia humana.

La ideología dominante en los últimos siglos fabricó la teoría de la evolución como una forma de naturalizar la ida de progreso. La evolución es la consecuencia natural de las “leyes de la naturaleza” y por tanto el progreso también responde a leyes naturales. Los seres humanos, según estas ideologías, nos encontramos en el punto mñas alto de la evolución y por tanto, ésta está en nuestras manos. La mente humana sería el mayor logro de la evolución y el motor de la evolución acelerada que está por venir. Si la “naturaleza” dio lugar a la “Eva mitocondrial”, culminando así un largo proceso evolutivo destinado a lograr la aparición de los seres humanos, ahora somos los humanos los que haremos posible una nueva “singularity” a partir de la cual la evolución logrará la aparición de los posthumanos. La tecnología desarrollada por los humanos pasará a formar parte de la naturaleza y de los mecanismos de la vida.

Nos hemos convertido en pequeñas piezas de una gran maquinaria que nadie controla y que empieza a estar desbocada. Somos pequeñas piezas fácilmente sustituibles pero paradójicamente con una hiperconciencia del yo que nos hace creer que el universo entero gira en torno de cada uno de nosotros. La humanidad está a punto de convertirse en una gran máquina formada por pequeñas piezas ególatras que se creen insustituibles y que aspiran a la inmortalidad.

Nos hablan de las grandes conquistas de la ciencia: los ciegos con medios económicos suficientes pueden contar con aparatitos que les lean los textos que ellos no pueden ver… pero no nos dicen nada sobre los millones de personas que mueren de hambre y de sed, ni sobre los millones de muertes violentas causadas por el progreso científico en las guerras más crueles que jamás ha conocido la humanidad, ni sobre el aumento de las enfermedades autoinmunes, de las depresiones y de los diferentes tipos de trastornos psiquiátricos… La ciencia aumenta nuestra esperanza de vida para que podamos vivir más tiempo solos, angustiados, tristes, deprimidos…

Todo gracias a la inteligencia humana con la que, tal como nos lo explican los profetas, estamos a punto de crear inteligencias artificiales, basadas en los mismos principios, pero mucho más poderosas…

Gracias a la biotecnología manipularemos la vida, por medio de la nanotecnología crearemos nuevos materiales y mediante la inteligencia artificial mejoraremos la inteligencia humana hasta límites insospechados. ¿Matamos a dios porque queríamos convertirnos nosotros en dios?

Según las religiones antiguas, dios creó al hombre. Según la nueva religión, la ciencia, es el hombre el que está a punto de crear a dios. Lo dice Ray Kurzweil: “¿Dios existe? Todavía no”.

 

“El patológico desarrollo, más allá de toda proporción, de la mente razonadora y analítica que ha generado en el hombre moderno la ilusión prometeica del Progreso parece, más bien, la compensación al progresivo obscurecimiento de una facultad intelectual más elevada que la razón, que haría posible al hombre antiguo un conocimiento superior. En consecuencia, las supuestas conquistas técnicas, científicas, sociales, de la historia humana representarían, en todo caso, no un progreso, sino el efecto progresivo de compensación -en un orden ambiguo e inferior- ante la pérdida continuada y creciente de las prerrogativas espirituales que antaño poseía el ser humano y del poder que éstas le conferían, de uno u otro modo, sobre la materia…”  (Agustín López Tobajas, Manifiesto contra el progreso)

Los mayores problemas que hoy asuelan a nuestro planeta y a la Humanidad no son la energía nuclear, los alimentos transgénicos, la polución química o un sistema sanitario basado en el fraude de las empresas farmacéuticas, sino los paradigmas que nos han conducido hasta aquí. ¿Cuándo y cómo surge una sociedad que está arrastrando al planeta y a todos sus habitantes a la destrucción?” (Agustín López Tobajas, “Escapar de Babilonia“)

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