53 días

17/05/2017 Comentarios desactivados en 53 días

Georges Perec, 53 días, Texto establecido por Harry Mathews y Jacques Roubaud, Tradución de José Antonio Torres Almodóvar, Revisión de Julia Escobar, Mondadori, 1990.

“Soñé que Georges Perec tenía tres años y visitaba mi casa. Lo abrazaba, lo besaba, le decía que era un niño precioso.” (Roberto Bolaño)

¿Quién ha escrito el libro? Un novelista al que conocimos en     se llama GP parece encantarle este tipo de dificultades; le proporcionamos cierto número de palabras clave, temas, nombres propios. Para que hiciera con ellos lo que quisiera.

¿Acaso estas cosas infinitamente maleables que son las palabras han demostrado alguna vez algo más que la inútil sutileza de su retórica?

Un Revolucionario es un Ejemplar que se permite el Lujo del Significado

(Un R es un E que se P el L del S)

“Un roman, c’est un miroir qu’on promène le long d’un chemin”, es decir más o menos lo mismo que “Un Relato es un Espejo que se Pasea a lo Largo del Sendero”, o sea que viene a ser una de las principales claves para la construcción de este relato de relatos que, cual muñeca rusa, o como juego de espejos enfrentados, trata de resolver el enigma contenido en uno de ellos por medio de otros enigmas contenidos en otros relatos que se pasean a lo largo de senderos que se bifurcan y que se encuentran. Se cuenta que Stendhal tardó 53 días en escribir La cartuja de Parma. Son esos 53 días, uno más de los que se tarda en llegar a Tombouctou desde un lugar indeterminado en el que se encuentra el cartel indicador correspondiente, los que dan título al relato que contiene a los otros en los que se desarrollan, se resuelven, se cuestionan y se vuelven a resolver las tramas de una novela policiaca que no es una sino varias, en las que hay policías, asesinos, muertos, ladrones, tesoros… 

Toda la trama está tejida en torno al descubrimiento de la “verdadera” verdad, o de la “aspera verdad” como habrían dicho Stendhal o Danton, aunque, como todo el mundo sabe, la verdad, nada más aflorar, se aleja. Hay que inventar verdaderos culpables para crímenes falsos, o falsos culpables para crímenes verdaderos. En el fondo es lo mismo. La conclusión a la que llega el lector es que “La realidad es, pues, lo contrario de lo que se cree en un principio; el problema estriba, por tanto, en elegir entre todos los contrarios posibles”.

“Perec no pudo terminar su libro, murió mientras lo escribía. Pero quizá esto habría que matizarlo. Desde que hace un año leyera 53 días trato de explicarme el extraño hecho de que el manuscrito, que fue a parar a sus amigos oulipianos Harry Mathews y Jacques Roubaud, fuese hallado prácticamente dispuesto para ser editado. ¿Cómo se explica esto? El manuscrito disponía de una primera y segunda partes perfectamente delimitadas: la segunda estudiaba nuevas posibilidades que tenía la historia policiaca que se narraba en la primera, y hasta la modificaba. Estas dos partes iban seguidas de unas curiosas anotaciones tituladas Notas que remiten a las páginas redactadas, que, aparte de dar un nuevo giro a la vuelta de tuerca que ya había dado la segunda parte a la primera, parecían delatar lo siguiente: no era que la novela de Perec se hubiera visto interrumpida por la muerte y, por lo tanto, se encontrara inacabada, sino que la novela había sido terminada hacía tiempo, pero necesitaba de un contratiempo tan serio como la muerte -que había incorporado Perec ya al propio texto- para quedar completada, aunque a primera vista pudiera parecer interrumpida e incompleta. (…) Cada vez que hojeo de nuevo 53 días, quiero creer que Perec la escribió en realidad para reírse de la muerte. ¿O no es reírse de la arrogante Muerte ocultarle que el autor ha jugado con ella haciéndole creer a esa pobre vanidosa que ha sido su ridícula guadaña la que ha interrumpido 53 días? (Enrique Vila-Matas, Mac y su contratiempo, pp. 246-247)

 

 

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