ecosia

05/05/2017 Comentarios desactivados en ecosia

Últimamente se empieza a oir hablar de una “alternativa verde” a google llamada ecosia. Es lo mismo de siempre. Se trata de pintar de color verde las chimeneas, los edificios de contención de las centrales nucleares, o los logotipos de las empresas eléctricas. El capitalismo no puede dejar de crecer porque dejaría de ser capitalismo. No es posible dejar de contaminar, por lo que hay que buscar alguna forma de poder seguir contaminando sin que se note tanto, y reduciendo los efectos de dicha contaminación.

La reforestación se ha puesto de moda en los ambientes del capitalismo de tonos más verdosos. Las grandes cabezas pensantes del capitalismo llevan ya algún tiempo preocupadas por lo que se conoce como “el cambio climático”, ya que puede suponer un freno al desarrollo y al constante incremento de los beneficios de las grandes empresas. Esta preocupación ha llegado hasta tal punto que en el año 2013 la Asamblea de Las Naciones Unidas decidió promocionar el Día Internacional de los Bosques con el objetivo de concienciar sobre su importancia. La pegunta que hay que hacerse es ¿por qué se preocupan tanto los gestores del capitalismo por la importancia de los bosques? La explicación es sencilla: los bosques son considerados como proveedores de “servicios ecosistémicos” que tienen un indudable valor económico que permite ampliar la escala y la magnitud de los negocios de las grandes compañías responsables del cambio climático.

El fomento de la reforestación como medio para combatir la reducción de la capa de ozono y el cambio climático tiene como objetivo poder seguir contaminando aún más si es necesario. En lugar de dejar de ensuciar el planeta lo que hacen es aumentar la plantilla de las brigadas de limpieza. En el marco del “capitalismo verde”, los bosques no son ya espacios de biodiversidad sino que se convierten en monocultivos forestales.

La propagación de los proyectos de compensación, como REDD+ y los mecanismos de compensación de biodiversidad (mercadillo de intercambio de permisos de contaminación), donde las empresas contaminadoras responsables de la deforestación pueden continuar con sus actividades argumentando que están “compensando” la destrucción generada, fue facilitada por la Economía Verde. Así, los bosques son puestos al servicio de la misma economía opresiva y patriarcal que continúa sin cambios, con su secuela de destrucción.

Plantar árboles es el pequeño coste que hay que asumir para poder seguir contaminando.

Además, los proyectos de “conservación” —como REDD+— suelen imponer a las comunidades un sinfín de restricciones en el uso tradicional de los bosques, argumentando que ese uso tradicional es el principal responsable de la deforestación. Mientras tanto, permiten expandir la explotación petrolera, gasífera y minera, las plantaciones industriales de monocultivo, la construcción de mega carreteras y represas, entre otros.

Los proyectos y programas tipo REDD+ han evidenciado como éstos en su mayoría han cambiado drásticamente la vida de las comunidades que dependen de los bosques, siendo impuestos sin la debida consulta, ni mucho menos consentimiento, y las han privado del acceso a territorios y bosques vitales para su supervivencia. Las comunidades que conviven con los bosques por innumerables generaciones, confrontan leyes, reglamentos y contratos que buscan prohibirles el seguir con sus tradiciones, formas de sustento y estilos de vida. Aquellas comunidades que confrontan la creciente explotación capitalista deben seguir confrontando el despojo, contaminación y violencia que ésta conlleva.

La lógica de la Economía Verde aumenta los intereses económicos y políticos sobre los territorios. Mientras que por un lado los mecanismos de compensación facilitan las actividades extractivas, de plantaciones, represas, infraestructura, etcétera, intensificando la destrucción, por el otro, el acaparamiento de bosques por los proyectos de “conservación”, que albergan los “servicios ecosistémicos” ansiados por el capital, aumentan aún más la presión sobre los territorios. En consecuencia, también se incrementan los conflictos y las luchas de resistencia frente a este doble acaparamiento de tierras. Esto da lugar a la militarización y al uso de tecnologías, tales como satélites o drones, y medidas especiales de vigilancia y supervisión sobre las comunidades que viven en zonas de bosque que han sido calificadas como proveedoras de “servicios ecosistémicos”, lo que aumenta significativamente la violencia.

Extraído en parte de: DecoopChile

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