El guardián entre el centeno

17/06/2016 Comentarios desactivados en El guardián entre el centeno

El guardián

J. D. Salinger, El guardián entre el centeno, Traducción de Carmen Craido, Edhasa, 2007

La reciente lectura del último libro de Frédéric Beigbeder, Oona y Salinger, me hizo volver a Salinger y a su emblemática novela. Según Beigbeder, El guardián entre el centeno “es la desesperación de un veterano de la Segunda Guerra Mundial trasplantada al corazón de un adolescente neoyorquino”. A mí me parece que es el escepticismo absoluto de Salinger y su deseo de esconderse de un mundo que no entiende y que no tiene nada que ver con él lo que se trasplanta al corazón de Holden Caufield, el adolescente neoyorquino que nos cuenta lo que le pasó y lo que pensó duante los dos días que pasó vagando por Nueva York en vísperas de una Navidad de los años cuarenta del siglo XX.

Salinger dijo que era incapaz de explicar lo que había querido escribir. Probablemente porque no había querido decir nada especial. No tenía un mensaje que transmitir. Simplemente se limitó a pensar una historia de una huida de un mundo que le asustaba. Una huida imposible, porque, como nos dice Holden Caufield hacia el final de la novela, “no hay forma de dar con un sitio tranquilo porque no existe”. Salinger soñaba con escapar del mundo y el personaje que creó en esta novela también. No sabemos si Holden lo consiguió o no porque la novela termina cuando se plantea la pregunta “¿Cómo sabe uno lo que va a hacer  hasta que llega el momento?”. Holden soñaba con la idea de escapar… “me construiría una cabaña en algún sitio y pasaría allí el resto de mi vida”. Es lo que hizo Salinger. Pero cuando escribía esto todavía no sabía que lo haría. Desapareció del mundo. Escapó. Se escondió. Lo que no podemos saber es si de verdad consiguió encontrar la tranquilidad, porque no hay sitios tranquilos si no llevamos la tranquilidad con nosotros.

Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.” (p. 225)

 

Comin’ Thro’ the Rye

Robert Burns

O, Jenny’s a’ weet, poor body,
Jenny’s seldom dry:
She draigl’t a’ her petticoatie,
Comin thro’ the rye!

Chorus:
Comin thro’ the rye, poor body,
Comin thro’ the rye,
She draigl’t a’ her petticoatie,
Comin thro’ the rye!

Gin a body meet a body
Comin thro’ the rye,
Gin a body kiss a body,
Need a body cry?

(chorus)

Gin a body meet a body
Comin thro’ the glen
Gin a body kiss a body,
Need the warl’ ken?

(chorus)

Gin a body meet a body
Comin thro’ the grain;
Gin a body kiss a body,
The thing’s a body’s ain.

(chorus)

Ilka lassie has her laddie,
Nane, they say, ha’e I
Yet all the lads they smile on me,
When comin’ thro’ the rye.

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