Oona y Salinger

08/06/2016 Comentarios desactivados en Oona y Salinger

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Frédéric Beigbeder, Oona y Salinger, Traducción de Francesc Rovira, Anagrama, 2016

“Nuestras vidas no tienen importancia, se hunden en el fondo del tiempo, pero hemos existido y eso nada lo puede impedir: por muy líquidas que sean, nuestras alegrías no se evaporan nunca”

Así termina esta novela de “facción”. Sin embargo no parece que sea una afirmación sincera. Una vez más, el autor muestra su cinismo. Es verdad que nuestras vidas no tienen importancia y que se hunden en el fondo del tiempo, pero para Frédéric Beigbeder no parece ser así. Para él lo único que tiene importancia es su vida, es él, y aunque sabe que se hundirá en el fondo del tiempo, se empeña en que salga a flote todo lo que sea posible. Beigbeder siempre que escribe, escribe sobre sí mismo. Está encantado de conocerse. Sabe que es un niño grande, un adolescente inmaduro y eterno, rico y pija, producto de un mundo que se dedica a construir individuos como él, inmaduros, narcisistas y ególatras. No sólo lo sabe, sino que nos lo explica con cinismo.

Escribe bien y, en este caso, redondea una historia que, tal como nos explica en la introducción, “no es una ficción”, sino que es “pura facción”, es decir una ficción que tiene como base hechos reales y personas reales. Los protagonistas de esta historia son, aparte de él y su joven pareja, Oona O’Neill, Salinger y Charles Chaplin. Un ménage a cinq. Ernest Hemingway también ocupa un pequeño rincón.

Pero además de escribir sobre estos personajes, escribe sobre la guerra. Y lo hace muy bien. Escribe sobre la guerra y sobre la forma en la que la guerra destroza a las personas a las que no mata, convirtiéndolas en naturalezas muertas, tal como lo hace con aquellas a las que mata y cuyos cráneos quedan abiertos como floreros.

 

Reseña de Eugenio Sánchez Bravo

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