¡Qué estafa!

27/04/2016 Comentarios desactivados en ¡Qué estafa!

Harito

Eduardo Haro Tecglen, ¡Qué estafa!, Edición de Joaquín Estefanía, El País/Aguilar, 1993

Hacía bastantes años que me había desencantado de casi todo. Hacía bastantes años que ya no esperaba encontrar nada interesante en las páginas de opinión de El País, un periódico en el que algunos habíamos puesto tanta esperanza cuando estábamos recién salidos de la noche oscura del franquismo. Hacía bastante tiempo ya que el pensamiento crítico se había refugiado en las cavernas y ya no era practicado por casi nadie. Hacía ya bastantes años que todos los días buscaba El País para ir directamente a las últimas páginas en donde, escondida entre las programaciones de televisión, todavía se publicaba una estrechísima columna llamada “Visto y oído” en la que casi nadie esperaría encontrar las reflexiones más lúcidas sobre la actualidad, la única chispa de luz en medio de la nueva noche oscura de lo que llamaron “la transición” y la postransición y lo que vino después… el adocenamiento total, la aceptación de todo sin crítica de ningún tipo… Hacía ya bastantes años que diariamente buscaba la columna “Visto y oído” que firmaba todos los días de la semana, menos uno, Eduardo Haro Tecglen, cuando el día 20 de octubre de 2005 leí la última, porque justo la víspera, el día 19 de octubre dejaba el mundo de los vivos su autor, que supongo que seguirá chisporroteando en el mundo de los muertos con sus agudas reflexiones. El País dejó de tener interés para mí a partir de aquel día. Ya nunca más habría nadie que dijera algo diferente de la norma en aquel periódico, ni en ningún otro. Lo que nunca pude entender es por qué Haro Tecglen siguió hasta el final teniendo un pequeño rincón en aquel maldito periódico.

Gracias a Sant Jordi, y a “alguienes” más… ¡qué barbaridad Bagdad!,  ha llegado a mis manos este libro, recopilación de algunas de aquellas columnas de “visto y oído”, y me he impuesto la obligación de releer una de sus columnas cada día, tal como en algunas otras ocasiones hice con otros libros como los cuentos completos de Chejov o los poemas de Tagore. Obligación que sé que incumpliré muchos días, pues soy de natural desobediente, incluso conmigo mismo, y no me gusta tener obligaciones.

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