Un buen hijo

21/09/2015 Comentarios desactivados en Un buen hijo

Bruckner

Pascal Bruckner, Un buen hijo, Traducción de Lluís Maria Todó, Introducción de Juan Manuel Bonet, Impedimenta, 2015

¿Podemos los seres humanos juzgar a nuestros semejantes? ¿Se puede llegar a sentir cariño por alguien cuyas actitudes y convencimientos nos parecen despreciables? ¿Se puede convertir el rencor en cariño?

Para Pascal Bruckner se ve que no es posible. No es un buen hijo. Como él mismo confiesa, lo que hace es jugar a ser un buen hijo. Perdona a su padre “por puro cansancio”. Pero esto no es perdonar, ni comprender, ni acercarse al otro. Por lo que nos cuenta se deduce que ni siquiera ha hecho el esfuerzo de tratar de comprender.

Pascal Bruckner se muestra a lo largo de este breve resumen biográfico como un auténtico narcisista, encantado de conocerse a sí mismo. Está satisfecho de sí mismo y se muestra a lo largo de las páginas del libro como un personaje engreído y presuntuoso que mira a los demás desde la altura de una increible seguridad en sí mismo, como alguien que sabe que siempre hace lo correcto, como alguien que ha trazado su vida y nunca duda de hacer lo que debe hacer: “yo conservo una línea de conducta: no cambiar nada de mi vida, confirmar todas mis opciones”. Aunque en el algún momento tiene la debilidad de reconocer en él la crueldad de su padre, se justifica culpabilizando a su padre: “Aquel hombre (su padre) me transformaba en verdugo”. No hay duda de que ha heredado algo de su padre: la seguridad absoluta en sus convicciones y en la forma en la que ha llevado su vida. No hay en él, como tampoco parece haberlo en su padre, tal como nos lo describe, ni un atisbo de duda. Tiene pinta de ser de los que aunque cambien de opinión sobre algo defenderán ante cualquiera que nunca jamás lo han hecho.

La sensación que tengo tras leer el libro es que si su padre no fue nunca un buen padre, Pascal Bruckner tampoco es ni fue nunca un buen hijo. Sólo juega a serlo. Lo que sí es de verdad es un hijo vengativo que odia a su padre. Que aunque se ponga la máscara de tratar de comprenderlo, es algo que nunca ha hecho. Todo su interés se centraba en hacer comprender a su padre que estaba equivocado: “Yo mantenía la esperanza de convertirlo a mis gustos, pues prefiero compartir que enfrentarme”.

A lo largo del libro surgen otros padres, aquellos a quienes él considera como sus padres espirituales. A estos tampoco les perdona sus incoherencias, sus contradicciones. Al parecer, él es la única persona que carece de ellas.

Había esperado otra cosa de este libro. Me ha decepcionado. No el libro, sino su autor.

Otros hijos han escrito sobre ellos y sobre sus padres, como Fernando Marías en La isla del padre. Si el libro de Fernando Marías me conmovió y me aproximó a su autor, en este caso ha ocurrido exactamente lo contrario. ¿Será que la culpa de todo la tiene René Bruckner?

 

Reseñas:

Daniel Gascón, “Mi padre, el nazi

Anuncios

Etiquetado:,

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Un buen hijo en emak bakia.

Meta